Búsqueda y desarrollo del talento

María Ángeles Chavarría / ESIC Editorial

No podemos ser perfectos en todo, ni siquiera en aquello que se nos da bien. Pretender demostrarlo continuamente, sea a uno mismo o a los demás, es la vía más rápida hacia el agotamiento y la ansiedad. No es necesario ni enriquecedor. En cada fisura y en cada error hay un aprendizaje, un paso hacia la superación personal, en la cual siempre seguiremos siendo imperfectos.

 

Todavía existe el mito de que el talento es un privilegio, una iluminación solo al alcance de genios o superdotados. Sin embargo, como veremos a lo largo de estas páginas, el talento está al alcance de todos. En nuestras manos está descubrirlo y potenciarlo.

El talento no tiene que ver con ser el mejor. Se trata más bien de aportar un valor añadido a lo que hacemos y, para ello, hay que adquirir un compromiso para desarrollarlo y buscar el contexto adecuado para practicarlo e incrementarlo. Por supuesto, ayuda que alguien apueste por ti, pero no olvidemos que la confianza en uno mismo es el principal motor del talento. Para ello, al acabar cada capítulo, se sugieren unas “pinceladas para brillar”, a fin de motivar a que cada persona encuentre aquello que le haga resplandecer con luz propia, lo que le identifica, lo que le apasiona.

No podemos ser perfectos en todo, ni siquiera en aquello que se nos da bien. En la imperfección se encuentra la diferencia, la rareza, la originalidad. Y, paradójicamente, es esa imperfección, “perfeccionada” con entrenamiento e ilusión, la que configurará un talento único que nos convierta en seres irrepetibles.

Evitemos convertirnos en clones, llevar las mismas marcas, imitar los mismos gestos, asumir diénticos comportamientos incluso de aquellos que detestamos. ¿Por qué razón? ¿Por ser aceptados por la mayoría? ¿Por ser iguales? Bienvenida sea la diversidad. Aprendamos de ella.

 

 


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