El valor de la normalización en la reindustrialización española

 

EXECUTIVE EXCELLENCE: Tanto a escala europea como española, se está dando una clara apuesta por la reindustrialización. AENOR ha participado en los trabajos liderados por el Ministerio de Industria para la elaboración de la Agenda para la Reindustrialización. ¿Cuáles son los aspectos más destacables y cuál ha sido la aportación de AENOR en la definición de esta Agenda?

 

AVELINO BRITO: Creo que estamos en un momento muy interesante. Las crisis traen dificultades, pero también momentos de renovación. Sin ninguna duda, las necesidades de los últimos años van a reforzar el papel de la industria y el futuro de nuestro sector industrial. 

Cada vez más empresas, y más pequeñas, intensifican sus exportaciones, buscando nuevos mercados en los que vender sus productos y servicios. Por fin parece que todos nos hemos dado cuenta de que necesitamos desarrollar la base industrial española, y no fiar nuestro progreso económico casi exclusivamente a actividades relativas a servicios, siendo estas muy importantes.

La actividad de AENOR en la promoción de consensos, la elaboración de estándares y la evaluación de la conformidad allí donde es necesaria confiere una mayor competitividad a las empresas. La normalización consiste en promover consensos sobre temas técnicos, que son fundamentales para la industria. Si se desarrolla un estándar a nivel mundial, adecuar a él un producto facilitará poder venderlo en todo el mundo; porque cumplirá el estándar global aceptado. 

Desde este punto de vista, la normalización juega un extraordinario papel para apoyar los intereses del país, pero también como fuente de información para las empresas españolas. La normalización es un concepto ligado al market intelligence. La aportación de AENOR, poniendo a disposición todas las normas en español, es tremendamente útil; de hecho somos el organismo de normalización que más normas tiene en su propio idioma. Es fácil imaginar la complejidad que supone para una economía emergente, como puede ser Brasil, no disponer de los documentos en su idioma. Actualmente, el catálogo de AENOR supera las 30.500 normas, apoyando a prácticamente todos los sectores de actividad.

En este sentido, la normalización puede ser una gran ayuda para mejorar la competitividad de la industria española, y así lo ha reconocido la propia Administración. Dentro de la Agenda del Ministerio de Industria para el fortalecimiento del sector industrial, figura un bloque de medidas vinculadas a orientar la capacidad de la influencia española en la defensa de sus intereses, y entre ellas se habla de la normalización y la estandarización. Así por ejemplo, en el capítulo cuatro, se habla de reforzar la estabilidad y uniformidad del marco regulatorio español, apoyando la armonización técnica a nivel europeo e internacional. 

Si queremos que haya mercados globales únicos, sin trabas al comercio, debemos empezar por el nuestro. La normalización es una herramienta para crear una base tecnológica de conocimiento que ayude en la unidad del mercado. 

Hoy, las empresas españolas nos plantean demandas nuevas para poder vender sus productos fuera, porque en sus procesos de internacionalización se encuentran con requisitos que les exigen en los países de destino.

En este momento, los países de Latinoamérica dicen necesitar normas y empiezan a decidir si adoptan las de una zona del mundo o de la otra. Estamos ante una oportunidad competitiva para nuestro espacio económico europeo, porque tenemos las normas armonizadas en la Unión Europea. 

Los organismos de normalización no somos una fábrica de normas, sino una actividad destinada a promover consensos, siguiendo los usos aceptados internacionalmente. Un referencial mal planteado o mal hecho es muy arriesgado. Puedes perjudicar a tu propia industria e incluso suponer un perjuicio para la salud de los ciudadanos.

E.E.: La ayuda de AENOR en los procesos de internacionalización de las empresas españolas les permite tener un pulso certero de cómo está evolucionando esta actividad. ¿Cuál es su valoración? 

A.B.: Un proceso de internacionalización no es algo que se lleve a cabo en un periodo de meses, ni siquiera de unos pocos años, sino que es una tendencia, y esta es positiva.

Estamos desarrollando servicios para apoyar la internacionalización a través de varias áreas. Una tiene que ver con el conocimiento –podríamos llamarle asesoría técnica– sobre las normas para preparar los productos adecuadamente de cara a la exportación. Otro campo es el apoyo en las formalidades en las aduanas de los mercados de destino. Para esto buscamos acuerdos de reconocimiento en distintos países, para que o bien reconozcan a AENOR como entidad capacitada para hacer las evaluaciones de la conformidad requeridas a los productos; o bien reconozcan directamente las certificaciones que hacemos en origen. Ya tenemos acuerdos con Arabia Saudí, con Argelia y con varios países de Latinoamérica, y estamos avanzando en un acuerdo para el mercado ruso. 

También aportamos un servicio de certificación global, fundamental para que las empresas españolas puedan acceder a otros mercados. Para dar un servicio eficaz en este campo, la clave no es el capital sino más bien la inteligencia. Ya tenemos presencia en doce países, donde ofrecemos nuestros servicios directamente, y en el resto del mundo tenemos acuerdos con otras entidades dedicadas a la evaluación de la conformidad. Con varias estamos haciendo servicios globales de certificación, incluso en países tan alejados geográfica y culturalmente, como Sudáfrica, Australia o China.

Estamos muy satisfechos del desarrollo de esta actividad, que se ha convertido en la línea estrella de la casa.

E.E.: Otra de las líneas de negocio es AENOR Formación. ¿Qué destacaría del rol de la asociación como transmisora del conocimiento? ¿Cuál es la tendencia en esta área?

A.B.: Uno de los principales papeles de los organismos de normalización es la generación de conocimiento, no solo en materias técnicas más concretas, sino muy especialmente, y cada vez más, en el concepto de gestión.

Creo que si hay algo que realmente ha cambiado nuestra actividad con respecto al siglo pasado ha sido eso: la introducción del concepto de gestión. Promover consensos sirve para ponerse de acuerdo, pero también para concretar conocimientos útiles que pueden ser intangibles, pero de gran utilidad. 

La gestión de la calidad que nació en los 80, la cual ha tenido un enorme recorrido, sigue siendo necesaria, porque hoy la calidad es algo que se da por descontado, pero hay que seguir gestionándola, y sobre todo gestionando los riesgos de no calidad. Si vendes sin calidad no existes.

Después llegó el concepto de la gestión medioambiental. Es imposible arreglar el problema del cambio climático de forma inmediata, pero mientras se encuentran soluciones mayores, ¿por qué no hacer que las empresas contribuyan ejerciendo su actividad, con el menor impacto ambiental posible? La ISO 14001 ha reducido drásticamente el impacto ambiental de la empresa y ha introducido en sus empleados la concienciación sobre no dañar el medio ambiente.

Luego vinieron otros conceptos: el de seguridad, que es muy amplio (seguridad laboral, alimentaria, protección de datos…), otros más sociales, como el relacionado con la responsabilidad social, que en esencia persigue buscar la mejor relación posible con todos los grupos de interés y con el entorno, de una manera equilibrada. Dentro del ámbito de lo social, han venido cuestiones muy de nuestro tiempo como la conciliación, la igualdad de oportunidades, la diversidad, la accesibilidad…, por no hablar de la eficiencia energética. 

Otro asunto muy actual es la gestión de los riesgos, conectado con los conceptos de las normas de gestión de la calidad que, a fin de cuentas, están basados en la prevención. Nuestra primera norma de gestión de calidad, la ISO 9000, no garantiza ni que un producto esté libre de defectos ni la ausencia de insatisfacción; simplemente se trata de tomar todas las medidas posibles para que eso no suceda. 

La gestión del riesgo siempre es algo preventivo. Creo que es un momento muy oportuno para gestionar adecuadamente los riesgos financieros, de calidad, medioambientales, de seguridad y también los jurídicos. Debemos inculcar en nuestra gestión empresarial el valor de la prevención, particularmente jurídica, porque nos afectan a todos.

Lo verdaderamente costoso de implantar un sistema de gestión no es la certificación, sino el tiempo de la gente preparándose para cumplir los requisitos de ese modelo. Esa actuación es como un examen, y requiere que la organización se prepare para ello. Por eso es una magnífica herramienta para el cambio cultural.

E.E.: AENOR está acreditada por el Club Excelencia en Gestión para certificar el Sello de Excelencia Europea EFQM. ¿Qué ha supuesto este distintivo para las empresas españolas y qué características presentan las organizaciones a las que ha evaluado AENOR en los últimos años?

A.B.: El Sello es un modelo muy querido y muy interesante. El elemento natural que hace que una organización progrese de verdad y perdure es la gestión, y el modelo tiene que ver con la mejora del concepto puro de gestión. Además, desarrolla un modelo para poder medir la evolución de la gestión, lo cual tiene un efecto motivador, y propicia que todos los conceptos más verticales de esta tengan su encaje, porque se complementan entre sí. Es decir, si por ejemplo en un momento dado hay que hacer más hincapié en temas medioambientales o de riesgo jurídico, o mejorar la gestión de personas, etc. 

Es además un modelo muy familiar y querido para los gestores, y no puede ser más compatible con la actividad de esta casa. Si bien estamos muy por delante de la mayor parte de los países del mundo en gestión, debemos aspirar a sobrepasar a los mejores. Por eso hace falta mucha gestión, que es el dinamizador de la innovación. Ello no es otra cosa que el resultado de un trabajo sistemático, de crear una cultura donde las personas desarrollen el modelo, porque ellas son quienes van a aportar las ideas y las oportunidades de mercado. La buena gestión es la que favorece la innovación, promoviendo que los recursos humanos se desarrollen y aporten a la organización, propiciando un cambio perdurable independiente de coyunturas o equipos concretos.

El modelo EFQM está muy relacionado con todos los ámbitos del conocimiento, y no solo es necesario en nuestro país, sino también en América.


Publicado en Executive Excellence nº120 marzo 2015


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