PERSONAJES CON TALENTO: “Liderar es una de las funciones más complicadas de la inteligencia práctica”

LIDERAZGO / GESTIÓN DEL TALENTO

José Antonio Marina es Catedrático de Filosofía y Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia. Ha dedicado su vida a la investigación de la inteligencia y a la educación. Autor de numerosos libros, ha impulsado la movilización educativa de la sociedad y la Universidad de padres.

El pasado mes de noviembre, fue uno de los “maestros” del curso “Transformational Leadership” organizado por el International Center for Leadership Development de la Fundación CEDE, celebrado en el Centro Superior de Formación de Repsol. A continuación reflejamos, sintéticamente, algunas píldoras de su sabiduría:

"El dinero es un significante, que no significa nada más que lo que nosotros queramos y cuya esencia es la deuda. Hemos basado todo el sistema económico en esa deuda. Por eso no es extraño que estemos sometidos a una sucesión interminable de burbujas económicas, lo cual también es un tema de filosofía.

La filosofía es la ciencia que estudia la inteligencia humana, sus límites, sus mecanismos, sus procesos de evaluación y todas las creaciones que ha hecho a lo largo de la historia.

Los problemas de las diferentes culturas han sido universales y continuos. En lo que se diferencian es en el modo de resolverlos.

Pensar que la función de la inteligencia es conocer y su culminación es hacer deja de lado el campo del comportamiento, de los sentimientos y de los valores. Hemos creado una sociedad que ha progresado muchísimo en ciencia, en tecnología y económicamente, pero no en el modo de resolver los problemas de la convivencia, de la justicia, éticos…

Si todo el mundo está convencido, tal y como nos muestran las encuestas, de que más del 92% de los hombres y mujeres piensa que una buena relación de pareja es fundamental para la felicidad, ¿por qué en este momento la probabilidad de que una pareja no funcione es del 50%? Porque nuestra inteligencia no es lo que nos habían dicho, no es la facultad del conocimiento, sino la facultad de dirigir bien el comportamiento. Se trata de una visión mucho más práctica de la inteligencia.

Un problema teórico se resuelve cuando conoces la solución, un problema práctico no se resuelve cuando conoces la solución, sino cuando la pones en práctica. Esto implica una serie de problemas añadidos, como es tener que conjugar mis intereses con los del otro, convencer, mandar, etc. Dirigir o liderar es una de las funciones más complicadas de la inteligencia práctica.

No se trata solo de saber qué meta quiero conseguir, ni siquiera por qué procedimiento voy a alcanzarla, sino cómo consigo que esa meta, que es mía, la hagan suya las personas que están trabajando en este proyecto.

Aunque la inteligencia es una facultad individual, de modo que en teoría se puede medir, la inteligencia de cada uno de nosotros se desarrolla siempre en un entorno social que la estimula. Por tanto, la inteligencia compartida, la inteligencia social, es un fenómeno de gran relevancia.

La cultura está diseñando el cerebro y la educación forma parte de esa cultura.

¿Cómo favorecer que los niños desarrollen el talento? ¿Por qué a unas personas se les ocurren mejores ideas que otras o por qué tienen mejores sentimientos? ¿Cuál es la fuente de esa capacidad? Trabajamos en identificar los procesos de innovación para después hacer guías didácticas que sean utilizadas por las escuelas.

La persona que adopta un hábito creativo buscará respuestas inteligentes, quien tienen hábitos rutinarios repetirá siempre las mismas respuestas.

Nuestro cerebro está continuamente captando información de manera inconsciente, pero solo un 5% pasa al estado consciente. Si conseguimos mejorar la eficacia de las operaciones inconscientes del cerebro, mejoraremos el resultado consciente.

Todas las funciones creativas dependen de la memoria, no de la memoria de repetición sino de la generadora. Debemos fomentar actitudes activas hacia la evaluación de los problemas.

El nivel ejecutivo de la inteligencia da órdenes. La capacidad de dirección solo la tiene el yo ejecutivo, que debe tener unos criterios de evaluación claros. La inteligencia ejecutiva es capaz de mantener el esfuerzo en la tarea.

Tenemos que conseguir que la gente tenga una inteligencia generadora de buenas ocurrencias, rápidas y brillantes; y una inteligencia ejecutiva, capaz de evaluar y decidir cuál es la mejor ocurrencia. En una empresa, el líder tendría las funciones ejecutivas.

Entre otras responsabilidades, el líder tiene que saber gestionar su propia energía y la de la organización. El niño aprende a manejar su memoria a través del lenguaje. El modo en el que nos estemos hablando a nosotros mismos en el momento de iniciar un proyecto o de enfrentarnos a una tarea es una función ejecutiva de alta importancia. Ojalá pudiéramos saber cómo se hablan para sí dentro la gente a la que tenemos que liderar”.

 


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