Capitalismo social frente a la crisis del coronavirus

Capitalismo social frente a la crisis del coronavirus

Es evidente que la pandemia tiene y tendrá efectos directos sobre la economía. Pero más allá de las consecuencias puntuales, la epidemia ha vuelto a poner de manifiesto las debilidades del sistema económico imperante haciendo que en muchas partes del mundo occidental las clases medias estén perdiendo la fe en el capitalismo. Para Daniel Lacalle, se trata de un craso error. “El capitalismo proporciona a todo el mundo más riqueza y mayores oportunidades, mientras que el socialismo y el intervencionismo fracasan sistemáticamente y empobrecen a quienes los padecen”, asegura en su último libro ‘Libertad o igualdad: por qué el desarrollo del capitalismo social es la única solución a los retos del nuevo milenio’.

Durante una reciente conversación con Cayetana Álvarez de Toledo organizada por la Fundación Rafael del Pino, el economista explicó las claves y virtudes de la economía de mercado y planteó cómo el capitalismo puede mejorar el bienestar general de los ciudadanos impulsando la salida de la crisis desatada a consecuencia del coronavirus.

MEDIDAS PARA AFRONTAR LA PANDEMIA 

DANIEL LACALLE: Decidí escribir el libro ante la avalancha de soluciones mágicas que estaba proponiendo el ala más radical de los Demócratas en Estados Unidos, y que pasaban por un control absoluto por parte del gobierno, aumentar el gasto público, crear una renta básica, imprimir dinero o subir los impuestos a los ricos. El libro es un manual para debatir y rebatir estas soluciones mágicas que, aunque parecen inocuas, buscan controlar al ciudadano, reprimir y destruir la capacidad de mejora de los individuos.

Medidas como las que se han tomado frente al COVID-19 son un camino de servidumbre. La única manera de afrontar el reto de la pandemia es con libertad, competencia, innovación e iniciativa individual. En esta crisis lo último que deberíamos hacer es dar más poder a políticos incapaces de prever el riesgo, que decidieron conscientemente ocultarlo y cerrar la economía sin coordinación con los agentes económicos. Un gobierno que ante las quejas de los ciudadanos oculta los datos, manipula la información, anula a los que le critican, es algo malo. Los países que mejor han actuado son los que tienen más libertad y menos gasto.

Es imprescindible recuperar la idea de la libertad en beneficio de la sociedad. Cuando el populismo habla de justicia social en realidad se refiere a la aleatoriedad política, al clientelismo. No hay nada más social que el capitalismo.

CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO: No todos los sistemas ideológicos son iguales. Unos generan libertad, prosperidad y felicidad y otros dan lugar a regímenes dictatoriales y pobreza. En España, el nacional populismo de izquierdas tiene un plan. El nacionalismo tiene un plan de disgregación y escisión. Podemos tiene un plan de creación de un estado autoritario de izquierdas. El PSOE tiene el plan de permanencia en el poder a cualquier precio. La pregunta es: ¿cuál es el plan del espacio liberal conservador para la defensa del espacio de libertad y de prosperidad económica? La respuesta pasa por tener ideas y defenderlas, que no es fácil. Tener ideas implica asumir que se va a tener un conflicto con quien opina de forma contraria. Por eso, la pedagogía es un elemento esencial en la batalla por la libertad. Cuando los fundamentos de la libertad están siendo atacados, hay que reivindicarlos.

Lo que une a Pedro Sánchez, a Pablo Iglesias y a los nacionalistas es un pesimismo rupturista que ha hecho fracasar el modelo constitucional y el estado del bienestar. Frente a eso hay que contraponer un optimismo racional basado en actitudes reformistas. El libro de Daniel Lacalle es optimista porque ofrece una visión del ciudadano como una persona adulta, exigente, capaz de ponerse de pie, salir adelante, con el apoyo del gobierno para sostener a los más vulnerables, pero no para sustituirle ni para tutelarlo a perpetuidad, dejándole sin responsabilidad ni libertad. Esa retórica asistencialista del gobierno actual es una forma de abdicación y de insulto al ciudadano, es no confiar en su capacidad para actuar como un ser adulto y racional. 

D.L.: Para evitar que el ciudadano renuncie a su libertad a cambio de seguridad hay que luchar con evidencias y atacando a los dogmas. Como decía el economista francés Frederic Bastiat, todo aquel que quiera vivir del estado debería saber que el estado vive de todos. El totalitarismo se presenta como el gran generador de regalos que luego no da, y cuando se protesta acude a la represión.

C.A.T.: La opción de la libertad no triunfa porque asumir responsabilidades no es fácil. La libertad no es gratis, conlleva responsabilidad. El punto de partida liberal es siempre más difícil, pero frente al acomodamiento en la retórica de derechos infinito, la libertad ha permitido un avance  en prosperidad y democracia muy notable. En momentos de crisis graves esto también se pone de manifiesto. La izquierda intentará convencernos de que la solución es más estado y dinero por parte de Europa, pero eso es una ficción que acabará generando frustración y grandes problemas sociales. La salida va a implicar sacrificios.

La libertad y la igualdad de los españoles ante la ley están en juego, pero también se está destruyendo la base sobre la que se construye la sociedad igualitaria y libre: la verdad. Cuando los datos sobre la pandemia dejan de ser válidos porque el presidente los niega con impunidad desde una tribuna, cuando asegura que no ha intervenido en la Justicia, cuando la verdad no cuenta, el debate político se erosiona y el sistema democrático se resiente. 

D.L.: La erosión ante lo que el ciudadano percibe como utilización de la maquinaria política para manipular ocurre. Por eso, el socialismo solo puede implantarse vía imposición. Todo el mundo entiende que se puede criticar la gestión utilizando cifras, pero cuando se niega el dolor no se puede decir que salimos más fuertes. Tampoco cuando han desaparecido 133.000 empresas y hay ocho millones de personas desempleadas de alguna forma. El socialismo siempre se juzga a sí mismo por sus mejores intenciones y nunca por los hechos, porque el resultado es atroz. A pesar de la utilización constante de la educación y de los medios de comunicación, siempre fracasa.

LA TERCERA ESPAÑA

C.A.T.: Cuando la mentira está en el poder, la oposición debe enarbolar la verdad, hacer política de la evidencia, intentar devolver el debate público a lo racional, a lo científico, a los hechos. Ellos intentan embarrar el terreno y llevarlo a lo emocional. Hay que volver a introducir la evidencia, los hechos. Hay que desmontar las operaciones de camuflaje con las que pretenden tapar su mala gestión en la peor crisis sanitaria española y una vulgar técnica de deslegitimación de cualquier crítica y fiscalización de sus actuaciones.

La política que yo defiendo desmonta insinuaciones al tiempo que reivindica que esto no es ni será una España contra otra, como ellos pretenden. Defendemos la tercera España, la que se reconcilió en el año 78, la que permite que vivan juntas personas muy distintas, con sensibilidades dispares. Esa es la tercera España; la de todos, frente a quienes quieren destruirla. Y esa es también la labor pedagógica de la política.

D.L.: El gobierno está intentando dinamitar las instituciones y, mientras lo hace, culpa a los que cuestionan su gestión. Alega que todos los problemas están generados por la desigualdad y así justifican la introducción de medidas totalitarias que luego aumentan la desigualdad. El populismo vende soluciones mágicas, como imprimir dinero, que no son en absoluto neutrales, porque benefician desproporcionadamente a los gobiernos y perjudican a los ahorradores y a los asalariados.

C.A.T.: La generación que vivió la crisis de hace diez años se vuelve a encontrar a las puertas de una nueva crisis. Hay que atender este problema y buscar salida a través de un camino realista, inteligente, con medidas racionales y protegiendo  a los más vulnerables. Derogar la reforma laboral que permitió la recuperación del empleo es un gravísimo error si uno quiere proteger a esa generación golpeada. ¿Cómo vamos a salir de esta situación y afrontar el futuro? Con este gobierno eso es imposible. En los próximos años vamos a tener que hacer profundas reformas, renunciar a cosas y asumir responsabilidades. Renuncias del mundo independentista a la escisión, del mundo de Podemos a la ruptura de la Constitución. Reformas en todos los ámbitos que afecten al modelo autonómico y potencien la fuerza del sector privado.

D.L.: a idea sobre la reconstrucción es completamente ridícula. La economía ha experimentado un cierre forzoso por decisión gubernamental, pero el capital productivo está intacto. Y ahora, la reconstrucción tienen que liderarla señores que no han creado jamás un puesto de trabajo. Esta crisis es producto de la decisión más ridícula jamás tomada, que es pensar que el cierre de la economía no tiene impacto. Esto no ha ocurrido en otros países, porque los mejores líderes tienen menos impacto económico, menos muertos y menos destrucción de empleo.


Cayetana Álvarez de Toledo, diputada del Partido Popular por Barcelona, y Daniel Lacalle, economista, asesor internacional y economista jefe en Tressis.

Publicado en Executive Excellence nº168, julio-agosto 2020.

Fotos de Daniel Santamaría.