Claridad mental: clave estratégica para el éxito

Claridad mental: clave estratégica para el éxito

Una de las cosas más importantes para tener éxito es tener claridad mental, porque la claridad mental lleva a conducir todas las energías hacia lo importante sin despistarte ni dispersarte. Cuando sabes qué es importante y qué no, es fácil tomar decisiones.

La sencillez, simplificar las cosas, aporta mucha claridad mental, y esa claridad mental agiliza las decisiones, ser resolutivo o tener foco, entre otras cosas. La claridad mental es fuerza para el cerebro.

Un ejemplo de esto es The Paradox of Choice: Why More is Less (La paradoja de la elección: por qué más es menos) conocido libro del profesor y psicólogo Barry Schwartz (Swarthmore College). Allí se cuenta el siguiente estudio que es un clásico sobre la psicología del consumidor. Los investigadores, Sheena Lyengar (Universidad de Columbia) y Mark Lepper (Stanford), pusieron a un grupo de compradores de un supermercado frente a una selección extensa de mermeladas (24 clases) y a otro frente a una selección más limitada (6 clases). Los resultados demostraron que mientras un 30% de los consumidores que sólo pudieron tener acceso a 6 mermeladas acabaron llevándose un tarro, únicamente un 3% de los del primer grupo compraron.

La conclusión es obvia: a partir de un número de alternativas, el cerebro se bloquea y le cuesta decidir. Racionalmente creemos que más es mejor, pero la evidencia empírica demuestra que no es así. El exceso de alternativas lleva a la duda, a la confusión, a la parálisis, a la dispersión.

Hoy día esto es aún más relevante porque vivimos en un mundo donde hay exceso de todo: exceso de información, exceso de datos, exceso de alternativas, exceso de redes sociales, exceso de variedad de productos de una misma gama. Esa cantidad de todo produce un cierto caos —lo opuesto a la claridad— que dificulta mucho la toma de decisiones. Todo es menos lineal, más complejo, más confuso. Hay mucho ruido alrededor. Por tanto, la habilidad para no dejarse arrastrar por el entorno, tener pensamiento propio y mirar desde arriba —que siempre ha sido importante— es crítica y adquiere mayor relevancia en el contexto actual.

Cuando Steve Jobs volvió en 1997 a Apple, la compañía que él mismo había fundado años atrás y de la que había sido despedido, dos palabras definieron su estrategia: sobrevivir (survival) y sencillez (simplification). Respecto a la que nos ocupa, la sencillez se convirtió en uno de los rasgos de su liderazgo y en una extensión de su persona a toda la organización: en sus presentaciones, en la estructura de la empresa, en la clase de equipos, en sus claims (iPod: mil canciones en tu bolsillo) o en sus productos, ya que cuando regresó a la empresa había más de 40 productos y los redujo a tan sólo 4. Esto comentaba Jobs: "Este ha sido uno de mis mantras: foco y sencillez. Lo simple puede ser más difícil que lo complejo. Tienes que trabajar muy duro para pensar con claridad y hacer las cosas sencillas. Pero merece la pena, porque una vez que lo logras puedes conseguir cualquier cosa. La sencillez es la suprema sofisticación".

Jack Welch, CEO de General Electric durante más de veinte años y considerado por Business Week el mejor ejecutivo del siglo XX, también apuntaba: "Los directivos inseguros crean la complejidad. Los directivos asustados y nerviosos utilizan libros de planificación muy gruesos y complicados, y diapositivas llenas de todo lo que han aprendido desde su infancia. Los líderes de verdad no necesitan confundir. La gente debe tener la confianza en sí misma para ser clara, precisa y estar segura de que cada persona en su organización, desde la más importante a la menos, entiende cuál es el objetivo básico del negocio. Pero no es fácil. Es increíble lo difícil que es ser simple para la gente; cuánto miedo le da ser sencilla. Les preocupa el hecho de que si son simples, los demás pueden pensar que son tontos. En realidad, claro está, es justo al revés. La gente con la mente más clara y preparada es la más simple".

Creemos que para crecer hay que hacer más cosas. Siempre más. Parece coherente. Más productos, más procesos, más personas, más de todo. El negocio se va desarrollando. Se va haciendo más complejo. Esta es una forma de crecer, la tradicional. No haces nada especial, sólo te dejas llevar por la inercia del desarrollo. Pero, ¿es esta la mejor fórmula?

Entre 1985 y 1989, el sector de fabricantes de máquinas en Alemania creció la mitad del PIB alemán. En el sector, algunas compañías crecían al 3% y otras lo hacían al 9%. Para conocer las causas de esas diferencias, la consultora Mckinsey realizó un estudio —que llevaría por título Simplicity wins (La sencillez gana)— en el que analizó muchas de esas compañías (productos, procesos, clientes...) y arrojó una conclusión clara: las empresas con mejores resultados eran las más sencillas. Estas compañías superaban al resto en muchas de las áreas, y como consecuencia tenían crecimientos superiores a la demás.

¿Y cómo ser sencillo? El estudio de Mckinsey aporta una fórmula centrada en tres elementos:

1. OBJETIVOS. Pocos objetivos y poco complejos. Hace algunos años le pregunté a un directivo del Real Madrid del equipo de Florentino Pérez qué había aprendido trabajando codo con codo con él. Me dijo varias cosas, pero una de ellas fue la siguiente: "Tiene siempre tres o cuatro ideas fuerzas que guían su estrategia, y luego es muy insistente en ellas hasta que están absolutamente asentadas e interiorizadas. Los procesos de asimilación no sólo tienen que ser lentos sino que deben de ser muy insistentes; por eso no se puede hablar de veinte cosas a la vez".

2. ESTRUCTURAS. El empresario mexicano Carlos Slim señalaba cierta vez: "Estructuras simples con mínimos niveles jerárquicos. En definitiva, operar con las ventajas de la empresa pequeña, que son las que hacen grandes a las grandes empresas". La burocracia es el Drácula de la empresa, aniquila muchas iniciativas, quita energía, genera conflictos y otros muchos derivados.

3. PROCESOS. La ejecución es la clave de todo, y los procesos son los que facilitan u obstaculizan que así ocurra. Procesos simples, directos y en menos tiempo. ¿Has visto la web de Hawkers? Sencilla. ¿Y sus productos? Sencillos. ¿Y su proceso de compra? Muy sencillo. Lo mismo pasa con Amazon. Puedes comprar en un clic sus productos directamente. Todo para facilitar la decisión (impulso) de compra.

SIM-PLI-FI-CA. Pocas cosas pero importantes, y después mucho foco para concentrarse en ellas. Decide los key factors (factores clave) del negocio y el resto, deséchalo, y no pienses más sobre ello, te quita energía, atención y tiempo. Bruce Lee lo resumía así: "No has de acumular, sino eliminar. No se trata de aumentar cada día, sino de disminuir cada día. Cultivarse a uno mismo culmina siempre en la simplicidad". 


Francisco Alcaide Hernández, conferenciante, escritor y formador en liderazgo y motivación. Autor del bestseller Aprendiendo de los mejores (19ª edición)

Texto publicado en Executive Excellence nº164, feb.2020