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Categoría: Management Español

Eduardo Jáuregui Narváez es Doctor en Ciencias Políticas y Sociales y Profesor de Psicología en Saint Louis University (Campus de Madrid). Miembro de la International Society for Humor Studies (ISHS), se dedicó desde 1993 a 1998 al estudio académico del humor en prestigiosas universidades europeas: Oxford, London School of Economics, Instituto Universitario Europeo. 

Tiene cinco años de experiencia en empresas como Meta4, Netjuice y Scient, aplicando el humor en el entorno laboral: innovando campañas publicitarias, rediseñando espacios de trabajo, organizando eventos y reuniones temáticas y editando comunicaciones internas. En 2004 fundó junto con Jesús Damián Fernández la consultora de formación “Humor Positivo”, cuyo objetivo es mentalizar a las empresas de que el humor es el mejor sistema para conseguir un buen ambiente de trabajo, algo que a la larga repercute en una mayor eficacia. Entre sus clientes se encuentran: DaimlerChrysler, Banco Sabadell, Endesa, Olympus, GlaxoSmithKline, ING Nationale Nederlanden, o Bic Graphic. 

Eduardo Jáuregui es autor de “El Sentido del Humor: Manual de Instrucciones” (RBA) y “Amor y Humor” (RBA) y co–autor de “Alta Diversión: los beneficios del humor en el trabajo” (Alienta) y “Juicio a los humanos” (RBA). Ha publicado también más de 60 artículos en medios como El Mundo, ABC, Capital Humano, Emprendedores y Mente Sana. Como conferenciante, ha sido invitado a numerosos foros tanto nacionales (Congreso de AEDIPE, Escuela de Verano de la UIMP, Encuentro "Directivos" de Cajasol) como internacionales (Royal Institution of Great Britain, Positive Psychology Summer Institute, International Society for Humour Studies, Forum Capital Humano en Lisboa). 

Eduardo es uno de los especialistas más demandados en medios de comunicación para tratar temas relacionados con la risa y el humor, entrevistado para medios como la contraportada de La Vanguardia, el telediario de TVE–1, CNN+, la sección de negocios de El País, el diario Expansión, La Gaceta de los Negocios, la revista La Clave, el espacio de “Hoy por Hoy” de la Ser y el late night de Andreu Buenafuente.

FRANCISCO ALCAIDE: Decía Groucho Marx: “El humor es una cosa demasiado seria”; Alejandro Jodorowsky afirmaba: “Sin humor no hay sabiduría”; y Krishnamurti: “La inteligencia o falta de inteligencia de una persona se mide por las cosas que le hacen reír”. ¿Cuál es la frase que diría Vd. al hablar del humor?

EDUARDO JÁUREGUI: Habría que empezar con la de Enrique Jardiel Poncela: “Definir el humor es como pretender atravesar una mariposa usando a manera de alfiler un poste telegráfico”. Sintetizar el humor es complicado aunque precisamente mi tesis doctoral tuvo como línea de investigación ese objetivo. Quise desarrollar una teoría causal de la risa. Hasta la fecha no sabemos qué nos hace reír. Hay diferentes estudios científicos por parte de filósofos, psicólogos, lingüísticas, etc. pero no existe una teoría que ponga a todos de acuerdo. Este es el gran problema teórico y metodológico. Mi tesis fue un intento de crear una teoría que lograra explicar todo y la conclusión principal entronca con la idea de Calderón de la Barca o de William Shakespeare de la vida como teatro. Cada uno de nosotros somos “personas” en el sentido griego de la palabra, que significa en su origen “máscara”. Por la mañana nos ponemos nuestro disfraz y tenemos que comportarnos como la persona que somos. Normalmente logramos interpretar bien nuestro papel, pero a veces se viene abajo por meter la pata, tropezones, etc. Esto puede ser embarazoso para quien queda al descubierto, pero es también la fuente de toda comicidad –desde el punto de vista de los demás-. En el mundo de los directivos es más exagerado porque las apariencias son excesivas. Hay mucho que perder y los ejecutivos tienen que dar una imagen perfecta e impoluta para que no queden al descubierto sus carencias. Su máscara les requiere pautas de actuación exquisita que les causan mucho estrés por miedo a hacer el ridículo. Por este motivo, es muy importante que sean las propias personas que ocupan puestos de alta responsabilidad los primeros en reírse de sí mismos para reducir esa presión y que el resto les vean como seres humanos. Si la imagen que tienen los empleados de los directivos es de semidioses es muy fácil que luego sean los demás los que se rían de ellos. Es bueno tener una visión autoirónica aunque sin humillarse ni excederse. 

F. A.: Vd. es autor de “Alta diversión: los beneficios del humor en el trabajo” y también de “El sentido del humor: manual de instrucciones” y “Amor y Humor”. De todo lo que ha investigado, ¿qué es lo que más le ha llamado la atención?

E. J: Quizás la paradoja de que las causas del humor sean tan desconocidas cuando es un tema tan familiar para todos nosotros. Es un misterio para la ciencia, pero algo cotidiano para cualquier persona. Todos sabemos, intuitivamente, lo que hace gracia y lo que no, pero no sabemos explicar por qué en palabras.

F. A.: ¿Existen en el mundo de la empresa estudios empíricos que demuestren la relación entre humor y beneficios empresariales?

E. J: Medir la rentabilidad de cualquier iniciativa es complicado, pero lo que podemos decir es que hay empresas que aplican el humor a sus políticas y procesos, y les va bien. Por ejemplo, Southwest Airlines explica a los pasajeros las instrucciones de emergencia por medio de un monólogo cómico y es la primera compañía en transporte de pasajeros, sobre todo entre ejecutivos. Las instalaciones de Google se asemejan a un parque de atracciones, pero es la empresa con el crecimiento más rápido de la historia.  Dicho esto, lo que sí existen son muchos estudios científicos que apoyan los beneficios que el humor y las emociones positivas pueden tener en el ser humano. Bárbara Fredrickson es una psicóloga que ha desarrollado como complemento a la teoría del “fight or flight” (lucha o huida) de las emociones negativas la teoría del “broaden and build” (ampliación y construcción) para las emociones positivas. Cuando sientes una emoción positiva tu mente te está diciendo que estás en un entorno seguro, y por tanto, que es el momento de ampliar y construir recursos para el futuro (que nos permitirán sobrevivir), de crear cosas y acercarnos a las personas. Las investigaciones científicas han constatado que cuando tenemos emociones positivas nos acercamos más a las personas, somos más creativos, tomamos mejores decisiones y la memoria nos funciona mejor. Se nos amplia la perspectiva y somos más flexibles mentalmente; incluso los médicos hacen mejores diagnósticos. Después de reír nos sentimos más próximos a los demás. También somos más generosos. ¿Qué conclusiones podemos sacar? Por ejemplo, si quieres hacer un brainstorming es mejor que sea en un buen clima de trabajo; lo mismo si hay que tomar decisiones estratégicas; y por supuesto si queremos causar una buena impresión a un cliente. Trabajar en un entorno de emociones positivas permite alcanzar mejores resultados.

F. A.: Pónganos algún ejemplo de empresas españolas que hayan decidido conscientemente aplicar el humor en sus políticas con los empleados.

E. J: Un ejemplo es Air Nostrum. Su Consejero Delegado, Carlos Bertomeu, cree firmemente en la importancia del humor en el trabajo, y mucho más en su sector, tan estresante, donde es fundamental que haya un buen clima de trabajo porque si no el día a día sea hace insoportable. Este directivo tiene muy en cuenta el humor a la hora de seleccionar a la gente de la que se rodea  incluso en sus propias reuniones le gusta comenzar con alguna anécdota o chiste gracioso. Además, celebran un par de fiestas al año en la que los directivos participan como actores. En una de ellos se proyectó una cámara oculta en la que el Consejero Delegado ponía en un aprieto a otros ejecutivos de la compañía con propuestas totalmente absurdas, en su propio despacho. Así, por ejemplo, le propuso al Director Comercial que durante el “mes de Asturias” las azafatas se vistieran con trajes regionales asturianos, escanciaran sidra y sirvieran centollo. Cuando el Director Comercial le hizo notar que la sidra podría caer al suelo y filtrarse a la maquinaria, Bertomeu le respondió “¡pues echamos un poco de serrín y ya está!” En la última fiesta de Navidad, la empresa realizó una especie de “Operación Triunfo” con tres categorías: mejor solista masculino, femenino y de grupos. Entre el jurado uno de los directivos aparecía disfrazado de Risto Mejide. Grabaron un vídeo y en la fiesta proyectaron el video, las mejores actuaciones y las tomas falsas.

F. A.: ¿Y con los clientes?

E. J: Hacia los clientes las iniciativas suelen ser más habituales. Dos casos muy particulares son la pescadería de Seattle, Pike Place Fish –que dio lugar al libro del mismo nombre–, o Southwest Airlines que he citado anteriormente. En España se puede citar a Frutas Dioni, una cadena de distribución del País Vasco que lleva a cabo iniciativas externas e internas simultáneamente. Semanalmente dedican una hora al humor. Además ponen chistes en los albaranes para los proveedores, y en los escaparates muestran la fruta tallada y decorada de maneras muy originales, y a veces incluso proponen concursos en la frutería. Otra empresa podría ser Springfield, que “lanzó” literalmente su moda de otoño. Con una catapulta en la Plaza de Felipe II en Madrid lanzaba la ropa por el aire. Consiguieron mucha publicidad gratis. En Barcelona hay una tienda de chucherías llamada Happy Pills. Parece una farmacia porque tiene una cruz rosa en lo alto. Cuando entras hay unas botellitas que te las sellan y te ponen etiquetas que dicen: contra los lunes, contra las tardes sin fútbol, etc. Tengo un amigo que se estaba divorciando y le regalé una que decía: contra el mal de amores. Es una tienda de chucherías que curiosamente está siempre llena de adultos.

F. A.: ¿Hay investigaciones que digan qué países tienen mejor sentido del humor? 

E. J: No hay estudios fehacientes al respecto, y además es importante subrayar  que en cada país el humor se utiliza de manera distinta. Por tanto, podríamos decir que hay distintas culturas humorísticas que complican el sacar conclusiones. No obstante, hace algunos años se hizo un estudio entre ejecutivos a los que se les preguntaba quiénes eran los directivos que tenían mejor sentido del humor. Los resultados mostraron a los ingleses primeros, a los españoles segundos y los italianos los terceros.

F. A.: ¿En qué países se aplica en mayor medida el humor en las relaciones laborales?

E. J: En Estados Unidos. La explicación quizás tenga que ver con que allí es donde se ha producido gran parte del boom tecnológico y de internet, lo que ha dado lugar a la aparición de muchos negocios por parte de gente joven muy “casual” y sin corbata que conseguía resultados, lo que ha favorecido otra forma de ver el trabajo. Ha sido la contraposición al “serious business” de épocas pretéritas. 

F. A.: ¿No deberíamos ser los españoles quienes exportásemos nuestro buen humor?

E. J: Probablemente. En España hemos cometido algunos errores en el pasado. Al ser visto por los demás como un país de toros, fiesta y playa (la “España de la pandereta”), ello se ha traducido en un cierto complejo y al final hemos intentado ser más serios que los serios. Hemos llegado, por decirlo de alguna manera, a la profesionalización terminal, de tal modo que a veces hasta sonreír puede estar mal visto. Se puede ser serio sin ser solemne, sin perder la espontaneidad y el buen humor. Southwest Airlines ha sido durante varios años la compañía aérea mejor valorada en servicio, gestión de equipajes y puntualidad.

F. A.: El humor estimula la creatividad, facilita la comunicación, mejora las ventas.... ¿Tiene efectos secundarios?

E. J: Puede tenerlos cuando no se utiliza bien. El humor es una herramienta poderosa que hay que usarla de la manera adecuada y en el momento oportuno. Hay ciertos temas, como por ejemplo la política o la religión, que son muy sensibles y pueden herir a ciertas personas. El título del último libro que he publicado, “Amor y humor”, no es casualidad. De lo que se trata es de crear un buen clima para ganar todos. Los creadores de Google querían ser una empresa de primer nivel pero al mismo tiempo resultar agradables. El humor, como todas las cosas en esta vida, si se hacen desde el respeto y el cariño, incluso desde el amor, la gente lo sabe apreciar y lo devuelve con creces.

F. A.: “2009, año del consumismo: con su mismo coche, con su misma casa, con su mismo móvil...”. ¿El humor en tiempos de crisis es más necesario o es mejor dejarlo para los buenos momentos?

E. J: El humor en tiempos de crisis es más importante que nunca. Otra cosa es que también haya que ser más cuidadoso en su utilización. El humor en épocas difíciles hace más falta porque es un salvavidas y muchas veces es lo único que nos queda. Son momentos complicados para la economía y hay gente que lo está pasando mal. Algunos dicen que la información de las páginas de finanzas debería estar en las páginas de sucesos. Hay mucha angustia e incertidumbre y no se puede frivolizar, pero a veces, cuando las cosas se ponen feas, lo único que nos queda es el sentido del humor –aunque sea por pura supervivencia-. El año pasado lanzamos una iniciativa denominada el “Día Internacional de la Diversión en el Trabajo” (Fun at work day), con una manifestación de ejecutivos de traje y bombín que llevaban pancartas de tipo “Más diversión y menos Prozac”. Para el presente curso, dado que el entorno en que vivimos no es el más propicio, pensamos que repetirlo este año podría ser una provocación. Por este motivo, pensamos en centrar el evento en la cuestión de cómo afrontar las crisis con humor. El pasado 1 de abril lanzamos un “Plan de rescate” humorístico dirigido a directivos y empleados cuyo objetivo es que la depresión económica no se traduzca en depresión psicológica. En las situaciones más terribles es cuando la gente más necesita agarrarse a algo, y el humor, sin dudas, puede ayudar. Hemos trabajado con gente afectada por el cáncer, con un centro de ayuda a mujeres maltratadas, etc., y en todos los casos el humor es un instrumento de gran ayuda.

F. A.: Un ejemplo que merece la pena citar es el del explorador Ernest Shacketon en su expedición a la Antártida.

E. J: Así es. En el momento de abandonar definitivamente el buque “Endu-rance”, inutilizable ya por el hielo, Ernest Shackleton pidió a sus hombres que limitaran al mínimo sus objetos personales, tirando él mismo al mar casi todas sus pertenencias. Cuando Leonard Hussey, el meteorólogo, se preparó para abandonar su banjo, Shackleton le detuvo, diciendo: “Ese banjo lo vamos a necesitar si nos quedamos sin comida, es una medicina mental vital”. Durante los largos meses de dura lucha consiguieron mantener el buen humor del equipo con las hilarantes canciones con las que cada miembro de la expedición, acompañado por el banjo, tomaba el pelo a alguno de sus compañeros. Convendría que quienes tengan que diseñar estrategias y reducir presupuestos en los próximos meses se preguntaran: “¿Habrían sobrevivido los hombres de Shackleton sin ese banjo?”.



Entrevista publicada por Executive Excellence nº58 abril09

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