¿Ciudades para personas?

¿Ciudades para personas?

Frente al caso de una ciudad como Viena, que está intentando rediseñar su rol histórico, encontramos otros entornos donde el crecimiento ha sido exponencial y plantea problemas de difícil gestión, especialmente desde el punto de vista humano. Este es el caso de Shanghái, que en los últimos 30 años ha experimentado un desarrollo urbanístico vertiginoso que le ha permitido albergar a más de 35 millones de personas.

El reto de la ciudad se centra ahora en seguir creciendo de forma sostenida e inteligente para hacer frente a los desafíos que plantea el ciudadano del futuro. Con el objetivo de contribuir a esta labor, la líder empresarial Lu Ying ha puesto en marcha Future Urban Living, un proyecto que, poniendo el foco en las personas, pretende concienciar a las empresas de la importancia de pasar del modelo lineal basado en usar y desechar, hacia un sistema circular que permita rediseñar la forma en la que nuestras economías crean valor.

Mejorar el potencial urbano

Las ciudades son organismos muy complicados. A finales de 2017 había en el mundo 47 megaciudades –urbes con más de 10 millones de habitantes-, la mayoría de ellas en el continente asiático.

Yo vivo en Shanghái, que cuenta con 24 millones de habitantes censados oficialmente, aunque de forma extra oficial el área de influencia supera los 35 millones.

Un volumen de población tan elevado es difícil de analizar, pero hoy, por primera vez en la historia, tenemos herramientas que nos permiten optimizar recursos construyendo capas digitales y nuevas infraestructuras urbanas para crear ciudades más eficientes. 

La información digital nos permite, por ejemplo, optimizar la energía mejorando las redes de distribución y producción; pero lo que realmente marca la diferencia es la capacidad humana para generar preguntas, que son los recursos más importantes para el futuro de nuestras áreas urbanas.

Últimamente se habla mucho de ciudades inteligentes, pero no importa lo inteligentes que estas sean si no están construidas en base a un ecosistema capaz de nutrir y maximizar la capacidad de las personas y, al mismo tiempo, mejorar el potencial urbano.

Al hablar de comunidades urbanas resulta fácil pensar que si construimos una capa digital todo lo demás ocurrirá de forma natural, pero lo cierto es que para liberar el potencial es necesario entender y utilizar los factores que lo facilitan.

Generalmente, este tipo de facilitadores son elementos suaves, y corresponden a los tejidos sociales que están en ciertas capas.

Me gustaría profundizar en el caso de Shanghái, donde entre los 24 millones de habitantes tenemos un nivel de fertilidad inferior al 1%, con una de las expectativas de vida más elevadas de toda China.

Actualmente, el 40% de la población está compuesta por inmigrantes urbanos. Esto quiere decir que la ciudad cuenta con muchas personas mayores y no hay suficiente gente joven.

La ciudad depende completamente de estos inmigrantes urbanos, y no sólo como mano de obra, sino también desde el punto de vista de la innovación. Debido a las condiciones específicas de la seguridad social china, que no permite realizar transferencias cuando un ciudadano cambia de ciudad, es difícil que todas estas personas se integren en la ciudad de forma racional y, por tanto, es extremadamente difícil maximizar su potencial.

Ciudades como Pekín o Shanghái son una parte fundamental de la infraestructura urbana china, pero cuando nos paramos a analizar el tejido social de estos entornos, vemos que está compuesto principalmente por adultos de mediana edad, ya que tanto como los jóvenes como las personas de la tercera edad se quedan en los pueblos. Por otro lado, las zonas rurales se las ven y se las desean para poder crecer al mismo nivel que las ciudades grandes. Se trata de un tema complejo que plantea una difícil solución.

Todo esto nos lleva al problema de la vivienda. En los últimos diez años hemos trabajado con decenas de miles de edificios residenciales, y hemos comprobado que la forma de vivir se ha transformado notablemente en la nación de China y, como consecuencia, también en sus ciudades.

Capacidad humana y convivencia

En tan sólo tres generaciones, el país ha pasado de una forma de vida colectiva, donde todos conocían a sus vecinos, las puertas estaban abiertas y los niños jugaban juntos compartiendo recursos, a vivir en complejos edificios construidos en altura donde se concentran miles de hogares y nadie sabe quiénes son sus vecinos.

Yo residía en un piso 35 y, si algún día se me olvidaba algo en casa y me daba cuenta cuando ya estaba en el portal, tardaba 20 minutos en subir y bajar.

En Future Urban Living nos preguntamos: ¿es posible vivir en estas megaciudades con cierta calidad de vida? ¿Es esto lo que queremos crear para nuestros hijos?

Nuestra perspectiva habitacional, el dónde y el cómo vivimos, da forma a nuestro entorno laboral, y también influye en cómo nos comportamos socialmente. Por eso, nosotros intentamos aplicar el desing thinking en la solución de problemas complejos.

Vivimos en un entorno donde los edificios se construyen en base a ciertos conceptos técnicos desde el punto de vista arquitectónico y también a nivel de ingeniería, pero no incluyen en su diseño la colaboración de aquellas personas que habitan en ellos. Los ciudadanos no tienen un rol importante, y tampoco sus experiencias vitales.

Es el momento de plantearnos cómo podemos encauzar esa capacidad humana en la convivencia para que tenga influencia en los desarrollos y en los diseños.

La forma de construir actualmente está excesivamente reglamentada, es poco móvil. Por eso, estamos trabajando en lo que denominamos urban innovation pokets, es decir, ciudades con capacidad para tener células que se puedan enchufar y desenchufar y, de esta forma, testear diferentes ideas sobre cómo se vive y se gestiona la vida de las personas. Este proyecto nos permitirá realizar iteraciones innovadoras que aporten cambios rápidos con el objetivo de crear entornos más eficientes en el futuro.

En Future Urban Living plantaamos, por ejemplo, crear un sistema de seguridad social que actúe en estos pequeños entornos, y que acompañe a cada trabajador y a su familia en los desplazamientos que realice a través de estas pequeñas áreas.

Los entornos y formas habitacionales actuales no son suficientemente capaces de solucionar los problemas a los que nos enfrentamos.

Cuando hablamos de ciudades inteligentes, la principal dificultad es que estas se centran en tendencias que se gestionan desde la perspectiva de las compañías privadas. Y aunque sus aportaciones pueden ser interesantes, hay que tener en cuenta que en el centro de este proceso están las personas. El poder de canalizar nuestra capacidad humana será lo que libere su verdadero potencial.

Los grandes problemas presentan grandes oportunidades, el hecho de poder discutir y pensar sobre estos temas nos va a permitir buscar soluciones a las dificultades que se nos plantean. 


Lu Ying, CEO de Lumon-Create, y cofundadora de Future Urban Living.

Texto publicado en Executive Excellence nº160, sept. 2019.

Innovative Knowledge by ESIC.