Blockchain, ¿una nueva era?

Blockchain, ¿una nueva era?

Don Tapscott es uno de los mayores expertos del mundo en blockchain. Profesor adjunto en la Rotman School of Management de la Universidad de Toronto, rector de la Universidad de Trent y miembro del Prosperity Institute (Universidad de Toronto) y del World Economic Forum, ha escrito 15 libros sobre el impacto de la cadena de bloques en los negocios y en la sociedad. 

Como consejero delegado de Tapscott Group, asesora a empresarios y líderes gubernamentales de diferentes países sobre cómo aprovechar al máximo las posibilidades que ofrece esta nueva tecnología. 

En 2013 y 2015, Tapscott ocupó el cuarto lugar en la lista de los cincuenta pensadores más influyentes del ámbito empresarial. 

La era de la comunicación inteligente

Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva tecnología. Si en los últimos cuatro años vivimos la primera fase de la era digital basada en mainframe, PC, Internet, redes sociales, cloud, big data o Inteligencia Artificial, ahora estamos entrando en una segunda era que se caracteriza porque la tecnología es capaz de aprender, y hará cosas para las que no había sido programada.

La comunicación inteligente ha comenzado a florecer y millones de objetos inanimados -pronto billones-  se conectarán para compartir información entre ellos. 

Dentro de 10 años será habitual ver circulando por la calle vehículos autónomos, y más pronto que tarde seremos testigos de un cambio en la distribución que obligará a bajar los precios de la energía; la tecnología podrá introducirse en nuestros cuerpos; se democratizará la robótica y veremos drones volando por todas partesº La tecnología está cada vez más presente en todos los ámbitos, desde procesos de negocio a organizaciones, y en este nuevo entorno el blockchain se configura como una nueva plataforma operativa para las empresas y la economía del siglo XXI.

Durante décadas hemos enviado por Internet millones de copias en diferentes formatos (PDF, PowerPoint, etc.), pero el documento original quedaba en poder del remitente. Sin embargo, los activos verdaderamente importantes para la economía -dinero, acciones, bonos, swaps, futuros, contratos, puntos de fidelidad, propiedad intelectual, bienes culturales, votos, títulos de propiedad, créditos de carbono o, incluso, nuestras identidades-, no se podían gestionar usando Internet. 

El traspaso de estos activos se tenía que realizar siempre a través de intermediarios como bancos, bolsas de valores, gobiernos o compañías de tarjetas de crédito. Estas instituciones identifican a la persona, realizan las gestiones necesarias para cambiar la propiedad, mantienen registros y, esencialmente, nos han permitido durante muchos años confiar los unos en los otros para crear valor en la sociedad. En general han hecho un buen trabajo, pero hace diez años comenzaron a aparecer problemas, y en 2008, tras caída de Lehman Brothers, se pusieron de manifiesto las deficiencias y defectos del sistema. 

Los bancos están centralizados, y esto les hace vulnerables ante el hacking. Todas las entidades, desde J.P. Morgan hasta Home Depot, están expuestas a un ciberataque y, además, son bastante ineficientes. Ganan dinero realizando determinadas operaciones, como transferencias internacionales, por las que cobran elevadas comisiones y, aprovechan la coyuntura para guardar en sus ficheros nuestros datos personales.

Tecnología que transmite valor

Últimamente se está produciendo una extraña situación en todos los países de la OCDE: las economías están creciendo, pero la clase media se está reduciendo. Los países progresan, pero disminuye la prosperidad, y las consecuencias van mucho más allá, porque este fenómeno está ayudando a impulsar determinados movimientos a nivel global, como el populismo, y llevando al poder a representantes políticos que desprenden ira y xenofobia, como es el caso de Donald Trump. 

Ahora bien, øy si además de un Internet meramente informativo tuviésemos a nuestra disposición un Internet capaz de transmitir valor? Un entorno avanzado y distribuido a nivel global donde cualquier activo que tuviese valor, desde dinero a canciones, pudiera almacenarse, administrarse, tramitarse y transferirse de manera segura y privada utilizando un activo digital que hiciese las funciones de una moneda. 

Bajo estas premisas, y observando lo que sucedía a su alrededor, Satoshi Nakamoto escribió en 2008 un artículo en el que describía una nueva forma de efectivo digital a la que denominó bitcoin. Este sistema de pago actúa como almacenador de valor y está sujeto a un interés que puede subir o bajar. De hecho, quienes lo adquirieron hace un año duplicaron su valor, y quienes lo hicieron hace seis meses perdieron el 50%. Pero también es una moneda criptográfica, no una moneda fiduciaria como el euro o el dólar (el dinero fiduciario es una moneda sin valor intrínseco que se ha establecido como dinero, a menudo por regulación gubernamental. No tiene valor de uso y el gobierno mantiene su valor porque las partes que participan en el intercambio acuerdan su valor controlado por un estado nación).

Una criptomoneda es un activo muy útil, porque no está sometido a poderes estatales y sus canales de pago son mucho más difíciles de rastrear, pero para mí lo más importante no es el bitcoin en sí, sino la tecnología subyacente, porque por primera vez en la historia de la humanidad, personas y organizaciones de todo el mundo pueden realizar transacciones P2P. Sin conocer a la otra parte interesada ni tener referencias suyas, podemos realizar transacciones con un nivel de confianza superior al que ofrece un intermediario, y con una seguridad que solo se logra mediante la criptografía, la colaboración y determinados códigos inteligentes. Esta metodología se denomina protocolo de confianza, porque la confianza es nativa e intrínseca al proceso.

¿Qué es blockchain?

Si queremos enviar 1.000 euros otra persona únicamente tenemos dos opciones: hacerlo a través de los medios tradicionales ±caros y lentos- o realizar una transacción a través de una red digital global, que ofrece el más alto nivel de seguridad. 

Cada transacción realizada es validada por los miners (mineros), un grupo de personas que cuenta con un poder de computación masivo, entre 20 y 50 veces superior al de Google. Siguiendo la cadencia de un latido digital, cada 10 minutos se crea un bloque híper seguro donde aparecen las transacciones realizadas durante ese tiempo (envíos de dinero, registro de propiedades, actas de matrimonioº). Los mineros utilizan esta potencia de cálculo para validar un determinado bloque, y el primero que lo consiga gana bitcoins.

Aquí comienza la parte más importante del proceso, porque el nuevo bloque se conecta con el anterior a modo de ™sello de cera∫ digital. Esta nueva caja únicamente tiene validez si la información que contiene está relacionada con el bloque anterior, y de esta forma se van generando eslabones que completan la cadena de blockchain. Para hackear un determinado bloque sería necesario manipular todos los bloques anteriores de la cadena y no solo en un ordenador, sino en todos los ordenadores del mundo donde se encuentra ese bloque. Además, habría que hacerlo de forma simultánea y usando un alto nivel de criptografía. 

No se puede decir que sea un sistema infranqueable, pero es infinitamente más seguro que los sistemas informáticos más avanzados que existen en la actualidad. 

A modo de analogía, podríamos decir que un eslabón de una cadena de blockchain es un producto tan altamente procesado como un McNugget, y hackearlo requeriría retroceder hasta los orígenes; es decir, convertir al McNugget de nuevo en un pollo. 

La explosión blockchain

Últimamente están emergiendo multitud de plataformas basadas en la cadena de bloques que facilitan la construcción de nuevas aplicaciones. 

Por ejemplo, Hyperledger, de la fundación Linux, permite generar aplicaciones distribuidas y contratos inteligentes. Corda, de la compañía R3, traslada actividades de la banca a plataformas blockchain. Esta aplicación está liderada por Vitalik Buterin, un joven de 19 años, está valorada en millones de dólares y más de 180 bancos han adoptado sus funcionalidades. Ripple, por su parte, es capaz de hacer  transacciones a mayor velocidad que VISA. 

Los contratos inteligentes son programas de intermediación que se ejecutan de forma automática con el objetivo de vigilar un proceso. En definitiva, el software realiza por sí solo las funciones que actualmente llevan a cabo los banqueros, los bancos, los gobiernos o los abogados. 

Pero, ¿qué tiene esto que ver con los negocios y la empresa? ¿Y con la innovación social? La cadena global de suministros tiene un valor de 50 billones de dólares en el mundo, y no es descabellado pensar que un porcentaje muy elevado de este importe podría trasladarse a blockchain.  

Por ejemplo, la carretera que unirá Hong Kong con Rotterdam, considerado el mayor proyecto en el sector de la cadena de suministros, cuenta con un presupuesto cercano al billón de dólares. Liderado por la República Popular China, involucra a 22 países y cientos de compañías, y pretende financiarse desde el punto de vista comercial °a través de blockchain!  

La empresa de mensajería Fedex pega en cada contenedor un sobre de papel con la información sobre el tipo de mercancía que va dentro. Se trata de un sistema increíblemente sencillo y manual. Pero imaginemos que disponemos de  una red compartida donde, en tiempo real, se pudiese conocer todo lo que sucede en el proceso de envío para luego combinar esa información con Inteligencia Artificial creando una gran red cognitiva; este sistema reduciría el número de abogados involucrados en la gestión, mejoraría las tarifas aéreas y también la calidad. Toda la información estaría incluida en un sistema que no necesitase de elementos de confianza -nspectores, controladores, etc.-, porque la tecnología blockchain aporta una gran seguridad. 

En los últimos años han comenzado a surgir modelos de negocio  tremendamente radicales que, estoy convencido, van a sacudir los muros de la economía global. 

Golem ha creado una alternativa real a la computación en la nube usando blockchain para compensar el uso que se hace de los ordenadores. Básicamente, se trata del primer superordenador descentralizado de código abierto al que cualquiera puede acceder, pero está formado por una gran red que incluye desde ordenadores de los usuarios (simples PCs) hasta grandes centros de procesamiento de datos. Esta plataforma paga con monedas digitales (tokens) convertibles en monedas FIAT (euros, libras, dólares ...).

Sweetbridge ayuda a las compañías a financiarse utilizando activos de sus cadenas de suministro; pueden monetizarlos vinculando tokens a activos reales en la cadena de suministro y utilizarlos para pedir prestamos respaldados por esos activos, obteniendo así recursos que permitan expandir esas cadenas de suministro.

¿Volveremos a recuperar la privacidad?

Si analizamos lo que ha sucedido en estos últimos cuatro años, da la impresión de que hemos vivido (y todavía vivimos) bajo un sistema de feudalismo digital. 

Históricamente, los señores feudales no pagaban a sus siervos por el trabajo. Estaban atados a la tierra y se dedicaban a cultivar productos agrícolas que después entregaban al señor feudal. El pobre siervo solo se quedaba unas pocas materias primas, las suficientes para mantenerse. 

¿No se parece esto al sistema que ahora mismo tenemos? 

Las personas creamos multitud de datos que luego un "tú" virtual, que además resulta que sabe más sobre ti mismo que nadie (tú incluido), utiliza a su antojo.

Probablemente nosotros hayamos olvidado qué comprábamos y dónde hace un par de años, pero el ™tú∫ digital lo recuerda todo. El problema radica en que se nos ha expropiado nuestra identidad, que está constituida por todos esos datos. ¿Qué pasaría si pudiésemos recuperar nuestras identidades y estas se incluyesen en una cadena blockchain? 

Pues ya está empezando a ocurrir. Por ejemplo, la plataforma para empresas de servicios Blackbox proporciona a los desarrolladores de aplicaciones un mecanismo que ofrece a los usuarios transparencia y control sobre sus datos personales. Trata los datos con respeto y siempre atendiendo a los permisos de protección y uso. 

Es necesario proteger el uso que se hace de nuestros datos y, además, podremos generar ingresos haciéndolo. °Y eso que decían que la privacidad estaba muerta!  

Estoy convencido de se puede volver a recuperar la privacidad e, incluso, obtener beneficios financieros de ella. La privacidad es la base de la libertad, y es vital recuperar nuestras identidades para poder administrarlas de manera responsable, utilizando esta información como nosotros queramos.

En este sentido, el big data puede ofrecer grandes oportunidades a aquellas empresas que estén dispuestas a usarlo, siempre y cuando nos brinden un servicio a cambio. Se trata de una oportunidad legítima para frenar el abuso que actualmente nos rodea.

Dentro de poco volveremos a ser los propietarios de nuestros datos, y las empresas tendrán que negociar con nosotros si quieren tener acceso a ellos. Si conseguimos generar un sistema conjunto, las bases de datos serán más grandes y mejores, porque se podrá conocer y confirmar su procedencia. 

Cada vez más compañías apuestan por el uso de esta tecnología. 

Walmart está utilizando blockchain en el ámbito de la seguridad alimentaria. Everledger ha adoptado un enfoque singular que combina lo probado con lo escalable. Utilizando tecnología blockchain y basándose en estudios forenses capaces de aportar identidad a archivos físicos, la start-up ha creado un libro de contabilidad global y digital que monitoriza y protege artículos de valor al crear pruebas de autenticidad, existencia y propiedad para los objetos. Este procedimiento proporciona una gran confianza, porque aporta mucha información y almacena el historial de cada elemento. Si este proceso se aplica a los diamantes, desaparecían todos los diamantes de sangre que tantas desgracias han causado. 

Creando innovación social

Si observamos la curva de PIB a nivel global, es evidente que las economías de todos los países crecen constantemente. Sin embargo, °la prosperidad se está reduciendo! Es un fenómeno nuevo en la historia moderna. øCómo es posible que esto suceda? La única solución que tenemos actualmente para resolver este grave problema es la tributación, porque permite redistribuir la riqueza. 

¿Pero se podría pre-distribuir la riqueza? Podemos cambiar la forma en la que esta se crea, permitiendo a las personas que participen de forma democrática en la economía. No se trata de imponer impuestos a posteriori, sino de realizar cambios a priori alterando la naturaleza de las relaciones económicas utilizando blockchain. 

En primer lugar, sería viable aplicar esta tecnología a la protección de los derechos. El 70% de la población que vive en países en vías de desarrollo no tiene un título válido para sus tierras. En Honduras, por ejemplo, los ciudadanos han sido estafados de forma masiva y se les ha privado de sus posesiones. También en la India se han registrado multitud de casos en los que se han alterado mediante sobornos títulos de propiedad. En Puerto Rico muchas personas no tenían títulos válidos de sus terrenos, y el huracán que devastó el país ha eliminado los lindes, de forma que ahora no se sabe a quién pertenecen las tierras. 

Si los títulos de propiedad de la tierra se incluyeran en un sistema blockchain, °nadie podría sentirse estafado! El registro sería transparente y público, y estaría a disposición de todo el mundo, incluso de los medios de comunicación, las instituciones globales o los ciudadanos privados.

También se podría actuar contra la estafa de remesas de dinero que envían los emigrantes. La diáspora global que manda dinero a sus países de origen, constituye el mayor flujo de dinero de todo el mundo; más grande incluso que toda la ayuda extranjera a las inversiones directas combinadas... Mi impresión es que a estas personas, en su mayoría humildes, se les estafa. Llegan a pagar hasta un 10% del importe que transfieren y, además, tardan incluso semanas, con la tecnología que tenemos hoy en día, aunque estas prácticas tienen los días contados. 

Ya existen plataformas blockchain que permiten enviar dinero a través del teléfono móvil a otros dispositivos de forma instantánea e incluso en moneda local °para evitar las comisiones de cambio! De esta forma, si un emigrante envía dinero a su madre, la destinataria recibirá el giro en su propia casa, porque será transportado por un conductor de Uber, con un coste total del 2% y en tan solo °10 minutos!

Cuando comiencen a popularizarse estos servicios, las empresas como Western Union se verán obligadas a crear un nuevo valor o servicio añadido si quieren competir con las nuevas compañías como PayKey, que crea banca social y, además, ofrece soluciones móviles de pago P2P.

El fenómeno de la desintermediación

Comencé a hablar de reintermediación hace 25 años para referirme a la creación de un nuevo servicio que añadía un intermediario a un intercambio para facilitar el negocio. Ya entonces predije que las librerías tradicionales terminarían desapareciendo si no cambiaban de modelo de negocio, porque su actividad se centra en actuar de punto de encuentro entre los editores y los lectores. Y unos años después apareció Amazon. 

A mediados de los 90, se hablaba de información en movimiento, pero hoy con blockchain la información ha dado paso a los activos. Este sistema va a reformar las estructuras más profundas y va a reformular la capacidades necesarias para crear negocios y servicios.

A través de los estudios de Ronald Coase sobre costes transaccionales podemos observar claramente cómo el factor de freno está desapareciendo. Los costes de transacción en los mercados abiertos están bajando a toda velocidad; antes era complicado encontrar dinero; ahora la dificultad sigue existiendo, pero es completamente diferente. En 2006, a través de las campañas de financiación colectiva denominadas ICO, se recaudaron 165 millones de dólares (oferta inicial de monedas) en EE.UU. En 2017 fueron 6.000 millones de dólares. En 2018 ¡ya llevamos 20.000! 

No es necesario acudir a una empresa de capital riesgo y ceder más del 51% del accionariado para obtener financiación, porque el coste del capital está cayendo al mismo ritmo que el coste de la coordinación, de la contratación en mercados abiertos, de la energía, de la computación o de la memoria, y descenderá todavía más cuando los contratos inteligentes empiecen a utilizarse de forma masiva. 

Están surgiendo multitud de oportunidades para eliminar la intermediación, y sin ella no solo se crea más valor en el medio, sino que se puede y debe crear valor social. 

Otro aspecto a considerar es la cantidad de personas que crean valor en nuestra economía sin recibir una compensación justa. Me refiero a científicos, ingenieros, periodistas o, incluso, músicos: un álbum que vendía un millón de singles hace 35 años generaba al compositor 46.000 dólares; hoy, por un millón de descargas, recibe 35 dólares en concepto de derechos de autor. 

Internet rompió el régimen de propiedad intelectual al considerar estos activos como simple información. ¿Quién no ha enviado archivos MP3 a sus amigos como si no tuviesen ningún valor?

En el futuro, gracias a blockchain y los contratos inteligentes, los artistas podrán defender sus derechos de propiedad intelectual. Esta tecnología abrirá el abanico a multitud de posibilidades a la hora de compartir la música, desde escucharla a utilizar una canción como banda sonora original de una película. El propio contrato podrá incluso negociar el precio por cada acción. 

Todas estas medidas ayudarían a democratizar la economía asegurando a los creadores una compensación, dando inicio a una nueva era empresarial. Las compañías pequeñas tendrían las capacidades que ahora están exclusivamente limitadas a grandes empresas, ya que no necesitarían disponer de una determinada masa crítica para negociar condiciones más beneficiosas. 

Es obvio que los gobiernos son esenciales para crear las condiciones necesarias que generan prosperidad, pero la mayoría no lo ha gestionado de forma adecuada. La administración es cada vez menos eficiente y efectiva, pero deberíamos tener gobiernos mejores y mucho más económicos. 

Transparencia y legitimidad 

He señalado en numerosas ocasiones que Internet puede permitirnos transformar los fundamentos y la arquitectura de los gobiernos y, al mismo tiempo, generar nuevas fórmulas para crear valor público, pero es obvio que los gobiernos no han utilizado las nuevas tecnologías de forma adecuada. Así, es lógico que la diferencia de productividad entre la administración pública y el entorno empresarial no pare de crecer. 

Con blockchain tenemos, por fin, una plataforma capaz de gestionar no solo la información, sino también el valor de los activos, incluyendo el valor creado por los gobiernos. A día de hoy, varias organizaciones trabajan intensamente en diferentes partes del mundo para hacer esto realidad. 

El valor que puede crear la administración no es el único factor importante, también es crítico el modelo de gobierno. Hemos de preguntarnos si Internet ha ayudado a las democracias, y si estas son ahora mejores. La confianza de los ciudadanos está en mínimos históricos, pero todavía pesa la idea de que la democracia es un buen sistema, aunque se esté en desacuerdo con quienes gobiernan. El principal problema es que estamos viviendo una crisis de legitimidad que está sacudiendo nuestras instituciones democráticas, provocando que la juventud se distancie, critique, y decida dejar de votar. 

Es razonable pensar que podríamos pasar a un nuevo nivel de democracia que se caracterice por la transparencia, la cultura política, la deliberación pública o los actos de ciudadanía, en el que los representantes respondieran ante los ciudadanos, y no solo actuasen para defender sus intereses y los de su partido. 

Los sistemas de votación electrónica podrían ser una solución para impulsar la implicación ciudadana, pero nunca funcionarán a menos que se basen en blockchain, porque nadie confiaría en un voto realizado desde un ordenador personal a no ser que se generase una prueba criptográfica incuestionable.

Un nuevo contrato social

Dicen que el sol es el mejor desinfectante para nuestras instituciones públicas. Si desnudamos a nuestros políticos y a nuestras instituciones, les impediremos ocultar información.

Si impusiéramos un sistema de responsabilidad política a través de contratos inteligentes, nuestros representantes se verían obligados a cumplir los compromisos que han adquirido con el electorado y evitarían realizar muchas promesas electorales absurdas e irreales, especialmente los populismos. Además, el dinero inteligente nos permitiría vigilar el uso que se hace de todo lo que donamos y pagamos. 

El cambio climático es una de las principales amenazas de nuestra civilización, y su impacto es tan grande que, aunque consiguiéramos reducir un 80% las emisiones de cara al año 2025, nos llevaría siglos enfriar el planeta. Mientras tanto, nos esperan otros retos importantes como qué hacer cuando 1.5 billones de personas dejen de tener acceso al agua. Imaginemos las consecuencias migratorias que generará este fenómeno. Si fuimos capaces de movilizar a todo un planeta durante las dos guerras mundiales, hagamos lo mismo a través de un radical cambio en el sistema de incentivos. Los resultados serían asombrosos y estarían facilitados por blockchain.  

Siempre pensé que Internet serviría para unir a la humanidad, aunque alertaba de que esta tecnología generaría peligros potenciales que han terminado cumpliéndose. Nos encontramos inmersos en un nuevo paradigma que nos obliga a repensar nuestro contrato social. Además, este nuevo escenario está asociado a una grave crisis de liderazgo. No es posible predecir el futuro pero, afortunadamente, el futuro es algo que debemos conseguir, no predecir.


Don Tapscott, escritor, consultor y conferenciante, en el European Business Forum Thinker50. Experto mundial en Blockchain

Texto publicado en Executive Excellence nº152 octubre 2018