Brightline: reflexiones sobre la estrategia para crear un futuro compartido

 

En 1971 el World Economic Forum de Davos instauró un modelo de reunión con la convicción de que el progreso pasa por juntar a personas de diferentes ámbitos –líderes empresariales, políticos y sociales de todo el mundo– que tienen el impulso y la influencia para llevar a cabo cambios positivos. A ese objetivo ha contribuido este año Brightline Initiative, una coalición de organizaciones líderes en diferentes sectores empresariales, gubernamentales y sin ánimo de lucro, dedicada a construir una plataforma de conocimiento y redes que ofrece ideas y soluciones para eliminar con éxito la brecha que existe entre el diseño de la estrategia y su implementación. 

Ricardo Viana Vargas, director ejecutivo de Brightline y especialista en gestión de proyectos e implementación de estrategias, nos cuenta la experiencia de esta participación y sus aprendizajes del encuentro de Davos. 

EXECUTIVE EXCELLENCE: Brightline, y usted como su máximo representante, participó en el Foro de Davos 2018, un encuentro del que se puede obtener inspiración e interesantes ideas. Uno de los temas más destacados fue la innovación tecnológica que van a soportar los nuevos modelos empresariales. ¿Qué reflexiones subrayaría como las más necesarias a tener en cuenta?

RICARDO VIANA: Es un hecho que, independientemente de los grandes avances que están ocurriendo en el mundo, muchas organizaciones desaparecerán en el futuro inmediato. Los mercados cambian a gran velocidad, pero lo llamativo es que los factores que generan estos cambios podrían llevar incluso una década gestándose. 

Blockchain es un ejemplo. Esta tecnología, que fue uno de los temas candentes del Foro de Davos, llevaba gestándose diez años. Hoy no solo soporta a las monedas virtuales –como Bitcoin, entre otras–, sino que va a forma parte de la mayoría de los futuros modelos de negocio. Si hacemos una sencilla búsqueda en Google, veremos cómo nos aparecen millones de resultados. Lo interesante es que, conceptualmente, blockchain apareció en el año 2008; así que la pregunta que tenemos que hacernos es por qué tan pocas empresas se dieron cuenta de su potencial. 

Respondiendo a su cuestión, y ante este entorno tan disruptivo, me llamó la atención la importancia que tendrán los retos sociales y macroeconómicos que requieren de una actuación inmediata. 

E.E.: ¿Qué acciones específicas pusieron en marcha en esta edición del World Economic Forum y a qué conclusiones llegaron gracias a ellas?

R.V.: Desde Brightline, iniciativa apoyada por Project Management Institute y el Boston Consulting Group, hemos esponsorizado el evento realizado por The Economist: “Implementing Strategy in a Drawbridge-up World” (“Implementando la estrategia en un mundo donde el puente levadizo está levantado”). A través de una mesa redonda con líderes globales, se abordó la necesidad de evitar el proteccionismo, el aislacionismo. Las organizaciones, economías y sociedades deben comprometerse constructivamente con un proceso que genere alianzas sólidas que nos permitan solucionar los graves problemas a los que nos enfrentamos, problemas globales que nos afectan a todos. 

Aún es pronto para sacar conclusiones. Como sabe, cada Foro de Davos tiene un tema global, un paraguas bajo el cual se alojan las diferentes líneas argumentales. Este año se enfatizaba la necesidad de crear un futuro compartido en un mundo fracturado. Me pareció tremendamente acertado, ya que vivimos en un entorno donde no hacen más que aparecer grietas en muchas partes de las sociedades, y lo que los líderes deben hacer es decidir cómo responder a esos retos. 

Mi opinión personal es que necesitamos utilizar la incertidumbre actual como un trampolín para desarrollar el talento del futuro, ya que ese talento, esas personas, son las que nos van a permitir ejecutar las estrategias necesarias para conseguir resultados. 

Vivimos momentos de gran exaltación en términos de tecnología y lo que esta nos puede aportar; ya sea la Inteligencia Artificial, la robótica, los vehículos autónomos, los drones, la Realidad Aumentada, los avances en la biotecnología, el Internet de las Cosas, la interfaz máquina-persona… Todas y cada una de las ramas de las ciencias parecen progresar cada vez más deprisa, y los descubrimientos son cada vez más impactantes. Es un periodo increíble, y por eso es tan importante desarrollar capacidades que nos permitan pasar de los conceptos estratégicos a la materialización de los mismos.

E.E.: ¿Y cómo se materializan esas capacidades? ¿Cómo se pueden explotar todos estos desarrollos tecnológicos de forma eficiente y efectiva?

R.V.: Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial de Davos, nos decía que entre los muchos problemas y dificultades que hoy tiene el mundo, el más relevante para él era la comprensión y gestión de lo que se ha venido en denominar la Cuarta Revolución Industrial. Básicamente, es lo que usted plantea en la pregunta. 

El cambio tecnológico es constante, y a esta complejidad añadimos lo cada vez más impredecible que se están volviendo las economías y las sociedades. Estamos en un contexto donde típicamente se utilizan las frases de Sun Tzu…, sobre todo la referida a los riesgos y las oportunidades. Lo cierto es que, hoy en día, o una organización lidera el cambio, o es cambiada. A los líderes no les queda más remedio que formular soluciones efectivas, y sobre todo implementarlas adecuadamente. La habilidad para transformar ideas en resultados concretos me parece la más importante capacidad que necesitan no solo las empresas, sino los gobiernos o cualquier otra organización.

Necesitamos imperativamente desarrollar prácticas, guías e indicaciones que capaciten a los líderes y a las organizaciones para realizar adecuadamente el proceso que va desde la concepción a la realización. La organizaciones deben desarrollar las posibilidades de apalancamiento en sus capacidades, para poder superar el reto de la implementación de sus estrategias. 

E.E.: ¿Qué lecciones extrajo de su experiencia en el World Economic Forum? 

R.V.: Destacaría cuatro aprendizajes. El primero es la importancia que tiene conocer el entorno y aprender de él. Hay que ser capaces de aprender del paisaje, tal y como planteamos en los Principios de Brightline: no podemos ni por un momento olvidar la importancia que tiene observar el entorno que nos rodea, lo esencial que es monitorizar las necesidades de nuestros clientes, al tiempo que prestamos atención a nuestros competidores. Una organización que desee tener futuro ha de estar siempre analizando los desafíos a los que se enfrenta; y debe cuestionar siempre las asunciones y visiones establecidas que tiene sobre los mercados, los consumidores y la sociedad. 

Un claro ejemplo es lo que decíamos al principio acerca de las tecnologías emergentes. Cualquiera de ellas, como el blockchain, puede servir para ayudar a resolver alguno de los complejos problemas a los que nos enfrentamos. Estas tecnologías pondrán a prueba la forma en la que operan las organizaciones. Para estas, el reto está en posicionarse en una situación de liderazgo, pues ignorar las innovaciones puede representar su desaparición. 

La segunda idea que se ha reforzado en mi mente tras asistir al Foro de Davos es la necesidad de ser ágil y reactivo, de adaptar las estrategias a la situación real de nuestro entorno. No es casualidad que el análisis que The Economist Intelligence Unit (EIU) realizó para Brightline el año pasado resaltase que las organizaciones que tienen éxito en sus campos de operación estaban siempre obteniendo información y percepciones de sus clientes y del mercado; información que les permitía cada día ajustar su estrategia, y la implementación de la misma. El diseño de una estrategia y su puesta en marcha y realización están tan interrelacionados que ambas necesitan ser actualizadas permanentemente, en función de la información que se va obteniendo. Por eso, es clave que los líderes sean capaces de alcanzar un equilibrio, dinámico y flexible, entre su capacidad de entrega inmediata y una visión a largo plazo. 

Esto me lleva al tercer punto, proviniente también del análisis de The Economist Intelligence Unit: más importante que tener una estrategia bien planificada es la capacidad de implementarla. Una organización puede estar llena de presentaciones PowerPoint y ser magnífica en el desarrollo de documentos, pero si no tiene capacidad de traducir las estrategias en realidades, de poco sirve todo eso. Resulta tremendamente llamativo que las organizaciones sean incapaces de llevar a cabo el 20% de sus proyectos estratégicos. Del estudio de EIU, hubo una frase que me dejó con los ojos abiertos: dos tercios de los líderes admitieron que sus empresas se las veían y deseaban para efectuar la implementación de sus estrategias. 

Hay una serie de normas, de tremendo sentido común, que en nuestra organización hemos recogido como los 10 Brightline Principles, y que ignorarlos nos puede costar caro. Se trata de principios tan evidentes como tener los recursos adecuados y necesarios para implementar una estrategia, no ser excesivamente prudentes a la hora de implementarla, buscar la simplicidad evitando complicaciones innecesarias, fomentar el compromiso y la colaboración entre los equipos, no perder el interés y mantener la atención constante…, incluso ¡no olvidarse de celebrar los éxitos! Son cosas que a todos nos parecen evidentes, pero que no siempre se llevan a cabo; por el contrario, a menudo se ignoran. 

Para terminar, me llamó mucho la atención la importancia que se da a la inclusión. En un mundo conectado como el actual, las barreras no son la solución, sino más bien el problema. Los líderes necesitan encontrar vías para que el proceso de implementación de estrategias genere prosperidad para todos. Es esencial crear un medio ambiente adecuado donde las ideas se puedan compartir, donde las experiencias se puedan vivir conjuntamente, donde la prosperidad y los beneficios se combinen con nuestro crecimiento social. Recuerdo un comentario que hace tiempo me hizo un especialista en el sector energético: “La energía menos contaminante es la que no se gasta”, me dijo. En definitiva, la eficiencia es crítica. Cada 20 segundos se pierde un millón de dólares por ese vacío que existe entre lo que una idea nos promete en términos de potencial y sus resultados reales; por ese vacío que existe entre las estrategias y la implementación. 

Como afirma Miki Tsusaka, director y CMO de Boston Consulting Group: “La noción de que estamos haciendo algo bueno para la sociedad es cada vez más importante en los objetivos corporativos y de gestión empresarial”. El crecimiento económico y hacer el bien no se compensan entre sí; ambos son igual de importantes. 


Entrevista con Ricardo Viana Vargas, director ejecutivo de Brightline Initiative. 

Texto publicado en Executive Excellence nº150 julio-agosto 2018.  


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