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Ignacio Faus se incorporó a KPMG en septiembre de 2011 para liderar el área de Transacciones y Reestructuraciones, que engloba los departamentos de Corporate Finance, Restructuring y Transaction Services, siendo también responsable de este último.

Aunque en los últimos seis años ha trabajado en Permira, entidad global de capital riesgo, en sus oficinas de Madrid, Menlo Park (USA) y Londres, conoce bien la firma, pues en KPMG inició su carrera profesional y trabajó durante más de 10 años, primero en el área de Auditoría y más tarde en Transaction Services.

Faus aporta una amplia experiencia en la ejecución de operaciones de capital riesgo de gran tamaño a nivel nacional e internacional, así como en la gestión de compañías de portfolio, incluyendo la definición e implementación de planes de creación de valor, obtención de financiación, optimización de estructuras financieras y planes de restructuración en los sectores de Tecnología, Telecomunicaciones, Medios y Consumo, habiendo sido miembro del consejo de administración de Grupo Cortefiel.

Es licenciado en Ciencias Empresariales por la Universidad Comercial de Deusto y es miembro del Registro Oficial de Auditores de Cuentas de España.

ALDARA BARRIENTOS: ¿Cómo está afectando la crisis al volumen y al tipo de M&A? ¿Qué evolución se prevé?

IGNACIO FAUS: Con respecto al volumen, si consideramos el pico de mercado alrededor del año 2007-2008, hubo una gran caída tanto en número de transacciones como en volumen, con cierta recuperación para la actividad de M&A en los dos años siguientes, así como durante el primer semestre de 2011.

Desde entonces, hemos vuelto a caer en un volumen de actividad significativamente inferior que, previsiblemente, se mantendrá –como mínimo– durante el primer semestre de 2012, asociado a un entorno económico de incertidumbre y en un período de recesión prácticamente anunciado. Podemos decir que estamos en una doble recesión que, de nuevo, tiene un impacto sobre el mercado de M&A. Por lo tanto, las expectativas a corto plazo son moderadas.

En cuanto al tipo de operaciones, tal y como viene sucediendo durante los dos últimos años y medio, vemos un enfoque de M&A mucho más oportunista que estratégico. Las transacciones corporativas que se justifican en la entrada en nuevos mercados o en productos, e incluso una actividad fluida de inversores financieros, se están produciendo fundamentalmente en Estados Unidos y mercados emergentes, pero en mucho menor medida en el mercado europeo.

Este carácter oportunista de las operaciones de M&A es más patente si cabe en España. En nuestro mercado, el principal driver de las oportunidades de M&A está siendo la desinversión en negocio no estratégico de grandes compañías, o de compañías al objeto de reducir su nivel de apalancamiento, como ha sucedido en activos de determinados negocios del sector financiero, de infraestructuras, de energía, etc. Una segunda tipología de transacción oportunista serían las empresas en distress que o bien han tenido que deshacerse de parte de sus activos o bien son objeto de transacción en sí mismas.

Afortunadamente, este tipo de actividad ha mantenido un volumen mínimo de fusiones y adquisiciones en el mercado, pero la gran transacción corporativa fundamentada en razones estratégicas ha sido la gran afectada.

A.B.: En entornos de recesión como el español, ¿aparecen oportunidades de inversión? ¿Qué sectores están atrayendo actualmente la inversión extranjera?

I.F.: Curiosamente, estamos viendo transacciones de activos de gran calidad y en sectores estratégicos como energía, que dada la coyuntura de mercado y motivaciones de sus accionistas están cambiando de manos. Así, hemos asistido en el año 2011 a la toma de participaciones en grandes compañías por parte de capital extranjero como Cepsa, Iberdrola, Repsol… También hemos visto determinados portfolios de activos en explotación del sector energético, que habían sido iniciativas de diversificación de grandes corporaciones españolas, o incluso en algunos casos internacionales, que han terminado cambiando de manos.

En segundo lugar, el sector financiero ha sido y será foco de oportunidad para inversores, no tanto en la actividad de concentración del sector bancario de las cajas españolas, pues son transacciones fundamentalmente nacionales, pero sí en la venta de actividades non core, como actividades de seguros, gestión de fondos, participaciones industriales y también en non performing loans (NPL), donde el mercado español se ha desarrollado recientemente y donde los grandes inversores son especialistas internacionales.

También hay interés extranjero por transacciones alrededor del mundo de las infraestructuras en activos de primer nivel, estables y con riesgo de operación limitado. Finalmente, hemos visto interés e inversión de inversores financieros en sectores como el sanitario donde el private equity ha estado especialmente activo recientemente, así como la actividad de fondos de distress.

En muchos casos, el mínimo común denominador ha sido ese oportunismo asociado a la situación particular de la empresa o sus accionistas o, alternativamente, la búsqueda de activos de alta calidad, donde su propia naturaleza ha motivado que el capital extranjero apostase por el mercado español.

A.B.: Hace un par de años nos comentaba su presidente, John Scott, que estaban detectando en diferentes sectores y empresas, más o menos grandes y con ganas de arriesgarse a invertir, una serie de aspectos de incertidumbre, entre ellos la reforma laboral. Con el cambio de Gobierno y las reformas, ¿va cambiado esa percepción de incertidumbre?, ¿aprecian una recuperación de la confianza?

I.F.: El entorno ha cambiado muchísimo desde entonces. La volatilidad y la incertidumbre han crecido de forma exponencial. En abril de 2010 estábamos ante una potencial recuperación económica en ciernes que, efectivamente, se empezó a gestar durante los últimos meses de 2010, en los que percibimos mucha actividad de preparación en el mundo de las transacciones que, de hecho, se materializó de forma sustancial durante el primer semestre de 2011.

Desde entonces han sucedido dos hechos muy relevantes: la crisis de la deuda soberana de los países periféricos europeos y una crisis de confianza generalizada en la zona euro; algo muy obvio y que ha afectado de forma importante a los inversores americanos y, en menor medida, a los inversores asiáticos o de Oriente Medio. Estamos hablando de dos variables que no existían en 2010 y que están impactando de forma sustancial la volatilidad y la incertidumbre.

Más allá del conocimiento de los planes del Gobierno y sus primeras acciones, que indudablemente están atacando los principales problemas que desde todos los foros se venían achacando a la economía española (saneamiento del sector financiero, flexibilidad en el mercado laboral y contención del déficit público), ha existido mucha presión sobre España –y el euro en general–, a la que se ha sumado una nueva restricción a la capacidad de financiación de cualquier sector de la economía casi sin precedentes.

Un dato sintomático de esta realidad es el perfil de los inversores en los fondos de capital riesgo que se están levantando en los últimos 18 meses, versus los que se levantaban antiguamente, especialmente los fondos dedicados a inversiones en Europa. En este sentido, hemos visto un incremento sustancial de los commitments, es decir, un compromiso de fondo por parte de los inversores de Oriente Medio y asiáticos, y una disminución sustancial de los inversores norteamericanos, que tradicionalmente han apoyado este tipo de fondos y que, si bien no han desaparecido, su nivel de actividad se ha reducido notablemente.

No obstante lo anterior, y a pesar de la cautela necesaria en una situación altamente cambiante, creo que está creciendo la percepción de que se están dando pasos en el camino adecuado que llevarán a una recuperación paulatina de la confianza.

A.B. Recientemente el secretario general iberoamericano, Enrique Iglesias, nos llamaba la atención sobre las oportunidades de inversión no solo en las multilatinas, sino especialmente en las pymes de América Latina. ¿Cómo es la relación de las empresas españolas en la región, y viceversa?

I.F.: Históricamente, la inversión en Latinoamérica ha estado copada por grandes compañías que han buscado posiciones relevantes en mercados clave (telecomunicaciones, utilities, sector financiero, infraestructuras…). España ha sido, en este sentido, uno de los inversores más exitosos junto con EE.UU. Efectivamente, el contexto en el que nos encontramos está cambiando este perfil y un gran número de compañías, para crecer, se encuentran con la necesidad de buscar nuevos mercados.

Tradicionalmente, las dinámicas positivas que han existido en el mercado español con elevado crecimiento, mano de obra cualificada y aumento en el consumo interno no han sido un gran acicate para que empresas de medio y pequeño tamaño busquen crecimiento más allá de nuestras fronteras. Sin embargo, el nuevo marco y las expectativas poco halagüeñas en los próximos años están sirviendo de catalizador para que muchas más compañías estén empezando a preguntarse cómo pueden optar a competir en mercados internacionales, siendo Latinoamérica un destino natural por cultura, lengua y expectativas de crecimiento.

Hemos observado que, en muchas ocasiones, los procesos de internacionalización que han seguido empresas de menor tamaño han sido relativamente anárquicos o poco estructurados. Esta tendencia está cambiando tanto por la necesidad de ser más selectivos en las oportunidades a atacar como por la existencia de un mayor foco o apoyo de las instituciones públicas, que ven el desarrollo exterior como una de las vías clave de crecimiento.

Desde KPMG estamos viendo y apoyando a las empresas en estos procesos, bien sea a través de adquisiciones, así estamos viendo que determinadas compañías, al objeto de iniciar o acelerar la penetración en determinados mercados, buscan un target que les pueda dar cierta presencia, nombre e infraestructura en el país de destino, o desarrollo orgánico. El foco fundamental está siendo el mercado brasileño, si bien hay un interés creciente por otros destinos con elevado potencial como Colombia o Perú, así como otros mercados más consolidados como Chile. Creemos que esta tendencia sufrirá una aceleración en los próximos años.

A.B.: ¿Existe un incremento de los objetivos de los compradores de los países emergentes en los desarrollados? ¿Y en España?

I.F.: Sí, existe un mayor interés y yo diría que oportunidad en los países desarrollados. Probable-mente, los inversores más activos (más allá de Oriente Medio, que desde hace tiempo ha tenido relativa presencia) son India, China, Rusia, Sudáfrica y algunos países del Sudeste Asiático. Sin embargo, al igual que el tipo de M&A antes descrito, la inversión en España para estos compradores también está siendo similar, es decir, más de naturaleza oportunista que de naturaleza sistemática.

Hace aproximadamente cuatro meses estuve en China y pude comprobar que, cuando hablan de sus estrategias de inversión, en muchos de los casos no tienen ni un claro enfoque geográfico ni sectorial, sino una estrategia de diversificación. A veces, el hecho de que la compañía se encuentre disponible en el mercado, de que el proceso para hacerse con ella o para hacer la inversión se ajuste a una forma bastante distinta de hacer transacciones y que ellos se sientan cómodos –o bien con el socio o bien con la geografía en un momento determinado– son variables que pesan casi tanto como la estratégica.

Sí hemos observado un foco de estos inversores en ganar presencia o bien en mercados consolidados y de gran potencial (especialmente el americano para inversores indios o chinos) o en tomar posiciones en otras economías emergentes donde la propia dinámica de mercado, con mayor nivel de fragmentación, les puede hacer ganar cuota de mercado a largo plazo en condiciones de igualdad. A nivel europeo, y concretamente con España, estos inversores se muestran más selectivos.

A.B.: ¿La diferencia cultural representa una barrera real para la inversión?

I.F.: Históricamente, lo fue mucho más que hoy. Para lo bueno y lo malo, la economía es cada vez más global lo cual de forma indirecta requiere que lo sean las compañías y sus empleados.

Ejemplos de esta evolución han sido muchas empresas asiáticas que han desarrollado modelos de éxito en muchos mercados desarrollados, fundamentados en la calidad de sus productos, en la efectividad de su distribución/servicio y por qué no decirlo en su creatividad en la búsqueda de soluciones. Un claro ejemplo sería el mercado de equipamientos de telecomunicaciones donde hay fantásticos jugadores asiáticos que han migrado su modelo desde un competidor de bajo coste a pioneros en producto y servicio, incluyendo la financiación de sus equipos, habiendo desbancado a jugadores establecidos en el mercado europeo.

Pero el proceso de adaptación cultural no es unidireccional; nosotros, en nuestros mercados tradicionales y por la presencia creciente en mercados en desarrollo, también estamos adaptándonos de forma constante a hacer negocios con estos nuevos inversores, bien sea desde la óptica de una relación cliente/proveedor, socio estratégico o incluso empleador. Al final es un proceso de inexorable convergencia.

A.B.: Regresa usted a KPMG para responsabilizarse de un área muy potente y además desde una posición de liderazgo (por séptimo año consecutivo, KPMG es líder en España en operaciones de M&A). ¿Cuáles son las grandes líneas estratégicas que se plantean en esta etapa?

I.F.: Efectivamente, parto de un legado de éxito. KPMG fue una de las primeras firmas que apostó por el mercado de las transacciones y reestructuraciones en el más amplio sentido de la palabra. Esa visión estratégica que tuvimos poco antes del año 2000 ha tenido un retorno importante en cuanto a posicionamiento de mercado y en cuanto a calidad de los servicios y visión que hemos podido ofrecer a nuestros clientes. Incluso creando mercado en servicios que tradicionalmente no existían o eran servidos de forma distinta en el mercado local, con lo cual el reto de mejorar el legado es complicado.

Dicho esto, el cambio siempre es una oportunidad de hacer cosas nuevas. Las líneas generales en las que estamos intentando basar esta nueva etapa son: en primer lugar, incrementar el nivel de integración de los distintos servicios del área de transacciones y reestructuraciones; porque, al final, el hecho de que una empresa esté en una transacción, en un modo de expansión o en una reestructuración, no es ni más ni menos que el reflejo del estadio del ciclo de vida en el que el cliente se encuentra. Es decir, no solo hay una continuidad en el asesoramiento que se le está ofreciendo, sino que muchas de las competencias son completamente exportables. Estamos profundizando en cómo podemos mejorar el servicio al cliente, gracias a una aproximación mucho más integrada que se acerque a sus requerimientos y retos, más allá de los productos en los que pueda estar interesado en un momento determinado.

En segundo lugar, estamos tratando de aumentar el nivel de discusión estratégica con nuestros clientes, migrando desde un modelo donde en muchos casos somos percibidos y requeridos como expertos hacia un modelo en el que somos sus verdaderos asesores y socios a la hora de discutir y aportar acerca del futuro de la compañía, de decidir las direcciones que tienen que tomar, de definir las geografías a las que expandirse… Gracias a nuestro conocimiento de los sectores, a nuestra presencia en el mundo de las transacciones y a nuestra red internacional, la visión que podemos aportar en esos entornos, aparte del trabajo puramente técnico, es vital.

En tercer lugar, estamos incrementando o profundizando en la especialización sectorial como forma de dar mayor valor añadido. Es algo que la escala crítica alcanzada con los años nos permite hacer de forma efectiva y eficiente.

Por último, estamos invirtiendo en captar y desarrollar a nuestros profesionales hacia modelos con perfiles más polivalentes o ricos en nuevas competencias, sin perder la capacidad técnica que nos ha caracterizado históricamente, porque esa es la única forma de poder llevar a cabo los tres objetivos anteriores. No podemos olvidar que estamos en un negocio de personas y de clientes.

A.B.: Por último, ¿para cuándo esperamos una recuperación del mercado?

I.F.: Probablemente, y a diferencia de otras recesiones, la respuesta sea diferente en función de la geografía o mercados.

En el mercado americano, estamos viendo una mayor confianza que ha llevado a una reactivación importante; existe la convicción de que no va a haber una doble recesión y, por tanto, el mercado de M&A está siendo mucho más activo y la financiación está fluyendo. No hemos alcanzado niveles pre-recesión, pero sí hay un flujo sostenido de financiación, existencia de activos interesantes y precios adecuados que permite tener una actividad de M&A razonable.

Del mismo modo, estamos viendo mayor actividad en Asia, si bien no a los niveles previos. Los mercados asiáticos y emergentes son considerados mercados clave en los que hay que tener presencia por sus dinámicas de crecimiento y relevancia a largo plazo, por tanto, las compañías están reactivando su actividad de M&A al objeto de desarrollar o consolidar su posicionamiento estratégico.

Sin duda, donde estamos detectando un mayor reto en la reactivación es en Europa. Si, normalmente, con respecto a los EE.UU., siempre ha existido cierto decalaje en el período de reactivación, dada la actual coyuntura específica del mercado europeo, las empresas necesitarán un confort adicional para lanzarse de nuevo a una actividad de M&A sostenida, redundando en un mayor retraso, estando indudablemente el año 2012 dentro de esa categoría.

Curiosamente sí estamos observando en Europa un mayor nivel de actividad intramercado; es decir, transacciones donde los compradores y vendedores son nacionales, porque hay más confianza acerca de la evolución previsible de sus propias geografías (como en el mercado británico, el alemán y el suizo), pero hay mucho menor número de grandes operaciones corporativas transnacionales.

A.B.: ¿Podría aventurar el medio plazo?

I.F.: Es un reto. Hasta el segundo semestre no cabría esperar mejores noticias; de hecho, creo que todavía quedan importantes incertidumbres que despejar en el corto plazo para que podamos ver una reactivación del mercado y la confianza, así como el flujo de financiación necesario para la actividad de M&A. Mi previsión es que veremos niveles crecientes de actividad hacia finales de 2012, pero con grandes diferencias geográficas.

 


Entrevista publicada en Executive Excellence nº90 mar12

 

 


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