George Clooney, la implicación social de un actor

George Clooney, la implicación social de un actor

Consolidado como una gran estrella de Hollywood, los logros de Clooney como intérprete y cineasta le han valido dos Oscar, cinco Globos de Oro, cuatro SAG y un BAFTA, entre otros muchos reconocimientos. Con su octava designación a un Premio de la Academia, se convirtió en la persona nominada en más categorías en la historia de los Oscar. Antes de su carrera cinematográfica, protagonizó varias series de televisión. Su interpretación durante cinco años como el Dr. Douglas Ross en la exitosa “ER” (Urgencias) le mereció dos nominaciones a los Emmy.

Igualmente conocido por su activismo, Clooney es un firme defensor de la Primera Enmienda y un profundo comprometido con las causas humanitarias, entre ellas el conflicto de Darfur, el terremoto de Haití o el 11-S, en las que ha colaborado junto con su padre Nick.

En agosto de 2016, George y su esposa Amal lanzaron “Clooney Foundation for Justice”. Uno de sus primeros proyectos, una ambiciosa iniciativa para educar a cientos de miles de refugiados en el Líbano, fue presentado en la cumbre de las Naciones Unidas de 2016, organizada por el presidente Obama y la embajadora de la ONU Samantha Power. Precisamente a la Fundación, Clooney dedica actualmente 60% de su tiempo, tal y como reveló a los asistentes del Nordic Business Forum celebrado en Helsinki; un foro que se ha convertido en un referente sobre innovación, marketing y liderazgo. Tras tener la oportunidad de escuchar allí su charla, titulada A conversation on storytelling, branding and legacy, recogemos algunas de sus principales declaraciones sobre su trayectoria como actor, sus incursiones empresariales y su labor como activista.

Compromiso con los Derechos Humanos

Desde la infancia

Tengo 58 años y me crie en un periodo de la historia donde en EE.UU. había una gran sensibilización hacia los Derechos Humanos. Era el momento del Civil Rights Movement y las corrientes antibelicistas. Prácticamente, no tenías otro remedio que estar involucrado, de lo contrario no formabas parte de la conversación.

Mis padres siempre se aseguraron de que prestásemos atención a los demás. Ambos han sido una inspiración para mí y me siento afortunado por estar rodeado de personas más inteligentes que yo y capaces de hablarme de forma directa y honesta, porque uno nunca aprende nada escuchándose hablar a sí mismo, pero sí aprende mucho de otros.

Nosotros no teníamos grandes recursos económicos. Mi padre era presentador de una televisión en Cincinnati. Cada mes de noviembre recibía cartas de personas que habían perdido su trabajo y que no iban a tener navidades. Él elegía una de esas familias y hacía que mi hermana colaborase cuidando niños y yo cortando el césped a los vecinos del barrio, y con el dinero que conseguíamos, comprábamos regalos para esa familia. Así que la mañana de Navidad íbamos a casa de unos extraños y se los entregábamos. Personalmente, lo odiaba. Me molestaba porque pensaba que era un tiempo que deberíamos estar dedicando a nuestra familia, pero me dio una lección de vida fundamental: todos estamos juntos en el mundo y tenemos que ayudarnos. Espero enseñárselo a mis hijos mientras crezcan.

Acción coordinada

Desde mi posición, trato de influenciar en la medida de mis posibilidades en lo que ocurre. Siento que no intentar contribuir y mejorar la vida de otros sería como desperdiciar la suerte que he tenido. A pesar de que los Derechos Humanos son temas recurrentes y uno no siempre llega a materializar todo lo que desea, merece la pena hacer el esfuerzo.

Actualmente están pasando cosas interesantes, algunas descorazonadoras, pero también muy positivas. Cada vez percibo mayor responsabilidad corporativa en el entorno empresarial, y hoy la gente ya es capaz de diferenciar a la hora de decidir dónde comprar y valora que las compañías sean responsables. Llama la atención ver a las grandes corporaciones y bancos preocuparse por cosas que antes no entraban en su radar.

Tengo una organización, The Sentry, en la que perseguimos a los criminales de guerra para que ningún abuso quede impune. Comenzamos abochornándoles con vídeos que deberían avergonzarles, pero una vez que personas como Omar al-Bashir se dan cuenta de que no vas a hacerles nada, vuelven a comportarse como siempre. De modo que decidimos tratar de quitarles su dinero, sus recursos… todo lo que habían robado. La mejor manera para lograrlo es dirigirte a aquellas personas que hacen negocios con estos dictadores y criminales de guerra, que resulta que también son empresas, bancos o entornos con los que gente como usted y yo nos relacionamos.

Cuando nos acercamos a ellos y les decimos que en un país sin legislación fiscal transparente una de sus cuentas con 300 millones pertenece a un criminal de guerra y ha sido blanqueada a través de su banco, esas entidades se convierten en nuestros aliados y se lo comunican al departamento del Tesoro para que esos fondos puedan ser inutilizados.

Elegir bien las batallas

Pasamos mucho tiempo haciendo lobby, networking…, es un trabajo constante. Buscamos si hay alguien en el departamento del Tesoro, en la Secretaría de Estado y en otros lugares que nos ayude a eliminar los tejemanejes que los dictadores hacen para aprovecharse financieramente de los países donde están.

Hace dos semanas tuve una rueda de prensa en Londres donde citamos un montón de nombres que se estaban beneficiando de crímenes de guerra, y algunos de ellos vivían a apenas 14 km de donde estábamos celebrando la conferencia; así que invité a los periodistas a que los visitaran.

Desde la Fundación, Amal y yo hemos conocido y recibido consejos a lo largo de los años. Desde antes de que fuera presidente he tenido relación con Obama, y hablar con él es siempre muy constructivo. Él ha conocido personalmente a todos los líderes internacionales, y contar con su conocimiento es de gran ayuda. Por ejemplo, Amal está luchando para que la periodista filipina María Ressa no pase mucho tiempo en la cárcel por hacer “preguntas complejas” al gobierno, y Obama, que ha conocido al presidente Duterte, nos puede dar alguna pista sobre sus puntos débiles.

Tanto Amal como yo siempre hemos elegido las batallas que queríamos librar, y eso es primordial. No importa si uno no puede ganar, porque en algún sitio y en algún momento alguien recogerá esa antorcha y acabará triunfando. Como decía Martin Luther King, “el arco de la historia es largo, pero se dobla hacia la justicia”.

Enfoque optimista

kakistocracy (kakistocracia) es un término acuñado por el profesor de Filosofía Política de Turín, Michael Angello Bovero, que significa “el gobierno de los peores”. Creo que actualmente tenemos una kakistocracia en EE.UU., un gobierno formado por las personas con menos talento y más tontas posibles; pero también hay gente muy cualificada para ser presidente de EE.UU. –no yo: I would never run for president; I would run from president– y espero que pronto lleguen a ese despacho.

Como optimista irredento, siempre pienso que encontraremos el modo de caminar hacia delante, a pesar de lo que estamos viendo en Brasil, Filipinas o de que el líder del mundo libre ponga excusas tan chocantes como que abandona a los kurdos porque no nos apoyaron en Normandía. Aunque la realidad es compleja, hemos vivido situaciones peores. Pensemos en el escándalo Watergate; en Haldeman, Ehrlichman, Dean…, todos ellos trabajaban para Richard Nixon en el despacho oval, y todos fueron a la cárcel. Y ellos sí que eran gente brillante. Así que tengo confianza.

Dimensión actoral

Una carrera con suerte

Durante muchos años fui un actor que luchaba por serlo y con poca influencia, pero con los años nos volvemos lo suficientemente inteligentes como para saber qué queremos hacer y cómo deseamos involucrarnos. La idea de encontrarme un día con 60 años preguntándome: “¿Y si hubiera hecho eso o lo otro, qué habría sido de mí si?”, me perturbaba. Ahora que casi tengo 60, me hago la misma pregunta, pero he pasado de 60 a 80. Al final lo que me motiva son los retos.

Mi primo era el actor Miguel Ferrer. Tenía siete años más que yo y realmente nunca habíamos tenido relación. Él vivía en Hollywood y yo en Kentucky, un lugar que giraba alrededor del tabaco y donde la vida era dura; pero vino a la ciudad a rodar una película con su padre –un actor oscarizado llamado José Ferrer–, y consiguieron que hiciera de extra.

Miguel me propuso entonces irme a California para ser actor, y yo acepté. Durante dos meses dormí en la habitación de invitados de mi tía Rosemary hasta que me mudé con un chico que había conocido en clases de interpretación y dormí en el suelo de su vestidor durante 24 meses. Los cuatro primeros años de mi carrera como actor tenía que desplazarme en bicicleta y apenas conseguía 50 dólares al mes para comer. Luego actué de una forma terrible en una serie llamada “The facts of life”, que al menos sirvió para ganarme la vida. En aquella época tuve unas audiciones horribles, algunas humillantes, pero de repente llegó mi gran oportunidad.

“ER”: catapulta al éxito

El secreto está en seguir intentándolo siempre. “ER” (Emergencie Room) fue un hit. El hecho de que se emitiera en una hora tan maravillosa como los jueves a las 10 de la noche también fue determinante. Desde el momento que conseguimos ese timing, supimos que íbamos a tener trabajo para rato, y eso cambió mi vida. Ni siquiera había tenido ofertas para hacer una película, y a partir de entonces empezaron a llegar.

Hoy la televisión es muy diferente. En “Urgencias” (ER en España) hacíamos guiones de 90 páginas para una hora, cuando hoy lo habitual son 48-50 páginas para ese tiempo. “Urgencias” comprimía en 60 minutos una gran cantidad de elementos y personajes. Llegaba un tío con una flecha en la cabeza, había que llevarlo a admisiones… ¡y ya no lo volvías a ver! Había una energía brutal y un cambio continuo. Hasta Urgencias, en las series anteriores ese individuo habría sido el protagonista principal del episodio y aparecerían argumentos y temas relacionados con él; pero en “Urgencias” no, las cosas se movían a velocidad de vértigo y era excitante.

La clave está en el storytelling

Muchos pueden llegar a pensar que cuando llegas al momento final de tu carrera te dedicas a elegir lo que te parece más interesante y que va a tener mejores resultados, pero un buen guion sigue siendo algo tremendamente difícil de encontrar.

En 1997 protagonicé “Batman y Robin”, que no sólo es la peor película de mi carrera sino la peor de la historia. Las críticas que recibí fueron terribles, y merecidas. Al año siguiente hice “Out of Sight”, una de mis mejores películas, y las críticas fueron magníficas. Me di cuenta entonces de que no era una persona ni un actor diferente, así que tuve una revelación: “George, ¡necesitas prestar mucha más atención a los guiones que eliges! ¡Necesitas prestar mucha más atención al storytelling!”. Eso me ha ayudado a crecer a lo largo del camino.

Por eso, trabajo con personas que tengan ideas nuevas e interesantes. Después de esa película hice “Tres Reyes”, y luego “Oh Brother” con los hermanos Coen. Poco a poco salieron buenas propuestas y comprendí que puedes hacer una mala película de un buen guion, pero no puedes hacer una buena película de un mal guion. A veces simplemente te convence un gran director con un gran proyecto. He hecho cinco trabajos con los Coen, que son realmente divertidos. Steve Soderbergh es también otro gran director con el que he disfrutado mucho, y hemos sido socios durante tiempo; o Alfonso Cuarón, otro director brillante.

El test del camarero

Cuando tengo que decidir si trabajar o no con algún productor, voy a cenar con él y veo cómo trata al camarero. Si es grosero o borde con él, tengo muy claro que no es mi estilo. Así empieza la historia.

Luego cuando leo el guion y me pongo a pensar sobre los protagonistas, es cuando me nace el deseo de actuar o de representar cierto tipo de personaje. En líneas generales, no tengo que vivir con los personajes que interpreto. Me gustan los montajes, la escenografía, los equipos de trabajo, los técnicos de sonido, de grabación…

Cuando uno está haciendo una película es súper divertido tener a un grupo de gente importante a tu alrededor con una serie de necesidades, y saber que tú debes conseguir que todo el mundo avance al mismo tiempo en el mismo proyecto; es una experiencia muy gratificante.

Afortunadamente, sigo haciendo muchas cosas y estoy muy ocupado. Acabo de grabar una película en España, en la que los interiores se harán luego en Inglaterra, y ahora me voy a Islandia. Después tengo una película sobre Watergate, una especie de serie en ocho partes, que me tiene muy entusiasmado y que guarda ciertas similitudes con los tiempos que estamos viviendo.

Marketing y empresa

Nespresso, Omega y Casamigos

Únicamente he hecho publicidad con los relojes Omega y con Nespresso, y todo lo ingresado lo he invertido para financiar la Fundación. Se trata de dos marcas que ya existían, dos buenos productos y creo que yo, simplemente, he contribuido a amplificarlos; eso es lo que puedo hacer.

El caso de tequila es distinto y paradigmático. Fundamos Casamigos para nosotros. Un día mi amigo Rande Gerber y yo nos preguntamos por qué no hacer un tequila más bueno que el que estábamos bebiendo. Realizamos 700 pruebas a lo largo de dos años, un trabajo muy intenso… y finalmente conseguimos el sabor que nos gustaba. Empezamos a regalarlo en Navidad a nuestros allegados, hasta que en un momento dado, con nuestro tercer amigo Mike Meldman, decidimos comenzar a venderlo. Aquello se transformó rápidamente en algo muy grande. Es cierto que, cuando nos dimos cuenta de que cada uno de nosotros tres tenía que poner de su bolsillo 100.000 dólares para empezar a comercializarlo, pensé: “Pero qué cosa más tonta tener que hacer esto, ¿para qué voy a vender tequila?”. Pero lo hicimos y no volvimos a tener que invertir un solo centavo. Cuatro años más tarde, en 2017, vendimos la compañía por un billón de dólares.

Fracasar para tener éxito

Recuerdo que 1987 fue el peor crash que he vivido. La Bolsa cayó y perdí hasta el último centavo que había invertido. Aprendí que era importante ser propietario de cosas, porque si algo así volvía a ocurrir, siempre podría, por ejemplo, vender una casa y seguir viviendo. Tener esa especie de seguridad es importante.

A nadie le gusta fracasar, pero cuando pasa, sólo hay dos opciones: sentirse mal y darse pena para el resto de la vida o tirar para adelante; y yo elijo esta última. Evidentemente hay que intentar aprender para disminuir los errores, pero cuando uno se cae del caballo tiene que volver a montar.

Ámbito familiar

La educación de los hijos

De joven, durante una época, me ganaba la vida cortando tabaco por tres dólares la hora y trabajé en una tienda 24 horas de venta de licores. En esos lugares aprendí el valor del dinero y lo que significa la empatía.

Soy consciente de que mis hijos van a crecer sin tener que preocuparse por tener un seguro médico y cosas similares, así que vamos a tener que esforzarnos mucho más para asegurarnos de que comprenden todas aquellas cosas que Amal y yo hemos podido entender de una forma más sencilla. Hablamos de esto constantemente y preguntamos a muchos amigos cuyos hijos nacieron bajo los focos o con una cuchara de plata si tienen algún consejo. Habitualmente la respuesta es: “No, pero sobre todo hay que estar ahí, hay que estar con ellos”. Este verano estuve cenando con Bruce Springsteen, su mujer y su hija, una persona inteligente y súper bien educada. Le pregunté a Bruce: “¿Qué puedes aconsejarme para que mis hijos salgan como tu hija?”, y la respuesta fue “estar presente”. Muchas veces se habla del tiempo de calidad, pero creo que es cantidad, es estar sentado con ellos en el cuarto.

Amal y yo tenemos la suerte de que, normalmente, nuestros trabajos nos permiten desplazarnos con ellos, aunque llegará el momento en que sea más complicado y tendremos que aterrizar en algún sitio. Con un hijo sientes una responsabilidad superior a cualquier otra y un amor nunca antes experimentado. Para mí, son magia. Afortunadamente, Amal es una persona increíble y es muy buena poniendo las cosas en contexto.

El legado

Hay personas que cambiarán el mundo, así que mi versión sobre el legado es estar involucrado en los acontecimientos con la intención de hacer que discurran mejor, que sean más positivos para todos. Creo que mi legado será en lo que se conviertan mis hijos, en quiénes sean y cómo sean capaces de empujar más la sociedad y su entorno para que las cosas mejoren.

Antes de conocer a Amal, mi padre me insistía en que si no tenía hijos, no tendría legado. Yo le replicaba que había hecho grandes películas que ya eran mi legado. “¿Cuántos actores de cine mudo puedes nombrar?”, me preguntó. Le dije dos o tres nombres… Estamos hablando de un legado de hace 80 años y a partir de eso desapareces, no existe nada más.

En 2013 decidí hacer testamento y pensé que no tenía sentido esperar al final de mis días para compartir lo que tengo con mis seres queridos, así que regalé un millón de dólares a los 15 amigos que forman mi círculo de amistades más íntimo. Esta historia salió a la luz cuando uno de ellos, Rande Gerber, la contó durante una conversación en un programa de televisión varios años después. Esos 15 amigos siempre han estado ahí cuando lo he necesitado, y no estaría donde estoy sin su ayuda. Así que una noche les invité a cenar a casa y coloqué una bolsa con un millón de dólares (impuestos pagados) en el sitio de cada uno. Fue una forma de devolverles el favor y que supusiesen lo afortunado que me siento por tenerles a mi lado. 


George Clooney, actor, director productor, guionista y activista

Texto publicado en Executive Excellence nº162, nov.2019