XPRIZE Carbon Removal, un incentivo a la altura del objetivo

XPRIZE Carbon Removal, un incentivo a la altura del objetivo

Con una dotación de 100 millones de dólares, XPRIZE Carbon Removal es el mayor premio de incentivos de la historia de la humanidad. ¿Su propósito? Conseguir que una de las soluciones más esperanzadoras para luchar contra el cambio climático se haga realidad: eliminar anualmente gigatoneladas de dióxido de carbono de la atmósfera.

Tras analizar los consejos del Premio Nobel Lars Peter Hansen sobre las soluciones frente al calentamiento, se afianza la necesidad de involucrar al sector privado en esta amenaza global, ante el fracaso de los gobiernos… Si bien es importante la adopción de políticas legales para frenar las emisiones de CO2, tanto a nivel local como nacional, la palabra incentivos adquiere cada vez mayor significado.

Al respecto, destaca la innovadora iniciativa de la Fundación XPRIZE. Elon Musk, uno de sus mayores benefactores, se ha comprometido con un premio de 100 millones de dólares para quien consiga una solución de captura del CO2 directamente de la atmósfera o del mar. La propuesta ha de ser económicamente viable, energéticamente factible y, obviamente, escalable.


Elon Musk se ha comprometido con una dotación de 100 millones de dólares para quien consiga una solución de captura del CO2 directamente de la atmósfera o del mar


Elon Musk y Peter Diamandis se conocen desde hace años. Cuenta este último que, hace más de dos décadas, en Brasil, ya intentaba convencer a su amigo para que, además de no lanzarse a la aventura de construir un cohete espacial, financiase los XPRIZE (la Fundación XPRIZE es una organización sin ánimo de lucro que diseña y gestiona concursos destinados a fomentar el desarrollo tecnológico que podría lograr avances radicales en beneficio de la humanidad).

Parece que Diamandis tuvo solo un éxito parcial y tardío pues Musk, quien ya lleva tiempo lanzando misiones espaciales comerciales, ha decidido donar 100 millones de USD para quien consiga el “milagro” tecnológico que representa la captura y secuestro del CO2. “Reconozco que en aquella reunión solo tenía un 10% de posibilidades de llevar mis sueños adelante, pero al final alcanzamos el objetivo”, afirma Musk.

PETER DIAMANDIS: Hablemos de las reglas y el propósito de este XPRIZE ¿Qué objetivos te planteas financiando este premio?

ELON MUSK: Nuestro objetivo es hacer algo que no solo sea divertido e interesante, sino finalmente útil. Queremos fomentar ideas creativas que nos permitan descubrir la forma más inteligente de devolver a la Tierra esos trillones de toneladas de CO2 que de ella hemos sacado y lanzado a la atmósfera y océanos. Hemos cambiado la constitución química de la superficie terrestre.

Siendo más preciso y midiendo mis declaraciones, a día de hoy no considero que estemos ya condenados. Las posiciones sobre este tema ocupan un amplio espectro que va desde la despreocupación, pensando que el CO2 es positivo, hasta la postura de quienes consideran que estamos condenados sin remedio. Mi posición está a medio camino entre ambas.

Lo que me inquieta del CO2 no es la situación presente, ni siquiera los actuales niveles de producción. Pero si esa producción de CO2 continúa creciendo por nuestra complacencia, sí que existe riesgo de que suframos un cambio climático de crecimiento más exponencial que lineal. De hecho, el incremento que parece lineal desde nuestra escala temporal es sin duda exponencial desde la perspectiva de escalas de tiempo geológicas.


La propuesta ha de ser económicamente viable, energéticamente factible y escalable


Hay eventos potenciales no lineales que pueden ocurrir, como es el caso de la elevación de las temperaturas de la tundra siberiana, cuya descongelación generaría emisiones atmosféricas tremendas, sobre todo de metano. Sucede lo mismo con los gases atrapados en las profundidades de los océanos. No resulta razonable vivir con estos riesgos y, como a largo plazo viviremos en cualquier caso de energías renovables –al ser las fósiles finitas–, ¿por qué no aceleramos su implementación? Ese es mi planteamiento y en ello invierto mi tiempo.

P.D.: También es cierto que no sería suficiente frenar totalmente la producción de CO2 para acabar con este fenómeno. Necesitamos, sí o sí, mecanismos de extracción del CO2 de la atmósfera y los océanos que, a día de hoy, no tenemos.

E.M.: Como decía al principio, me posiciono en la mitad del espectro y creo que parar la producción de CO2 equivaldría a parar la civilización, generando hambrunas y todo tipo de problemas terribles. Una situación de entre 400 y 500 partes por millón de CO2 es algo con lo que quizás podríamos vivir, pero dado que continuamos en nuestro proceso de industrialización y que pronto seremos ocho mil millones (camino de nueve) de habitantes, la situación con 1.000 partes por millón sería catastrófica… Y las tendencias apuntan en esta dirección, si nos mantenemos de brazos cruzados.


Si la producción de CO2 continúa creciendo por nuestra complacencia, existe riesgo de que suframos un cambio climático de crecimiento exponencial


Creo que esta argumentación tiene el suficiente peso como para convencer a aquellos que adjudican una baja probabilidad a que el incremento de CO2 haga crecer el problema. Además, frente a quienes sostienen que aumentar la concentración de CO2 en la atmósfera o en los océanos es seguro al 99,9%, ¿significa eso que podemos obviar ese 0,1%? Actualmente solo tenemos un plan, no existe plan B. ¿Por qué correr el riesgo, aunque solo sea el 0,1%?

Lo que me parece factible que ocurra es que continuaremos añadiendo mucho más CO2 tanto a los océanos como a la atmósfera, lo cual provocará la acidificación de los mares, cambiando el pH.

P.D.: Elon, este es el mayor premio, con diferencia, que hayamos propuesto, acorde con uno de los mayores retos al que se enfrenta esta civilización. ¿Por qué has decidido poner 100 millones de tu bolsillo?

E.M.: Quería estimular ideas que fomentasen la captura de carbono. Creo que este es el tipo de problema cuya resolución requerirá tiempo y recursos. La gran complejidad económica que tendrán los procesos de extracción de CO2 de la atmósfera hace que sea crítica esta valoración, y por ello han de analizarse las consecuencias, porque no queremos que la cura sea peor que la enfermedad.

Hay quien sugiere que plantemos árboles, y eso parece una solución bastante sencilla. ¡Plantemos un trillón de árboles! Pero si nos pusiésemos a ello, veríamos que necesitamos fertilizantes, sistemas de irrigación, que producimos cambios en el hábitat… los contras no hacen más que acumularse. Evidentemente que tenemos que plantar árboles, y yo estoy totalmente a favor de hacerlo.

Tenemos grandes superficies inutilizadas, como el desierto del Sáhara o áreas secas de los Estados Unidos. Si quisiéramos plantar árboles en estas zonas, ¿de dónde sacaríamos el agua? Iniciativas de este tipo necesitan ser cultivadas, y no vale con que lancemos semillas al suelo. Hemos de enmarcar este debate teniendo presente qué iniciativas pueden contribuir positivamente, cuánto costarán y muchísimas otras cuestiones como: ¿de qué modo almacenamos el CO2 extraído de la atmósfera? ¿Permanecerá estable este CO2 extraído a lo largo del tiempo? ¿Cuál será el coste para la humanidad de poner en marcha este proceso? ¿Qué acciones nos podremos permitir? Son muchas las preguntas que están en el aire.

P.D.: Para ganar este XPRIZE, un equipo debe proponer, y demostrar, un sistema capaz de extraer 1.000 toneladas de CO2 al año en un modelo escalable.

E.M.: Estamos abiertos a ajustar las reglas si fuese necesario. El objetivo fundamental es que, habiendo gastado una cifra superior a los 120 millones de dólares, se obtenga retorno. Que podamos decir que es un premio bien gastado y que sea una inversión para el futuro. Por eso, si hay personas que tienen ideas para ajustar la reglas, estamos abiertos a discutirlas.

Esperamos recibir feedback pronto. Será entonces cuando las líneas maestras se transformen en reglas del concurso que, a partir de ese momento y durante los cuatro años que va a durar, permanecerán estables. Quisiera que esta iniciativa fuese un ejercicio útil y que, al tiempo que se participa, se disfrute; aunque, desde mi perspectiva, los prototipos son triviales mientras que la producción es lo realmente difícil… Obviamente debemos tener ese 1% de inspiración, pero como bien dice el aforismo, es el 99% de sudoración lo que verdaderamente cuenta.


Muchas personas inteligentes trabajando sobre este reto encontrarán soluciones creativas para solventarlo


P.D.: El segundo punto –un término tuyo– es que los equipos tendrán que calcular lo que denominas los “fully considered costs of pulling out the CO2. ¿Qué significa esto?

E.M. Fully considered costs sencillamente significa que hay beneficios y costes. Por ejemplo, si en nuestro proceso de extracción de CO2 causamos un impacto medioambiental que, aun siendo pequeño no es despreciable, este se habrá de tener en cuenta. De la misma forma, si en el proceso de extracción de CO2 se genera un producto útil que pudiera generar ingresos o un retorno, también deberíamos incluirlo en el cálculo.

Un ejemplo podría ser la fabricación de materiales de construcción con los desechos obtenidos (arena, cemento… productos útiles para la construcción). La venta de esos productos generaría ingresos.

Si, en el futuro, la humanidad tendrá que pagar por la extracción del CO2 de la atmósfera, lo cual me parece lo más probable, deberíamos averiguar cuál es el proceso que genera menos costes. Además, los resultados netos deberán ser negativos. No vale extraer 1.000 toneladas con un proceso que luego emita otras tantas para llevarse a cabo. Del mismo modo, la metodología ha de garantizar la conservación del CO2 secuestrado durante un siglo en un porcentaje significativo de digamos el 90%.

Lo realmente crucial es si responde a la pregunta de: ¿funcionará si lo escalamos? Esta es la tercera condición. Desconozco las respuestas a este problema, pero creo que si muchas personas inteligentes trabajan sobre ello encontrarán soluciones creativas para solventarlo. Buscamos soluciones pragmáticas, no perfectas, pero que deben ser escalables.

Las soluciones serán evaluadas por expertos según su capacidad de demostrar la eliminación de CO2 a un ritmo de al menos 1.000 toneladas por año, así como el coste previsto de la eliminación una vez escalada a 1 millón de toneladas por año, y su capacidad de escalar de forma sostenible para llegar a eliminar 1 gigatonelada (es decir, un billón de toneladas métricas) cada año.

P.D.: ¿Cómo serán los premios?

E.M.: Tendremos un primer premio de 50 millones, que creo que es lo suficientemente atractivo como para despertar el superávit cognitivo que existe a nuestro alrededor, y hacer que se centre en este tema. Otros 30 millones, a repartir entre el segundo, tercer y cuarto clasificados. Aún se está valorando el plantear los premios por categorías, más allá de las categorías primarias de eliminación de carbono en rocas, tierra, mar y aire.

También estoy abierto a incrementar el montante, sobre todo para personas que hayan realizado un gran trabajo, pero no acaben teniendo una recompensa. Al final del año, se repartirán 15 millones entre los equipos más prometedores, una especie de capital semilla para quienes estén haciendo más progresos. Además, dedicaremos 5 millones a equipos de estudiantes.

UNA CARRERA FULGURANTE

P.D.: Recuerdo que cuando nos conocimos, sobre el año 2000, tenías en mente dos proyectos capaces de transformar la sociedad: hacer de la raza humana una raza interplanetaria y hacer que viviésemos en una economía energéticamente sostenible. Me da la impresión de que has hecho de estas dos décadas un periodo tremendamente productivo para ti. ¿Estás contento con los progresos realizados?

E.M.: Hasta el momento, los resultados han sido muy buenos. Aunque todavía no hayamos enviado a nadie a Marte, estoy convencido de que lo haremos pronto. De hecho, recientemente la NASA nos adjudicó, a SpaceX, un contrato de 2,9 billones de dólares para el próximo Lunar Lander. Una nave de SpaceX será la próxima en alunizar llevando astronautas, y creo que el primero de ellos será mujer. Evidentemente, aún queda llevarlo a cabo…

P.D.: A veces, al tratar de cumplir con estos objetivos se presentan dilemas y dudas, además de ser blanco de muchas críticas…

E.M.: Bueno, más de uno habrá pensado que soy un hipócrita al que solo le interesa el dinero y que además utiliza cohetes que producen CO2. La realidad es que a día de hoy no existe otra tecnología capaz de sortear este asunto en la física de un cohete.

Creo que es importante saber que, para poder ampliar el alcance y la escala de la conciencia humana y asegurarnos la supervivencia de la vida a largo plazo tal y como la conocemos, habremos de convertirnos en una especie multiplanetaria.


Para garantizar la supervivencia de la vida a largo plazo, tal y como la conocemos, habremos de convertirnos en una especie multiplanetaria


Aunque soy optimista sobre el futuro, si alguien me preguntase cuánto va a durar la civilización, nunca diría infinito. Siempre habrá riesgos existenciales fuera de nuestro control: asteroides, guerras mundiales… La historia no nos sugiere que seamos infinitos, sino más bien todo lo contrario. Siempre se han cometido estupideces, y no tenemos más que considerar las civilizaciones que nos han precedido… ¿Dónde están ahora? ¿Qué pasó con los sumerios, acadios, babilonios, griegos, romanos...? Las civilizaciones han nacido, crecido y luego desaparecido; de ahí la necesidad de volvernos multiplanetarios, y la única forma para hacerlo es con cohetes que consumen combustibles que contaminan al quemarlos. Lo bueno es que tenemos un plan a largo plazo para la sosteniblidad de los vuelos de cohetes, generando combustible con energías alternativas (energía solar más oxígeno líquido); de hecho, nuestros cohetes funcionan con un 80% de oxígeno líquido y 20% de metano líquido, que utiliza en su producción CO2 extraído de la atmósfera que, combinado con agua, crea CH4+O2. Así generaremos combustible en Marte.

P.D.: Creo que, para la humanidad, es un imperativo moral el salir de la Tierra. ¿Tenemos ya todo lo que necesitamos para hacerlo?

E.M.: Muchos piensan que esto es una vía de escape para ricos, pero la realidad es que ir a Marte significa algo parecido a lo que ir a la Antártida significó para Shackelton: algo peligroso, incómodo, muy largo y de donde quizás no vuelvas vivo… Sin embargo, no deja de ser una aventura gloriosa y será una experiencia inolvidable, aunque a más de uno le cueste la vida. Somos una especie exploradora y en nuestro proyecto solo tenemos a voluntarios.

P.D.: Pocas horas después de esta entrevista, estarás viendo el lanzamiento del SpaceX Crew Dragon 2.

E.M.: Sí, será nuestro tercer lanzamiento llevando a cuatro astronautas a la estación espacial. Será una tripulación internacional. El lanzamiento se producirá desde el PAD 39A, un lugar histórico desde donde salieron las tripulaciones de Apolo XI o de la primera Space Shuttle de 1981; es como el Times Square de las plataformas de lanzamiento.

Además, la primera etapa tiene una “preciosa” pátina, resultado de su primer lanzamiento, ya que es una etapa reutilizada con “cicatrices” en su pintura provocadas por la re-entrada en la atmósfera. La realidad es que, desde la perspectiva de la seguridad, es un vuelo ya probado (flight proven). Qué prefieren, ¿volar en una nave recién salida de la fábrica o en otra que ya ha volado? Además, pronto reutilizaremos también la Dragon Spacecraft. La reutilización es un concepto que se tiene cada vez más en cuenta.


Hoy estamos avanzando con el proceso de lanzamiento, pero cuando tengamos plataformas flotantes en el espacio, podríamos estar hablando de un verdadero programa espacial


P.D.: Podrías ponernos al día sobre Starship, la nave que nos llevará a la Luna y a Marte? ¿Cómo la compararías con el cohete Saturn V?

E.M.: Lo menos obvio cuando contemplamos a Starship desde el suelo es el tamaño. Será el objeto volador más grande de la Historia, con el doble de potencia y capacidad para levantar cargas que el cohete Saturn V. También será el cohete más alto jamás lanzado con 120 metros.

EL Starship fue diseñado con características que van mucho más allá de los requisitos solicitados por la NASA. Será capaz de transportar, a lo largo de su vida, 100 veces más de carga a una base lunar, aunque nosotros pensamos que más bien será cerca de 200. Nuestra intención, a la hora de diseñarlo, fue que tuviese capacidad para permitir mantener una base ocupada permanentemente en la Luna. Vamos a preparar una base en la Antártida, y sería estupendo tener otra en la Luna, pues teniendo a los científicos allí, la investigación sería mucho más productiva. Planteamos incluso tener algunos telescopios potentes.

Pero más relevante que el tamaño de Starship es el hecho de que ha sido diseñado para ser totalmente reutilizable, y con rapidez. Pienso que este era el paso fundamental que necesitábamos para tener acceso al espacio. Para hacer de la humanidad una civilización verdaderamente espacial, requeríamos de un cohete capaz de ser reutilizado con rapidez.

Hemos conseguido avances en esa dirección con el Falcon 9, cuyo propulsor (booster) es reutilizable. La porción superior del Dragon Spacecraft también lo es, pero no la segunda fase impulsora, y el proceso de reutilización es lento y trabajoso –aunque a mucha distancia de las complejidades de las lanzaderas espaciales previas, que requerían de un año completo para relanzar cada transbordador espacial–.Ahora, con Falcon 9, tardamos pocos meses y esperamos reducir ese tiempo (a menos de 30 días) en breve. Sin duda esta velocidad es todavía muy lenta, comparada con los estándares aeronáuticos, pero nuestra intención cuando diseñamos el Starship era que fuese rápido y completamente reutilizable.

Hoy el proceso es el siguiente: tras el despegue, el booster retorna directamente a la plataforma de lanzamiento (launch pad) y es recogido por esta solo 5 o 6 minutos más tarde. Lo mismo ocurre con la nave, aunque esta tardará varias horas en volver. Todo el proceso de diseño del booster se ha hecho para poder ser reutilizado hasta una docena de veces diariamente, de tal manera que una nave podría estar lista cada tres horas, que es el tiempo que se necesita para cargar de combustible, montar las etapas y comprobar técnicamente si todo está listo para el despegue y la nave está alineada para el lanzamiento. Un escenario factible sería realizar dos lanzamientos diarios del mismo cohete. Además, como el cuello de botella de los lanzamientos serían las naves, fabricaremos más para que no se ralenticen los lanzamientos… y cuando tengamos plataformas flotantes en el espacio, podremos conseguir que las naves retornen en una sola órbita… tres lanzamientos diarios… ¡mil vuelos al año! Y cada uno con 100 o más toneladas de carga. Estamos hablando de un verdadero programa espacial.


Peter Diamandis, fundador y presidente ejecutivo de XPRIZE Foundation, y fundador ejecutivo de Singularity University, entrevista a Elon Musk, fundador de Tesla, SpaceX, Neuralink y The Boring Company.

Entrevista publicada en Executive Excellence n175, junio-agosto 2021.

Primera imagen de interior: © Free-Photos en Pixabay / Segunda imagen interior (dividida):  © Arek Socha en Pixabay.