Las grandes batallas de las democracias liberales

Las grandes batallas de las democracias liberales

En el marco del encuentro “Libertad, igualdad, debates de nuestro tiempo”, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, loó la última obra del economista Daniel Lacalle, a la que calificó como “uno de los últimos libros más interesantes en la defensa de la libertad económica que tenemos la responsabilidad de cuidar”.

Durante su intervención, expuso varios ejemplos de las ideas recogidas en el texto llevadas a la práctica por la Comunidad que preside y que demuestran que “la economía social de libre mercado que estamos construyendo en Madrid es la búsqueda del bien individual, pero sin olvidar el entorno que nos rodea ni el problema ajeno”. Estas fueron algunas de sus palabras:

LA AVENTURA POR LA LIBERTAD

Honestamente, esto (la prolífica obra de Daniel) solo se puede conseguir con esfuerzo, perseverancia y con una convicción firme y constante por mejorar. Cualidades todas ellas que quiero para Madrid, y que nos hacen una región líder.

Muchas veces nos preguntamos cómo organizarnos en defensa de las democracias liberales, como está ocurriendo estos días en países como Perú o Ecuador, así que libros como este son fundamentales para llevar provisiones a los liberales de todo el mundo, en especial a aquellos cuyos sistemas están siendo devorados por dictaduras y populismos.


Madrid es la región más libre y próspera de España, pero también la que mejor y más ha defendido a su tejido empresarial y sus negocios durante la pandemia


El autor nos muestra la importancia de la libertad, de la concordia, de la iniciativa individual, y alerta contra la amenaza intervencionista. La obra ya da un mensaje ideológico en su misma portada: con el título Libertad o igualdad y con una ilustración que refleja tres pájaros en una jaula, y a un cuarto volando. Tres igual de encerrados, y uno que vuela solo pero libre. Yo me identifico con ese pájaro.

Un mensaje que hace buena la máxima de Eisenhower: “Si solo quieres seguridad total, ve a la cárcel. Te alimentan, te visten, te dan cuidados médicos; lo único que falta es la libertad”. Pero, desde luego para muchos, la vida sin libertad no es vida.

Además, este libro se ha llenado de contenido con una de las grandes batallas que tenemos por delante las democracias liberales, la de seguir garantizando la prosperidad a las sociedades y evitando la aparición de regímenes que emplean frases dulces para involucionar hacia sistemas totalitarios y liberticidas completamente amargos.


Las sociedades han prosperado cuando el poder político y la administración han permitido emerger una clase media capaz de arriesgar y luchar por mejorar


Quisiera destacar tres ideas esenciales que recogen muy bien esta obra:

1. El libre mercado ha sido el método que más ha redu-cido la pobreza en toda la historia de la humanidad Lacalle lo demuestra con datos. En 1820, el 94% de la población mundial vivía en condiciones de extrema pobreza. En 1970, este porcentaje se redujo ligeramente hasta el 72%, pero es que la reducción desde entonces y hasta 2015 ha sido espectacular. Ahora, menos del 10% de la población vive en estas condiciones, porque se trata de, con unos buenos servicios públicos de calidad, hacer que el esfuerzo individual llegue todo lo lejos posible. Enseñar a los niños en los colegios, como pretende la ministra Celaá, que el papel social de los impuestos y la justicia fiscal es clave, es adoctrinar para que las subidas de impuestos a los que nos tiene acostumbrado el socialismo no tengan una respuesta masiva después en las urnas.

Más grave todavía, esto tiene de manera soterrada la clara intención de demonizar el éxito, el ahorro, el emprendimiento, castigar a la persona que prospera, bajo uno de los mantras más extendidos por la izquierda, que es la desigualdad. Pero quiero dejar claro una y mil veces que de desigualdad no se muere nadie, se muere de pobreza.

Sin embargo, sí creo que deberíamos enseñar el papel social de la economía de libre mercado. Las sociedades han prosperado cuando el poder político y la administración han permitido emerger una clase media capaz de arriesgar, de luchar por mejorar y por construir contrapoderes.

Cuando el protagonista es el ciudadano, cuando lidera sus vidas, cuando se premia el esfuerzo, el trabajo y las metas, es cuando todos conseguimos nuestros fines.

2. Las economías que gozan de más libertad económica son las más prósperas. No hace falta irse muy lejos para comprobarlo, tenemos el claro ejemplo de Madrid: la región más libre y más próspera de España, gracias al esfuerzo de nuestros empresarios y ciudadanos, que han conseguido hacer de Madrid la región más competitiva del país, la que mayor renta tiene, la más solidaria y el motor económico, pero también la que mejor y más ha defendido a su tejido empresarial y sus negocios, los negocios de la clase media, en estos meses de la pandemia. Una región para la que auguramos una época de total revolución cultural, empresarial, económica y educativa.

3. Frente a quienes pretenden acabar con la autoridad para imponer dogmas autoritarios disfrazados de feminismo, Madrid también es la región más paritaria. El 49% de la ocupación comunitaria es femenina, frente al 46% de la media nacional. Es más, el desempleo femenino se ha disparado con Sánchez en la Moncloa, porque igual que el medioambiente, el feminismo se puede interpretar desde el intervencionismo o desde la libertad. Yo lo voy a defender siempre desde la libertad y el respeto, que es como se cosechan la mayoría de los éxitos, y por eso creo en la igualdad de partida, no como una conquista que se mide por los resultados, sino en el origen.

MAGNANIMIDAD BIEN ENTENDIDA

El sistema que nos hemos dado en Madrid, en España y en Europa, no solo ha reducido la pobreza, sino también la desigualdad más importante, la de oportunidades.

Esto es fundamental porque, en las propias palabras de Daniel Lacalle, la desigualdad no puede reducirse creando millones de ciudadanos que dependen de lo que el Estado pueda proporcionarles, utilizando los fondos de los contribuyentes. Eso no es reducir la desigualdad, sino subvencionar la pobreza.

Un empresario ejerce una función social cada vez que contrata a un empleado. Hoy un ciudadano en Madrid quiere ser independiente, autónomo; no quiere ser ni esclavo ni parte de una cadena deshumanizada, porque la mayoría de las personas que tienen la posibilidad contratan con orgullo y quieren lo mejor para sus trabajadores y el entorno al que pertenecen.

De hecho, ahí están las cifras. Madrid ha creado el 23,2% de las empresas en 2021 y ya estamos creando 71 empresas al día. Ese es el éxito colectivo que buscamos los liberales. Lo hemos visto en desafíos como la pandemia y ahora en este camino de recuperación económica. Volveremos a hacerlo todos juntos en la Comunidad de Madrid, pero sin tutelajes ni imposiciones, porque como bien se demuestra en Libertad o igualdad, el socialismo siempre acaba destruyendo lo que finge proteger.

Frente a ellos, las administraciones liberales estamos al servicio de los ciudadanos, y no los ciudadanos al nuestro. El presidente socialista pide magnanimidad, pero esta tiene que ser para todos aquellos que cumplimos la ley, la Constitución, porque es de todos, porque no nos pertenece a nadie. Magnanimidad hay que tener con los padres de nuestra Carta Magna, con los ciudadanos que en el 78 la votaron, todos por igual. Magnanimidad hay que tener con la historia de España. Magnanimidad tiene que haber para el empresario español que trabaja por y para su país como un verdadero motor y embajador. Por ellos y para ellos, vamos a pedir siempre prosperidad, respaldo y libertad.

DANIEL LACALLE: “EL LIBRE MERCADO NO BUSCA MOLDEAR A UN SER HUMANO DIFERENTE”

Tras la ponencia de Isabel Díaz Ayuso, el autor de la obra mantuvo un diálogo con Vicente J. Montes Gan, director de la Fundación Rafael del Pino, donde clarificó algunas distorsiones comunes sobre el liberalismo. 

“Solo hay dos sistemas posibles: libre mercado o economía dirigida, que parte de negar la realidad del ser humano e intentar generar otro distinto y uniforme, mediante ingeniería social, que actúe de acuerdo a las expectativas de un grupo de intelectuales. Cuando los intervencionistas dicen que existe otra forma de hacer las cosas, no están mostrando nada nuevo. La competencia, la destrucción creativa, la innovación como un incentivo pesan mucho más. El libre mercado funciona mejor porque es el único sistema que no está basado en un dogma que busca moldear a un ser humano diferente.

El capitalismo, como cualquier sistema económico, nunca va a ser perfecto. Ahora tiene mala prensa, porque la prosperidad se da por hecha.

Quienes piensan que nunca han estado peor, o que la generación actual vive peor que la de sus padres, incurren en tres errores. Primero, el presentismo, el decir que lo que sucede ahora es lo más grande de la historia; segundo, la nostalgia, la idea de que en el pasado se vivía mejor; y tercero, la distopía, que es vendida por gente que no va a ser responsable de sus errores cuando se contraste con la realidad. Hay que recordar que la prosperidad actual no está garantizada.


La sociedad debe estar basada en el beneficio, que es la demostración de la sostenibilidad


Lo importante de una escuela no es la titularidad, sino la gestión y el servicio. Quienes quieren que todo sea público no consideran que los recursos públicos son finitos. Si queremos que el beneficio para la mayoría sea máximo con recursos limitados, necesitamos la eficiencia, la competitividad y la competencia. La sociedad debe estar basada en el beneficio, que es la demostración de la sostenibilidad.  

La sociedad siempre ha tenido mecanismos de redistribución. El primero y más importante, el empleo. La desigualdad es positiva, porque la desigualdad mimética es lo que nos hace progresar. Luego hay una desigualdad por intervención, porque el gobierno, al elegir entre ganadores y perdedores, introduce a una persona entre los perdedores por decreto. Contra eso no se puede hacer nada. Todos hemos pasado algún momento en nuestra vida en el que hemos tenido necesidad de una ayuda para poder continuar. Así es como hay que funcionar, y no decir al que va adelantado que pare; ese es el problema. La renta básica universal es un subterfugio perfecto para eliminar la competencia a las élites, porque los hijos de los perceptores nunca llegarán, y los de la élite sí.

La razón por la que hemos vivido la primera pandemia de la historia sin hambruna ni carencia de suministros no es el Estado, sino la capacidad de las empresas de dar respuesta a la situación. El gobierno no tiene mejor información que el sector privado pero cuenta con todos los incentivos para malgastar e intentar mantener lo que existe ahora mismo a costa del futuro. Por eso Europa está perdiendo la batalla tecnológica”.


Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y Daniel Lacalle, asesor internacional y economista jefe en Tressis, en la Fundación Rafael del Pino.

Artículo publicado en Executive Excellence n175, junio-agosto 2021.