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El pasado 30 de noviembre, el Auditorio Palacio de Congresos de Girona acogió a los más de mil directivos ejecutivos que se reunieron para debatir y analizar su papel en el actual contexto económico, tanto a nivel global como nacional. El III Encuentro de Directivos CEDE, en cooperación con la Fundación Príncipe de Girona, estuvo presidido por su S.A.R. el Príncipe de Asturias y de Girona, quien destacó lo acertado del título: “Dirigir y abrirse al mundo sintetiza muy certeramente el papel fundamental de la internacionalización como eje estratégico para la actividad empresarial en nuestro futuro”.

Rosa Mª García, Petra Mateos, Javier Solana, Jordi Pujol, John Scott, Luis Conde… fueron algunos de los ponentes. En el siguiente número de Executive Excellence ofreceremos más información. Por el momento, reproducimos una selección del discurso de Isidre Fainé, actual presidente de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos, además de presidente de “la Caixa” y de la Confederación Española de Cajas de Ahorro. 

“Vivimos una situación que requiere de los directivos una actitud mucho más vital. Debemos actuar con determinación, entendiendo que el mundo ha cambiado de una forma irreversible y que nuestra forma de gestionar, no a sólo las grandes empresas sino también a las pequeñas y medianas, también debe cambiar. 

No debemos olvidar que nuestras decisiones han de contener un alto grado de pragmatismo, que hay que saber conjugar con los ideales compartidos. Esto se concreta procurando que nuestra gente sepa en todo momento en qué consiste su misión. Para qué hacen lo que están haciendo, qué se espera de ellos y cuáles son los planes de acción para alcanzar los objetivos. 

No olvidemos nunca la cultura de nuestra empresa, aplicada a cada uno de nosotros; y al negociar la estrategia del futuro. Compartir la información es la mejor garantía para la complicidad. Y vamos a necesitar la complicidad de todos para generar de nuevo un crecimiento sostenible.

Y qué es lo que debemos cambiar, qué podemos hacer mejor. No existen recetas mágicas, pero permítanme que comparta brevemente con ustedes 10 acciones concretas:

Primera: debemos orientar nuestra economía hacia el exterior. Es vital. De ahí el título de nuestro encuentro. Hoy este lema ha dejado de ser un consejo; es una necesidad para sobrevivir. La recuperación de la demanda interna no va ser un camino fácil. Las empresas deben salir a buscar sus nichos de mercado más allá de las fronteras tradicionales. Decir que el mercado es el mundo no es algo que solamente valga para las grandes empresas multinacionales. Todas, las pequeñas, medianas y grandes, deben participar de esta mentalidad. Hace poco oí al presidente de Telefónica diciendo que nuestro mercado son 900 millones. No sólo los 450 de Europa, sino los 500 de América Latina. 

Segunda: debemos mejorar nuestra productividad. Es la única manera de recuperar la competitividad perdida. Hemos de hacer las cosas mejor que nuestros competidores con los mismos recursos; así de simple y así de difícil. Asumamos la necesidad de pensar en ello, cada uno en su empresa. En todas, grandes y pequeñas, estoy convencido de que hay cantidad de acciones que sumadas consiguen mejoras en la eficiencia y, lo que es más importante, construyen un clima de mejora permanente.

Tercera: eliminemos rigideces y orientemos los recursos hacia los sectores más competitivos. Necesitamos una economía más flexible y dinámica en la que se eliminen privilegios y barreras para entrar en nuevas actividades. En este entorno, no podemos ser buenos en todo. Deberemos optar y centrarnos en aquellos sectores donde tengamos más posibilidades de ganar mercados exteriores.

Cuarta: apostemos por un sistema educativo que prime el mérito y el esfuerzo. Se ha perdido la cultura del esfuerzo, no de una manera absoluta, pero tenemos que recuperarla. La formación es nuestra gran apuesta de futuro. Una formación que siendo democrática en su vía de acceso, seleccione los méritos y premie y potencie el esfuerzo de los mejores. La mejor garantía de nuestro futuro estará en dar la máxima prioridad a este reto. Es más, o le damos prioridad absoluta o perderemos la oportunidad de la globalización. No nos engañemos, en el futuro deberemos competir dando más valor añadido y eso sólo será posible si contamos en nuestras empresas con personas bien formadas al frente de buenos proyectos.

Quinta: promovamos una I+D de calidad, vinculada al mundo económico. En España tenemos algunos de los mejores investigadores. Hagamos lo necesario para ser capaces de trasladar a la economía real sus investigaciones. Convirtamos nuestras inversiones en ese campo en plataformas internacionales de prestigio.

Sexta: optimicemos nuestras infraestructuras. Las infraestructuras son la “sangre” de las naciones. Son también la mejor expresión de optimizar recursos limitados. Demos pues prioridad a aquellas infraestructuras que, con estrictos criterios de eficiencia, sean un catalizador para el crecimiento. Asumamos todos el compromiso de que cualquier infraestructura debe ser una palanca para el crecimiento y no un centro de gasto.

Séptima: relancemos el prestigio de los empresarios, de los directivos y de las empresas. Es imprescindible. Solamente fomentando el espíritu emprendedor y facilitando la labor empresarial encontraremos vías para el cambio. La creación real de riqueza y de puestos de trabajo está en la empresa; básicamente la empresa. El mantenimiento del estado de bienestar que tanto nos ha costado alcanzar pasará necesariamente por compartir la idea de que más empresas y más emprendedores no son el problema; al contrario, son la solución. Y la mejor apuesta para el progreso.

Octava: debemos mejorar la productividad del sector público. Es necesario desarrollar políticas específicas que controlen el gasto y mejoren los servicios. El estímulo que en el sector privado supone la competencia debe reemplazarse en el sector público por la responsabilidad de dar mejor uso a unos recursos que son de todos. Un adecuado control en la calidad del gasto público no es una opción política, es una necesidad para el país, para que todos seamos más eficientes y más eficaces.

Novena: hemos de trabajar más y mejor. No hay más remedio. En este punto, más que ningún otro, es donde debemos ponernos al frente de la manifestación. El ejemplo es la mejor herramienta para movilizar las voluntades. Y los directivos debemos asumirlo. Ya lo dije hace tiempo: “La palabra mueve a las personas pero es el ejemplo el que las arrastra”. Mantener los niveles de salario y recuperar competitividad exigirá no sólo más inteligencia sino también más esfuerzo.

Décima: seamos capaces de atraer talento. Tratemos de tener en nuestro equipo a los mejores, para movernos en una economía donde las ideas y el conocimiento serán vitales. No lo dudéis. Las buenas empresas atraen a los mejores clientes y a los directivos de más valía.

Este país es muy rico en sus gentes, y a los directivos nos corresponde asumir la responsabilidad de ponerlo en valor. No dejemos que el pesimismo de la coyuntura restrinja nuestras posibilidades y nos rinda al desánimo. Podemos recuperar la confianza y, lo que es más importante, hacer que los demás la recuperen en nosotros. Con mayor  productividad, con políticas ortodoxas, con empresas competitivas, con directivos con talento y sobre todo con pasión, abiertos al mundo. No nos esperan tiempos fáciles, lo sabemos. Pero sabremos adaptarnos a ellos y sabremos cambiar nuestra forma de gestionar. Podemos y debemos hacerlo. Va en ello mucho de lo que en definitiva es nuestra última razón de ser: ser capaces de construir un futuro mejor para las siguientes generaciones”.


Publicado en Executive Excellence nº76 dic10

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