Personajes con talento

Roger B. Myerson es Catedrático Glen A. Lloyd de la Universidad de Chicago desde el año 2001. Su carrera profesional se inició, en 1976, en la Kellogg School of Management de la Northwestern University, en la que ejerció la docencia durante 25 años.

Doctorado en Matemáticas Aplicadas por la Universidad de Harvard en 1976, Roger B. Myerson recibió, junto a Eric Maskin y Leo Harwicz, el Premio Nobel de Economía en el año 2007 por la contribución de los tres investigadores a la Teoría del diseño de mecanismos. El profesor Myerson recibió, dos años más tarde, el Premio Jean-Jacques Laffont. Es, además, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Basilea.

Desde el año 2005, es presidente de la Econometric Society, en la que ha ocupado diversos cargos desde su ingreso en la misma en el año 1983. Es también miembro de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias, y de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. Entre los años 1989 y 1997 ocupó un asiento en el consejo editorial de la revista Games and Economical Behaviour. También ejerció las mismas funciones en la International Journal of Game Theory, entre 1982 y 1992. Ha sido, además, editor asociado de Journal of Economic Theory durante 10 años y ha publicado dos libros: Game theory: Analysis of Conflict, en 1991 y Probability Models for Economic Decisions, en 2005.

Durante su reciente visita a España a mediados de junio, nos recibió horas antes de pronunciar su conferencia en la Fundación Rafael del Pino.

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: Escribió que uno de los mayores activos de alguien que se quiera dedicar al estudio es su intuición sobre a qué temáticas quiere dedicarse. Hoy estamos viviendo una revolución en la educación y, dentro de 20 años, los estudiantes se interesarán por temáticas que hoy desconocemos. Los intereses que dan forma a aquello a lo cual nos dedicaremos profesionalmente tienen, en una gran mayoría, su origen en la infancia. Usted desarrolla sus actividades en un entorno donde la educación es esencial. ¿Qué cambios prevé en el futuro de la educación y qué debilidades ha detectado?

ROGER MYERSON: Me parece una pregunta estupenda y no estoy seguro de tener una respuesta adecuada, pero sí de que es un tema tremendamente importante. Soy un convencido de que las tecnologías de la información están cambiando drásticamente nuestra vida. Tanto mi mujer como yo desarrollamos una magnífica fundación en Chicago que identifica el talento entre las personas pobres y las apoya en su educación en buenas escuelas. A nivel personal, concedo un tremendo valor a la historia y, particularmente, creo que es importante conocerse a sí mismo. Por eso soy un científico que estudia el entorno social.

Cuando analizamos tiempos pasados, en los que la tecnología era tremendamente diferente, nos damos cuenta de que seguimos siendo, esencialmente, los mismos. Esta perspectiva nos da una visión más amplia respecto de aquello que permite a una sociedad tener éxito, algo muy importante para comprender hacia dónde ha de ir la educación en el futuro. Lo que las personas en entornos empobrecidos deben comprender es que tienen que estudiar las matemáticas y la ciencia para participar en el milagro tecnológico de nuestro tiempo; aunque, por otro lado, espero que la educación continúe haciendo que los alumnos perciban la literatura y la historia de la humanidad como algo esencial.

La mayor revolución histórica fue la invención de la escritura, esto permitió al conocimiento perdurar y distribuirse en entornos más amplios. La forma más clara y potente del acceso al poder se basa en la capacidad adecuada de comunicación; ya sea en tabletas de barro con escritura cuneiforme o por e-mail la esencial habilidad para comunicarse, a través de una correcta escritura, tarda años en desarrollarse y es importante formar adecuadamente a las jóvenes generaciones. Que se enseñe a escribir y a leer de una forma efectiva ha sido, es y será de tremenda importancia en nuestra sociedad. Ahora bien, hoy tenemos muchas más habilidades que nuestros ancestros, lo cual significa que debemos tener un nivel de especialización mucho más elevado.

F.F.S.: Von Neumann decía que las matemáticas puras eran bellísimas, pero si están demasiado lejos de la realidad pierden relevancia. ¿Podemos aplicar este mismo concepto a las ciencias económicas?

R.M.: Sí, por supuesto. Me fascina ver cómo algunos de los mayores descubrimientos intelectuales en mi campo suelen empezar con la reflexión de: por qué las “preciosas” matemáticas deberían ser útiles para entender problemas aplicados. Muchos grandes descubrimientos en ciencias sociales -y también en ciencias físicas- comenzaron con la meditación del autor sobre la pregunta: “por qué las bellas construcciones matemáticas han de estar relacionadas con la comprensión de otros fenómenos”. Las estructuras lógicas, que entendemos a través de las matemáticas, llegan a ser útiles para la comprensión de la evolución de los fenómenos que nos rodean (tras una identificación adecuada). Las matemáticas son una forma extremadamente versátil de generar sistemas lógicos. ¿Cuáles de ellos tendrán un encaje adecuado al problema y cuáles no? Ésa es la cuestión.

Todo lo que me ha ocurrido en la vida no ha hecho más que acrecentar mi fe en que algunos sistemas lógicos matemáticos son apropiados como explicación a ciertos problemas.

F.F.S.: ¿Como explicación, por ejemplo, a la actual crisis?

R.M.: En la reciente crisis económica, se ha dicho que confundimos esos bellos sistemas matemáticos con la realidad, pero el hecho es que las crisis económicas son tan complejas que aún no podemos entender de forma correcta sus orígenes.

Independientemente de mi específico interés por la lógica de los problemas económicos, quisiera razonar lo anterior, y aunque este argumento es imperfecto, me parece que hubo un momentum crítico (en este caso, el año 2008), donde se nos ocultó lo que se avecinaba. Los políticos luchaban contra una tendencia, pero no podían pararla. Eso sugiere la existencia de una inercia (momentum) impulsora. En su esencia, este fenómeno, extremadamente complicado y dependiente de muchas personas e inmensas cantidades de dinero, no es más que un mecanismo tremendamente complejo y, en teoría, actuando sobre diferentes partes del mismo generaríamos una diferencia que lo llevaría a detenerse. Si rompiésemos esas partes del mecanismo, las cosas cambiarían. Evidentemente, si nos equivocásemos, la rueda que genera este problema continuará girando y el fenómeno ocurrirá.

En cierta forma, la dificultades a la que se enfrentan los generadores de políticas me hacen sentir que hay una “simplicidad lógica” tras estas situaciones. La complejidad radica en que no tenemos la teoría que nos permita señalar con el dedo dónde está el problema para poder pararlo. Mantengo mi fe en que hay, en crisis financieras particularmente, estructuras conceptuales sencillas que, si bien simplificarán en exceso la realidad, nos permitirán ver más claramente cuáles son las fuerzas más importantes detrás del declinar de la prosperidad y el paso a la recesión global; verlas permitirá actuar sobre ellas. Todo depende de la capacidad de quienes gestionan la política, y del público en general, para poder actuar.

F.F.S.: Uno de los placeres derivados del pensamiento teórico son las aplicaciones prácticas. Robert Aumann (Premio Nobel de Matemáticas del año 2004 y muy buen amigo suyo) nos puso el ejemplo de cómo su nieto estudiaba sus teorías de los nudos aplicadas a la hélice espiral del ADN. ¿Le ha ocurrido a usted algo parecido?

R.M.: Soy un teórico y creo que se me puede acusar de estar un poco lejos de aplicaciones prácticas pero, aun así, mi trabajo da opciones opinables y ha sido utilizado con éxito en el diseño de subastas en Internet, por ejemplo. Evidentemente, me ha producido satisfacción. Cuando mis teorías se aplican con éxito a situaciones específicas, no suelo estar involucrado (no pueden darme detalles del trabajo, que muchas veces es “secreto” por las implicaciones en negociaciones comerciales). Cuando tengo éxito al encontrar una forma para, a nivel teórico, conseguir un modelo que permita a las personas ver el mundo de un modo más claro, lógico y comprensible, el resultado es muy satisfactorio.

Aunque busco continuamente la simplificación útil en lo que hago, nuestro mundo es demasiado complejo y esto no siempre es posible. Necesitamos una estructura conceptual para comprender la economía y los sistemas sociales en toda su amplitud.

Diría que gran parte de lo que intentan hacer los Premios Nobel, cuyo Comité toma decisiones de forma independiente, es recompensar a personas que han generado avances económicos en la forma en que pensamos y que tienen influencia en la comprensión de las cosas cambiando la manera en la que se escriben los libros de texto.

Que tus ideas sean reproducidas y se utilicen, aunque sea sin atribución, es importante. He creado términos que hoy forman parte del lenguaje y, aunque mi nombre no esté asociado a esos términos, me congratula. El entorno intelectual encuentra útiles esos conceptos, usándolos para pensar de una forma más clara sobre algo. Soy consciente de que mi forma de explicar las cosas no era demasiado clara, por eso creé una estructura conceptual que la simplificara y permitiese su uso a niveles pedagógicos.

F.F.S.: Dijo usted que cuando los Estados Unidos decidieron invadir Irak, en el año 2003, exploró la credibilidad de la disuasión para demostrar cómo el repudio norteamericano a la restricción militar multinacional podría exacerbar los riesgos para los Estados Unidos. Esta inteligente propuesta se ha demostrado cierta con el tiempo. ¿Podría ampliarnos su visión sobre este tema?

R.M.: La política exterior norteamericana en 2003 fue problemática. Simplificando, una estrategia de disuasión significa que una nación necesita cierta fuerza militar para preservar la paz. Nos podemos preguntar sobre los peligros de una situación con dos poderes hegemónicos o si el mundo sería un lugar más seguro con un solo poder hegemónico, cosa que considero cierta.

En mi opinión, un país con un poder militar hegemónico no puede ser plenamente estable si no recibe la aquiescencia del resto del mundo a su dominancia. Los Estados Unidos (incluso antes de la crisis económica) no tenían poder para dominar militarmente el resto del mundo, sobre todo si los demás países gastaban proporcionalmente al mismo nivel que ellos. Aunque el mundo es mejor con menos gastos militares, hace falta que exista un país que incurra en ellos para que no se cree un vacío militar que invite al militarismo oportunista. Las cosas pueden funcionar una vez que se entienda que la posibilidad de una guerra con América -el mayor poder militar, con diferencia- no es viable, porque su dominancia es segura. Por ello la forma en la cual los Estados Unidos utilice su poder debe ser percibida, por el resto de países, como restringida por límites y leyes internacionales. Así, los demás países, a la hora de juzgarla como jurado global, la considerarán controlada.

Tener un ejército para defenderse no tiene como objetivo utilizarlo, sino demostrar el poder de repeler una agresión externa: si nos atacas, responderemos; pero si no nos atacas, tampoco te atacaremos. El fin de la fuerza militar es cambiar la conducta de otros, pero este poder, como una tijera, tiene dos filos. Poder atacar a quienes te atacan no tiene sentido si los que pueden ser atacados no comprenden que –a menos que se comporten de forma agresiva– no lo serán. Si el presidente de los Estados Unidos les dice a los ciudadanos del mundo, y también a los ciudadanos americanos, que él personalmente ostenta la capacidad de decidir sobre el uso de la fuerza militar (cuando él lo considere adecuado la utilizará), lo único que hace es debilitar a los Estados Unidos ya que si en el exterior piensan que el presidente puede decidir atacarles cuando lo desee, se armarán.

Por ejemplo, existen muchas y buenas razones para que Irán no adquiera armamento nuclear. Una de ellas es que si explota una bomba nuclear en cualquier sitio del mundo, sin ellos tener armas nucleares, nadie pensará que son culpables y no habrá represalias. Por el contrario, si Irán adquiere armas nucleares, sus vecinos -como Turquía o Arabia Saudí- querrán también tener armas nucleares, incrementándose las posibilidades de un accidente nuclear que actúe en su contra. Por otro lado, si Irán tiene armas nucleares, pierde temor ante una invasión de los Estados Unidos, ergo la posibilidad de una invasión por parte de los Estados Unidos es una buena razón para tener armas nucleares.

F.F.S.: Entonces podríamos decir que como los Estados Unidos y sus aliados no desean que Irán tenga armas nucleares, la forma más sencilla para que eso ocurra es dar garantías concretas y creíbles de que los Estados Unidos no tienen ningún interés (y ninguna perspectiva) de invadir ese país, siempre que Irán respete los principios básicos de las leyes internacionales.

R.M.: Después de que Sadam Husein invadiese Kuwait, una coalición internacional le atacó. El hecho es que al no haber existido un consenso global sobre el tema (en 2003) fue difícil encontrar una solución de amplia aprobación. Aunque los aliados (y la mayoría de sus ciudadanos) justificaban la reacción, no así sus adversarios potenciales que pensaban: si Bush invade Irak porque no le gusta Sadam, ¿qué ocurriría si no les gustamos nosotros? Este tipo de reacciones -aunque muchos las vean como ilógicas- existen, y hacen que los Estados Unidos sean menos seguros.

Lo más importante que podemos hacer para tener un siglo XXI más seguro es que los votantes americanos comprendan que las cantidades que gastamos en temas militares no servirán de nada si no las utilizamos de una forma en la cual el mundo entienda que nosotros, como nación más poderosa, siempre estaremos mejor si nos permitimos estar más controlados por la opinión pública. La intervención en Libia se midió con mucho cuidado, gozando de una resolución a favor de la Liga Árabe. Los Estados Unidos actúan como parte de una amplia coalición y esta intervención restringida ha sido un modelo más correcto.

Pudiera parecer posible que la intervención de los militares americanos, desde una perspectiva de control de operaciones, sería militarmente más efectiva; pero, a largo plazo, una falta de restricciones y límites a las fuerzas americanas tendría efectos negativos. No conozco los detalles de la gestión de la OTAN; pero, si fuese cierto que las fuerzas aliadas no han sido todo lo efectivas y coordinadas que podrían ser, el coste a pagar merece la pena. Es una forma de mostrar la capacidad de contención y limitación de un poder militar preponderante.

En definitiva, el poder militar americano es demasiado grande para ser utilizado sin limitación, y ha de pertenecer tanto al mundo como a los Estados Unidos. Sólo así puede ser entendido y justificado por el resto de países.

F.F.S.: Leyendo su biografía nos impactó el amor que existe entre usted y sus padres (y el tremendo sentido del humor de éstos). De joven, usted preguntaba a su padre sobre los riesgos de una guerra nuclear y él respondía: “Los líderes del mundo aportan toda su sabiduría al trabajo en la gestión de las crisis y su solución pacífica. Lo deseable sería que los líderes tuviesen un poquito más de sabiduría y liderazgo para aportar paz al futuro”. ¿Qué significan los padres en la educación?

R.M.: Mi padre cumplirá 90 años este mes y seguimos intercambiando ideas continuamente. Para mí, fue una de las mejores influencias que alguien puede desear cuando es joven. Escribiendo la biografía que me solicitó el Comité de los Nobel pude, rememorando, realizar algunas conexiones entre hechos de mi infancia y mi devenir. Desde los cinco años estaba predispuesto hacia las ciencias sociales. A los seis años, mi madre me leyó un libro infantil sobre la ciencia nuclear (editado por Disney). Cuando llegué a Estocolmo para la ceremonia de los Nobel, estaba con mis padres. En uno de los paneles preguntaban cómo podemos educar a los hijos y yo levanté la mano diciendo: mi madre, aquí entre el auditorio, cuando tenía seis años me leyó ese libro… y estimuló mi interés. Tras la ceremonia, mi madre me dijo: “Me encantaba leerte cuando eras un niño, pero lo que me gustaba era leer literatura. Odiaba ese libro. Te lo leí porque se lo quitaste a tu hermano mayor e insististe en que te lo leyese”. La verdad es que recibí la lección equivocada: no es que estuviese estimulando mi amor a las ciencias, sino que toleraba mi interés por ellas. Mi verdadera recomendación a los padres, aunque les pueda parecer un poco extraño (y siempre que no sea dañino), es que apoyen a los hijos en sus intereses. Nunca habría descubierto esto si mi madre no me hubiera acompañado a Estocolmo.

F.F.F.S: Vivimos en un entorno cortoplacista donde los Estados Unidos ha dejado de ser el único líder dominante. El crecimiento de la población -estamos llegando a 7 billones de habitantes- nos enfrenta a una crisis y crecen los costes de las limitadas materias primas; las cosas, inevitablemente, han de cambiar. El conocimiento de las herramientas en nuestro poder puede ayudarnos a manejar la complejidad. ¿Cómo pueden ayudar sus teorías?

R.M.: El proceso de la información está mejorando ampliamente la gestión de la complejidad. Las organizaciones son más productivas. La localización de los recursos y los sistemas de inventario representan una diferencia positiva, aunque aún hay que responder a muchas preguntas sobre la gestión.

Debemos esperar una reforma económica en Asia, China e India, donde el efecto de la liberación del talento de las personas no se vea constreñido por políticas disfuncionales y se pueda integrar en los mercados globales haciéndolo más productivo.

El incremento de la población y su integración (sobre todo de países pobres) en el entorno global significará mayor demanda de recursos, pero al mismo tiempo aumentará la producción. Al competir con ellos por los recursos, cada vez más escasos, los precios que requieran de la contribución de las personas para la creación de valor van a caer de forma relativa y aquellos productos que requieran de recursos naturales subirán. Las consecuencias del calentamiento global, como las huellas de carbono -por el que pagamos- deberán ser solucionadas, debiendo aprender a cubrir sus costes para limitar los efectos del calentamiento global.

Debemos tener esperanza en que las poblaciones serán sostenibles en el futuro gracias al desarrollo. En la situación actual, es necesario entender que el crecimiento sin precedentes de la población está asociado con la mejora de las condiciones de vida. Somos más porque nos cuidamos y gestionamos mejor. Hay menos guerras y una mejor distribución del poder. La mayoría de la población no ha de desgastarse como parte de un sistema opresivo minoritario.

Los derechos políticos legales se están extendiendo y, prácticamente, todo el mundo puede crear empresas de forma segura. Esta libertad para invertir y viajar, prosperando sin miedo a que los controladores de los gobiernos te quiten lo tuyo, es la clave esencial para la prosperidad global. Ser parte de un mundo tan lleno de gente con talento nos hace estar mejor. Para los norteamericanos en particular, que han tenido décadas de acceso a recursos baratos sin mucha competencia, la situación ha cambiado, obligándonos a aceptar que los recursos van a ser más escasos.

F.F.S.: Cuando estuvimos con Robert Aumann, nos llamó la atención su capacidad para compaginar religión y ciencia. ¿Cómo se puede tener un equilibrio humano y religioso, y ser a la vez científico y pragmático?

R.M.: Pienso que mi buen amigo Robert Aumann es un ser especial. Como judío no practicante que soy,  es un placer hablar de religión con él. Respecto de la pregunta, cualquier cosa que uno se tome en serio es importante pero la fe religiosa, en particular, para muchas personas es esencial y se centra en responder a la pregunta: ¿Cómo ser humano?

Hace años tuve el privilegio de cenar con Aumann en su casa de Jerusalén y le dije: “Si el rey David o Moisés pudiesen pasar un rato en un entorno de tiempo diferente, seguro que estarían muy interesados en estar aquí ahora”. Para mejor o peor, vivimos un momento crucial en la historia del pueblo judío. En todas las religiones existe cierto fundamentalismo, habiendo quienes piensan que, en el pasado todo era correcto y que ahora nos estamos desviando; discrepo.

En los tiempos que estamos viviendo hemos de analizar cómo deberían organizarse las sociedades. Los seres humanos de la historia hebrea, que reverenciamos, estarían muy interesados en la política actual de Israel. Posiblemente, muchos de ellos se alinearían en diferentes partidos políticos y discutirían con la misma pasión con la que se discute hoy, sin duda apreciando el privilegio de poder votar como hacemos. Hace poco di una conferencia en Israel hablando de la necesidad de limitación y autocontrol. Uno de los mayores privilegios de ser laureado con el Premio Nobel fue poder asistir y hablar en una conferencia sionista, explicando la necesidad de comunicarse con los palestinos, expresándoles respeto por su sociedad y los límites de nuestras propias aspiraciones. Límites que les permitirían conseguir las suyas en un área geográfica. Haber dicho eso en Jerusalén me pareció un privilegio, aunque no sé si tendrá algún efecto. En cualquier caso, siempre podré decir que lo he intentado.


 

TALENTO / MANAGEMENT / ESTRATEGIA / LIDERAZGO

Entrevista publicada en Executive Excellence nº83 jul/ago11

 

 

Sobre la revista

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