Categoría: Modelo de negocio

Cualquier análisis del entorno financiero presente y futuro que se haga estos días pasa, necesariamente, por la situación política que estamos viviendo en Cataluña.

El contexto internacional se encuentra en un proceso de recuperación económica generalizada que afecta a los países avanzados y en desarrollo, que va acompañada de dos datos positivos: la recuperación del comercio internacional, que crece por encima del 3,5%, y una escasa volatilidad en los mercados de capitales que va acompañado de unas conductas de financiación extremadamente laxas. Esas circunstancias son las que están detrás de la buena situación economía mundial, pero también existen dificultades, como el riesgo de proteccionismo y fragmentación de la economía mundial. Además, nos encontramos con el necesario endurecimiento y normalización de la política monetaria. 

 Hemos visto cómo, poco a poco, se van retirando los estímulos extraordinarios del BCE en un contexto de muy elevado endeudamiento de la economía mundial, similar a los niveles de endeudamiento más altos de la Segunda Guerra Mundial, y en un marco de descenso de la productividad a pesar de todo el avance tecnológico y la digitalización. Estamos en una situación en la que se está produciendo una cierta contradicción entre este proceso tecnológico y la productividad. 

Deberíamos ver incrementos más intensos de este indicador, pues son todavía muy escasos, tanto en los países en desarrollo como en los avanzados. Quizá eso tiene que ver con el proceso de desapalancamiento que necesariamente debe darse en la economía mundial como consecuencia de los altos niveles de deuda, que es uno de los principales problemas y retos a los que nos enfrentamos. 

La economía europea se ha comportado positivamente: tenemos las tasas de crecimiento más elevadas de la última década, pero quedan muchas cosas por hacer: el refuerzo del marco institucional y la profundización de la unión monetaria son, sin duda, aspectos básicos. Culminar la unión bancaria, avanzar en la unión fiscal e, incluso, continuar con el proceso de integración política que es imprescindible desde el punto de vista de legitimidad de la zona euro, son aspectos muy relevantes. 

El Brexit y las elecciones en Alemania

También nos enfrentamos a muchos desafíos. El Brexit, del que aún no hemos visto sus verdaderas consecuencias, impactará de forma muy negativa en la evolución de las exportaciones tal y como hemos visto en los últimos meses; aunque las consecuencias serán especialmente malas para el propio Reino Unido, tampoco son buenas noticias para Europa. Un proceso de negociación favorable para todos será una de las cuestiones más importantes y necesarias en los próximos trimestres. Por otro lado, hemos visto como las recientes dificultades la formación de gobierno en Alemania pueden suponer problemas a la hora de avanzar en la integración económica y monetaria en la zona euro. Alemania es una economía especialmente relevante; es, sin duda, la locomotora de Europa, no solamente desde el punto de vista económico, sino también desde el punto de vista de las iniciativas. Este es el entorno en el que se está moviendo la economía española; llevamos tres años creciendo por encima del 3%. 

Me gustaría hacer una serie de recomendaciones para el corto plazo. Sin una situación de equilibrio macroeconómico, de crecimiento global, de ganancia de competitividad y de condiciones financieras adecuadas, es muy difícil que las empresas avancen. Debemos intentar mantener las mejoras conseguidas en los últimos años para que el esfuerzo de sus empresas continúe dando resultados en términos de crecimiento económico, de generación de prosperidad y de creación de empleo.  

España, una economía competitiva

En el contexto económico a corto plazo, me gustaría resaltar los positivos datos que nos han dejado el sector manufacturas y el de servicios en el mes de septiembre. El sector servicios crece próximo al 10% y el de manufacturas incluso por encima. La entrada de pedidos en el sector industrial supera el10%, poniéndolo de manifiesto el buen momento coyuntural que vive la economía española. 

Sin embargo, hay un dato especialmente relevante: la evolución de las exportaciones de mercancías. Este indica que, en lo que llevamos de año, dichas exportaciones crecen en España por encima del 9%, un crecimiento que prácticamente triplica el internacional, poniendo de manifiesto la primera clave de lo que está ocurriendo: España es hoy una economía competitiva. 

Si los indicadores al respecto pueden ser numerosos, siempre me quedo con uno: por quinto año consecutivo la economía española va a tener un superávit de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Conviene recordar que, desde el año 1960, España nunca había registrado superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Éramos un país continuamente limitado por el cuello de botella del sector exterior, cosa que hoy no ocurre.

Esta es la principal modificación del esquema de funcionamiento de la economía española, hoy capaz de crecer e incrementar su demanda doméstica sin generar tensiones inflacionistas y sin estrangular el sector exterior. Son buenas noticias que ponen de manifiesto la fortaleza y competitividad de la economía española, obtenida por vías diferentes a la devaluación en el pasado.  

Hoy somos competitivos porque nuestros costes laborales unitarios nos  permiten competir con los países de nuestro entorno. Además, las proyecciones a futuro indican que España puede continuar con esta situación durante varios ejercicios más si hacemos las cosas correctamente. El segundo factor que me gustaría poner de relieve son las condiciones de financiación de la economía española relacionadas con la política monetaria extraordinariamente laxa del BCE, que en los últimos meses se ha comenzado a retirar; pero también tiene que ver con la reestructuración del sistema financiero español y con la formación de entidades solventes que no generan dudas y no producen ese nexo “maligno” entre el sector bancario y el Tesoro. Hoy, las entidades financieras españolas son capaces de incrementar la financiación nueva a hogares y pymes en condiciones equiparables a las de la zona euro. Pueden, además, hacerlo de forma compatible con el desapalancamiento del sector privado. Hemos conseguido que un sector privado muy endeudado baje, en solo cinco o seis años, por debajo del nivel de los países de nuestro entorno. Ese esfuerzo realizado es fundamental y prueba que el sector privado, las empresas y familias españolas, están en condiciones saneadas para hacer frente a la continuidad del ciclo económico en nuestro país. 

En tercer lugar quiero subrayar la reducción del déficit público. En el año 2011 nuestra tasa era del 9%, y en 2009 del 11%. Hoy incluso podemos estar por debajo del 3,1%, saliendo del entorno de déficit excesivo. Las previsiones de la Comisión Europea indican que el déficit de los dos próximos años estará claramente por debajo. España ha hecho sus deberes, y aunque queda mucho por hacer en términos de empleo ya que tenemos una tasa de paro superior al 16%, la generación de nuevos puestos de trabajo continúa y va a seguir siendo intensa. Por otro lado, nos encontramos con un nivel de endeudamiento en el sector público que exige el mantenimiento del crecimiento económico y la consolidación de las cuentas.  

Sin embargo, el principal reto ya no es económico-financiero como ocurría entre los años 2011 y 2013, sino político. Siempre digo que las peores crisis económicas son las que tienen un origen político porque los Ministros de Economía, a veces, tienen dificultades para utilizar los instrumentos económicos para equilibrar esta situación. Lo que hemos vivido en Cataluña ha sido un factor que ha afectado, y que va a seguir afectando, negativamente a la percepción económico financiera, política y social de España. 

Impacto económico del proceso secesionista 

Hay una pregunta que se me formula de forma recurrente: ¿cuál es el impacto del proceso secesionista sobre el conjunto de la economía española? No es una pregunta es fácil contestar. Diría que, sin estas circunstancias, en 2018 el crecimiento económico habría sido como en 2017, próximo al 3%. Seguramente las agencias de rating nos hubieran subido la nota al notable alto, la (A), y nuestra prima de riesgo estaría 35-40 puntos por debajo de los 115 actuales. También, probablemente, el valor de nuestras empresas en Bolsa sería un 20% más elevado. 

En términos de crecimiento económico, y sobre un escenario central siempre prudente y cauto, hemos valorado el impacto en cinco décimas, que creo se pueden revertir; yo soy optimista. Lo que estamos viviendo en Cataluña no es una cuestión exclusivamente de legalidad, obligación ineludible para los responsables políticos, sino también de racionalidad histórica. En los últimos cinco siglos no se puede entender a Cataluña sin el resto de España, como tampoco al resto de España sin la aportación de Cataluña. 

Después está la racionalidad económica; Cataluña es una comunidad más abierta al resto del mundo que la media. Su marcha supondría desgarrar a una comunidad autónoma de los flujos económicos, comerciales, financieros y de capitales en el mundo. Todo esto lleva una conclusión simple: la independencia de Cataluña no va a tener lugar. Y no no se va a producir por todas las razones que comentaba anteriormente pero, sobre todo, por la actuación de la propia sociedad catalana. Estoy convencido de la aplicación del articulo 155 de la Constitución, junto con la convocatoria de elecciones, abre el camino a la normalidad. Estamos viendo incluso como en los últimos días se está produciendo una normalización de la situación en Cataluña. 

Hemos tenido malas noticias, como que la Agencia del Medicamento no se decidiera por Barcelona, pese a ser la mejor ciudad para acogerla. Pero yo creo que es consecuencia de un planteamiento coherente frente a lo que hemos vivido con el proceso secesionista, que es absolutamente incoherente. 

Esas son las incoherencias del proceso, que son también las que le está haciendo fracasar. Y, por eso, creo que la reacción de la sociedad catalana, y la del conjunto de la sociedad española, harán que este proceso acabe. 

Por todo eso, yo soy optimista. Estoy convencido de que después del 21 de diciembre tendremos una reacción de la sociedad catalana, volveremos a la racionalidad económica histórica, a la convivencia y la normalidad democrática.

Y creo, también, que los augurios negativos que se hacen como consecuencia de todo este proceso se darán la vuelta y Cataluña seguirá liderando el crecimiento de la economía española, como lo ha hecho en los últimos años y como sucedía hasta el final del tercer trimestre de este año. Además, la economía española seguirá generando riqueza, empleo, prosperidad y será la economía europea que más crecimiento tendrá, y más aportará a la integración europea, solucionando los problemas de una crisis económica que todavía no hemos finalizado, especialmente en cuanto a empleo se refiere, y volveremos a una convivencia democrática de la cual nunca deberíamos haber salido.  


 Luis de Guindos, ministro de Economía , Industria y Competitividad.

Entrevista publicada en Executive Excellence nº143 dic. 2017.

 

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