Carlos Rodríguez Braun: más allá de lo que se ve

Carlos Rodríguez Braun (Buenos Aires, 1948) es Economista (Universidad Católica de Argentina) y Doctor en Ciencias Económicas (Universidad Complutense de Madrid). Vive en Madrid desde 1977 y es un referente y creador de opinión sobre la realidad económica, política y social de sus dos patrias.

Como Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid, aúna el rigor académico con el afán divulgativo. Así lo confirman la gran cantidad de medios de comunicación en los que participa, los libros publicados y los más de cuatro mil artículos que ha escrito. 

Fue director de España Económica y subdirector de Cambio 16 así como del programa de televisión “El Valor del Dinero”. Actualmente participa como columnista en La Razón, Expansión y el diario de Internet Libertad Digital. También colabora en Actualidad Económica y es tertuliano de Onda Cero Radio, Antena 3 y La Cuatro. 

Entre sus libros destacan: Diccionario políticamente incorrecto (Lid, 2004),  Panfletos liberales (Lid, 2005) o Tonterías económicas (Lid, 2006), un libro que nace con el objetivo de “denunciar las supuestas verdades reveladas en la economía diariamente y que en realidad no lo son”; y es que como afirma el autor, “lo reprobable no es tener opiniones, a favor o en contra, interesadas o desinteresadas, apasionadas o desapasionadas, sino tener opiniones equivocadas y, sobre todo, no saberlo”. Su último libro, de reciente aparición, lleva por título Diez ensayos liberales (Lid, 2008).

Carlos Rodríguez Braun es también Académico Correspon-diente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de Argentina, miembro de la American Economic Association, de la History of Economics Society, de la European Society for the History of Economic Thought, de la Asociación de Historia Económica y de la Sociedad Mont Pèlerin, y también integra los consejos asesores de diversas publicaciones científicas en España y otros países.

FRANCISCO ALCAIDE: Uno de sus últimos libros lleva por título “Tonterías Económicas” (Lid Editorial, 2006). Cuéntenos las dos tonterías más recurrentes que se suelen escribir o decir.

CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN: La más recurrente es pensar que el gobierno sólo tiene una cara, la de la solución. Sin embargo, el gobierno tiene al menos dos caras: la de los problemas que resuelve y la de los problemas que crea. Esto es importante tenerlo claro porque si no estamos perdidos. Si no somos conscientes de que mayor gasto público equivale necesariamente a mayor recaudación; que lo que el Estado gasta antes se lo tuvo que quitar a alguien, andamos mal. La última vez que el gasto público fue gratis fue con el maná. No había nada, sólo el pueblo de Israel, y Dios desde el cielo derramó la comida de manera puramente gratis. Desde entonces, todo gasto público ha sido a costa de algo.

Otra tontería económica habitual es pensar que la economía es una cosa muy sencilla porque trata de cosas que todo el mundo sabe: precios, cantidad y tiempo, que son las tres variables de referencia de la ciencia económica. Esto tiene sus riesgos porque te precipita hacia el sentido común y el sentido común es muy peligroso porque lo normal es que te guíe hacia el error. Lo poco que sabemos los seres humanos lo hemos aprendido siempre violando el sentido común. El sentido común dice que la tierra está quieta y se mueve el sol, cuando no es así. Esto que se ve tan claro en las ciencias naturales también es aplicable a la economía que requiere mucha cautela y prudencia a la hora de analizar.

F. A.: ¿Dónde estamos y hacia dónde vamos en relación a la situación económica española y mundial?

C. R. B.: En 2007 percibimos la existencia de la crisis y en 2008 la vamos a ponderar y saber con más exactitud su magnitud. Las dos apuestas que existen son: primera, va a ver una caída abrupta de la actividad; y la segunda, por la que me decanto, es que vamos a un periodo de decrecimiento un poco más largo.

F. A.: Sin embargo, toda crisis trae consigo oportunidades, ¿quiénes pueden beneficiarse de esta crisis?

C. R. B.: Es muy difícil de decir porque las crisis no son uniformes. Una de mis batallas es contra las metáforas en economía porque son falsas. En una crisis económica no sólo hay sectores que avanzan y otros retroceden sino que dentro de cada sector hay empresas a las que les va bien y a otras mal. Dicho esto, el sector de la construcción va a pasar por un periodo difícil, mientras que algunas materias primas y la tecnología pueden ser sectores beneficiados.

F. A.: Iñaki Gabilondo decía en cierta ocasión: “Carlos Rodríguez Braun es liberal como Mozart es músico, Mike Tyson es negro y Viriato pastor lusitano”. Vd. se define como liberal, pero ¿qué significa realmente ser liberal?

C. R. B.: Ortega y Gasset afirmaba que una cosa son las personas de una escuela y otra un grupo de gramófonos. Petrificar a la gente o poner etiquetas rebaja los costes de pensar, pero hay que intentarlo, por ello, en lugar de poner etiquetas es mejor poner contenidos. Para que el liberalismo tenga algún sentido tiene que existir una teoría detrás en la que prime la libertad sobre otros valores, porque en sentido genérico esto es lo que permite diferenciar al liberalismo del socialismo. Un socialista no es un enemigo de la libertad, sino una persona que acepta la libertad pero con la condición de que hay que compatibilizarla con otros valores, fundamentalmente el de la igualdad. En cambio, para un liberal, la libertad es lo primero y no hay que compatibilizarla necesariamente con nada. En otras palabras: es el valor, y a partir de ese valor tu edificas una sociedad, porque el liberalismo no significa ausencia de límites, los tiene: mi libertad está limitada por la tuya. En definitiva, la libertad es un valor primario, no el único, pero sí el fundamental, mientras que el socialismo lo pondría a la par de otros valores, como la igualdad.

F. A.: ¿Existen estudios empíricos que muestren que el liberalismo es la corriente de pensamiento económico-político más adecuada?

C. R. B.: Esto es un poco desasosegante para los liberales y rápidamente salimos corriendo. La economía es muy gráfica. Si los cubanos que viven mal en La Habana viven bien en Miami, hay algo que funciona bien en Miami y mal en La Habana. No obstante, el capitalismo como sistema de producción de riqueza es tan visiblemente superior al socialismo que existe la tentación de pensar que el liberalismo es el mercado, y esto es peligroso porque transforma la libertad en un instrumento: pensar que la libertad es buena porque te hace rico, mientras que si vives en un país comunista como no tienes libertad eres pobre. Lo importante no es la riqueza o la pobreza. Imaginemos que nos demuestran que la mejor economía del mundo fue la nazi. ¿Renunciaríamos a nuestros principios que nos hacen rechazar el nazismo? Nunca, porque es más importante la libertad de 6 millones de judíos asesinados que cualquier dato económico. Por tanto, a los liberales que insisten tanto en la economía yo les aconsejo que no lo hagan, porque la libertad no es un instrumento; es un objetivo, el fin, no un medio para conseguir nada. En cierta ocasión le pregunté a Karl Popper que le parecía que la libertad fuese tan buena para la economía y me dijo: “That is a very happy coincidence”. Es una boutade, porque no es casual que se viva mejor en Estados Unidos que en Cuba, pero en el fondo hay algo muy verdadero en lo que dice Popper, y es que la libertad es importante por ella misma y no por los resultados que produce.

F. A.: En cierta ocasión decía que el socialismo tiene dos ventajas respecto al liberalismo: una, que el socialismo habla de sentido común; y segunda, que tiene una prima de ética. Es decir, gana por “sentido” y por “sensibilidad”. Explíquenoslo.

C. R. B.: El socialismo tiene un atractivo enorme porque apela al sentido común. Hay pobres, démosles dinero, el 0,7% del PIB. Que las casas son caras, creemos un Ministerio de Vivienda que otorgue subsidios. Todo funciona con el sentido común, lo que es peligroso, ya que como decíamos antes, ello nos lleva a pensar que el Estado sólo tiene una cara, la de la solución, y no es cierto. El gasto público es la cara visible del Estado, mientras que la otra cara menos perceptible es la de los impuestos que están repartidos en toda la sociedad.

Respecto a que la prima ética es espectacular: los socialistas se creen mejores personas que los que no somos socialistas. Los dos discursos que hace Zapatero después de ganar las elecciones son: en 2004, nos preocuparemos de los más humildes; y en 2008 recientemente: nos vamos a ocupar de los que no tienen de todo. Esta idea de que los socialistas se preocupan de los pobres es una mentira sistemáticamente reiterada y que no tienen ningún fundamento.

F. A.: Con esta realidad, ¿qué tal es el futuro para el liberalismo?

C. R. B.: Un futuro bastante regular. La caída del muro de Berlín y la simultánea crisis del estado de bienestar puso de manifiesto algunos problemas que había detrás del modelo paradisíaco que se edifica tras la II Guerra Mundial. Entonces, los liberales empezamos a ser seducidos por las fuerzas políticas y tanto los conservadores como los socialistas de pronto empezaron a decir que eran liberales. La realidad demuestra que no es así y que ambas corrientes utilizan el liberalismo como excusa y no como doctrina. Para los socialistas, el mercado permite que las economías se enriquezcan y entonces los políticos intervienen redistribuyendo la riqueza. Los conservadores, por el contrario, pretenden rebajar los impuestos para recaudar más. Esto es un objetivo antiliberal. Hay que bajar los impuestos para recaudar menos, para que se quede más dinero el ciudadano. El liberalismo no tiene una perspectiva tan brillante a pesar de cómo sonríen los políticos.

F. A.: El Premio Nobel Joseph Stiglitz nos decía que los que han tenido la suerte de nacer en países ricos tienen el imperativo moral de ayudar a los que han nacido pobres; algo parecido al discurso de John Rawls según el cual existe una “lotería natural” por la que nacemos en un sitio u otro y eso condiciona nuestra existencia. Esto parece que va en contra del liberalismo.

C. R. B.: Esto de que los países ricos deben ayudar a los más pobres no me gusta nada. Nuestra obligación es como personas y como tales no necesitamos que Stiglitz ni Rawls nos digan que hay que preocuparse de los demás. Parece que hasta que no hubo Ministerio de Bienestar Social no fuimos solidarios. Volvemos a la misma “tontería económica” de la que hablábamos antes: identificar al Estado con una sola cara, la que ayuda a los pobres, pero poca gente ve que para ello previamente te quita dinero. La Madre Teresa de Calcuta ayudaba de verdad a los pobres, pero no vayamos a confundir a la Madre Teresa con Leire Pajín. ¿Qué diferencia hay entre ambas? La Madre Teresa decía: vosotros que tenéis una buena posición económica, dadme recursos y yo voy a ayudar a los pobres de Calcuta. Leire Pajín va a tu casa y te quita el dinero con impuestos y después va a ayudar a los pobres. La diferencia no puede ser más clara. Esto último es una novedad mientras que lo de la Madre Teresa ha existido siempre. Que tontería es ésta de que ahora el socialismo tiene que venir a ayudar a los pobres como imperativo moral. Las monjas y los curas ayudan a los pobres desde siempre. El discurso de Stiglitz y Rawls a quien beneficia es a Leire Pajín porque justifica la idea de que hay que cobrar impuestos para conseguir los mismos resultados. No se concibe la posibilidad de que la sociedad civil por sí misma pueda conseguirlo. Pongo un ejemplo. Si hoy día se produce un huracán en Guatemala, inmediatamente el Gobierno sale a la palestra para ayudar. Los huracanes en Guatemala han existido siempre. ¿Qué sucedía en el siglo XIX? El pueblo español se organizaba y realizaba colectas que mandaba al otro lado del Atlántico. Quienes organizaban estas ayudas eran los periódicos y el pueblo respondía. En la Inglaterra victoriana, supuestamente tan fría y materialista, una familia media dedicaba de media el 10% de sus ingresos a obras de caridad. Es mucho dinero. Si eso lo hace la gente libre ¿por qué necesitamos un ministerio?

F. A.: ¿Cuál es el mayor coste personal de ser un liberal?

C. R. B.: Supongo que te consideran un hombre poco solidario, de derechas, etc. Se invierten las primas éticas de los socialistas. Si en sus discursos son los buenos se entiende que los de los liberales son los malos.

F. A.: Acaba de publicar el libro “Diez ensayos liberales” (LID, 2008). Háganos un breve resumen de la obra y coméntenos algunas de las principales ideas.

C. R. B.: Es un libro más ambicioso que los anteriores. Son ensayos y reviso problemas liberales de diverso tipo. En una línea de investigación planteo un problema que me ha inquietado en los últimos años, que consiste en hasta qué punto no fueron los propios autores liberales los que crearon los problemas de los que el liberalismo padece. En el siglo XIX, con el caso de Álvaro Flórez Estrada, se ve de manera clara. Fue un valiente, tuvo que exiliarse dos veces y fue condenado a muerte en ambas ocasiones. Defendía las libertades civiles y políticas de manera radical: de comercio, de derecho de propiedad fruto del trabajo, etc., pero atacaba la propiedad de la tierra y apoyó las desamortizaciones. En el momento que se le da al Estado el permiso de expropiar una cosa ¿cómo vas a negarte cuando decide expropiar otra?

La segunda línea de investigación tiene que ver con el liberalismo y la moral; sobre cómo es compatible una sociedad libre con una sociedad moral, y al revés, cómo el estado intervencionista actual fomenta la inmoralidad, y sobre todo, la envidia, que es el sentimiento más disolvente de la sociedad, el único pecado capital que uno nunca puede estar orgulloso de haberlo cometido.

F. A.: Vd. es Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid. Háganos una radiografía de la juventud actual y cuáles son los principales retos a los que se enfrentan los centros universitarios.

C. R. B.: Llevo 36 años de profesor y 29 de ellos en la Complutense. No creo que la juventud esté peor que antes. Quizás afronta otros problemas. Cuando nosotros éramos jóvenes no había mucho paro y ahora sí que hay. 

Respecto a la universidad está ocurriendo lo que denominamos un “bien superior”, aquel cuya demanda aumenta más que proporcionalmente que lo que aumenta la renta. Al mismo tiempo que aumenta la demanda también aumenta la demanda por la calidad y entonces mientras que antes se estaba satisfecho con un determinado nivel ahora se exige más, por lo que habrá que ver si los docentes, tanto de las universidades públicas como privadas, vamos a estar a la altura de las circunstancias.


 

Entrevista publicada por Executive Excellence nº51 jun08

 

 


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