ESIC: el reto de combinar humanismo y tecnología

ESIC: el reto de combinar humanismo y tecnología

62.000 antiguos alumnos; una tasa de empleo del 93%; convenios con más de 120 universidades de los cinco continentes; 12 campus en España y dos en Brasil; 25 años impartiendo formación en economía digital… Estas son sólo algunas de las cifras que avalan la trayectoria de ESIC, una de las primeras escuelas de negocio que se crearon en España, y pionera en la formación de profesionales especializados en marketing. 

Hoy, la oferta educativa de ESIC va mucho más allá. Sin olvidar el marketing, la organización pone el foco en áreas de futuro como la innovación, el emprendimiento y la economía digital. Campos que la escuela podrá seguir potenciando mediante sus programas de posgrado y Executive Education, pero también a través del ámbito universitario, ya que acaba de recibir la autorización de la Asamblea de Madrid para convertirse en Universidad privada. 

Tal y como resalta su director general, Eduardo Gómez Martín, el proyecto se inicia con el objetivo de seguir consolidando el posicionamiento de la organización en el ámbito de la empresa, el marketing y la economía digital, y con el compromiso de formar profesionales digitales, pero sin olvidar los valores éticos, fundamentales para encarar un proceso de transformación como el que actualmente atraviesa la sociedad. Licenciado en Teología y en Derecho Canónico, para Gómez Martín la tecnología obliga a potenciar las capacidades humanas, y aboga por un modelo educativo de futuro capaz de combinar diferentes disciplinas y tecnologías como la antropología, la inteligencia emocional, la Inteligencia Artificial o la realidad aumentada.

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: Uno de los desafíos de ESIC es formar a sus alumnos para que sean capaces de afrontar no sólo la realidad local, sino también la global. Executive Excellence está presente en los principales congresos de management a nivel mundial, y comprobamos en primera persona la escasa presencia española que hay en este tipo de eventos. ESIC constituye una excepción, porque busca estar al día de lo que ocurre fuera de nuestro país para trasmitírselo a sus alumnos. ¿Resulta complejo intentar alinear los estudios académicos con la realidad global en vez de con la española? 

EDUARDO GÓMEZ MARTÍN: Cada día se celebran multitud de eventos a nivel nacional e internacional, y en muchas ocasiones es difícil discriminar cuáles son aquellos que pueden aportar valor. Sin embargo, queremos estar presentes en aquellos foros que nos permitan detectar cuáles son las principales tendencias que se están desarrollando en el sector empresarial, y también en el ámbito del conocimiento y la investigación, para poder incorporarlas a nuestros planes de estudio. 

Otro aspecto que tenemos en cuenta es que la velocidad de la innovación va muy por delante de la legislativa, y esto genera ciertos desajustes. En este sentido, vamos a lanzar una novedosa oferta para grado que incluye una gran flexibilidad, porque permite ir añadiendo formación complementaria a la oficial a través de certificados, diplomas, rutas o especificaciones que el alumno puede ir combinando para acabar su formación con un perfecto equilibrio entre lo que requiere el sistema educativo oficial y lo que exigen las tendencias globales que se imponen más allá de nuestras fronteras. 

Por ejemplo, el año pasado asistimos a una conferencia en Nueva Orleans, donde varios expertos afirmaban que los patrones básicos de la Inteligencia Artificial podrían estar equivocados, porque no habían tenido en cuenta la visión abstracta de la realidad que desarrolla el hombre durante su proceso de aprendizaje. Esto nos animó a crear ESIC Tech, un nuevo espacio en el que los alumnos pueden explorar todas las posibilidades que ofrecen la robótica y las nuevas tecnologías, como el 5G, el Internet de las Cosas, la Inteligencia Artificial o la realidad aumentada, herramientas que serán básicas en la carrera laboral de muchos de los jóvenes que hoy se forman en nuestras aulas.

F.F.S:. Barbara Oakley, profesora de la Universidad de Oakland, y directora del MOOC ‘Aprendiendo a aprender’, asegura que “mover una universidad es igual que mover un cementerio: no podemos esperar ninguna ayuda de quienes están dentro”. En general, el mundo académico es un entorno resistente al cambio. ¿Hasta qué punto es importante cambiar la cultura para poder influir en lo que se enseña y cómo se enseña?

E.G.M.: La mayoría de los sectores económicos y las industrias han experimentado un importante cambio en los últimos años, pero no ha sido así en el ámbito de la educación. Personalmente creo que la transformación debe iniciarse dentro de la organización. 

Es un proceso infinitamente complejo, porque la nuestra no es una empresa al uso, sino una institución educativa cuyos “clientes” son los alumnos. Por eso, considero que la transformación cultural es fundamental.

Cuando comencé a trabajar en ESIC me di cuenta de que la organización tenía a sus espaldas una historia de éxito a la que no podía renunciar y, por eso, hemos trabajado en el impulso de cinco culturas que, aunque estaban dentro de la organización, no eran lo suficientemente visibles: diversidad, excelencia, servicio a stakeholders, corresponsabilidad y novedad.

Estamos convencidos de que la base del éxito es la transformación cultural. Podemos cambiar procesos y procedimientos, llenar las clases de pantallas, crear una plataforma tecnológica impresionante y digitalizarnos por completo, pero si no cambiamos la forma de trabajar y nos centramos en las personas, acabaremos fracasando como lo han hecho otras organizaciones.

Este proceso supone todo un reto desde el punto de vista directivo, pero debo confesar que no está siendo tan difícil. Si las personas creen en la misión de la empresa y en su propósito, se dejan guiar. Lo más importante es dedicar tiempo a explicar a todas las personas que forman parte del proyecto por qué se están haciendo las cosas de una determinada manera.

Hace tan sólo unos años éramos como una familia, porque el personal fijo de ESIC rondaba los 25 empleados. Hoy somos cerca de 800 trabajadores, y contamos con casi 2.000 profesores. Hemos crecido, pero tenemos rasgos que no queremos perder. Ya no somos una familia, pero tampoco queremos ser un ecosistema; nos hemos convertido en una comunidad, y gestionar una comunidad necesita tiempo. El reto es buscar los espacios y las fórmulas que nos ayuden a conseguirlo. 

F.F.S.: En nuestro anterior número recogíamos las reflexiones de John Hagel y Alex Osterwalder, que hablaban en el Peter Drucker Forum de la necesidad de explorar para fomentar la innovación y romper las inercias, porque “las nuevas ideas sólo se encuentran al explorar los límites”. Como también dice la profesora Rita McGrath, “la disrupción comienza en la periferia de las organizaciones”. ¿Cómo se consigue crear una organización llena de aventureros dispuestos a explorar las fronteras de la innovación y cómo se les defiende desde arriba?

E.G.M.: Se trata de una labor que debe comenzar durante el proceso de selección. A la hora de incorporar una nueva persona a la organización no debemos centrarnos únicamente en el CV, porque este detalla lo que una persona ha sido capaz de hacer en el pasado, pero no asegura lo que puede hacer en un futuro. La clave está en las ganas.

Últimamente estoy encontrando chicos muy jóvenes, con muchas ganas de aprender, frescura y flexibilidad, pero también veo personas mayores, a punto de la jubilación, que tienen más flexibilidad y capacidad de adaptación que los trabajadores de franjas intermedias. ¡Es algo sorprendente! Sin duda, los perfiles más jóvenes y los más senior han sido fundamentales para implementar los cambios que hemos llevado a cabo últimamente.

Desde el punto de vista de la motivación, creo que es vital permitir la ambigüedad, dejar campo abierto para que crezcan diversos focos de innovación evitando la estandarización y la homologación.

También es fundamental insistir en la necesidad de mirar más allá de nuestras fronteras. El día a día de las organizaciones está repleto de problemas, complicaciones, procesos, requerimientos, requisitos legales, etc. Todo ello nos hace centrarnos en nuestro propio universo y olvidarnos de prestar atención a un entorno competitivo que cada vez está más fragmentado.

En este punto no podemos olvidarnos de celebrar y promover la diversidad. Combinar equipos, juntar personas con perfiles multidisciplinares que sean capaces de complementarse y trabajar por el bien del equipo, no por el éxito de uno de sus miembros, es básico en un entorno como el actual. Lo mismo pasa con la cultura de la novedad, que parte del principio de que no se pueden seguir haciendo las cosas del mismo modo. Debemos prepararnos y coger músculo para cuando lleguen las grandes disrupciones, porque el mundo está cambiando muy rápido y tenemos que acostumbrarnos a movernos, a ser muy versátiles, a aprender continuamente y a adaptarnos a un entorno que cada vez es más cambiante.

F.F.S. Karen Sibley, vicedecana de Brown University, destaca los beneficios de una formación técnica combinada con humanidades. Barbara Oakley tiene esa doble vertiente tecnológica y artística. Es doctora en ingeniería electrónica y también licenciada en Arte y Literatura. Gianpiero Petriglieri, profesor de Insead, es psiquiatra clínico y experto en poesía. Usted, por formación, también entra en este grupo. ¿Hasta qué punto es importante esta doble capacidad técnico/artística, investigadora/ética, en una realidad marcada por la disrupción tecnológica?

E.G.M: Los problemas que están viviendo las plataformas tecnológicas tienen un componente ético brutal, y me preocupa que no estemos sabiendo inculcar a nuestros alumnos los principios morales y filosóficos que la actual realidad empresarial requiere. Creo firmemente que la combinación técnico-humanística que comentas es crítica hoy en día. En este sentido, estamos impulsando la creación de un grado que conjugue el ámbito tecnológico y cuantitativo con el management y las humanidades.

Nos encontramos en plena disrupción tecnológica, pero los estudios advierten que en un futuro muy próximo vamos a asistir a un cambio mucho más radical. Nos acercamos rápidamente al famoso 2045, considerado el año de la singularidad tecnológica, que va a tener un impacto brutal en diversos aspectos de la humanidad, incluido el biológico.

Estamos rodeados de tecnología cada vez más avanzada, de robots, de Inteligencia Artificial, y por eso es más importante que nunca fomentar las capacidades humanas. El reto de las escuelas de negocios no es formar en programación técnica, porque es obvio que las máquinas lo van a hacer mejor, sino enseñar a nuestros alumnos aquellas cosas que son y van a seguir siendo exclusivas de lo humanos y que tenemos que poner en valor como, por ejemplo, el arte, la belleza, la sensibilidad, los sentimientos o la creatividad.

La Inteligencia Artificial debe servir para mejorar la vida de las personas. El hombre, por dignidad, se merece vivir bien. Estoy seguro de que cuando seamos conscientes de ello y nos formemos para conseguirlo, la combinación entre inteligencia humana y no humana nos va a permitir hacer cosas maravillosas.

En ESIC estamos trabajando para que, además de ética y pensamiento social cristiano, nuestros alumnos cursen asignaturas de pensamiento crítico y antropología, porque consideramos que estas materias les ayudarán a desarrollar capacidades críticas. De hecho, hemos comenzado a diseñar algunos cursos de posgrado en torno al humanismo, que estudian al hombre desde una perspectiva filosófica o incluso teológica, como un ser que trasciende a sí mismo.

F.F.S.: Rediseñar la experiencia laboral frente a un futuro cada vez más automatizado es otro de los grandes temas del Peter Drucker Forum. Hal Gregersen, director del MIT Leadership Center, habla de la importancia de crear espacios y contextos donde puedan surgir de forma sana las preguntas duras, porque son las que verdaderamente abren paso a las oportunidades; además, este tipo de preguntas únicamente pueden ser formuladas por humanos. ¿Cómo prepara ESIC a los alumnos ante un entorno cada vez más automatizado e incierto?

E.G.M.: Creo que se impone un cambio paradigmático. La universidad se está viendo obligada a transformarse, a dejar de formar únicamente para un empleo. La enseñanza es cada vez más participativa y exige, entre otras cosas, prácticas curriculares obligatorias, aunque creo que este cambio ha comenzado a gestarse demasiado tarde. Debemos preparar a los jóvenes para un futuro incierto, para empleos que ni siquiera sabemos nombrar. Pero, además, la realidad nos está obligando a dar otro salto que nos permita pasar de formar para la empleabilidad a formar para la aprendibilidad.

La aprendibilidad está relacionada con facetas como la flexibilidad, la tolerancia, la curiosidad, las ganas de aprender y las habilidades para enfrentarse a un entorno adverso con optimismo. Debería estar incluida en todas las escuelas y universidades, porque es fundamental enseñar a nuestros alumnos a apreciar el fracaso, a no criminalizar los errores y los fallos. Tenemos la obligación de decirles a todas aquellas personas que pasan por nuestras aulas que son limitadas y vulnerables, que en la vida hay que saber caerse y aprender a levantarse.

Estoy convencido de que esa aprendibilidad, mezclada con la capacidad de valorar el fracaso, hará florecer un liderazgo humilde, que cada vez es más necesario.

El liderazgo carismático que impulsa la organización de arriba abajo ha llegado a su fin; es tiempo de un liderazgo humilde capaz de dar ejemplo, que vaya por delante y que provoque un efecto contagio en la organización. Creo que, a día de hoy, es la única clave que tenemos para afrontar las preguntas duras.

Sólo si somos capaces de adaptarnos, de aprender, de valorar el fracaso, e incluso celebrarlo, estaremos preparados para esas preguntas fundamentales y propias de los humanos, e impulsarnos hacia delante.

F.F.S.: La internacionalización es una faceta crítica para los entornos de aprendizaje, especialmente para una institución que busca la excelencia. ESIC tiene alianzas con universidades ubicadas en los cinco continentes y, además, cuenta con dos sedes en Brasil. ¿Cuáles son los objetivos en este ámbito para crecer de una forma consistente y productiva?

E.G.M.: Estamos trabajando mucho para impulsar nuestro proceso de  internacionalización, que históricamente ha sido un punto débil de la escuela, y somos conscientes de que nos queda mucho camino por recorrer.

Siempre hemos querido ser una escuela nacional, aunque con perspectiva internacional para no perder el foco de las tendencias globales. Actualmente, el 33% de nuestros alumnos de posgrado son internacionales. En grado también fomentamos la llegada de alumnos extranjeros, y animamos a los nacionales a estudiar fuera a través del programa Erasmus o Munde.

Hace tiempo apostamos por abrir dos campus de Brasil, uno en Curitiba y otro en Santa Catarina, y contamos con acuerdos para impartir másteres y programas superiores con universidades y escuelas de negocios como ESAN, en Perú, o CESA, en Colombia. Asimismo, ofrecemos programas internacionales que se cursan entre España y Estados Unidos -Master in International Business de FIU en Florida International University- o China -IMBA España y China-, y también colaboramos con la Universidad Internacional de Rabat.

De cara al futuro, nuestro objetivo es seguir fomentando las alianzas con universidades extranjeras, impulsar la exportación de programas y atraer alumnos de otros países, además de reforzar la creación de un claustro internacional y la puesta en marcha de programas en inglés.

Más allá del volumen, queremos que cualquier alumno que estudie en ESIC tenga una experiencia internacional. En este sentido, debemos transformar el entorno para que esta práctica no se limite únicamente a hablar en inglés, sino para que todos aprendamos a celebrar la multiculturalidad.

Por último, nuestro objetivo es formar a nuestros estudiantes para que sean capaces de competir en un entorno global y que puedan moverse en una organización con agilidad tanto en vertical como en horizontal. 

F.F.S.: Uno de los segmentos que más está sufriendo las consecuencias de la digitalización –especialmente en una disciplina que se ha visto tan impactada por ella como es el marketing– son los trabajadores  de 45 años o más, que repentinamente han visto cómo su expertise perdía valor e incluso peligraba su puesto de trabajo... Algunas escuelas de negocio como Insead, están lanzando cursos de formación para antiguos alumnos que ahora necesitan reorientar su futuro profesional. ¿Qué puede ofrecer ESIC a estos profesionales?

E.G.M.: Somos conscientes de esta realidad. Cada vez nos jubilamos más tarde, y ya podemos encontrar cuatro generaciones de trabajadores conviviendo en una misma empresa. 

El reto es ofrecer formación continuada para cada tramo de edad y, en este sentido, estamos iniciando ESIC TV, un proyecto basado en el lanzamiento de programas cortos y gratuitos, píldoras de autoconsumo que permitan al trabajador actualizarse. La plataforma ofrecerá una serie de contenidos en formato vídeo de escasa duración que se podrán consumir fácilmente en cualquier lugar. También estamos trabajando en el lanzamiento de programas reglados de corta duración enfocados a este público, como el Senior Management Program, para que los trabajadores más maduros puedan actualizar su formación en todas las áreas funcionales de la empresa. 


Eduardo Gómez Martín, director general de ESIC.

Entrevista publicada en Executive Excellence nº158, junio 19.