Tecnología para innovar en democracia

Tecnología para innovar en democracia

Hijo y nieto de primeros ministros griegos, George Papandreou accedió a ese mismo cargo en octubre de 2009 tras la victoria del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok) en las urnas. Por aquel entonces Papandreou acumulaba gran experiencia en el ámbito político, ya que había sido miembro del gabinete de su padre, Andreas Papandreou, y ministro de Exteriores con su sucesor, Kostas Simitis.

Considerado un hombre de carácter moderado y dialogante, Papandreou ha sido reconocido como el arquitecto de una nueva etapa en las relaciones griego-turcas, y su labor también fue determinante en las negociaciones del conflicto chipriota, así como en la construcción de la Unión Europea. 

Lideró una de las épocas más delicadas de un país que en aquellos años se acercaba peligrosamente a la bancarrota nacional, arrastrando con él a la moneda única. Por eso, el principal empeño de su gobierno se centró en regenerar el sistema heleno, lastrado por la obsolescencia, la ineficiencia y la corrupción, relanzar la maltrecha economía y reducir el elevadísimo déficit público. Aplicó acertadas medidas que lograron evitar la quiebra, pero la precaria situación heredada del ejecutivo de Kostas Karamanlis, y la voracidad especulativa de los mercados financieros, llevaron a Grecia a una grave crisis de deuda soberana que forzó la dimisión del primer ministro en 2011.

Papandreou siempre se ha mostrado partidario de utilizar la tecnología en el gobierno para dar voz al pueblo y revolucionar la democracia. De hecho, consiguió implantar innovadoras reformas estructurales que impulsaron la modernización del país, por lo que fue nombrado uno de los 100 mejores pensadores globales en la revista Foreing Policy. “Mi propuesta se basa en retomar el concepto de democracia que imperaba en la Antigua Grecia, donde todos los ciudadanos decidían lo que debía o no hacerse. Ahora bien, debemos reflexionar sobre el uso que vamos a hacer de la tecnología: ¿la utilizaremos para empoderar a las personas o para controlarlas, para romper jerarquías o para crear otras nuevas, para instaurar una sociedad compartida o para impulsar la concentración de poder?”, se preguntaba el político griego durante la última edición de Web Summit Lisboa. En el congreso también reflexionó sobre el poder de la tecnología para reducir la vulnerabilidad de los refugiados,  y apeló a un esfuerzo conjunto de la industria tecnológica para crear plataformas que impulsen su empoderamiento.

En el marco del Web Summit, Executive Excellence propició una conversación entre George Papandreou y Jennifer Tharp, miembro de la junta de PMI. Durante la entrevista, el sociólogo griego explicó sus propuestas sobre cómo utilizar la tecnología para ampliar la participación de los ciudadanos.

JENNIFER THARP: Es un placer encontrarnos con usted en el Web Summit. ¿Qué opinión le merece este evento?

GEORGE PAPANDREOU: Es un encuentro increíble en el que podemos escuchar discusiones realmente interesantes sobre nuevas tecnologías.

Cuando era primer ministro de Grecia siempre me interesé por saber cómo podíamos utilizar la tecnología para mejorar nuestro gobierno, conseguir una mejor gobernanza y profundizar en nuestra democracia, dando mayores oportunidades a los ciudadanos para que participasen directamente en la gestión y las decisiones políticas y permitiendo que su voz sea escuchada.

J.T.: ¿Cómo ha ayudado la tecnología a solventar las dificultades a las que se ha enfrentado Grecia en la última década como, por ejemplo, la crisis de deuda?

G.P.: Estoy absolutamente convencido de la capacidad que tienen las nuevas tecnologías para ayudar a solventar problemas. Muchos gobiernos no prestan demasiada atención a este ámbito, pero creo que la buena política debe ser innovadora por el bien del pueblo.

Yo era primer ministro de Grecia cuando el país atravesó la gran crisis de deuda, y nuestro gabinete tuvo que buscar soluciones para reducir el déficit. Nos dimos cuenta de que gran parte del problema era que el gobierno no utilizaba el dinero de forma adecuada y razonable y, además, había un alto porcentaje de corrupción.

Decidimos optar por la transparencia siguiendo un sistema parecido al que utilizaban en la Antigua Grecia, concretamente en Atenas, a través del cual todos los gastos se colgaban en un muro para que los ciudadanos pudieran saber en qué se invertía el dinero. Actualmente nuestro muro se llama Internet. Creamos una plataforma donde se contabilizaba el gasto público y aprobamos una ley que no permite ningún gasto que no esté colgado en este website.

A partir de entonces comenzaron a recortarse los excesos no productivos y se fueron delimitando las áreas en las que había corrupción.

Descubrimos que en el sector médico se había creado una especie de quid pro quo en el que el doctor prescribía determinados medicamentos y recibía a cambio dinero de las farmacéuticas internacionales, aunque finalmente los cargos eran soportados por el consumidor, los fondos de pensiones o el gobierno, dependiendo de la institución pertinente.

En primer lugar nos dimos cuenta de que este sistema era poco saludable para el enfermo y también para los ciudadanos, que estaban recibiendo un exceso de fármacos. Tampoco era beneficioso para la economía, así que creamos un sistema de prescripción electrónica por el que cada médico tenía que justificar en un software por qué recetaba un medicamento en particular. Gracias a este mecanismo los gastos se redujeron un 50%.

J.T.: Este tipo de iniciativas deberían ser imitadas por muchos otros países…

G.P.: La tecnología es importante para la democracia, y creo que algunos países, como Estados Unidos, han puesto en marcha sistemas parecidos. Para Grecia supuso un ahorro de tres billones de euros al año, una cantidad equivalente a lo que se recaudaba a través del Impuesto sobre la Propiedad, así que el impacto fue muy importante.

La tecnología también nos ayudó a evitar la evasión de impuestos. Acordamos un impuesto sobre el lujo que afectaba, entre otros, a los propietarios de piscinas. Mucha gente no estaba de acuerdo con este impuesto y optaba por no declarar que tenía una piscina, pero utilizando Google Earth nosotros pudimos llegar a saber qué ciudadanos contaban con este tipo de instalación en su parcela.

También creamos la “wiki ley”, un sistema que permitía colgar online un proyecto de ley para que, antes de ser elevado al Congreso o al Parlamento, los ciudadanos pudieran discutir y opinar sobre él. Se recogían las mejores ideas y el texto se enviaba al Parlamento para su posterior aprobación.

J.T.: Grecia siempre ha sido considerada la cuna de la democracia. ¿Permiten este tipo de acciones volver a las raíces y otorgar de nuevo la voz al pueblo?

G.P.: Si echamos la vista atrás y analizamos la Antigua Grecia nos damos cuenta de que todos los ciudadanos tenían voz y debatían sobre lo que se iba a decidir. Era lo que llamamos una democracia directa. Incluso decisiones tan importantes y duras como ir o no a la guerra se tomaban a través de un proceso democrático.

Evidentemente, no todo el mundo era considerado ciudadano, porque las  mujeres y los inmigrantes no lo eran. Pero basándonos en ese concepto a partir del cual todo ciudadano tiene voz, ¿por qué no creamos una rama deliberativa de gobierno? La función de este departamento gubernamental sería permitir que todas las decisiones y leyes fueran deliberadas para que todos los ciudadanos de un país pudiesen tener voz.

Obviamente, este sistema involucraría a muchísima gente, así que debería exigir una identidad clarísima de cada persona para evitar la manipulación y la repetición de ideas. También tendría que contar con algoritmos que ayudasen al debate y, además, buscasen el consenso más adecuado. Estos algoritmos deberían ser públicos para poder discutir con libertad sobre lo que se está haciendo.

Otra práctica interesante, y que también procede de la Antigua Grecia, es realizar un sorteo entre los ciudadanos para formar comités especializados en la toma de decisiones, y que sean ellos quienes propongan ideas y soluciones a temas importantes.

En Irlanda han adoptado recientemente este concepto deliberativo en abierto para que todo el mundo pueda seguir determinados procesos a través de Internet, eligiendo por sorteo a las personas encargadas de debatir sobre ellos. Fue a través de este sistema como se decidió legalizar el aborto.

Esta es una de las múltiples fórmulas que podemos utilizar para empoderar a las personas a través de la tecnología.

J.T.: Vemos llegar miles de refugiados continuamente a las costas helenas. ¿Hasta qué punto puede la tecnología ayudar a solventar este problema?

G.P.: Con este tema tengo una conexión personal, porque yo mismo fui refugiado cuando tenía 15 años. Por desgracia, en el mundo hay situaciones terribles que están generando multitud de movimientos sociales y migratorios. Vivimos en un entorno realmente difícil, y los jefes de estado deben actuar con responsabilidad y no buscar excusas o cabezas de turco para justificar determinados casos.

Muchos gobiernos echan la culpa de sus problemas a los refugiados y a los inmigrantes, pero hay muchos aspectos como la diversidad, la crisis climática o el paro, que no tienen nada que ver, aunque resulta mucho más sencillo alimentar las emociones de la población culpándoles a ellos.

En primer lugar es básico tomar conciencia de que los refugiados son seres humanos, y como tales tenemos que respetarlos, conocerlos, y construir sus derechos para incorporarlos a nuestras sociedades. No es fácil, pero yo que lo he vivido, pienso que deberíamos dar la vuelta a esta situación, dejar de percibirla como un problema y concebirla como un factor de cambio.

Los refugiados salen de sus países porque quieren cosas diferentes, y en este punto la tecnología cobra una gran importancia. El 93% llegan a las costas griegas con un teléfono inteligente que usan para desplazarse, buscar servicios y muchas otras cosas. Tanto es así que han llegado a señalizarse hundimientos de barcos gracias a las señales que emiten los teléfonos móviles, y también se han denunciado violaciones y abusos. Estos aparatos generan protección a las personas vulnerables.

La tecnología también tiene importantes aplicaciones en ámbitos como la salud, la educación, o la identificación personal a través de sistemas como blockchain.

Ahora bien, no podemos olvidar que la tecnología es un arma de doble filo y, como dice Edward Snowden, somos vulnerables ante ella.

Un refugiado es un ser humano como cualquier otro, pero mucho más vulnerable. La tecnología le puede dar poder, pero también aumentar su vulnerabilidad.

Facebook, por ejemplo, desempeñó un papel determinante en el conflicto de Myanmar, ya que esta red social fue utilizada para publicar información falsa y alimentar la violencia contra la etnia musulmana Rohingya.

Por eso insisto en que debemos ser muy cuidadosos con la utilización de datos, porque los refugiados son personas que están siendo perseguidas, y es nuestro deber asegurarnos de que la tecnología no les hace más vulnerables a esa persecución o a cualquier tipo de explotación, especialmente a los niños y las mujeres.

J.T.: Muchos expertos hablan de nacionalizar las tecnológicas más poderosas de forma que, por ejemplo, todos aquellos que se inscriban en Facebook sean propietarios de una acción y puedan influir en las decisiones de la empresa. ¿Le parece adecuado involucrar a las personas de esta forma en las compañías?

G.P.: Creo que es una gran idea, porque el problema no es el tamaño de la corporación, sino que esta adopte conductas anticompetitivas o contra la libertad individual.

Solemos decir que los datos son el nuevo petróleo y que los clientes son el producto, así que su opinión debería tenerse en cuenta. Sería beneficioso pensar y discutir sobre estas ideas para enfrentarnos a la gobernanza desde una perspectiva profunda e innovadora que nos permita actuar frente al reto de revolucionar la democracia.

Me temo que últimamente estamos viendo una mayor concentración de poder y deberíamos plantearnos cómo cambiar esta tendencia. Dado que las grandes empresas tecnológicas existen gracias a los datos que les ceden las personas, han de ser estas quienes adquieran la propiedad de las compañías. Sería una forma de democratizar el actual concepto de tecnología y, a la vez, innovar en el sistema democrático. 

Eso sí, el fortalecimiento de la democracia tiene un precio, que en Europa pasa por el mantenimiento de ciertos valores. A priori esto puede parecer una desventaja, pero estoy seguro de que al final nuestro posicionamiento proporcionará una ventaja competitiva, dado que pretende generar una sociedad mejor haciendo frente a la vulneración que supone para los ciudadanos el hecho de que sus vidas puedan ser expuestas.

J.T.: Tony Blair afirma que muchos políticos no son conscientes del impacto que la tecnología puede tener en la vida de las personas. ¿Cree que los tecnólogos se resisten a involucrarse con los gobiernos?

G.P.: La mayoría de los políticos tiene claro que la tecnología forma parte de su vida de una forma integral, porque la utilizan frecuentemente, para tuitear, para publicar en Facebook y también para hacer campaña, pero su visión se queda muy limitada a la hora de analizar el impacto que puede tener en la política y la sociedad.

Se enfrentan a la tecnología bajo una sola perspectiva: ¿cómo me puede ayudar a ganar o a ser elegido? Sin embargo, todavía no contemplan el impacto que puede tener si la integran en el gobierno. Se trata de un concepto más amplio que involucra a toda la sociedad, porque la tecnología nos da unos poderes increíbles, pero es importante preguntarnos: ¿quién ostenta realmente ese poder: los ciudadanos, los políticos, las grandes corporaciones, los gobiernos, las naciones…?

Creo que deberíamos plantearnos cuál es la mejor manera de democratizar esta situación y asegurarnos de que la tecnología se utiliza para el bien común. Hay gente que no quiere que la tecnología se use para entregarle el poder a las personas, sino que prefieren utilizarla para vigilarlas y controlarlas. La pregunta, por tanto, debería ser: ¿es la tecnología una herramienta para empoderar o más bien para controlar a los ciudadanos? ¿La utilizamos para destruir jerarquías o para crear otras nuevas; para crear una sociedad compartida o para fomentar la concentración de poder? Estos son los grandes dilemas a los que nos enfrentamos actualmente, y necesitamos hacer frente a ellos desde el punto de vista político.

Estoy de acuerdo con Tony Blair cuando dice que algunos políticos no son conscientes del poder de la tecnología. Por eso, creo que lo importante ahora es reconocer que los políticos tienen que iniciar un proceso de aprendizaje y comprometerse a estar en permanente formación, aunque es complicado porque muchos de nosotros tendemos a pensar que lo sabemos todo. Quizá esta sea la cultura que debemos introducir en los entornos políticos.

J.T.: ¿Tiene alguna sugerencia sobre cómo debemos avanzar para involucrar la tecnología en la gobernanza y conseguir una sociedad mejor?

G.P.: Sería aconsejable abrir un debate democrático que ayude a concienciar de la situación a las personas. Podemos encontrar buenos ejemplos de países que han realizado algunos experimentos, como Grecia o Estonia, y han conseguido mejorar notablemente la gobernanza.

Otro ejemplo son los proyectos irlandeses, y también Estados Unidos, donde determinados ayuntamientos y condados tienen una elevada involucración tecnológica en su forma de gobierno.

Si entre todos analizamos las mejores prácticas, podemos crear un amplio entorno de posibilidades que haga de los gobiernos entornos más eficientes, más próximos a los ciudadanos y más eficaces desde el punto de vista económico.

Pensemos, por ejemplo, en la educación. Existe un pequeño grado de disrupción, pero es muy poco relevante. Sin embargo, este sector podría utilizar la tecnología para cambiar conceptos clásicos. La escuela debería ser un entorno más abierto, y los ciudadanos podrían transformarse en mentores aportando valor como guías, discutiendo determinados dilemas éticos, debatiendo sobre cómo utilizamos la red, los poderes nuevos y los potenciales, para qué se debe usar la telemedicina, o cómo emplear la tecnología para entender mejor sus enfermedades a través de sus síntomas.

También deberíamos plantearnos cómo guiar y ayudar a los ciudadanos para que puedan estar bien informados sobre la mejor forma de cuidar su salud y se puedan transformar en agentes para su propio cuidado, y su salud, de una forma constructiva y positiva.

Existen diversas áreas en el entorno de la política donde podemos usar la tecnología para el bien de la población. 


George Papandreou, ex primer ministro de Grecia, entrevistado por Jennifer Tharp, miembro de la junta de PMI

Texto publicado en Executive Excellence nº164, feb.2020