Enhamed: perseverancia en persona

Abanderado de los retos deportivos, Enhamed es el plusmarquista español paralímpico por excelencia. Su palmarés es tan brillante como extenso: cuatro oros, incluyendo dos récords del Mundo, uno de Europa y otro Paralímpico, en los Juegos de Pekín 2008; dos platas y un bronce en los de Londres 2012…, aunque su historia de éxito en la natación comienza mucho tiempo atrás.

Desde los 13 años, Enhamed centró su vida en las duras sesiones de entrenamiento en la piscina. Hoy, recién cumplidos los 27, suma muchos más hitos: en mayo de 2014 se convertía en el primer ciego español capaz de terminar el triatlón más duro del mundo, el Ironman de Lanzarote, y hace poco más de un mes completaba el ascenso al Kilimanjaro. Por si fuera poco, combina estas pasiones con su trabajo como coach ejecutivo de alto rendimiento. 

Tenemos la oportunidad de conversar con él días antes de que emprenda un viaje decisivo a Estados Unidos –tras haber obtenido la acreditación Green Card–, donde continuará su formación y trabajo como coach. Enhamed comparte con nosotros este nuevo desafío y otros muchos temas.

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: ¿Hasta qué punto la evolución tecnológica de las últimas décadas ha mejorado la calidad de vida de un ciego? 

ENHAMED ENHAMED: Depende del país donde se encuentre, porque el acceso a la tecnología te puede situar en el siglo XXI o en la Edad Media, como sucede en muchos pueblos que no tienen acceso a ella y viven de forma precaria. Para los que tenemos suerte, el hecho de contar con una aplicación en el iPhone que nos permite situarnos en un mapa al llegar a una ciudad, averiguar dónde hay un restaurante y cómo ir hasta él, o simplemente hacer una foto a algo y que nos describa esa imagen, facilita que a día de hoy un ciego pueda hacer su vida personal de forma completamente autónoma.

F.F.S.: La natación es uno de los pocos deportes donde un invidente no necesita ningún tipo de guía. ¿Motivó esto su elección por la natación? ¿Cómo valora la independencia? 

E.E.: La independencia es uno de mis valores principales. De hecho, con el coaching me dedico a enseñar a la gente a ser independiente de forma cognitiva, emocional y en todos los sentidos. Si eres independiente puedes decidir sobre tu vida; pero en cuanto empiezas a depender de algo o de alguien, tu capacidad de decisión se reduce.

La natación es un deporte perfecto, pues no necesitas un guía que te acompañe en la piscina, ni nadie que te esté avisando constantemente de que vas a llegar a la pared. Aunque habría que matizar la diferencia entre dependencia e interdependencia; puesto que la primera nos inhibe y limita, mientras que la segunda nos ayuda a crecer.

F.F.S.: Cuando uno nada, tiene tiempo para pensar, para reflexionar, para centrarse en sí mismo. ¿Le ha llenado la natación en este sentido?

E.E.: Había una nadadora de larga distancia que decía que los nadadores están obsesionados por evadirse, pero mi caso no ha sido ese. Cuando nadas –sobre todo si eres ciego–, estás creando continuamente una realidad, es decir, ahí es cuando el tan manido término de “el poder de tu mente” se vuelve completamente cierto. Dependes de ella para crear referencias, para crear estímulos, para hacerte nadar más rápido e incluso para bloquear el dolor, que no es más que otra ilusión que crea la cabeza.

F.F.S.: Pero en su caso sí ha sufrido mucho dolor físico (golpes contra la pared, las corcheras…).

E.E.: Mucho. Tengo las articulaciones de las manos bastante mal y no puedo abrir una botella con la mano izquierda, porque en seguida se me disloca el pulgar, aunque los mayores dolores han venido de los hombros. He hecho entrenamientos fuera del agua sin apenas poder levantar el brazo, pero en la piscina no importa el dolor; ahí entreno incluso saltándome las lágrimas, porque quiero terminar y hacerlo bien.

F.F.S.: ¿Esos golpes son entonces fallos de concentración?

E.E.: Más bien exceso de entusiasmo. Aunque voy contando las brazadas y utilizamos una especie de dispositivo (básicamente papel de burbujas enganchado a una barra con unos pesos en el fondo, que rozo al pasar por encima y me orienta sobre la distancia de la pared), cuando vas deprisa y tu cuerpo es muy hidrodinámico hay veces que ni siquiera lo sientes. Por eso en alguna ocasión me he dado contra la pared, contra otro nadador… Estoy tan concentrado en el ritmo, tan metido en lo que quiero hacer, que no me importa y me lanzo contra lo que sea. 

F.F.S.: Tuvimos la suerte de entrevistar a John Foppe, cuya vida le ha convertido en un ejemplo de superación (nació sin brazos y con graves defectos físicos), y que comparte su experiencia para ayudar a las personas a afrontar sus limitaciones. Él sostiene que no se trata tanto de superar los obstáculos, como de rodearlos. ¿Cuál es su opinión al respecto? 

E.E.: Es muy interesante lo que dice. Obviamente, la discapacidad que tengas marca tu forma de afrontar los obstáculos de la vida. Yo suelo hacer referencia a la teoría de los vasos comunicantes, es decir, de cómo la forma de ver las cosas en un área de tu vida afecta a todo lo demás. Personalmente, no pienso en los obstáculos, creo que si tienes una buena filosofía de vida, una manera adecuada de afrontar las situaciones y hacerte las preguntas correctas, llegará el momento en el que haya obstáculos que ni siquiera sean tales, sino simplemente indicaciones para que cambies de camino. Quizá si te encuentras con una pared en medio no debas saltarla ni rodearla, sino tomar mejor otro camino a la izquierda, en lugar de intentar seguir hacia delante. No pienso en los obstáculos como barreras a superar, por eso no me gusta la palabra superación, sino en cómo llegar del punto A al punto B, aun cuando el punto B no es lo que yo esperaba.

F.F.S.: Dice el profesor Santiago Álvarez de Mon que la duda es un trampolín para llegar a la convicción y que el tenista Rafa Nadal reivindica la duda como punto de partida (“Siempre tiene presente que puede perder, pero lo que no puede es perder antes”). En su caso, ¿cómo enfrenta las dudas ante una competición?

E.E.: Tampoco me gusta la palabra duda. Entiendo el concepto, pero tiene demasiadas connotaciones asociadas. Yo lo llamaría confiar en tu capacidad para ejecutar lo que has preparado en el momento adecuado, pero conservando un cierto escepticismo sobre el resultado, ya que siempre existe un factor de incertidumbre que no controlas, de modo que no puedes estar excesivamente confiado ni tampoco pensar que todo va a salir mal. La preparación en natación es muy dura y exigente, por eso hay que confiar en ella. Precisamente el otro día estaba escribiendo sobre la primera prueba que hice en Pekín, la primera final. Fue un proceso de casi 20 meses de trabajo solamente para intentar averiguar cuál era el estado perfecto de competición para mí. 

En definitiva, creo que se trata de una mezcla entre una gran determinación por hacer lo que has preparado y una especie de relajación hacia el resultado, pues saldrá lo que tenga que salir. El problema es que para el ser humano es muy difícil abrazar la incertidumbre, ya que por naturaleza buscamos seguridad. Más allá de eso, la clave está en centrarse en el proceso, en la ejecución de la tarea, y el resultado ya lo veremos. 

Con frecuencia consulto El libro de los cinco anillos, de Miyamoto Musashi. Básicamente explica que tienes que practicar las artes marciales incluso cuando no estás compitiendo, porque eso te permitirá convertirlas en una filosofía de vida y actuar de una determinada manera en cualquier circunstancia. Hay que centrarse en el proceso y en la tarea, pero como Musashi advierte, también hay saber que puedes morir y que vas a morir.

F.F.S.: Centrándonos en el proceso, ¿cuál es el suyo? ¿Cómo plantea su trayectoria profesional en el futuro? ¿Qué nuevos retos abordará?

E.E.: Actualmente, no sé si la natación es un camino completamente agotado. Si me hubiera preguntado hace tres o cuatro meses, hubiera dicho que sí, pero me acaban de dar la residencia americana por mis resultados en natación, de modo que en cierto sentido debería continuar con ella. No importa si me retiro ahora o dentro de cuatro años, sé que mi vida empezará en cuanto lo haga. La natación ya ha cumplido su función y si quiero tener un futuro convincente a largo plazo, no puedo seguir en el deporte de élite paralímpico, que es muy exigente en tiempo y demasiado parco en garantías. Además, llega un punto en el que no puedes dedicarle la misma energía, pues la natación te lo pide absolutamente todo, física y mentalmente.

En el ámbito deportivo, mi afición por el triatlón, a nivel amateur, me estimula para marcarme retos y seguir entrenando; además me parece algo más cercano a la gente, porque cualquiera puede hacer un triatlón de distancias cortas, pero no natación de élite. Eso me permite cumplir otro de mis objetivos, que es contribuir de alguna manera a un cambio en la sociedad. 

En el aspecto profesional, me voy a San Francisco con el objetivo de ver cómo puedo lanzar mi carrera en Estados Unidos. Cuando le digo a la gente que ya tengo 27 años, me dicen que soy muy joven, pero no para el deporte. El requerimiento de entrenar diariamente es muy duro y, sobre todo, creo que estoy perdiendo años preciosos para vivir de mi mente. Yo soy un autodidacta, no tengo una formación formal, por eso aún debo tomar decisiones sobre ese tema.

F.F.S.: Hoy en día, parece que la sociedad valora mucho a personalidades que no tienen una formación estructurada, pero sí un nivel de independencia y personalidad destacable. Parece que a veces cotiza más el ser un intelectual hablando que los resultados reales que puedan avalar a esa persona.

E.E.: Es el problema de la gratificación inmediata del reconocimiento, en todos los sentidos. Es verdad que a quienes no tenemos formación siempre nos queda la espinita del “y si me hubiera formado”, “y si estudio esto…”. Lo que tengo claro es que para hacer cosas diferentes, necesitas una formación diferente.

Creo que el mayor enemigo para un desarrollo personal, profesional y de cualquier otra índole, es la facilidad. Para mí, lo fácil es enemigo de todo lo bueno, es un veneno que ha empezado a matarnos desde hace unos años y que acabará destruyendo muchas de las estructuras que hoy tenemos en la sociedad. 

Una cosa es querer conseguir un confort personal, y por eso tenemos móviles, innovación, etc.; y otra cosa es soñar y desear tener algo fácil: unas oposiciones para funcionariado, un trabajo indefinido… Vivimos en una contradicción continua. Admiramos a jugadores de fútbol, sobre todo si parece que no les cuesta esfuerzo, que se lo pasan bien jugando y que ganan muchos millones, pero no nos gusta un futbolista como Cristiano Ronaldo, que entrena sin cesar, que es el primero y generalmente el último en irse del entrenamiento, que ha procurado ser un deportista más allá de un futbolista. Eso no gusta, porque nos está diciendo que no es fácil, que tiene un precio. 

Todo el mundo en las charlas quiere oír hablar de superación, de inspiración, de logro, de leyes de la atracción… pero lo que no quieren oír es que el mayor impedimento para lograr lo que quieren es que lo quieren de forma fácil. Nada se consigue sin trabajo duro y constancia. Quienes han logrado algo tienen en común haber sido perseverantes, muy testarudos y determinados.

Nadie quiere oír en una conferencia que ganar una medalla te ha costado siete horas de entrenamiento diario, que durante más de un año no has salido de fiesta, que ningún día has trasnochado más allá de las 23 horas, excepto los que tenías insomnio porque te dolía todo el cuerpo… Solo quieren oír: tuve un objetivo, me inspiré, y por la ley de la atracción lo conseguí, o porque mi cerebro empezó a cambiar lo conseguí. Por supuesto que empezó cambiar, pero a base de obligarle a trabajar.

Woody Allen decía: “Me ha llevado diez años tener éxito de la noche a la mañana”. Creo que acabaremos muriendo por el deseo de lo fácil.

F.F.S.: Un aspecto fundamental dentro del coaching, especialmente del one to one, consiste en comprender al coachee y, en ese sentido, lo que se ve comunica mucho. Se suele decir que las personas invidentes desarrollan una serie de habilidades muy eficientes a la hora de percibir a otros. En su faceta de coach ejecutivo y deportivo, ¿cómo se enfrenta a la incapacidad de ver el lenguaje corporal y de qué se sirve para tener una perspectiva más acertada de la persona sobre la que está actuando?

E.E.: La respuesta fácil y rápida sería decir que los ciegos tenemos una habilidad extraordinaria, pero es mentira si no se ha trabajado. Hasta hace poco yo también lo pensaba, pero en estos meses he tenido la oportunidad de conocer a muchos más ciegos y me dado cuenta de que, al igual que la gran mayoría de las personas que ven perciben ciertas cosas del lenguaje no verbal, pero en líneas generales no saben interpretar sutilezas, sucede lo mismo con la ceguera. No es que tengamos habilidades extraordinarias por ser ciegos, sino que estamos obligados a desarrollarlas.

En mi caso, este proceso ha tenido varias etapas. Cuando entré en la adolescencia, me di cuenta de que la ceguera me separaba y suponía una diferencia con respecto a los demás, cuando antes ni le prestaba atención. El hecho de no poder ver las caras de las chicas que me estaban mirando fue determinante. El tema de las miradas me obsesionó durante dos o tres años, porque todo lo que leía, lo que oía en las películas y de lo que hablaba la gente se basaba en miradas. 

Ahí empezó una obsesión casi compulsiva por leer todo lo que encontraba sobre el lenguaje no verbal. Luego me percaté de que a veces era mucho más útil leer novelas, porque los buenos escritores describen muy bien el comportamiento humano en determinadas situaciones: las caras, las actitudes, qué significa que una persona esté frustrada, alegre, enfadada o triste, qué posición del cuerpo adopta, etc. A raíz de ahí, pensé cómo podía averiguar eso si yo no lo veía.

Cuando regresé de Pekín y dejé de considerar definitivamente la ceguera como una diferencia para verla como hoy en día es para mí –un don y una gran capacidad si sabes explotarla–, empecé a detectar equivalencias entre lo que habían escrito esos autores y lo que a mí me transmitía la voz. Aunque quieras disimularlo, generalmente la voz trasmite frustración, alegría, si estás ocultando algo, si realmente lo que estás contando te emociona más de lo que quieres dar a entender... Existen equivalencias entre esa voz y las posturas. Mediante ese análisis y tras muchas equivocaciones y aciertos, llegas a la conclusión de que no es tan necesario ver el lenguaje no verbal, porque –a menos que estés absolutamente callado, y entonces eres una pantalla en blanco–, en cuanto emitas el más mínimo sonido, ya me estás dando información. Es más, si tenemos suficiente silencio, ya no es solo el tono de voz lo que transmite sino simplemente el sonido que haces al mover los brazos, cuando te reclinas, cuando la silla se mueve, cuando coges el bolígrafo… 

No se trata de un proceso racional y lógico, sino más bien intuitivo, porque hay veces que percibes cosas sin saber por qué. Hay un libro maravilloso de Daniel Kahneman que habla del pensamiento rápido y lento, y concluye que la intuición es básicamente la acumulación de experiencias, de memorias y de algunas correlaciones que has creado en tu cabeza y que te permiten detectar algo en milésimas de segundo. 

F.F.S.: Hay muchos coaches que aconsejan y apoyan sin partir de una experiencia profesional previa. ¿Qué opinión le merece esta situación?

E.E.: Durante años se ha vendido que el coach está para acompañar en un proceso, pero para eso yo tengo a mi perro guía o a un amigo. Creo que el coach debe ofrecer un valor añadido, esa pregunta que tú no seas capaz de hacerte o una perspectiva que no seas capaz de darte. 

El coach es entrenador, pero mi entrenador no me acompaña a los entrenos sino que los diseña y me pone objetivos que están fuera de mi alcance a simple vista y me obliga a ir por ellos. Muchos días no quiero entrenar a un determinado nivel, pero él me machaca hasta que lo alcanzo. El coach debe ser flexible y saber cuándo asumir un papel más o menos duro, pues no siempre te va a decir palabras bonitas.

Para poder hacer esto, es fundamental entender el entorno en el que te mueves. El deporte de élite es muy estresante, tanto como algunas compañías. He podido percibir muchas similitudes entre ciertos entornos empresariales y el ambiente que se genera tras largo tiempo sometido a la alta competitividad, y los síntomas son exactamente los mismos. Obviamente, yo no te puedo decir cómo llevar el marketing de tu revista, porque no es mi especialización, pero sí cómo gestionar lo que estás haciendo para llevarlo al alto rendimiento. Se trata de fijarte en ciertos aspectos y preguntas sobre los procesos cognitivos, emocionales y personales, para que luego seas capaz de traducir eso al ámbito profesional, aprender a centrarte en las metas, a hacer una buena planificación para conseguir llegar al punto B cuando estás en el punto A. 

F.F.S.: El director del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas, Francisco José Gan, nos comentaba que “el egoísmo es común y asumible, porque antes o después todo el mundo busca recuperar un equilibrio que pierde a costa de los demás”. Es decir, a veces hay que ser egoísta para recuperar lo que te hace perder el entorno. ¿Ha llegado a ese punto?

E.E.: Realmente sí. De hecho, el irme a Estados Unidos es una apuesta arriesgada porque no tengo ningún plan definido ni sé exactamente qué va a pasar, pero dejo atrás muchas cosas y personas que me transmiten sus miedos. Eso es lo que más me ha costado: abandonar la preocupación por los miedos de los demás y centrarme solamente en lo que yo quiero.

Desde los Juegos Paralímpicos de Londres en 2012 empecé a aplicar ese “egoísmo”, porque de mis medallas dependían nuestro equipo, los patrocinadores de Canarias, la ilusión de mis amigos y familiares… Ese fue uno de los factores por los que no cumplí las expectativas previstas para aquellos Paralímpicos, por centrarme en las necesidades y deseos de los demás. Si eres una persona que se preocupa por la gente que le rodea, y pronto caes en pensar en sus expectativas, en querer ayudarles..., la lucha es constante.

Para mí, el egoísmo real, no insano, es tener muy claras tus metas y, con independencia de lo que suceda alrededor y de las personas que aparezcan en tu vida para ofrecerte alternativas supuestamente mejores, mantenerte firme.


Entrevista publicada en Executive Excellence nº115 sept2013


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