La tecnología como herramienta para empoderar el individuo

La tecnología como herramienta para empoderar el individuo

David Orban está considerado uno de los grandes expertos a nivel mundial en el ámbito de la tecnología. Es profesor y asesor de la Singularity University y, además, fundador y administrador de Network Society Research, un grupo mundial de expertos que trata de fomentar la creación y el uso de herramientas analíticas.

Orban defiende que las nuevas generaciones, apoyadas en la tecnología, van a empoderar al individuo para poder crear comunidades estables y sólidas que le permitan vivir con dignidad. Por tanto, empresas, sistemas políticos e instituciones de todo tipo, tendrán que convertirse en redes descentralizadas, o estarán condenadas a desaparecer.

En el marco del MABS 2018, David Orban conversó con Executive Excellence sobre el nuevo cambio de paradigma que dará lugar a nuevas organizaciones socio-económicas. 

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: MIT System Design & Management y Brightline Initiative han celebrado recientemente un simposio centrado en analizar la distancia que existe entre estrategia y ejecución. ¿Qué ineficiencias genera este gap?

DAVID ORBAN: Esa distancia que usted menciona deriva del hecho de que este tipo de misiones necesitan tiempo para ser ejecutadas y, en un entorno tan complejo como el que nos rodea, si se mantiene un camino específico de forma constante, la realidad diverge de la propuesta inicial. 

Como inversor, me resulta sumamente interesante que una start up sea capaz de generar un plan de negocios que sirva de plantilla para realizar preguntas, pero medir constantemente los procesos iterativos que permitan ajustar los pasos que damos es una forma mucho más práctica y eficiente de avanzar. 

Las decisiones que toman nuestros competidores requieren ajustes, y esto es algo muy difícil de realizar para las grandes compañías. Las unidades pequeñas, en cambio, pueden ser más ágiles, incluso estando integradas en una empresa grande. 

F.F.S.: Los CEOs se mueven en entornos de incertidumbre, y necesitan realizar continuamente esos cambios que usted menciona. Uno de los caminos es la realización de prototipos. ¿Qué opina del prototipaje a pequeña escala?

D.O.: Estoy totalmente de acuerdo con este tipo de práctica. Hay un concepto denominado MVP -minimum viable product- que consiste en crear un producto incluyendo únicamente las características esenciales. Esta forma de actuar permite mostrar rápidamente a tus potenciales clientes una representación fidedigna con el objetivo de recibir su feedback y, si se considera adecuado, incorporarlo. 

Las principales empresas lanzan continuamente y de forma consciente productos que carecen de las características que deberían tener. Estas empresas son lo suficientemente fuertes como para resistir las críticas, y prefieren lanzar el producto e ir perfeccionándolo poco a poco cuando ya se encuentra en el mercado. 

Así fue como procedió Apple con el iPhone, el producto más exitoso de la historia. Cuando nació no existía el App Store, y funcionaba a través de un ordenador no programable. La marca decidió que era mejor conseguir que los clientes se acostumbrasen al producto, que proporcionaba una interacción absolutamente novedosa, para después abrirlo al público, como así ocurrió. 

F.F.S.: Es difícil que una estrategia que no tenga en cuenta los aspectos de desarrollo e implementación tenga éxito, ¿no es así?

D.O.: Más allá de las fluctuaciones estadísticas, nuestro mundo es cada vez más abierto e interconectado. No existe ningún producto o servicio que se pueda permitir el lujo de obviar lo que están haciendo China o Amazon… Cuando se implementa una estrategia, siempre deben tenerse en cuenta las influencias y las cadenas de suministro global. 

También es necesario considerar el talento desde un punto de vista general, porque todos estos factores pueden favorecer o perjudicar el éxito de un nuevo servicio. Esa es la belleza de Internet y de otros recursos disponibles para todo el mundo. Las mejores prácticas pueden venir de cualquier sitio. 

Cuando los jóvenes de hoy se enfrentan a algo que desconocen o que no funciona, tienen siempre la misma reacción: lo googelean y, después, buscan un tutorial en YouTube. Hemos de ser tremendamente prácticos a la hora de implementar estrategias, porque la distancia entre las ideas y las acciones es cada día más pequeña y tiende a desaparecer. 

Hablar sobre las cosas de una manera abstracta, sin mancharse las manos, no tiene valor, porque siempre puede aparecer alguien con ideas similares que buscará aplicarlas de forma práctica y mucho más deprisa que aquellos que permanecen en el mundo abstracto, académico y estratégico. 

F.F.S.: Cuando Jeff Bezos, fundador de Amazon, era un adolescente, su abuelo compró intencionadamente un tractor averiado. Quería que su nieto se devanase los sesos intentando arreglarlo. ¿Su pensamiento se alinea con el de Bezos en aspectos como reducir tiempos y actuar? 

D.O.: Este tipo de comparaciones le hacen a uno sentirse humilde, pero tengo claro que al mirar hacia cualquier figura de autoridad debemos sugerirles que se bajen del pedestal. 

Nosotros, usted y yo, observamos lo que ocurre de una forma similar, y la mejor forma de confirmar que nos encontramos en el camino adecuado para alcanzar nuestros objetivos comunes es experimentar, y ver si los experimentos funcionan. Hay determinadas cosas, como los automóviles autónomos o la biología sintética, que antes de ser puestas en práctica deben ser medidas y calibradas. Es imposible modelarlas en abstracto, porque las consecuencias no anticipadas son demasiado numerosas. 

F.F.S.: Hablando de consecuencias no anticipadas, un informe Forrester de hace una década calculó 50 veces por debajo el nivel de producción de energía fotovoltaica que se produciría en en China en 2018. SpaceX predice que dentro de 10 años se podrá viajar entre Nueva York y Shanghái en menos de una hora… ¿Podemos realmente esperar una aceleración exponencial?

D.O.: Sí, pero únicamente si lo desea el 100% de la humanidad. Un solo país puede ralentizar todo. Las vanguardias y las retaguardias se distribuirán de forma natural en función de la velocidad a la que se adapten las innovaciones tecnológicas. 

La distribución entre los avanzados y los retrasados va a generar un campo abonado para la observación de las consecuencias, porque la disrupción incontrolada puede generar sufrimiento. Si el cambio es tan rápido que gran parte de la población es incapaz de adoptarlo, tendremos que preguntarnos qué es lo que realmente queremos. Dejar que la tecnología se haga cargo de las cosas, solo por ser tecnología, deshumaniza. Pero tampoco es justo impedir el acceso a la tecnología a todas aquellas personas que quieran hacerlo cuando esté disponible. En el sector sanitario, por ejemplo, los principios de la precaución están haciendo que el acceso a ciertos tratamientos se retrase. En estos casos se está causando sufrimiento humano y limitando la maximización de las oportunidades.

Volviendo a su pregunta inicial, es obvio que la aceleración en nuestro planeta va a continuar creciendo en todos los sentidos. El ejemplo que planteaba en la pregunta deriva de la incapacidad de la Agencia Mundial de la Energía para entender exponenciales. Esta organización ha estado proyectando crecimientos lineales los últimos 15 años. Sin embargo, las series de proyecciones lineales están diseñando el exponencial de una realidad que a ellos les resulta invisible. El problema es que sus informes sirven como guía, a pesar de que están distanciados de la realidad. 

Tenemos que intentar ser serios a la hora de comprender las diferencias que existen entre un mundo lineal y uno exponencial. El primero ha sido una buena aproximación durante siglos, pero hoy carece totalmente de valor. 

F.F.S.: La UE se enfrenta a graves problemas, ya que cada vez está más alejada del centro mundial y ve cómo los populismos crecen por doquier. ¿Le preocupa el futuro del proyecto comunitario? 

D.O.: Es necesario repensar el contrato social. Los sistemas de pensiones son insostenibles tal y como están concebidos hoy en día, y lo mismo ocurre con los costes sanitarios. Tampoco son razonables las dinámicas demográficas. A todo esto hay que añadir un creciente aislamiento, y un miedo cada vez mayor a un mundo culturalmente interconectado y demográficamente abierto. 

Hemos de ser más curiosos, más honestos y encontrar un nuevo tipo de liderazgo que no provenga de las certezas ni de las elecciones y respuestas fáciles. Un liderazgo que proceda de la unión de fuerzas, de la aceptación de opiniones y percepciones diferentes, y que no nazca de las capas más altas de la sociedad.

La UE tiene numerosos problemas que son dolorosamente ignorados por quienes deberían contribuir al debate. Las conversaciones deberían darse en la calle, pero hay una excesiva falta de participación. Sin embargo, no soy pesimista respecto a la UE, porque otorga gran importancia a los principios de la delegación del poder político. 

De hecho, la interpretación que hago sobre el Brexit es poco frecuente: creo que es todo un triunfo. Me parece un tremendo error que Reino Unido se desvincule del proyecto comunitario, pero si recordamos que la respuesta de los estados norteños de EE.UU. ante la secesión que planteó el sur fue ir a la guerra, lo que han hecho los británicos es infinitamente más civilizado. 

El Tratado de Lisboa es un acuerdo realmente innovador, que no existe en ningún otro entorno político, porque se basa en el sereno entendimiento de los propios valores, la aceptación de que esos valores son voluntarios y lo suficientemente fuertes como para que alguien decida no aceptarlos. Espero que en un par de décadas los británicos perciban su error y vuelvan, pero que esto haya ocurrido de forma pacífica es una novedad histórica. 

F.F.S.: Javier Solana señala la carencia de lógica que existe en las inversiones destinadas a reducir las emisiones de efecto invernadero. Los países desarrollados invierten fortunas en reducir sus emisiones, y si esa inversión se realizara en países en vías de desarrollo los efectos en el medio ambiente podrían multiplicarse por 100. ¿Por qué no tener una aproximación al problema global cuando se trata de un problema local?

D.O.: En el pasado hemos sido capaces de llegar a acuerdos globales que podrían cultivar riesgos existenciales severos. El Acuerdo de París ha sido muy importante para la adopción de soluciones tecnológicas que tendrán resultados muy positivos. Los países en vías de desarrollo se van a saltar generaciones tecnológicas, como ocurrió con las telecomunicaciones en los años 80. 

En el año 2004 se realizó un experimento muy controvertido denominado “el Consenso de Copenhague”, destinado a establecer prioridades para avanzar en el bienestar de la humanidad. Bjørn Slomborg convocó a 40 ganadores del Premio Nobel a un workshop y les pidió que repartiesen un presupuesto imaginario de 100 billones de euros a diferentes iniciativas que minimizasen el sufrimiento humano en todo el mundo. Curiosamente, se consiguió llegar a un consenso: para reducir el sufrimiento humano, el dinero no debía dedicarse únicamente a reducir las emisiones de CO2, sino a diseñar mejores programas sanitarios para luchar contra las enfermedades infecciosas, políticas para impulsar la igualdad y la educación, la corrupción gubernamental, la lucha contra la malnutrición y el hambre y facilitar la adopción de las tecnologías que redujesen los daños medioambientales.  

Permitir que cientos de millones de personas puedan adaptar los cambios a sus circunstancias es extremadamente urgente. El daño medioambiental es cada vez mayor, y no podemos dejar morir a cientos de millones de personas. En las próximas dos o tres décadas necesitaremos implantar no solo soluciones tecnológicas, sino también soluciones políticas y sociales para las que nuestra sociedad todavía no está preparada.


Entrevista con David Orban, asesor de la Singularity University, fundador y administrador de Network Society Research, escritor y speaker internacional. 

Texto publicado en Executive Excellence nº150 julio-agosto 2018.