COVID: la aceleración del cambio

COVID: la aceleración del cambio

Desde el Centro para el futuro del trabajo de Cognizant, consultora tecnológica que ocupa un puesto privilegiado entre las primeras 200 empresas del Fortune 500, Ben Pring trabaja en la transformación digital de los negocios y el diseño de nuevos modelos que sepan aprovechar lo mejor de las tecnologías emergentes, entre ellas la Inteligencia Artificial. Como afirma en su último libro, What to do When Machines do Everything, “aquellos que tengan éxito en la próxima fase de la economía digital no serán los que creen nuevas máquinas sino los que aprendan a saber qué hacer con ellas y a aprovechar todo su potencial para ponerlo al servicio de los humanos”.

Antes de unirse a Cognizant en 2011, Pring pasó 15 años en Gartner, investigando y asesorando en áreas como computación en la nube y estrategias de global sourcing

Futurista tecnológico, su visión alumbra lo que muchos no ven y arroja luz en un momento en el que “estamos viviendo en un futuro del que personas como yo llevamos años hablando”. Precisamente sobre las características de ese porvenir, versó su intervención en el encuentro virtual Reimagine the future.

Cambios en tiempo real

Nuestro mundo, ese planeta azul que habitamos, está siendo transformado por otro objeto esférico “ligeramente” más pequeño, que desconocíamos totalmente las pasadas navidades: el coronavirus o COVID-19. 

Todo está cambiando de una forma increíble, lo que me recuerda una famosa cita de Lenin: “Hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que pasan décadas”; eso es lo que sentimos que está ocurriendo en estos momentos. Si hemos estado viviendo una extraordinaria transformación digital durante los últimos años, lo que ahora experimentamos es una aceleración como nunca antes. A las célebres palabras del escritor William Gibson: “El futuro ya está aquí, sólo que no está distribuido de forma equitativa”, añadiría que ahora el futuro está aquí y distribuido de forma mucho más amplia. 

Les pediría hacer un simple ejercicio mental. ¿Se imaginan volviendo a sentarse varias horas en un avión junto a absolutos extraños? Warren Buffet cree que no lo haremos. Pero existen muchos más interrogantes: ¿Trabajaremos en oficinas plagadas de personas? Algo tan habitual como darse la mano, ¿continuará siendo una costumbre? ¿Qué va a pasar con las normas sociales que damos por sentadas? ¿Cómo nos recibirán los compañeros de trabajo si hemos tenido que viajar al extranjero para dar una conferencia? Estamos viviendo cambios en tiempo real. 

Después del 11S, se creó la TSA (Transport Security Administration); y me pregunto si ahora crearemos una HSA (Health Security Administration), no sólo para entrar en un avión sino también para acceder a edificios. El Rockefeller Center de Nueva York ya ha anunciado que realizará controles a quienes deseen entrar, y creo que vamos a ver complejos protocolos de acceso implantados por todas partes. Podría decirse que entramos en “un régimen de limpieza” que está haciendo que la higiene se ponga de moda, tras percatarnos de lo sucio que está el mundo.

Existe un pensamiento global de que todo aquello que pueda migrar a la Red, lo hará; transformándose en algo más económico, rápido y con procesos de calidad superiores. La tecnología sólo ha arañado la superficie de su futuro a corto-medio plazo, pero se convertirá en algo central para los pilares de nuestra sociedad, como la educación o la salud. Hace tres años, el Primer Ministro Trudeau manifestaba en el World Economic Forum que “el ritmo del cambio nunca había sido tan rápido, pero nunca volverá a ser así de lento”. 

El trabajo virtual que muchos hemos venido desarrollando desde hace tiempo, pero que ha sido la excepción para la mayoría, ahora se ha convertido en la norma. Todas las tecnologías sobre las que se sustenta este cambio, robots incluidos, se posicionarán en el centro de nuestra vida y serán esenciales para el desempeño de nuestros trabajos. 

El miedo a los robots o a la IA, que lleva tiempo flotando en el ambiente, está aumentando. Los empleados se muestran más preocupados por la seguridad de sus puestos de trabajo que por su propia salud o el bienestar de sus hijos, sobre todo tras ver desaparecer a compañías que, se pensaba, eran estables.  

Oleadas emergentes

Hemos vivido un periodo de increíble disrupción, pero ahora esa disrupción se está disparando por las nubes. ¿Qué significa todo esto para el futuro laboral?

Hace nueve meses, realizamos el informe From/To: Everything you wanted to know about the future of your work but were afraid to ask. Algunas de las ideas en él reflejadas fueron consideradas marginales para muchos, pero ahora son esenciales para saber cómo habremos de construir las sociedades cuando salgamos de este aislamiento.

Me gustaría plantear un “debate sobre el estado de la nación” respecto del futuro del trabajo, a través de una síntesis de las tendencias tecnológicas, de negocio y sociales más poderosas.

En este informe, se presentan 42 nuevas oleadas de oportunidades basadas en tecnologías emergentes, pero esos brotes verdes van a necesitar ser protegidos y cuidados si queremos que puedan sacarnos de la depresión en la que, claramente, estamos entrando. 

Tecnologías relevantes, como la Realidad Virtual (RV) y la Aumentada (RA), lo son cada vez más, y muy especialmente la Biotecnología, que está experimentando una auténtica revolución. Quienes están al día en este sector conocen la magnitud de la tecnología CRISPR, que puede devenir en más existencial para la humanidad que incluso la Inteligencia Artificial, pues nos permite jugar, literalmente, a ser Dios, cambiando el ADN. Hace algún tiempo, después de su increíble discurso sobre posible futuras pandemias, Bill Gates visitaba su “alma mater” y un alumno le preguntó que, si pudiese elegir hoy, a dónde iría en vez de a Harvard. Respondió que seguiría en Harvard, pero para estudiar Biotecnología. Esta área está progresando más que nunca, presionada por la búsqueda de una vacuna para el COVID-19 y para ser capaces de reaccionar ante posibles futuras pandemias.

En estos momentos se está generalizando una corriente de escepticismo ante la RV y la RA, pero siempre hay que contextualizar las discusiones; por ejemplo, ¿podrían haberse imaginado los hermanos Lumière la película de Iron Man? No podemos saber a dónde nos llevará una tecnología ni los trabajos y oportunidades que va a crear, de la misma manera que los hermanos Lumière desconocían que su invención iba a generar toda una industria global. 

Lo que sí sospechamos es que la RV va a ser algo MUY grande. De hecho, en un futuro y en un evento como Reimagine the future aparecería no mi imagen, sino mi avatar. Tim Cook, director de Apple, considera además que la RA será incluso más importante que la RV.

Cuando, hace ya bastante tiempo, predijimos desde Gartner el poder de la nube, no se nos tomó en serio; hoy vemos cómo el cloud ha transformado a muchas empresas. Por eso creo que esta nueva dimensión que estamos creando va a ser aún mayor. Las ideas que antes rondaban la periferia de nuestras conversaciones son ahora una parte central de las mismas, porque se han transformado en herramientas necesarias para que muchos podamos avanzar.

Ideas vertebradoras 

En el informe “From/to”, abordamos el modo en el que trabajamos en un sentido amplio, desde las herramientas que utilizamos, a la estética, los problemas del empleo y también, obviamente, el sentido del trabajo. A causa del COVID-19, algunas de esas ideas hasta hace poco fronterizas son ahora centrales:

- De jerarquías a redarquías. En las grandes organizaciones se ha dejado atrás el modelo tradicional de arriba abajo, para llegar a un orden basado en la conexión de redes, que está transformando radicalmente la forma de trabajar. 

- De centralizado a descentralizado. El conocimiento ya no está físicamente en las oficinas, sino esparcido por el mundo. En la Red, las competencias y capacidades no tienen por qué ser propiedad de una empresa, sino que pueden estar en una plataforma abierta, ya sea esta GitHub o cualquier otra forma de gig economy. Entender esto, para poder inspirarse, apalancarse y optimizarlo es el reto al que se enfrentan no sólo los pensadores de management sino los grandes ejecutivos. 

En este proceso de transición, tendremos que reflexionar mucho e “inyectar” más IA a todo. La incorporación de sensores en los edificios por razones de salud o para reconvertirlos a otras utilidades son un ejemplo. El proceso de gestionar y optimizar modificará la estructura y taxonomía de la gestión tecnológica subyacente. Se trata de un cambio tremendo, que se ha visto acelerado por el COVID-19.

- De lo táctil al reconocimiento de voz. Las herramientas de trabajo que utilizamos en las operaciones cambian. Lo que pudo parecer una idea divertida, se está volviendo cada vez más relevante. Hoy todos conocemos Alexa o los asistentes de voz de los vehículos, pero ¿alguno recuerda haber visto al capitán Kirk de Star Trek tecleando? ¡Por supuesto que no! Si ya estábamos en una transición hacia la IA conversacional, la recomendación de no tocar cosas por razones higiénicas acelera esta tendencia, ahora imparable, donde vamos a sustituir los dedos por la voz. 

- De traje a sudadera. El cambio en la estética del trabajo es ya un hecho en muchas partes. En Goldman Sachs se ven más hoodies que trajes de Brooks Brothers. Todos habremos escuchado eso de que la tecnología ya no es lo que facilita negocios; las tecnologías son los negocios. Esto, que puede sonar raro, representa un cambio cultural y tribal en la naturaleza de la masa laboral. Se trata de un cambio crucial que debe ser comprendido por directivos y consejos de administración. Tampoco los estándares de la motivación son los mismos, y si se pretende gestionarlos con éxito, hay que entenderlos.

- Del cubículo en la oficina a la mesa de nuestra cocina. Las casas se reformarán para que dispongan de un espacio de trabajo adecuado, con impresoras, buena iluminación para vídeo-conferencias, insonorización, butacas y mesas apropiadas… Otro gran cambio estructural. ¡Hemos pasado de un 5% a un 30-35% en el teletrabajo! Aunque se retorne a hábitos antiguos, gran parte del cambio permanecerá, y necesitaremos de nuevas normas. 

– De “la privacidad ha muerto” a “viva la privacidad”. La privacidad es uno de los grandes problemas laborales. El renacimiento de la protección a la privacidad antes de que esta muera es hoy una tendencia, y en esta discusión entra de lleno el seguimiento a las personas contagiadas. ¿Cómo pensamos al respecto desde una perspectiva corporativa y como sociedad? ¿Cuál es el equilibrio entre salud y privacidad/libertad? 

En muchos casos, la tecnología parece avasallarnos y nos preocupa la adicción que puede generar. El concepto de Free wifi podría pasar a Wifi free, buscando nuestro particular Sabbath tecnológico. Algunos ya están entrando en una digital detox, pero durante la pandemia la tecnología se ha vuelto más importante y valiosa que nunca; es nuestro salvavidas.

- Con respecto al sentido del trabajo, se ha hablado mucho en los entornos de management sobre el concepto de propósito y cómo recalibrar el capitalismo para que este no se centre exclusivamente en el accionista. El COVID-19 ha puesto en el centro de las discusiones cómo hemos de avanzar hacia el futuro en este asunto. 

En el último Davos, la cuestión medioambiental fue una prioridad, ya que es el tema existencial más importante de nuestra época. “Santa Greta” (Thunberg), que aunque no guste a muchos tiene razón en más de una cosa, dice que el COVID-19 nos ha dado la oportunidad de dar un paso atrás, tomar aire y considerar el impacto que nuestro estilo de vida tiene en el planeta. 

Tanto es así que, por primera vez en 30 años, la cordillera del Himalaya se ha podido ver desde algunas ciudades de la India, o el cartel de HOLLYWOOD desde LA. 

El planeta parece estar mandando la señal de que puede curarse a sí mismo, si los humanos simplemente diésemos un paso atrás e intentásemos ayudarle. Quizá este sea uno de los mensajes más importantes que salga de esta crisis.

- Del CEO a She-EO. Por último, vinculado con tema del propósito y significado, en los últimos tiempos se ha hablado mucho sobre la diversidad y la inclusión, y creo que estamos viviendo una transición. 

Puede que ya se hayan dado cuenta de que los países que mejor lo han hecho en esta pandemia tienen líderes femeninos. Algo sobre lo que reflexionar.

Vivimos un momento existencial terrible y quizás sea, para muchos, lo más importante que ha sucedido en nuestras vidas desde el final de la II Guerra Mundial. Hemos sufrido un gigantesco incendio, de esos que sirven para limpiar el bosque, eliminando lo viejo y dejando que los brotes verdes reciban más luz. 

Debemos fomentar esos brotes, esas nuevas tecnologías que, si bien han ido naciendo, lo han hecho sin recibir luz, tapadas por las grandes corporaciones. En ellas radica el futuro de nuestro trabajo. Estamos frente a la cúspide de una tremenda construcción digital, inyectando lo que hasta ahora ha sido marginal en cada uno de los pilares de nuestra sociedad (educación, salud, seguridad financiera, etc.); y que acabará creando mucho trabajo para todos. 


Ben Pring, futurista tecnológico, cofundador y líder de Cognizant's Center for the Future of Work

Texto publicado en Executive Excellence nº167, junio 2020