Los 'decennials' una generación hija de la filantropía

Diez años difíciles, pero con motivos para la esperanza. Diez años son los que puede durar un ciclo económico, como el que hemos vivido, de severa crisis y de lenta recuperación. Diez años son también los que agrupan a las personas nacidas en una misma generación, la de los 70, los 80, la de los millenials... A la de los nacidos en esta última década se ha convenido en llamarles generación T o generación táctil. La primera que ha nacido y crecido con las nuevas tecnologías bajo el brazo. Pero no todos. Muchos, en distintas partes del mundo, no han tenido un acceso fácil a los dispositivos táctiles. Ni tampoco a las mínimas condiciones de alimentación, vivienda y educación. Solo pueden confiar su futuro a la labor social y desinteresada de muchas entidades filantrópicas.

Todos, de alguna manera, hemos padecido durante estos años los efectos de la crisis. En “la Caixa” hemos luchado con todas nuestras fuerzas por mantener nuestra contribución a la sociedad y por dar más oportunidades a las personas que más las necesitaban. Incluso en los peores momentos de la crisis, entre 2008 y 2016, “la Caixa” contó con un presupuesto anual de 500 millones de euros, que en 2017 se incrementó ya a 510, y que este año es de 520 millones de euros.

La mejora de la coyuntura económica se ha traducido en un aumento general de la confianza de los ciudadanos en las instituciones. También se ha ido tomando conciencia de que no todos los bancos actuaron igual durante la crisis. Se cometieron errores, pero no extrapolables a todo el sector financiero. En paralelo, la confianza en la Obra Social y en la Fundación Bancaria “la Caixa” ha crecido y se ha reforzado de manera sustancial.

No debe ser ajeno a este hecho que dos de los programas sociales más emblemáticos de la Fundación, los de Empleo (Incorpora) e Infancia, nacieran en 2007 y acaben de celebrar su décimo aniversario. Aunque la crisis no se había desencadenado en toda su virulencia, sí es cierto que algunos síntomas sociales preocupantes ya empezaban a dar señales de aviso. Y aquí, de la mano de Isidro Fainé, motor y garantía de la esencia de “la Caixa”, funcionaron una vez más los pilares básicos de la Fundación: prudencia, flexibilidad y anticipación. En especial este último.

Así, la Obra Social se propuso romper el círculo de la pobreza infantil hereditaria a través de la educación, y lo hizo con el programa CaixaProinfancia, que se inició en los diez territorios más poblados de España. Los resultados del programa demuestran una reducción considerable del abandono escolar y, desde entonces hasta 2017, se han beneficiado del mismo 283.500 niñas y niños.

También en 2007 se creó el programa Incorpora, a partir de la conciencia de las dificultades adicionales que se encuentran las personas de colectivos vulnerables para acceder a un puesto de trabajo en las empresas. Personas como parados de larga duración, mujeres víctimas de violencia, personas con discapacidad psíquica, física, sensorial o enfermedad mental, jóvenes e inmigrantes. Personas para las que Incorpora ha conseguido más de 168.000 contratos laborales desde el inicio del programa, potenciando además el autoempleo. 

En el año del estallido de la crisis, 2008, coincidieron dos hechos extraordinarios. Primero, la Fundación Bancaria “la Caixa”, tercera fundación del mundo, se vinculó con la primera, la Fundación Bill y Melinda Gates, a través de la colaboración con GAVI, the Vaccine Alliance, la primera alianza mundial público-privada que lucha contra la mortalidad infantil. Y en segundo lugar, esta unión dio como fruto la Alianza para la Vacunación Infantil, que constituye una muestra ejemplar de la aplicación del concepto ‘filantropía’, al ofrecer a las empresas la oportunidad de colaborar en la lucha contra la mortalidad infantil, como parte de su Responsabilidad Social Corporativa. A esta acción se suman aportaciones de particulares, clientes de CaixaBank y empleados del Grupo “la Caixa”.

Durante sus diez años de existencia, la Alianza para la Vacunación Infantil ha vacunado a 4,5 millones de niños y niñas de África y Latinoamérica, gracias a la inversión por parte de la Fundación que excede los 25 millones de euros. 4,5 millones de niños y niñas, prácticamente una generación entera. Una generación que, sin vacunas, no hubiera tenido futuro. Una nueva generación de nacidos durante estos diez años, de la que nos sentimos especialmente orgullosos. Una generación que, antes que generación táctil, hemos decidido denominar ‘decennials’, en referencia a esta, su primera década de vida.

“Cambiamos presentes, construimos futuros”, el lema del Plan Estratégico 2016-2019 de la Fundación Bancaria “la Caixa”, se hace especialmente evidente a la luz de un ejemplo así. 

No es un caso aislado. Las denominaciones generación T y decennials no son incompatibles. Muchos niños de países de África, América Latina y el Sudeste Asiático padecen la llamada brecha educativa y tecnológica. La Fundación Bancaria “la Caixa”, junto a la Fundación Telefónica, han puesto en marcha el proyecto ProFuturo, con el objetivo de facilitar el acceso a una educación universal de calidad mediante la aplicación de metodologías digitales innovadoras.

El nudo que liga todos estos programas y alianzas tiene un nombre: filantropía. Una palabra antigua, por su origen griego, pero al mismo tiempo nueva, en especial en los países no anglosajones, porque define una nueva concepción del compromiso social. Una nueva concepción que en “la Caixa” es más que centenaria. 

Nuestro compromiso, desde que Francesc Moragas impulsara en 1904 el nacimiento de “la Caixa”, en Barcelona, implica de forma directa, además de a la entidad, a sus empleados, clientes y accionistas. Por ello, la Alianza para la Vacunación es un ejemplo perfecto de filantropía. 

¿Es nueva, pues, la filantropía? No se puede decir que no existan iniciativas filantrópicas en el sur de Europa durante el siglo XIX y XX, pero quizás las hayamos conceptualizado más, como un esfuerzo personal, aislado, de algunos mecenas y abanderados de la sociedad civil, más que como una obligación moral y social de empresas y ciudadanos. 

Esa necesidad de sumar esfuerzos y la razón de ser fundacional de la Obra Social “la Caixa”, “filantrópica”, si quieren llamarla así, de llegar a los colectivos más necesitados, nos lleva de manera natural a buscar la iniciativa público-privada en todos los terrenos. Una sociedad que busca el bien colectivo se caracteriza por la implicación y la participación privada en proyectos de interés general. No hablamos de castillos en el aire. Estamos hablando de revertir una década de crisis en una una década de vida, oportunidades y futuro.

A ello dedicamos nuestros esfuerzos, día a día, desde la Fundación Bancaria “la Caixa”, haciendo bueno el lema de nuestro fundador, Francesc Moragas: “El trabajo en la cabeza y las personas en el corazón”. Y poniendo en práctica una máxima que a menudo repite nuestro presidente, Isidro Fainé: “El bien no hace ruido y el ruido no hace bien”. Y es, precisamente, en la suma de ambas donde se condensa la esencia de nuestra filantropía. 


Jaume Giró, director general de la Fundación Bancaria “la Caixa” y presidente de Corporate Excellence.

Texto publicado en Executive Excellence nº150 julio-agosto 2018.

 


Imprimir