ALTA DIRECCIÓN / Adelaida De la Calle: La voz de la universidad en el sector empresarial

GESTIÓN / ESTRATEGIA

Licenciada en Ciencias Biológicas en 1972 por la Universidad Complutense de Madrid y doctorada en 1975 por la Universidad de La Laguna, es catedrática de Biología Celular de la Universidad de Málaga desde el año 1999. En el campo de la investigación, dirige un grupo que estudia el sistema nervioso central en relación con la adicción a las drogas. Sus trabajos han sido financiados por el Plan Nacional de Investigación de forma ininterrumpida desde el año 1984.

Ha colaborado de forma estrecha con instituciones científicas de primer nivel, como el Instituto Pasteur de París, el Instituto Karolinska de Estocolmo y el Instituto Cajal de Madrid, en relación con enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer y el párkinson. Sobre estos temas ha dirigido numerosas tesis doctorales y publicado decenas de trabajos en revistas académicas de impacto internacional, así como monografías y capítulos de libros.

En la Universidad de Málaga, ha ejercido, entre otros cargos académicos, el de vicedecana de la Facultad de Ciencias y el de vicerrectora de Investigación entre 1994 y 2003, año en que presentó su dimisión para optar al cargo de rectora, que ocupa desde 2004. Entre 2008 y 2011 ha presidido la Asociación de Universidades Públicas de Andalucía (AUPA). En 2010 recibió la Medalla de Oro de la Universidad de Sevilla. El 28 de febrero de 2012 fue galardonada con la Medalla de Andalucía. Desde el 13 de octubre de 2011, es la presidenta de la CRUE (Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas).

Por este motivo, fue llamada a participar el pasado 27 de marzo en una de las mesas de debate del XX Foro Anual del Club Excelencia en Gestión: “Dispuestos a crecer: Competitividad, valores y talento”, junto con otras autoridades del sector empresarial privado y del ámbito público, para defender el papel de las universidades en la sociedad, ofrecer su colaboración y dar testimonio de los retos que actualmente enfrentan, como la necesidad de mayor inversión: “Si comparamos la columna de gasto de las universidades españolas con la de cualquiera de las 100 primeras universidades del ranking de Shanghai, al que siempre nos referimos, veremos que la inversión de las españolas es irrisoria. A pesar de esto, cuando nos fijamos en los índices por especialidades, el margen del ranking cambia mucho y encontramos universidades españolas en un nivel muy competitivo. Por eso creo que deberíamos poner en valor el esfuerzo y los cambios estratégicos que nuestras universidades están haciendo”.

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS Y ALDARA BARRIENTOS: Hace 40 años, y considerando como ejemplo los estudios de veterinaria, el nivel de excelencia de las universidades de León, Zaragoza, Córdoba y Madrid era muy superior al que actualmente tiene la media de las facultades de veterinaria españolas, que además se han ido creando por regiones. ¿Hasta qué punto es importante racionalizar bien lo que se tiene y no multiplicar esfuerzos que, al final, disuelven la excelencia?

ADELAIDA DE LA CALLE: No hay exceso de facultades de veterinaria, porque las concepciones han cambiado. Hace años, el veterinario estaba para cuidar los animales de granja y de trabajo; ahora su rol es distinto. En la sociedad del bienestar, tenemos animales de compañía. Es decir, el entorno está demandando una respuesta diferente porque el modelo ha cambiado; aunque sí estoy de acuerdo en que no todas la universidades debemos ofrecer todos los títulos. No obstante, apenas estamos en la media del número de universidades de la OCDE.

Creo que la universidad se ha expandido con objeto de dar una mayor oportunidad de estudio a todos los jóvenes, porque la formación beneficia y transforma la sociedad. En mi época, las posibilidades para acceder a cualquier estudio no eran iguales para todas las familias. Poco a poco hemos ido avanzando y creando una sociedad más igualitaria.

F.F.S./A.B.: Es decir, hay un importante rol social de la universidad.

A.D.L.C.: Totalmente. En la mesa de debate citaba el ejemplo de Finlandia, un país de 5.300.000 habitantes al que siempre aludimos como paradigma de la educación, y que tiene 16 universidades de investigación y 27 universidades aplicadas (ingenierías). Estamos hablando de un país que ha pasado de ser la pobre Finlandia a la gran Finlandia, gracias a su decisión de invertir en formación.

En España no sobran universidades, estamos las justas. Otra cuestión es que tengamos que reestructurarnos. De hecho, ya existen herramientas que han permitido grandes progresos, como los Campus de Excelencia. Por ejemplo, en el Campus de Excelencia Andalucía-Tech estamos impartiendo cuatro títulos de grado de manera conjunta entre las universidades de Sevilla y Málaga. Nos centramos en temáticas que el momento actual requiere,  que se pueden adaptar a la oferta del mercado, como la ingeniería de energías renovables o los estudios asiáticos, y con esto no me refiero solo a su lengua, sino a aspectos económicos, sociales y culturales que nos permitan aumentar el nivel de internacionalización empresarial hacia los países emergentes. Son titulaciones con un alto grado de flexibilidad, cuyo tronco común es compartido entre las dos universidades, aunque cada una tenga sus especializaciones.

F.F.S./A.B.: La nueva secretaria de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, Montserrat Gomendio Kindelán, tiene curiosamente un perfil muy parecido al suyo: ha tenido la oportunidad de estudiar fuera, ha sido investigadora y puede ejercer un diálogo desde una posición mucho más directa. ¿Cree que tener una colega científica, con un historial más o menos paralelo, les va a facilitar el trabajo?

A.D.L.C.: Yo espero que sí. Únicamente han pasado 100 días y no podemos pretender conocernos en tan poco tiempo ni tener una idea clara de cuál es la política que va a dirigir hacia las universidades, o que ella conozca en detalle nuestro proyecto.

Nosotros creemos en la modernización y estamos generando estructuras que nos permitan participar de ella. Hace unos días estuve con la secretaria de Estado. Coincidimos en un acto de reconocimiento a dos personalidades de la ciencia y la universidad, celebrado en Barcelona, y nos hicimos un ofrecimiento mutuo de colaboración. Las universidades somos unas estructuras extremadamente flexibles. Aunque parezca que somos rígidas, nos adaptamos a cada momento. Debemos trabajar juntos, sobre todo porque ambos tenemos el mismo objetivo: mejorar nuestra prestación social. Las universidades, especialmente las públicas, tenemos que dar una respuesta a la sociedad que nos está financiando. Esa inversión tiene que producir y debemos devolverla con creces.

F.F.S./A.B.: El máximo común denominador de los directivos que pasan por la revista coincide en la falta de preparación de quienes salen de la universidad para meterse en la empresa. Además de esto, la universidad sufre –que no genera– la falta de emprendimiento de la cultura española. ¿Es posible cambiar estos dos aspectos, en un período relativamente breve, y que la universidad se adapte a la necesidades empresariales?

A.D.L.C.: Estoy convencida. Muchos critican enormemente el Espacio Europeo de Educación Superior, cuando precisamente lo que hace es aproximar las enseñanzas universitarias a los requerimientos del entorno, consiguiendo que sean mucho más dúctiles, sobre todo en el grado y posgrado.

Este modelo ya está descrito, es perfecto y funciona en otros países. Nosotros no somos diferentes. Además, nuestros estudiantes están muy bien cualificados. Quizá no hayan puesto en práctica todas las habilidades y competencias en las que son formados, pero precisamente por eso tiene que existir una comunicación fluida entre la empresa y la universidad. Ya hemos avanzado a través de un modelo de máxima eficiencia, mediante prácticas en empresas. Pero estas también deben comprometerse a aceptar alumnos en prácticas y aportar una prestación económica para las becas.

En cuanto a la cultura emprendedora, aunque las universidades no tenemos fondos para este fin, hemos considerado que debemos ser promotoras. Por eso hacemos muchos cursos –hasta ahora ligados a la libre configuración del curriculum del estudiante– para formar en el emprendimiento. Actualmente, en el Espacio Europeo de Educación Superior, esta es una enseñanza transversal que se imparte prácticamente en todos los títulos de grado. Hay algunos profesores rígidos, que no entienden por qué tenemos que enseñar a los alumnos la cultura emprendedora, en lugar del último experimento que les parece mucho más importante. También debemos considerar que el fomento de la cultura emprendedora no es solo responsabilidad de la universidad, sino algo que ha de empezar desde que el niño entra en la escuela. En ese momento, hay que empezar a hablar de emprender, de generar ideas y ponerlas al servicio del mercado. Todo esto se tiene que educar desde abajo.

En el entorno andaluz, cuyo sistema conozco más, ya existe un programa para generación de cultura emprendedora en todos los niveles de la enseñanza. Puede tener defectos, pero ya se está apostando por el emprendimiento. O, por ejemplo, la Universidad de Málaga, que yo dirijo, cumple en 2012 su décimo quinto año convocando spin off universitarias de base tecnológica. Para poder desarrollarlas, hemos tenido que asumir una parte importante de la financiación de esta actividad y comprometer a otras entidades, instituciones y empresas para que financien el resto. Cada año surgen unas 20 empresas con una supervivencia del 70%, que muestran un alto nivel de formación y mantienen una conexión permanente con la transferencia de tecnología de la universidad. Es verdad que la Ley de la Ciencia aprobada el pasado año facilita que, a través de esas empresas creadas desde la universidad, los investigadores puedan tener una mayor presencia en el sector empresarial. Esto produce empresas más competitivas capaces de transformar constantemente sus productos mediante un proceso activo de innovación.

Cuando en la LRU (Ley Orgánica de Reforma Universitaria) apareció el artículo 11, que especificaba que podíamos formalizar contratos con la empresa y además ganar algo de dinero, hubo duras críticas por parte de algunos sectores de la universidad que entendieron que eso era “prostituir” –palabra que empleo porque la oí en ese momento– la investigación. Esos mismos sectores son los que ahora consideran que la universidad solo debe educar en las materias de las enseñanzas clásicas totalmente regladas.

En mi opinión, la misión de la Universidad ha ido transformándose en el tiempo. Hoy en día nuestra función es la docencia, la investigación y la transferencia, siendo este último segmento el que centra toda la polémica.

F.F.S./A.B.: Usted está en una posición políticamente complicada, pues tiene la visión de la necesidad del cambio interno y de la apuesta por el crecimiento en la excelencia, algo que debe conseguir sin provocar rupturas. ¿Cuáles son las principales dificultades que encuentra para gestar esta transformación?

A.D.L.C.: Todas las transiciones son complicadas. La mayor dificultad es derribar ese estereotipo tan particular que existe de la Universidad, y que nos impide la entrada en todos los ámbitos donde deberíamos estar.

Estoy agradecida especialmente al Club Excelencia en Gestión por la oportunidad que da a la Universidad de participar en su Foro Anual; porque nuestra mayor dificultad está en llegar a todos los encuentros empresariales, tener voz y ser escuchados. Mi primer contacto con el Club fue casual, pues acudí a recoger un premio concedido a las universidades por nuestro esfuerzo en la búsqueda de la calidad en los servicios universitarios. Aproveché ese momento para expresar directamente al sector empresarial nuestra disposición a colaborar con él; es preciso que entienda que estamos a su servicio para darle la mejor respuesta. Estoy convencida de que juntos seremos capaces de llegar mucho más lejos. Es más, la propia universidad está comportándose como una empresa: con planes estratégicos, acciones ligadas a las necesidades del entorno, búsqueda de la eficiencia… Creo que este avance tampoco se ha llegado a transmitir.

Los objetivos y estrategias diseñados en los Campus de Excelencia tienden a la consecución de aspectos como la empleabilidad, el emprendimiento, la gobernanza, la especialización… Espero que, una vez que pase esta crisis económica y de angustia vital, podamos seguir aprovechando esta herramienta que ya ha demostrado su utilidad en otros países como Alemania, Francia, Dinamarca, Reino Unido y, desde hace muchos años, en EE.UU. Debemos aprender de esas experiencias y asumirlas.

F.F.S./A.B.: ¿Qué cambios habría que impulsar en el marco legal para culminar este proceso de crecimiento?

A.D.L.C.: Sin duda tenemos que modernizar la parte de la gestión: cómo se gobierna el conjunto de las estructuras universitarias. Para mí, esto es mucho más relevante que el proceso de elección de los rectores de una universidad, algo a lo que siempre nos referimos cuando hablamos de los modelos de gobernanza. Tenemos a nuestra disposición las herramientas tecnológicas más avanzadas, pero en cambio nuestras estructuras de administración son clásicas.

Comentábamos en la mesa de debate que ahora se piensa más en el puesto que en la persona, y eso ocurre mucho en la organización universitaria, donde cada uno quiere estar en su puesto, y conservarlo. Sin embargo, debemos mantener el trabajo y, a la vez, ser capaces de flexibilizar el puesto. No podemos estar siempre sentados en la misma silla y mesa, hay que cambiar y favorecer la movilidad. Este es un aspecto sobre el que todavía nos queda mucho por hacer.

F.F.S./A.B.: Hay quien sostiene que, a menudo, se confunde la calidad docente o de investigación con la capacidad de gestión de una institución tan compleja como una universidad. Usted ejerce ambos puestos, ¿está de acuerdo con la exigencia de una mayor profesionalización de la gestión universitaria?

A.D.L.C.: Puede haber gente muy especializada directamente en la gestión, pero esta también puede nacer de la versatilidad de cualquier otro tipo de profesión, y además se aprende. También hay que ser muy consciente del sueldo de un rector, pues creo que ningún gestor externo estaría dispuesto a ganar un sueldo similar al mío, sino que sería necesario darle otro tipo de tratamiento, compensación, etc.

Más allá de este debate, yo defiendo la importancia de un cambio en la gobernanza de la propia estructura de gestión de las universidades. Dejemos lo del rector –que al menos es elegido por la comunidad universitaria, mejor o peor– para el final; y concentremos todos los esfuerzos en cambiar un modelo de gestión arcaico que, a pesar de que se va modificando, todavía está muy arraigado.

F.F.S./A.B.: La Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) está formada por 50 universidades públicas y 25 privadas. ¿Comparten los mismos problemas unas y otras?

A.D.L.C.: No tenemos los mismos problemas, pero sí los mismos objetivos. La financiación del sistema de las universidades públicas procede de las arcas del Estado, de modo que debemos gestionar dinero público. También es cierto que estas universidades tienen en su totalidad la vertiente de docencia e investigación, mientras que no todas las privadas cuentan con esta doble vertiente, pues no es un criterio necesario.

Sin embargo, ambas queremos formar profesionales que den servicio a la sociedad, algo que nos une por encima de cualquier otra condición, especialmente frente a la creación de reglamentaciones y leyes. Tenemos que estar unidas.

F.F.S./A.B.: La CRUE se creó en 1994, ¿cuáles diría que han sido los grandes logros de la institución desde entonces?

A.D.L.C.: Precisamente la CRUE ha generado un sistema universitario español de universidades que, además de funcionar con objetivos comunes, interacciona mucho más con la sociedad. Llegar a sectores que, de modo individual, no alcanzaría y poner a las universidades al servicio de la sociedad son dos grandes logros.

F.F.S./A.B.: ¿Qué grandes líneas estratégicas se plantea para este mandato?

A.D.L.C.: Fundamentalmente los tres puntos por lo que aposté en mi programa y en los que estoy trabajando: la empleabilidad de los estudiantes, la internacionalización y la cooperación con las empresas. Por eso estoy hoy aquí, en este Foro del Club Excelencia en Gestión: para interactuar con el sector empresarial, que nos conozca, y poder ofrecerle nuestra colaboración. Si estamos pidiendo internacionalización a las empresas españolas, y nosotros estamos trabajando en la internacionalización de las universidades, démonos la mano y vayamos juntos.

 


 

Entrevista publicada en Executive Excellence nº91 abr12

 

 

 


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