Edurne Pasaban, un ser humano a la altura de sus ochomiles

Es una alpinista conocida y reconocida por su éxito, más aún después de coronar los 14 ochomiles, pero pocos sospecharían que tras una mujer de fortaleza física y mental excepcional, se encuentra una persona sensible.

Si como alpinista tiene una coraza de acero, como ser humano no pasa de los demás (ni de sus opiniones). En estos momentos de gloria -para los que conocen la montaña es la primera- resalta su humildad y no le da importancia a las controversias que rodean el “quién fue la primera”. Es una mujer sensible y que se emociona hasta el extremo cuando habla del valor del esfuerzo, el sacrificio y la humildad que, desde pequeña, le han inculcado en casa.

Gracias a Endesa, hemos descubierto una deportista de elite única; como mujer, como alpinista y como ingeniera -tiene una gran formación-, es una “rara avis” y su futuro no ha hecho sino comenzar. Esta entrevista con una Edurne cercana (la única Edurne que existe), sincera y subyugadora nos demuestra que con su actitud y humanidad está a la altura de sus 14 ochomiles.

Edurne Pasaban nace en Tolosa (Guipúzcoa) en un entorno de duro trabajo (vivían encima de la industria familiar que tanto le ha marcado), pero poco a poco los picos del País Vasco y Pirineos se le quedan pequeños. En 2001 tiene la oportunidad de formar parte de una expedición al Everest y, a partir de ahí, comienza una nueva vida en la que irá definiendo el reto final: conseguir escalar los 14 ochomiles y, si es posible, ser la primer mujer en lograrlo. Como ella dice constantemente, “la vida no es fácil”. En 2006 atraviesa una difícil etapa personal, que la paraliza durante un año, pero de la que se repone convencida de que la montaña es su auténtica pasión. El pasado 17 de mayo coronó la cumbre del Sisha Pangma, su último ochomil después de que días antes los lograse -no sin polémica- la alpinista surcoreana Miss Oh. 

Sobre este asunto y otros muchos hablamos con Edurne Pasaban. Esperamos que disfrute leyendo esta entrevista tanto como nosotros haciéndola. 

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS/ALDARA BARRIENTOS: Es habitual encontrar deportistas de elite que comienzan una formación profesional/empresarial tras su carrera deportiva, pero no al revés. Ingeniera y con un máster por ESADE, la oportunidad para dedicarse al alpinismo de manera profesional le llegó con 28 años. ¿Cómo le ha ayudado esta formación previa en sus logros como alpinista?

EDURNE PASABAN: El hecho de que una persona, en cualquier ámbito –deportivo o empresarial– se marque grandes objetivos (y los consiga) denota una vivencia anterior que ha dejado huella y la ha provisto de determinación. En mi caso, nazco en una empresa familiar y casi todos mis recuerdos de niña son en el taller de mi padre, entre tornos. A su lado pasé una infancia dura. Él es una persona muy exigente que ha dedicado toda su vida a hacer de un taller de 20 trabajadores una empresa (actualmente emplea a 150 personas). Él ha sido el verdadero responsable de que sea tan exigente conmigo misma. Ahora me doy cuenta de que las personas que llegan lejos son, por encima de todo, exigentes con ellas mismas.

Estudié Ingeniería con la intención de encargarme del negocio familiar pero, tras conocer la experiencia de otras compañías familiares y haber estudiado en una escuela de negocios, me di cuenta de que aquella empresa estaba anclada en un pasado al que difícilmente yo podría dar solución. Me cansé de que nadie me escuchase y, siendo incapaz de cambiar las cosas, me fui. 

Desde ese momento empecé a buscar el objetivo de mi vida a través de lo que era mi pasión: la montaña. Volqué en este objetivo todo lo que tenía: la experiencia desde pequeña, el espíritu emprendedor, el valor del esfuerzo y del trabajo… el focalizarme por completo en mi pasión es la razón, creo, por la cual he conseguido terminar los 14 ochomiles. Mi padre me enseñó la necesidad de sembrar para recoger, y mi “cosecha” son los logros de estos dos últimos años donde progresivamente he empezado a ser más conocida, a tener patrocinadores… Al final, mi carrera deportiva no dista mucho de una carrera de negocios cualquiera; he seguido las etapas de análisis, planificación, desarrollo, financiación…

F.F.S./A.B.: ¿Diría que ahí radica su factor diferencial? Con respecto a otros, ¿ha sido capaz de gestionar su carrera con planificación?

E.P.: Sí, sin duda. Desde el principio tuve muy claro que mi objetivo era vivir del alpinismo, lo cual es casi imposible. Además, si iba a dedicar mi vida a esto, quería conseguir lo máximo que me fuese posible. Buscaba la excelencia. Sólo con la planificación y gestión adecuadas puedes ser competitiva en este sector tan especializado. Y creo que no lo he hecho mal.

F.F.S./A.B.: Hablamos siempre del “valor del equipo” en aquellos deportes donde participan varios jugadores, pero nunca el trabajo en y del equipo fue tan importante como en el alpinismo, donde está en juego algo más que el triunfo: la vida. ¿Cómo se gestiona y motiva al grupo, sabiendo que sólo uno “brillará”? ¿Y cómo se equilibra esto con cada una de las ambiciones personales de los miembros?

E.P.: Siempre es complejo conseguir que un equipo trabaje con un objetivo común. Si además ese objetivo -donde todos se exponen a grandes riesgos- es que, específicamente, un miembro en particular termine los 14 ochomiles, conseguir que todos den el máximo es aún más difícil. Creo que la clave ha estado en saber explicar con claridad a cada uno de ellos, desde el primer momento, qué era lo que se les pedía individualmente y cuál era su posicionamiento dentro del grupo para la consecución del objetivo común. Alinear al grupo en la consecución de un objetivo ha sido una de mis mayores prioridades.

Todo el equipo de la expedición ha tenido claro que el objetivo final (de todos) era que Edurne Pasaban terminase los 14 ochomiles; y todo ello ha sido viable al tener la posibilidad de formar mi propio equipo (gracias a los patrocinios que dieron la necesaria solvencia económica).

A lo largo de estos dos años llegaron al equipo personas que no entendieron -ni se alinearon- con el objetivo final; tuvieron que marcharse. Quienes no comparten el mismo objetivo ni aportan la misma dedicación crean divergencias que pueden desestabilizar al resto del equipo. 

Últimamente se habla mucho de los accidentes en la montaña. Todo el mundo se pregunta cómo puede ser que se vaya en la misma expedición y ésta “abandone” a una persona a 7.000 metros. Pues bien, esto ocurre porque no van a trabajar en equipo aunque sí vayan en la misma expedición. El objetivo no es común, sino individual. El objetivo de esa expedición no es que una persona suba a una cima determinada. Cada uno de los miembros que participa en esa escalada quiere alcanzar la cumbre a toda costa, por encima del bien común y sin importarle los demás. Obviamente, el riesgo crece de forma exponencial. 

F.F.S./A.B.: Mencionaba a los patrocinadores. Ahora que ha tenido la oportunidad de elegirlos, ¿cómo diría que se han portado y hasta qué punto ejerce presión un patrocinador? 

E.P.: En estos últimos tiempos, donde había una carrera contrarreloj, no he recibido absolutamente ninguna presión. He sido muy afortunada por encontrarlos. Considero que, desde el comienzo, todos nos sinceramos y nos mostramos tal cual éramos, de manera que hemos pasado de contar con personas que trabajan muy bien entre sí, a darse un buen feeling entre todos nosotros. De hecho, nos hemos convertido en amigos, y eso sí que es tener suerte; por eso digo que soy una persona afortunada.

F.F.S./A.B.: Dicen que la suerte se hace, así que quizá sea una persona especial, ¿no?

E.P.: No lo sé. Mi madre me ha enseñado siempre a ser muy humilde; humildad no es callarse, ni decir sí a todo. La humildad está ligada a la transparencia. No hay una Edurne Pasaban que escala y otra que está con los amigos; intento ser siempre la misma.

F.F.S./A.B.: Normalmente, cuando uno empieza su carrera le pone mucha pasión; pero, una vez conseguido el objetivo, esa pasión puede flaquear. Ahora que ya lo ha logrado, ¿cuál es el siguiente paso, la siguiente meta? ¿Cuesta considerar otro objetivo tan ambicioso? 

E.P.: Los proyectos tienen su principio y su final. Hemos de ser capaces de empezarlos y terminarlos, como las fases en nuestra vida; ésta ha sido una de ellas: un largo trabajo con un objetivo muy concreto, terminar los 14 ochomiles y, si hubiese podido conseguirlo, ser la primera mujer que lo hacía. El reto, además de deportivo, era personal. Yo misma me imponía mucha presión. 

En mi siguiente fase continuaré haciendo montaña, pero a otro ritmo. En cada momento hay que saber dónde estás y a qué renuncias. Soy consciente de mi situación (y la he aceptado hasta ahora): mujer con 36 años y, a día de hoy, sin pareja... Ahora comienza una nueva etapa con un ritmo de montaña más ligero, y donde también busco otras cosas.

F.F.S./A.B.: ¿Cuál es la peor parte del éxito? 

E.P.: En mi caso, probablemente las críticas. Me afecta mucho lo que viene de fuera. Si te fijas en mi carrera deportiva, pasé un bache en el año 2006 (tuve una depresión y no escalé ningún ochomil). En aquel momento, me cuestioné lo que hacía; algo por lo que probablemente mucha gente ha pasado; pero lo que peor llevo en mi carrera es lo sensible que soy a las críticas. Me afectan mucho más que a otros. Tengo una gran dependencia afectiva hacia la gente y me cuesta mucho encontrar un punto de equilibrio donde las críticas no me afecten.

Siempre he sido una persona que allí donde he estado, en la montaña o en la empresa, he sabido abrirme a los demás para aprender de quienes me rodean (y saben más que yo). A nadie nos gusta escuchar que no lo estás haciendo bien o que lo puedes hacer mejor, pero de esas críticas, cuando son constructivas, sabes que aprenderás y te ayudarán a crecer y a ser mejor. Sin embargo, cuando la crítica no está basada en nada, me duele. Y más aún cuando se basa en la envidia: la envidia me duele. 

F.F.S./A.B.: Cualidades como su perseverancia, su resistencia... le han convertido en un modelo de admiración para mucha gente joven. ¿Qué les aconsejaría? ¿Merece la pena tanto estudio y tanto esfuerzo? 

E.P.: Por supuesto que en esta vida nada es fácil, ni hacer los 14 ochomiles, ni conseguir trabajar en una empresa… Algo que siempre me han enseñado es que sembrando se consigue y, sobre todo, que sólo llega lejos quien es persona y considera que la gente que está con él también lo es. La base de todo es que nos demos cuenta de que quien está a nuestro lado es como nosotros. Yo intento ser igual cuando me recibe el presidente del Gobierno que cuando me atiende la dependienta en el súper, porque ambos son igual de personas. 

F.F.S./A.B.: Se ha discutido mucho sobre quién ha sido la primera mujer en conseguir los 14 ochomiles, una batalla en la que se ha mantenido al margen. ¿Cómo ha sido capaz de aceptar esta situación con entereza y no entrar en una espiral de comentarios?

E.P.: Porque creo, sinceramente, que la vida de nadie va a cambiar por esto; porque creo que siendo verdad o mentira lo que haya hecho la alpinista coreana o habiendo sido yo la primera o la segunda, mi vida personal, la que de verdad me importa –y la que me hace a veces llorar sola en mi casa- no me la va a solucionar el haber terminado los 14 ochomiles primera o segunda. Los problemas personales que tenga seguirán ahí.

F.F.S./A.B.: A juzgar por la consideración que la alpinista Miss Oh tiene en su país (y el alpinismo en general, que en Corea es casi el deporte nacional), ¿cree que si en lugar de española fuese coreana habría conseguido antes los 14 ochomiles? 

E.P.: Es cierto que Miss Oh es casi una heroína nacional, pero –conociendo su entorno– reconozco que no me gustaría ser coreana. Ella es un producto nacional hecho a medida. El país ha querido crear una especie de “Invictus”, y una persona para una historia como la que se cuenta en esa película se nace, pero ¿tiene sentido crear a alguien para un fin así? Yo prefiero seguir mi camino, luchando y trabajando y, si algún día esto sirve para ayudar a todo un país, pues ojalá que sea así.


  Entrevista publicada en Executive Excellence nº71 jun10

 


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