Un mundo de abundancia

Un mundo de abundancia

Realmente estamos viviendo un momento extraordinario en la historia de la humanidad, y por ello es importante comprender cómo de rápido está cambiando el mundo, empezando por la forma en la que se entiende esa aceleración y qué significa.

Mi próximo libro se titula The future is faster than you think (El futuro es más rápido de lo que piensas). La gran mayoría no es consciente de la velocidad del cambio. La ideas, al percibirse desde puntos de vista limitados, como los que puede tener un científico de la impresión en 3D o de la Inteligencia Artificial, no se suelen contemplar de forma agregada, pero cuando las contemplamos de forma convergente, asociándose las tecnologías entre ellas, podemos percibir el impacto brutal de la transformación que ejercen en los modelos de negocio.

Cada empresa, cada forma a través de la cual nos ganamos la vida va a cambiar radicalmente, y no en 20 o 30 años, ¡sino en la próxima década!

Cuando hablemos de aceleración, hemos de pensar en el crecimiento de la tasa de innovación, no en algoritmos integrados. La innovación hoy es el fruto del intercambio de ideas entre individuos: tengo una idea y la comparto con mi amigo quien basándose en ella la mejora e innova sobre ella, para luego volverla a compartirla conmigo. Esta conversación, de ida y vuelta, y que se puede medir matemáticamente es similar en su desarrollo a las consecuencias del movimiento de la población de las áreas rurales a la ciudad. Vemos cómo estos flujos, al aumentar, incrementan exponencialmente la densidad de las conversaciones. Lo mismo ocurre con la innovación. 

Además, existen una serie de fuerzas que, conjuntamente, están acelerando la rapidez con la que el mundo está cambiando.

1) La primera es la abundancia de la computación. Gordon Moore que en 1968 co-fundó lo que sería Intel con Robert Noyce, predijo en 1965 a Electronics Magazine, siendo responsable de R&D en Fairchild semiconductores, que el número de componentes en un circuito integrado se duplicaba aproximadamente cada 18 meses, y era probable que esa tendencia continuase durante 10 años. Esa predicción, que con el tiempo se transformó en un objetivo a alcanzar, ha continuado ya 50 años.

Hemos pasado del primer circuito integrado, de dos transistores, a su primer producto comercial en 1971, con 2.300 transistores a razón de un dólar cada uno, una velocidad de 7.4 Khz y un tamaño de 10.000Nm. Hoy un procesador Intel Core i9 de 14Nm tiene alrededor de 7.000 millones de transistores con una velocidad de 4.8Ghz: 27.000 millones de veces mejor en precio y rendimiento. Esto, que resulta difícil de entender, refleja el aumento masivo del poder computacional que nos impulsa.

A lo largo de los últimos 110 años hemos vivido cinco modalidades de poder computacional: electromecánico,  relés,  válvulas,  transistores y circuitos integrados. Durante todo este proceso se ha producido un incremento continuo del poder computacional, pero solo hemos crecido a la velocidad de la Ley de Moore en los últimos 50 años. 

La Ley de Retorno Acelerado de Ray Kurzweil se basa en que los ordenadores, al ser cada vez más veloces, crearán una nueva generación con capacidades aceleradas. Esto ha ocurrido desde el principio los tiempos, pero nunca tan rápidamente como ahora con la Ley de Moore. Esta aceleración no para de incrementarse; de hecho, en muy poco tiempo, en 2023, con 1.000 dólares podremos adquirir un ordenador capaz de realizar cálculos al mismo nivel que un cerebro humano, 10 elevado a 16 operaciones por segundo. 25 años después, con esos mismos 1.000 dólares, podremos comprar un ordenador que tendrá el poder computacional ¡de toda la humanidad! 

Este poder computacional es nuestro primer acelerador, la base. Nos damos cuenta de que a medida que este poder se vuelve más rápido, ocurre un efecto cascada; las redes y sensores, la biología sintética, la robótica, la impresión en 3D, la realidad virtual y la realidad artificial, la IA y el blockchain... Todas estas tecnologías crecen en velocidad, nivel y potencia. Más aún, es la convergencia de tres o cuatro de ellas la que transforma los modelos comerciales creando la disrupción. Entre si estas tecnologías no se suman, sino que multiplican su potencia.

Este es el primer driver básico, y aunque tendamos a asociarlo con tecnologías exponenciales, se trata de algo más profundo y que va mucho más allá.

2) La abundancia de tiempo es otra de las fuerzas impulsoras. Recordemos cómo empleaban el tiempo nuestros antepasados: en buscar comida, agua y superar dificultades. Es decir, el tiempo que tenían para innovar y resolver problemas era verdaderamente minúsculo pero, a medida que la tecnología comienza a liberarnos, a permitir que nos dediquemos a otras cosas más allá de la estricta supervivencia, la cantidad de tiempo de la que disponemos para innovar crece masivamente. 

Uno de los ejemplos incluidos en el libro Rational Optimist, de Matt Gridley Noss, habla sobre el coste de la luz. En Babilonia, en el año 1750 antes de Cristo, conseguir un minuto de luz de una lámpara de aceite de sésamo implicaba, literalmente, 15 horas de trabajo humano. En 1790, una hora de luz de una vela costaba seis horas de trabajo humano. En 1880, una hora de luz de la lámpara de queroseno suponía 15 minutos de trabajo humano. La cantidad de tiempo que dedicamos a la obtención de cosas básicas no deja de disminuir. Hoy, con medio segundo de trabajo tenemos una hora de luz. Esto sucede de forma constante en todos los ámbitos. Si analizamos el coste, conseguir la cantidad de luz que produce una bombilla de cien vatios encendida todo un mes, equivaldría a 35.000 libras esterlinas en el año 1300; en el siglo XV a 15.000 libras, en el siglo XVII 10.000 y en el siglo XVIII 50 libras esterlinas. Hoy apenas cuesta 4 libras y continúa bajando. Es decir, estamos viviendo en primera persona la desmonetización, la desmaterialización de estas tecnologías. 

3) Otra fuerza que está impulsando la aceleración es la abundancia de capital. Hoy tenemos más capital disponible que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad. Quiero aportar algunas cifras para que podamos entender el ingente capital que fluye, porque su volumen es extraordinario. En 2017, y solo en EE.UU., a través de 375 plataformas de crowdfunding se invirtieron 34.000 millones de dólares. Para 2025 las proyecciones son de 300.000 millones de dólares.

¿Qué implican estas cantidades? Pues que cualquier persona en cualquier lugar, y con una gran idea puede alcanzar a quien desee en el mundo y conseguir el capital necesario para, por ejemplo, montar una empresa. Esto ha sido algo imposible hasta ahora, pero 300.000 millones de dólares van a “aplastar” la forma en la se capitalizaban las start-ups en todo el planeta, re-inventando todo nuevamente. 

Acompañando a esta tendencia tenemos la inversión de capital riesgo, con también nuevos máximos. Este año, tanto en Europa como en Asia, se han producido nuevos récords en el volumen del capital riesgo; solo en los Estados Unidos se ha llegado hasta los 84.000 millones de dólares. Se están alcanzando constantemente nuevos récords en la disponibilidad de capital riesgo para inversiones, y la velocidad a la que fluye el capital no tiene precedentes.

Un ejemplo son las decisiones que ha tomado, y va a seguir tomando, Masayoshi Son, CEO de Softbank. Ha creado la división Softbank Vision Fund, el mayor fondo tecnológico del mundo. También ha anunciado recientemente su intención de crear una cartera de 880.000 millones de dólares en la próxima década. En su libro Aiming High (Apuntando Alto) explica que está convencido de la llegada de la singularidad en los próximos 30 años, y por eso tiene prisa por agregar efectivo para invertir. Se están produciendo, como nunca antes, enormes inversiones para acelerar las tecnologías. 

4) La siguiente fuerza es la desmonetización, que nos permite conseguir hoy con 1 dólar lo que antes costaba 100. El coste de almacenar un gigabit en el año 1992 era de 500 dólares, ¡hoy ni siquiera cuesta 0,00001 dólares! El coste del ancho de banda ha caído de una forma estrepitosa, tanto es así que las llamadas de voz son gratuitas. 

Recuerdo cuando monté mi primera compañía en el año 2000. Nos gastamos cinco millones de dólares en compra de servidores, ancho de banda, software, etc. Hoy los costes se han reducido tanto que se ha producido una explosión de start-ups, y hay más capital que nunca. Secuenciar el genoma humano en 2001 costaba 100 millones de dólares, ¡y el próximo año costará 100 dólares! Jamás en la historia de la humanidad habíamos tenido tanta experimentación. 

5) También estamos entrando en un período de abundancia de la comunicación. En 1975, una llamada de un minuto a la India costaba 10 dólares, hoy menos de un centavo; 1.000 veces más barato. El 5G se desplegará entre este año y el que viene. Tendrá una velocidad de conexión de 100 gigabits que cualquier persona podrá usar en sus dispositivos inteligentes. También estamos viendo el desarrollo de compañías de drones, globos y satélites, con Space X a la cabeza y su proyecto Sartlink (la enorme red global satelital de Elon Musk), que tiene 4.000 satélites, con intención de tener otra próxima capa ¡con 7.000 satélites más! 

Hemos de ser conscientes de que si en 2017 la mitad de la población global, 3.800 millones de personas, estaba conectada, entre 2022 y 2025 estarán conectadas ¡más del doble! Y no como estamos conectados hoy, sino a escalas de un gigabit por segundo. Tendremos acceso a la información de todo el mundo a través de Google o de Baidu, y también a servicios de computación cuántica en la nube que aún no existen. Estas 4.000 millones de nuevas mentes conectadas, y el tremendo incremento de servicios, van a acelerar nuestro futuro de una forma inimaginable.

Miles de millones de emprendedores que, si antes emprendían para sobrevivir, ¿qué no podrán hacer cuando tengan acceso a todo el conocimiento y poder computacional que deseen? ¿Puede alguien osar a contradecir que quienes van a llegar no serán la fuerza que va a estar constantemente reinventando, sin solución de continuidad, nuestro mundo? 

Todo nuestro planeta va a ser como un Silicon Valley global, que permitirá acceder indiscriminadamente a toda capacidad y tecnología que se pueda necesitar, y esto va a ocurrir solo dentro de siete años.

¿Qué no podrán inventar, crear, descubrir o desear estas personas? Decenas de trillones de dólares que, sin necesidad de tener que ser justificados o contabilizados, fluirán hacia la economía global. Por todo esto, la economía clásica, la de hace unas décadas, cada día tiene menos validez.  

6) ¿Qué más va a acelerar nuestro futuro? La genialidad va a verse incrementada; un genio que vive en una aldea sin conectividad, aunque sea la persona más inteligente del mundo, estaría allí atrapado. Sería como la parábola de la semilla plantada en pedregal, y el conocimiento se perdería. Hoy, en cualquier parte del planeta, se tiene la capacidad de conectarse, haciendo que se conozcan las diferentes ideas, que aflore la genialidad. Serán los genios desconocidos quienes se conecten, pero no será esa la única forma de conexión.

7) Estamos entrando en un periodo donde no solo se conectan las personas, sino también sus cerebros. Hoy hay ya miles de millones de dólares invertidos en lo que es la interfaz entre el neurocórtex cerebral y el ordenador. Desde Bryan Johnson, en Kernel, hasta Elon Musk, en Neuralink, pasando por Openwater, Facebook, Google, IBM... Todas estas compañías, así como los departamentos de Defensa de muchas naciones, están invirtiendo grandes recursos en esta materia. Si se pudiera elegir sobre tener una población el doble de inteligente, ¿qué responderías? 

La inteligencia humana va a ser el driver dominante de la competitividad en el próximo siglo. Esto significa que la idea de conectar nuestro neurocórtex a la nube, una operación prevista para 2045, nos dará infinitas posibilidades. Nuestro querido amigo y rector, Ray Kurzweil, cree que esto sucederá 10 años antes, en 2035. Esto implica que tendremos un millón de veces más inteligencia o un millón de veces mejor memoria. Si alguien no cree que el mundo va a cambiar drásticamente, y no considera las predicciones para los próximos 17 años, digamos 2035... no tendrá un futuro fácil. No puedo imaginar ningún aspecto de nuestra vida, nuestra sociedad o en nuestra industria que vaya a  permanecer tal y como como está. Todo va a verse afectado.

¿Qué es la singularidad? 

La singularidad es el punto en el que nuestra capacidad para predecir lo que va a suceder el próximo año no va más allá de la predicción, porque la tasa de cambio es muy rápida. Así es como la Universidad recibió su nombre, del libro The singularity is here (La singularidad está aquí), cuyo nombre a su vez proviene de una analogía física con una singularidad del agujero negro. 

Estas son las fuerzas que impulsarán la aceleración y que, además de hacer a los humanos más inteligentes, también harán que vivamos más tiempo. Conozco a personas de 65 y 70 años que están en el punto más álgido desde el punto de vista intelectual y lo último que quieren hacer es retirarse, sobre todo cuando tienen la mayor cantidad de contactos, el mayor conocimiento y la mayor sabiduría. ¡Retirarse es la primera causa de muerte, dicen!

Nuestra misión también es hacer que los 100 años sean los nuevos 60 años, manteniendo a esa edad la estética, el conocimiento y la movilidad que tenemos con 60 años. Lo bueno de esto es que tan pronto como empecemos a ponerlo en marcha nos toparemos con otros 20 o 30 años de avances biológicos y tecnológicos con los que podremos agregar 10 o 20 años más a nuestra vida. Llegaremos a superar la velocidad de escape, que es el punto en el cual por cada año de vida que pasa, la tecnología es capaz de prolongar nuestra vida un año más. La predicción de Ray es que vamos a alcanzar la velocidad de escape de la longevidad en 12 años a partir de ahora. Así que, como me gusta decir: “¡pónganse el cinturón de seguridad!”.

Estamos viviendo uno de los momentos más extraordinarios de nuestra historia. Mi consejo para todos ustedes es que eviten la complacencia. No hay forma de que podamos comprender cómo de rápido está cambiando el mundo. Por eso creamos esta institución (Singularity University), para que se convierta en un recurso al que pueda recurrir durante toda su existencia. Comprender el poder que tenemos como individuos es extraordinario: tenemos el poder de verdaderos reyes y reinas, tenemos el poder de resolver cualquier problema que queramos; todos y cada uno de nosotros tenemos acceso a más poder computacional que nunca, y sigue en aumento; no hay nada a lo que no podamos acceder. 

En definitiva, depende de su convicción personal, o lo que llamamos “su propósito transformador a gran escala”,  su moonshot.

El mundo se mueve cada más rápido y el poder que usted tiene para cambiarlo también es cada vez mayor. Asistimos a un momento en el que los mayores problemas del mundo son también las mayores oportunidades de negocio.

Una de las cosas que me da gran esperanza es que un emprendedor es alguien que encuentra un gran problema ¡y va a por él! Hoy el número de emprendedores está “explotando”, y el poder que tienen para resolver problemas es mayor que nunca. Por eso creo que nos dirigimos hacia un mundo de abundancia, donde se puede generar abundancia para todos: hombres, mujeres y niños, y en el que todo el mundo tiene acceso a la mejor alimentación, educación y salud. El mundo está cambiando rápidamente, así que ¡no pestañee! 


 Peter Diamandis,  cofundador y director de Singularity University, en el 10th Global Summit de dicha organización. 

Texto publicado en Executive Excellence nº151 septiembre 2018.


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