China, un competidor en expansión

China, un competidor en expansión

La entrada de China en la Organización Mundial del Comercio en 2001 y la gran crisis financiera de 2008 son dos hitos que marcan la historia reciente de este país, cuyo auge está creando una disrupción nunca antes conocida.

¿Cómo rivalizar contra este “gigante” que fue un motor de crecimiento para Latinoamérica en la época dorada de los 2000 y que sigue contribuyendo al progreso mundial y a la reducción de la pobreza? ¿Cómo negociar con un país comunista que a la vez representa la competencia capitalista más feroz? ¿Por qué su evolución tecnológica es imbatible?

Para resolver estas y otras cuestiones, la española Lourdes Casanova recaló en la Fundación Rafael del Pino, donde pronunció la conferencia “La era de las multinacionales chinas. Compitiendo por el dominio global”. Profesora de management y directora, desde 2013, del Emerging Markets Institute de la Johnson School of Business de Cornell University, anteriormente fue docente en INSEAD, especializada en negocios internacionales con énfasis en América Latina y en las multinacionales de mercados emergentes.  

Su conocimiento despeja algunas de las dudas de un futuro más que incierto, en buena medida por las declaraciones y decisiones de un bravucón e imprevisible presidente Trump, que ha emprendido una cruzada particular contra China; una batalla que, como explica Casanova, “no es comercial, sino tecnológica”.

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: Zhang Ruimin, CEO de Haier,  explicaba en el Global Peter Drucker Forum que existen dos tendencias. La primera es que los productos van a ser reemplazados por use case scenarios y la segunda, que los ecosistemas se van a solapar, cubriendo diferentes industrias. La propia estructura empresarial de Haier está eliminando la burocracia interna y dividiéndose en pequeñas unidades multidisciplinares. Como experta en empresas chinas, ¿hasta qué punto considera que esto va a cambiar los modelos del management y la manera de gestionar las organizaciones?

LOURDES CASANOVA: Los chinos son grandes seguidores de los principios de management estadounidenses. Por ejemplo, el líder de Haier ha escrito dos exitosos libros sobre el tema, y él mismo dice leer un título al mes de los grandes gurús americanos. En este cambio de ciclo que estamos viviendo, se nos olvida a veces que incluso ahora las mejores prácticas de management son americanas. Ellos crearon el arte de la gestión, y los demás los hemos seguido. Las escuelas de negocios hemos sido durante mucho tiempo amplificadoras de sus mejores métodos y prácticas.

En el momento actual, destacaría dos tendencias disruptivas: la tecnología y el auge chino. Siguiendo con el caso de Haier, la compañía es una muestra de cómo la disrupción puede venir por innovaciones incrementales tan pequeñas como inesperadas. Por ejemplo, creó neveras de formato reducido, destinadas a estudiantes o para casas pequeñas, mucho más baratas y eficientes. Mientras que el resto las estaba haciendo cada vez más grandes y sofisticadas, Haier lanzó ese producto con gran éxito. Ahora son el número uno mundial.

Creo que debemos aprender mucho de lo que se está haciendo en China y desterrar estereotipos, como que “sólo copia”. ¡Todos copiamos de todos! El espionaje industrial ha existido siempre y la realidad es que, en estos momentos, China está anticipando muchas de las tendencias en Inteligencia Artificial y en pagos por móvil, donde son los líderes con WeChat Pay y Alipay.

F.F.S.: El 6 de enero, CB Insights publicó el número de unicornios. Hasta esa fecha, había 439, de los cuales 99 eran chinos, y también de China eran los dos más grandes: Toutiao, sobre IA, y Didi Chuxing, del sector transporte y automoción. ¿Somos conscientes en Europa del desfase en innovación que se está avecinando?

L.C.: Creo que, en general, en Europa disfrutamos de una calidad de vida y de un nivel de infraestructuras, de servicios sociales… muy elevado, y a veces esto nos lleva a tener menos prisa por cambiar e innovar.

De todos modos, merece la pena valorar lo propio y recordar nuestras innovaciones. Uno de los grandes de la aeronáutica, como es Airbus, es europeo, y tampoco debemos olvidar lo que supuso Nokia en la expansión del teléfono móvil, junto con 3G, y cómo el estándar europeo se adoptó mucho antes gracias al consenso de la Unión Europea. Por no mencionar a la alemana SAP, cuyo software se utiliza en empresas de todo el mundo.

Es cierto que no existe un gran unicornio como fueron los famosos americanos (Google, Facebook, Amazon…), pero hay mucha tecnología en Europa, y parece que la nueva Comisaria va a crear un programa para apoyarla.

En el caso de China, ha experimentado un crecimiento tremendo y en la mayoría de las ocasiones ha sabido aprovechar sus debilidades. Por ejemplo, los pagos digitales empezaron porque Alibaba quería vender online, pero en aquel momento la penetración de las tarjetas de crédito en el país era mínima. Por eso decidieron crear los sistemas de pago por móvil, saltando así a la siguiente innovación (leapfrogging).

También subyace una cuestión cultural, pues China ha sido la cuna de muchas de las grandes innovaciones en la historia de la humanidad, y sus ciudadanos están muy abiertos a la innovación y la experimentación.

En cambio en Europa los bancos están tan implantados que por qué habrían de ser los primeros en pensar en otros métodos de pago, cuando tradicionalmente con la tarjeta les había ido bien, o en innovaciones como la que está desarrollando Alipay a través de su filial Ant Financial y WeChat, que conceden créditos basados en tu consumo de pagos por móvil y en tu consumo del teléfono.

Hay que tener visión para entender si tu fortaleza es tu debilidad y cómo tu debilidad puede ser tu oportunidad. En Alemania, por ejemplo, los trenes siempre han funcionado muy bien, de modo que en lugar de crear uno de alta velocidad, como sucedió en España, con los elevados costes que eso implica, aumentaron la velocidad de los que ya tenían por la vía ordinaria. ¿Por qué molestarse en hacer una inversión de tantos billones de dólares para conseguir esto? En lugar de saltar al AVE, Alemania decidió optimizar sus instalaciones, mientras que en China fue un imperativo crear el sistema, pues el país es enorme y no había nada.

F.F.S.: Bajo ese argumento, posiblemente China siga haciendo ese leapfrogging y nos adelante en muchas innovaciones, como ya está sucediendo con la criptografía cuántica, de manera que en un futuro próximo quizá seamos nosotros quienes acabemos copiándoles. ¿Eso qué puede significar?

L.C.: Eso es exactamente lo que está provocando las reacciones de EE.UU. Esto no es una guerra comercial, sino tecnológica. Los estadounidenses piensan que China les está adelantando en lo que hasta ahora había sido la gran ventaja americana: la innovación tecnológica. Se han perdido algunas batallas por parte de ambos países, y no está claro quién va a ganar la guerra.

Lo único cierto es que hay más de 1.300 millones de habitantes en China, una población tremenda; que su economía está aún creciendo a un 6%, nunca antes en la historia económica había existido un país con un tamaño económico de 13 billones de dólares; que cuenta con una reserva de divisas apabullante y que no para de invertir. La necesidad de, en la medida de lo posible, convertirse en autosuficientes, les hace invertir en tecnología de IA, reconocimiento facial, pagos móviles, coches, buses y trenes eléctricos… siendo capaces de crear interesantes innovaciones incrementales.

Las fricciones entre ambos países van a seguir. La reciente firma del acuerdo comercial es una pausa en la gran batalla y estimo que hasta 2050 seguiremos viendo esto. Mi opinión, como experta y seguidora de China desde la última década, es que esta siempre ha tenido una posición económica preponderante en el mundo –excepto los dos últimos años, que los califican de aberración–, y la van a recuperar.

Tenemos que vivir con eso, y negociar a un nivel de iguales, no de hermano pequeño. La estructura multilateral que nació después de la II Guerra Mundial está quedándose obsoleta y el gobierno chino está proponiendo estructuras como Asian Infrastructure Investment Bank, a la que ya se han unido más de 100 países, o iniciativas como One Belt, One Road, que busca crear un área de influencia económica y de negocios donde poder empezar a imponer sus estándares y que también implica a Europa, con la que China mantiene muchos lazos comerciales. Cuando hay fricciones entre dos, quizás Europa debería asumir un papel intermedio, y negociar. Es un buen momento de verlo como una oportunidad, pues la economía mundial está creciendo y eso es positivo para todos.

F.F.S.: El desconocimiento causa preocupación, y la realidad es que existe miedo a que China se transforme en un colonizador, debido a su agresiva política de adquisición de recursos. ¿Hay motivo para inquietarse?

L.C.: Creo que debemos poner las cosas en perspectiva. Hemos pasado de la fase de ver a China como un país en vías de desarrollo que va a ser nuestro aliado y nos va a ayudar –no como hicieron los europeos y norteamericanos en Latinoamérica–, a verla como un colonizador. Pero, ¿quién ayudó a China cuando estaba con las guerras del opio y otros problemas?

Todas las cosas tienen un punto medio, y lo lógico es que cada país trabaje para favorecer a sus propios ciudadanos, y en el caso de China aún más porque son muchos.

Hay que asumir que desee recuperar el rol protagonista que ha tenido durante toda su historia, y será mejor negociar con el país desde una posición un poco fuerte, en nuestro caso como Europa, que no como estado individualmente. 

Es verdad que existen desniveles. Para Brasil, China es su más importante socio comercial (entre importaciones y exportaciones), pero no al revés. En contra de lo que popularmente se cree, tiene recursos naturales, tierras raras, petróleo… pero no suficientes para la gran expansión que ha acometido. Por eso, con su inversión en Latinoamérica, África y Australia, ha querido asegurarse de que no le van a faltar recursos naturales, y servirse de su gran cantidad de reservas en dólares para diversificar, y no comprar sólo bonos del Tesoro estadounidenses. Además, un rasgo diferencial es que China va a estos países con vocación de diversificar, pero sobre todo de aprender.

F.F.S.: En Europa y EE.UU. el concepto de democracia está resultando poco efectivo. Los procesos de decisión son lentos, no hay una dirección a medio-largo plazo clara, emergen los populismos… En cambio China tiene una posición muy diferente. ¿En qué medida considera que nuestros problemas políticos son un freno y, en un futuro, tendremos que revisar nuestro concepto de democracia?

L.C.: Es algo muy interesante. Como dices, en estos últimos años los estados democráticos han mostrado sus dificultades para encontrar consensos que nos ayuden a avanzar. En el modelo chino, predomina el pensamiento a largo plazo, algo que para infraestructura e innovación es muy positivo. Ellos son pacientes y prefieren pensar que lo que están haciendo les va a servir en el futuro, hasta el punto de sacrificar los beneficios en el corto.

Por el contrario nosotros, en el mundo empresarial y de las escuelas de negocio, hemos sido cortoplacistas y hemos estado centrados en crear valor para el accionista, mientras que la mayoría de las grandes empresas chinas son propiedad del Estado, lo cual les permite ese tipo de competición.

Quizá en países, sobre todo en vías de desarrollo, que ven que su sistema no funciona –y por desgracia Latinoamérica es un ejemplo de esto–, sea más beneficioso un gobierno centralizado, más ágil y capaz de tomar decisiones a largo plazo. Estamos viendo esa tentación en muchos lugares, pero esperemos que los consensos en Europa nos permitan movernos rápido, con visión de futuro, y seguir en nuestros sistemas democráticos, con todos los ajustes que sean precisos.

F.F.S.: La última pregunta se refiere al aspecto moral y ético. Hay varias cuestiones que despiertan la desconfianza hacia los chinos –como los uigures del norte en campos de concentración– y otros aspectos que chocan con el concepto de democracia y libertad que tenemos en los países desarrollados. ¿Está bien fundamentado ese recelo o, siendo un país con 1.300 millones de habitantes y comunista, no se puede valorar la situación desde la misma perspectiva?

L.C.: Es una pregunta muy compleja. China es un país de paradojas. En cierto sentido, es muy latino, pues son también muy familiares, les gusta mucho comer, salir, pasarlo bien, son muy trabajadores… Algunos dicen que teóricamente es comunista, pero en realidad es el país con la competencia capitalista más feroz.

Creo que la única forma de esclarecer todas esas contradicciones es tratar de conocer China. He podido comprobar durante mi época como docente la gran cantidad de estudiantes chinos que hay en todas las universidades, pero igualmente es relevante viajar allí y aprender cómo son y cómo compiten, para buscar ententes en aquellos campos donde podamos encontrarlas.


Lourdes Casanova, profesora de Management y directora del Emerging Markets Institute de la Johnson School of Business de Cornell University

Texto publicado en Executive Excellence nº165, marzo 2020