IpT (Internet para Todos): reduciendo la brecha digital

IpT (Internet para Todos): reduciendo la brecha digital

Según la ONU, aproximadamente el 50% de la población mundial estará conectada a Internet a finales de 2019. La otra mitad desconectada, unos 3.800 millones de personas, no tendrá posibilidad de aprovechar los beneficios socioeconómicos que brinda la digitalización. Para contribuir a revertir esta situación y democratizar el acceso a Internet, Telefónica inició en Perú hace un par de años uno de los mayores proyectos de colaboración abierta: Internet para Todos (IpT). 

A la iniciativa en este país andino ya se han sumado otros socios, como Facebook, BID Invest y CAF, con el objetivo de conseguir que 100 millones de personas, un 20% de la población de América Latina que vive en zonas remotas y despobladas, goce de las ventajas de la economía digital. Por el momento, se ha conectado a 2.000 comunidades de zonas alejadas del Perú, beneficiando a 600.000 personas. 

IpT busca resolver el reto de la conectividad rural, siendo además sostenible desde el punto de vista económico, gracias a un modelo operativo abierto que Bernardo Quinn, actual CEO de Hispam Sur de Telefónica, conoce con detalle. 

Argentino, ingeniero industrial por el Instituto Tecnológico de Buenos Aires y MBA por Harvard Business School, Quinn lleva vinculado a la compañía desde 1992, donde ha liderado diferentes áreas en varios países. En el 2001, se trasladó a Madrid, donde fue nombrado director general de Planificación Estratégica y Desarrollo de Negocios en DataCorp.

Posteriormente, dirigió el Departamento de Planificación, Marketing y Clientes Globales para la unidad de Clientes Corporativos en América Latina y fue responsable de los negocios en EE.UU. y la unidad de la compañía en Colombia. En 2008, se convirtió en miembro del Comité Ejecutivo de Telefónica España como responsable de Estrategia, Calidad e Innovación en la empresa. En octubre del 2009, fue nombrado director de Estrategia de Recursos Humanos y Talento Directivo, y en 2012 continúa su carrera ya como director global de Recursos Humanos de Telefónica. A partir de 2018, tiene la responsabilidad de liderar la región Hispam Sur.

Nadie mejor que Quinn para explicar qué es IpT, no sólo porque habla desde la experiencia, sino porque lo hace con la pasión de quien se siente orgulloso de trabajar en una compañía comprometida con que la innovación garantice la inclusión de las personas. 

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: Michael Porter nos hablaba de su teoría del Valor Compartido (Shared Value) basada en la importancia de dotar de sentido a los negocios, más allá de los aspectos puramente financieros y materiales. Internet para Todos (IpT) parece seguir este planteamiento, además de contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. ¿Qué filosofía subyace de este proyecto tan ambicioso impulsado por Telefónica? 

BERNARDO QUINN: Volviendo a la teoría de Michael Porter, claramente Internet para Todos (IpT) es el tipo de iniciativa que da sentido y genera valor para un montón de partes. En nuestro caso, como empresa de telecomunicaciones, nos recuerda para qué estamos aquí. Cada compañía tiene su propia visión, pero cuando a Telefónica nos preguntan cuál es la nuestra, tenemos claro que lo que deseamos es conectar a las personas, pues son ellas las que dan sentido a la tecnología, y no al revés. Queremos hacer un mundo mejor conectando la vida de la gente, y eso se materializa con este tipo de proyectos.

IpT nace de identificar que de la misma manera que estamos atendiendo a centros poblados y ciudades de los principales países, existen lugares rurales donde no hemos podido llegar. IpT surge con la visión y pasión de querer conectar a esa gente que hoy no tiene acceso y evitar que la brecha digital siga agrandándose, porque si sólo le damos conexión a Internet a un determinado colectivo, estamos haciendo que otros se queden cada vez más aislados en el mundo. 

Muchas veces identificar una oportunidad de negocio se desprioriza frente a, por ejemplo, seguir desplegando redes de fibra óptica o incrementando la capacidad de 4G en las capitales. Este suele ser el típico proyecto que no prima a la hora de tener un capex o unas inversiones acotadas y limitadas. Por eso tuvimos que buscar formas totalmente disruptivas para poder llegar a las poblaciones rurales, lo que incluye desde nuevas alternativas tecnológicas y, más interesante, el reconocer que no tiene sentido hacerlo solos, sino buscando acuerdos con terceros. 

F.F.S.: De hecho, IpT es una iniciativa original de Telefónica, a la que se han ido sumando en Perú diferentes partners, como Facebook, BID Invest y CAF. ¿Cuál es el intrahistoria de esta colaboración abierta? ¿Y por qué decidieron comenzar en este país hace un par de años? 

B.Q.: Estimamos que hoy en Latinoamérica debe haber del orden de 100 millones de personas –incluyendo Brasil– sin acceso a Internet, aunque es una información difícil de cruzar y verificar. A pesar de que estamos haciendo pilotos para averiguar cómo desplegar esta experiencia en diferentes países y hemos avanzado en ciertos aspectos en Argentina y Colombia, decidimos poner el foco inicial en Perú por centrarnos en un país y demostrar que se puede tener impacto real para poder contarlo. 

En el caso del Perú, hay seis millones de personas sin acceso a Internet. De esos, posiblemente menos de la mitad sólo tengan cobertura 2G en la actualidad, es decir, únicamente cobertura de voz; y hay otros tres millones sin acceso. 

El equipo de Innovación de Telefónica ya mantenía conversaciones con Facebook, cuya misión comparte el objetivo de llegar con Internet al mayor número de lugares posible, ya que les interesa que sus plataformas tecnológicas puedan ser utilizadas por más personas. Con ello identificamos este reto de la ecuación coste-beneficio, para hacer que sea un negocio también atractivo en estas zonas. 

Decidimos luego invitar a otros dos socios, en este caso financieros, que también participan en el equity, como son BID Invest (miembro del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo) y la CAF (Confederación Andina de Fomento). Se trata de dos bancos de inversión que tienen en su misión y visión el encontrar este tipo de proyectos en Latinoamérica. Junto con Facebook, BID Invest y CAF, creamos una empresa, una entidad jurídica independiente y separada donde nosotros, como Telefónica del Perú, aportamos nuestros activos de 2G presentes en zonas rurales del país, y gracias a la aportación de estos tres socios vamos a dar cobertura a 30.000 centros poblados peruanos de aquí al 2021, una fecha emblemática pues coincide con el bicentenario de la independencia del Perú. 

Es decir, Telefónica del Perú abre a IpT Perú su negocio rural, y Facebook, BID Invest y CAF invierten en la nueva compañía con el objetivo de mejorar los servicios de voz existentes y desplegar nueva infraestructura para ofrecer cobertura móvil de Internet bajo un modelo mayorista.

Mayorista, porque ofrecemos la posibilidad de que cualquier empresa de telecomunicaciones no tenga que volver a desplegar sus infraestructuras en esos sitios –lo cual no sería rentable–, sino que pueda subirse directamente como un operador móvil virtual y apalancarse en una única estructura física. 

Hace algo más de dos meses, coincidiendo con los 25 años del inicio de operaciones de Telefónica en el Perú, hicimos la inauguración oficial de IpT en Moya, una pequeña ciudad de la provincia de Huancavelica, una zona deprimida del país situada en la sierra a más de 3.000 metros de altura. Nuestra experiencia allí fue espectacular. Todos nos recibieron con gran ilusión, vivimos anécdotas muy emotivas, y estoy convencido de que a partir de ese momento les ha cambiado la vida y han pasado a estar integrados en el mundo.

Una de las cosas que hicimos fue una vídeo-llamada a Atalaya, otro pueblo de la selva amazónica peruana que cuenta con Internet 4G desde agosto del año pasado como parte de la fase piloto de despliegue de IpT. En esta ocasión, nos acompañó a Moya el profesor Juan Cadillo, considerado uno de los 50 mejores docentes del mundo según The Global Teacher Prize 2017, quien había tenido la oportunidad de impartir una clase por vídeo a los alumnos de Atalaya.

F.F.S.: ¿Cómo se logra desplegar una red de telecomunicaciones en lugares donde hay poca densidad poblacional y con orografías tan complicadas? 

B.Q.: Supone todo un reto. El objetivo de IpT es seguir conectando de aquí a final de año del orden de 27 pueblos por día. Aunque tecnológicamente es complejo, gracias a esta iniciativa un total de 1.700 centros poblados en Huancavelica contarán con Internet 4G en 2019. 

Para lograrlo, combinamos todos los elementos de red disponibles –por eso son redes muy heterogéneas– y aprovechamos los enlaces de fibra óptica existentes. Podríamos

decir que optimizamos el despliegue de la fibra óptica reduciendo los costes. Si esta llega hasta un cierto punto, a partir de ahí incorporamos una serie de elementos de radio enlaces digitales. Ese fue el caso de Moya concretamente. Si los radio enlaces no están disponibles en el corto plazo, también se puede utilizar capacidad satelital. Igualmente estamos en fase piloto con high altitude platforms; de hecho, somos la telco más avanzada en esta alternativa, aún en experimentación. 

F.F.S.: En el pasado congreso RISE de Hong Kong, uno de los grandes generadores de software para el sector automoción se lamentaba de que esta industria no permitía desarrollar aplicaciones que sirvan para todos (como sí ocurre en la telefonía móvil), con el consecuente retraso y barreras de crecimiento que eso implica. El caso de IpT es justamente el contrario. ¿Por qué han apostado en Telefónica por seguir este modelo de aprovechamiento máximo de sinergias y qué beneficios reporta? 

B.Q.: Para nosotros esto supone un aprendizaje tremendo, porque lo que estamos descubriendo en este proyecto a gran escala desarrollado en Perú lo queremos trasladar a otras partes del negocio en la región. 

Por ejemplo, hemos sido capaces de encontrar nuevas formas de desplegar infraestructura de fibra óptica para el backbone interurbano a la mitad del coste habitual. Detrás de eso, existe una lección sobre el fenómeno de softwarización de la red o virtualización de la red. Históricamente, también en nuestro sector teníamos vendors tradicionales que ofrecen soluciones “más propietarias”, que incluyen elementos tanto de hardware como de software. Lo que hemos hecho en varios sitios es separar ambos elementos –el llamado proceso de virtualización–, pues eso comporta varias ventajas. 

Primera, una reducción de costes importante, ya que ahora podemos buscar nuevos pequeños proveedores de elementos independientes; en lugar de comprar una solución integrada cerrada. Y segunda y más relevante, al haberlos separado, el software también deja de ser propietario y nos permite llevarlo a la nube. Esto es algo fundamental, porque uno de nuestros grandes retos era cómo reducir el coste de mantenimiento y operación de las redes. Obviamente no podíamos estar mandando siempre un técnico a hacer gestiones in situ a esos lugares lejanos, sino que la solución estaba en, de manera remota, poder interactuar con los diferentes elementos de red, tanto de la de transporte como de la propia radio base, que es la que termina conectando a los clientes finales. Esa apertura de red para incorporar nuevos proveedores es lo que estamos haciendo ahora, desagregando el hardware del software, y llevando este último a la nube; lo cual también favorece una gestión más remota y económica de este tipo de redes. 

Pero permíteme contarte otro caso interesante, vinculado con la tecnología, que demuestra los beneficios de este modelo compartido. 

Para Telefónica, una de las claves para el despliegue de estas infraestructuras está siendo el uso de información de diferentes medios. La nuestra interna nos revelaba que varias de estas poblaciones ya tenían servicio 2G, y gracias a eso sabíamos la cantidad de individuos que las usaban, el tráfico, a dónde llamaban… Mediante Facebook, hemos podido complementar esa información parcial y aislada, pues ellos tenían identificada a la gente de estas poblaciones que se conectaba a su plataforma desde otras ciudades. Es decir, personas que viviendo en estos lugares sin acceso a conectividad, cuando se trasladaban a ciudades con 4G, llevaban sus smartphones –lo cual fue una sorpresa agradable descubrir que ya tenían uno– y se podían comunicar. Esa información nos enriqueció muchísimo. 

Otra fuente fueron las fotos satelitales de los centros poblados, que nos permitieron optimizar la localización de las antenas. Históricamente, no teníamos esa información y nos trasladábamos a la plaza del pueblo, o lo más cerca de ella, y colocábamos la antena allí; pero muchas veces, la distribución de las casas alrededor no era uniforme, o incluso a 500 metros en línea recta había otro caserío… Ahora la Inteligencia Artificial permite identificar cuáles son las casas y sus tamaños relativos y formular el algoritmo para determinar realmente dónde está el tráfico, de modo que la antena se coloca donde geográficamente existe más cobertura real. 

Todo este aprendizaje es espectacular, y por supuesto nos lo estamos llevando a otros sitios. 

F.F.S.: Hemos hablado de las ventajas técnicas de este modelo de colaboración abierta, pero cómo afecta a los individuos. Desde la perspectiva del Perú, ¿cómo va a cambiar –o ya lo está haciendo– la vida de estas personas? ¿Hasta qué punto IpT se traduce en una herramienta para el desarrollo social y el crecimiento de los ingresos per cápita de quienes habitan las zonas más pobres de la región? 

B.Q.: Esto va a afectar a diferentes ámbitos: agricultura, comercio, turismo, educación, salud… 

El propio gobernador de la provincia de Huancavelica nos contaba que años atrás existió en Perú un proyecto de reforma agraria, que dejaba en desventaja al pequeño agricultor de estas zonas, en un contexto como el agrario en donde las economías de escala son tremendamente importantes. Pues bien, con todo el auge de la agricultura orgánica, IpT representa una oportunidad para ellos y, precisamente, uno de los proyectos pretende posicionar sus productos orgánicos (pues no utilizan ningún tipo de herbicida ni fertilizante), algo que hasta ahora no habían tenido capacidad de poner en valor ni darlo a conocer al mundo.

Otro de los beneficios va a ser el turismo. Estamos hablando de poblados desconocidos, que incluso los propios limeños que nos acompañaron en la delegación durante la inauguración en Moya reconocían no haber visitado jamás. Ahora cuentan con una página en Facebook, una web para darse a conocer, hacer marketing y publicitar su maravillosa naturaleza y todas las bondades que tienen. 

La salud es otro ámbito de gran impacto. No estoy hablando de una operación en remoto, que obviamente no se va a dar todavía, porque necesitarían un cirujano in situ para poder hacerla; pero sí la posibilidad de hacer consultas médicas, de transmitir una información básica, de solicitar ayuda en el caso de que los médicos locales no dispongan del conocimiento o los medios necesarios para asistir a algún paciente… Eso cambia la vida a las personas, y tenemos unos testimoniales espectaculares al respecto. Ya es una realidad.

Aunque el ejemplo que más me gusta es el de la educación de los chicos. A ellos se les abre un mundo de oportunidades para liberar todo su talento y poder estudiar y acceder a la misma información que nosotros; y no sólo a los libros que hasta ahora les daban en clase o a las lecciones de los profesores que estaban allí, que por cierto hacen una labor encomiable. 

F.F.S.: Detrás de Internet para Todos hay una visión de futuro y valor compartido, pero que implica un negocio sostenible y rentable. ¿Cómo se llega a ese objetivo? 

B.Q.: IpT se tiene que autofinanciar. Tenemos que ser rentables justamente generando economías de escala, encontrando esas otras formas más económicas de hacer los despliegues de infraestructura que he mencionado anteriormente y, sobre todo, abriéndolo a terceros. Esto es muy importante, porque podrán desplegar y comercializar sus servicios, lo cual generará tráfico sobre este operador de telecomunicaciones que es el dueño de la infraestructura. 

Por eso no se trata sólo de un acuerdo con otros socios privados, sino que también tiene que haber un acuerdo con la Administración Pública, que ha de garantizar unas ciertas reglas del juego y una regulación que permita el establecimiento de este tipo de operadores; y esto es algo que Perú tiene. Allí existe la figura del Operador de Infraestructura Móvil Rural (OIMR), que justamente lo regula, porque sin la compartición de infraestructuras nunca darían los números para un despliegue rentable en estos lugares. 

Si además, a través de esto, es posible digitalizar la tramitología, se produce un círculo virtuoso que favorecerá que estas poblaciones también se vayan digitalizando y que la burocracia propia de la relación con la Administración Pública vaya siendo cada vez más eficiente. 

F.F.S.: Usted conoce el sector de las telecomunicaciones desde diferentes ángulos y tiene una visión global única. Me gustaría saber su opinión sobre el futuro del mismo, a la luz de las previsiones que se plantean. Por ejemplo, en el congreso RISE aludían al ingente volumen de datos que supondría el desarrollo del vehículo autónomo (se hablaba de que una flota de 3.000 coches de este tipo generaría la misma cantidad de datos que Facebook en un día). Esto supone una oportunidad única para compañías como Telefónica, pues vamos a tener unas necesidades brutales de transmisión de datos, pero también un reto tecnológico y un desafío desde la perspectiva ética, especialmente para la única compañía del mundo que defiende que los datos son del usuario. ¿Qué nos depara el futuro? 

B.Q.: Es un tema complejo y apasionante, que me gustaría abordar desde dos perspectivas. En primer lugar, soy un fanático de la ley de Moore. Llevo casi 28 años en la industria, y lo que hemos hecho siempre es mirar hacia atrás y corroborar que efectivamente se sigue cumpliendo. Recuerdo que hace una década, cuando trabajaba en Telefónica España como responsable de Estrategia, la velocidad media con la que estábamos llegando a los domicilios de la capital era de un mega. Previmos entonces que para 2020 la velocidad media con la llegaríamos a los hogares españoles sería de un giga. En aquel momento, más de uno nos miraba como si estuviéramos locos, pero simplemente había que multiplicar por dos cada dos años. Se trataba de un tema exponencial. Yo vivo en el centro de Madrid, y hoy tengo 600 megas bidireccionales, y estamos en 2019.

En segundo lugar, debemos recordar la historia de las telecomunicaciones. El primer reto fue el de la telefonía fija para conectar los lugares; tuvimos que conectar 1.500 millones de sitios físicos. El siguiente fue conectar a las personas, y hoy hay más de 7.000 millones de smartphones que lo permiten. Claramente, la siguiente oportunidad –y donde nosotros jugamos un rol fundamental– es el Internet of Things (IoT) y la conectividad a Internet de, según se estima, 50.000 millones de cosas; aunque todo lo que pensemos hoy se nos queda corto, porque el límite va a ser el que nosotros queramos. 

De lo que no hay duda es de que el 5G va a ser una pieza fundamental para que eso empiece a ocurrir. Creo que la combinación entre fibra óptica más una velocidad de transmisión por la propia fibra y tecnologías que serán 5, 6… o 10G, lo que corresponda, es la gran oportunidad. Hacer que todo esté conectado es la razón de ser de empresas como la nuestra. 

Con respecto al tema de la ética, estoy muy orgulloso de que hayamos tomado esa decisión consciente. En Telefónica creemos que la información que tú generas como cliente es solamente tuya, y te garantizamos que no la vamos a dar a terceros. El desafío ético que se nos está presentando es un reto social; es algo que además no está escrito ni reglamentado, pero nosotros estamos comprometidos con desarrollar nuestra labor con transparencia, ética y honestidad. 


Bernardo Quinn, CEO de Hispam Sur de Telefónica.

Entrevista publicada en Executive Excellence nº 160, sept. 2019.