PERSONAJES CON TALENTO / Robert Aumann: emoción, empatía e inteligencia

TALENTO / ESTRATEGIA / MERCADOS

Robert Aumann nació en Francfort en 1930. Su padre fue un comerciante textil que luchó y fue condecorado en la Primera Guerra Mundial. Su madre se crió en Londres donde obtuvo una licenciatura en el University College de Londres, hecho inusual por entonces.

En 1938, la familia emigró a Estados Unidos perdiendo todas sus propiedades aunque, como dice Aumann, fueron capaces de dar a sus hijos una exquisita educación. Gracias a un excelente profesor de matemáticas, Abraham Gansler, Aumann pronto se sintió atraído por los axiomas, teoremas y construcciones de geometría de Euclides. Matriculado en la escuela superior de Nueva York, enfocó sus estudios hacia las matemáticas clásicas. En esa época leyó vorazmente a Edmund Landau, interesándose por la teoría analítica y algebraica de los números.

Con posterioridad se fue al MIT donde empezó a tener curiosidad por matemáticas más “modernas” como la topología algebraica. Fueron las conferencias de George Whitehead las causantes de que decidiese hacer su doctorado sobre la teoría de los nudos. Su tesis fue publicada en 1956 en  “annals of mathematics”.

Tras el doctorado paso a trabajar en consultoría (Analitical Research Group, afiliado a la Universidad de Princeton) en proyectos eminentemente prácticos. El origen de su involucración en la teoría de los juegos parte de un proyecto para la defensa de la cuidad de Nueva York: un ataque de un escuadrón aéreo donde algunos aviones llevan bombas nucleares pero cuya mayoría son señuelos.

En el MIT había conocido a John Nash, entrando en contacto con la teoría de los juegos. Creyó que con esta teoría se podría atacar el problema de los señuelos y se sintió inmediatamente atraído por el tema y, como dice, el resto es ya historia.

Actualmente forma parte del Instituto de Matemáticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén y es miembro de las academias de las Ciencias estadounidense, israelí y británica. Fue presidente de la Unión Matemática de Israel y el primer miembro de la Sociedad de la Teoría del Juego, sociedad internacional para profundizar en el desarrollo de esta teoría y sus aplicaciones.

En 2005 recibió el Premio Nobel de Economía junto a Thomas C. Schelling de la Universidad de Maryland (Virginia, EE.UU.). El siguiente comunicado de prensa de la Real Academia Sueca de las Ciencias, describe el trabajo de Aumann: “En muchas situaciones reales, la cooperación puede ser más fácil de mantener a largo plazo que en un solo encuentro. Los cortos análisis de las interacciones en juegos suelen ser a menudo restrictivos. Robert Aumann fue el primero en realizar un completo y formal análisis de los llamados juegos de repetición infinita. Su investigación identificó con exactitud los resultados que pueden ser sostenidos en el tiempo en relaciones a largo plazo. La teoría de los juegos repetidos incrementa nuestro entendimiento sobre los prerrequisitos para la cooperación, porque es más difícil cuando: hay muchos actores, cuando interactúan con frecuencia, cuando las posibilidades de la rotura de la interrelación son elevadas, cuando el horizonte temporal es corto o, cuando las acciones de otros no pueden ser observadas con claridad. Su discernimiento sobre estos temas ayudan a explicar conflictos económicos como las guerras de precios o comerciales. Asimismo ayudan a explicar el porqué del éxito de algunas comunidades frente a otras en el uso de recursos comunes. El approach de los juegos repetitivos clarifica la razón de ser de muchas instituciones: desde las organizaciones mercantiles hasta el crimen organizado, y sus capacidades para llegar a acuerdos, ya sean sobre tratados internacionales de comercio o negociaciones salariales”.

Executive Excellence ha tenido el privilegio de compartir una larga entrevista con él. Aumann destaca por su alegría de vivir, sentido del humor y sencillez. Es todo un personaje: empático, humilde y con gran capacidad de comunicación. Es capaz de conseguir que conceptos complejos sean accesibles al gran público. Sus pausas frente a algunas preguntas denotan su capacidad de reflexión y la importancia que da a todas sus respuestas. A continuación reflejamos sólo algunas de ellas. Esta entrevista podría, por sí sola, ser constitutiva de un número de Executive Excellence.

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: ¿Es la educación actual de los jóvenes muy diferente a la que Vd. vivió? ¿Ha cambiado mucho la formación desde su perspectiva como profesor universitario?

ROBERT AUMANN: No creo que la educación haya cambiado mucho, al menos en las áreas geográficas que conozco mejor: Estados Unidos e Israel. Tal vez lo que sí sucede es que la educación es más “colorida”. Lo que percibo de segunda mano, a través de mis hijos y nietos, es que si quieres que la educación sea una experiencia interesante, los alumnos tienen que estar más involucrados, y para ello la educación tiene que ser entretenida. Creo que hoy día hay más apertura y menos memorización.

F. F-S.: Decía John K. Galbraith: “Hay dos clases de economistas: los que no tenemos ni idea y los que no saben ni eso”. ¿Qué distingue a un buen economista?

R. A.: A lo largo de mi experiencia no me he encontrado economistas malos. Unos son más originales que otros; algunos son más teóricos y otros prácticos; unos más macro y otros más micro, pero no he conocido ninguno malo. Lo que sí es importante en economía, como en matemáticas, es estar en contacto con la realidad. Hay matemáticas puras muy bellas pero, como Von Neumann decía, si están muy lejanas del mundo real pierden relevancia. En la economía ocurre lo mismo. Es importante que un economista tenga la mente abierta y esté dispuesto a aceptar diversos puntos de vista.

F. F-S.: En Executive Excellence creemos mucho en la multidisciplinariedad, ya que todo está interconectado y cualquier disciplina puede aportar mucho al resto. A pesar de ello parece que la separación entre ramas del conocimiento es demasiado rígida. Stuart Mill decía: “una persona no puede ser un buen economista, si no es más que eso”. ¿Es la especialización uno de los inconvenientes para la expansión del conocimiento?

R. A.: Es bueno saber mucho de algo y algo de todo. Hay un dicho que dice que la diferencia entre un científico y un filósofo es que el científico sabe cada vez más de menos y al final lo sabe todo de nada; mientras que el filosofo sabe cada vez menos de más, llegando a saber nada de todo. Ambas posturas son extremas y hay que buscar un equilibrio. Desde mi punto de vista, lo mejor es tener una buena formación en muchas cosas y especializarse en ciertos temas. No creo que la especialización sea mala, aunque sí estoy de acuerdo en la necesidad de tener una formación más amplia y no limitarse a una única área de interés.

F. F-S.: Su entrevista con Seguí Hart es una de las más inspiradoras que han caído en nuestras manos. En ella se menciona la llamada de su nieto Yakov sobre los linking numbers y la teoría de los nudos, con la cual Vd. se sintió tan sorprendido. ¿Ha visto su contribución intelectual reflejada otras veces en el día a día del mundo, ya sea empresarial, médico, etc.?

R. A.: En 1954 mientras me duchaba me vino a la cabeza la idea matemática que me permitiría completar mi tesis doctoral. 50 años más tarde, a las 10 de la mañana, suena el teléfono de mi apartamento. Era mi nieto Jacob Rosen que entonces cursaba segundo de medicina. Me dice: “Abuelo, ¿Puedo aprovecharme de tus conocimientos? Estamos estudiando los nudos. No entiendo la materia y creo que el profesor tampoco lo tiene muy claro. ¿Que son los linking numbers (Números encadenados)?”. Le pregunté por qué estaban estudiando la teoría de los nudos y qué tenían que ver con la medicina. “Bien”, me dijo, “algunas veces el ADN de las células se anuda y dependiendo de las características del nudo que se forma, el resultado puede conducir al cáncer”. Me quedé absolutamente perplejo. ¡Cincuenta años más tarde, lo absolutamente inútil, lo más puro de lo puro, se enseña en la facultad de medicina y lo está estudiando mi nieto!

Respecto a su pregunta habría que hacer una distinción entre mi contribución personal y la contribución de equipos que han trabajado en temas relacionados con mi especialización. Lo mío, que es la teoría de los juegos, es esencial en muchas actividades empresariales. En mis conferencias hablo de la ingeniería del juego explicando aplicaciones prácticas y definidas de dicha teoría, como pueden ser: subastas, gestión del tráfico, elecciones, emparejamiento de donantes y receptores de órganos para transplantes… Son básicamente problemas de división; una pareja se divorcia y tiene que dividir sus posesiones. La mejor forma de hacerlo es aprovecharse de los incentivos que esas personas tienen. Algunos de mis trabajos han representado contribuciones, pero fundamentalmente, la aportación de mi trabajo ha sido más relevante en situaciones más abstractas como las interacciones continuas del tipo: ¿hacia dónde nos llevan los incentivos en las interacciones continuas? En un entorno de interacción continua tienes más incentivos para cooperar, así que los entornos de interacción continua nos llevan a resultados finales de cooperación. No sé si se puede decir que mi trabajo ha tenido una influencia directa en la actividad diaria, pero la temática, como un todo, ciertamente sí que la ha tenido.

F. F-S.: El afecto es un tema que tratamos continuamente, al estar muy ligado al liderazgo. Qué ha significado el afecto entre las personas con las que ha trabajado como el Prof. Michael Maschler de la Hebrew University of Jerusalem o Lloyd Shapley de UCLA. ¿Es importante el afecto en el trabajo? ¿Y en la atracción del talento?

R. A.: El afecto en mis relaciones profesionales ha sido y es muy importante. Dentro del papel que juegan los estímulos en los empleados, el afecto ocupa un papel clave. Dar incentivos a las personas, para conseguir que hagan lo que tú deseas, es esencial. A las personas es importante no sólo corregirlas cuando hacen algo mal, sino reconocerles cuando hacen algo bien. A todos nos gusta que nos feliciten cuando hacemos un buen trabajo. El dinero no es la única variable que hace girar al mundo. El reconocimiento es un factor esencial para el buen desempeño, y si éste va acompañado del afecto mucho mejor. Es más fácil que alabes y reconozcas el trabajo de alguien al que tienes afecto, con las consecuencias positivas que ello tiene.

F. F-S.: Vd. es reconocido como una de las personas que más saben sobre las teorías de guerra y paz. Ha sufrido personalmente la guerra y ha perdido a su hijo Shlomo en ella. ¿Cuáles son tres de las más importantes ideas que destacaría en este tipo de investigaciones? ¿Qué frutos le gustaría que naciesen de este tipo de estudios?

R. A.: Déjeme contarle una historia. Había un arqueólogo que, comenzando a excavar, fue preguntado sobre lo que esperaba encontrar. Respondió que esperaba averiguar cómo vivía la gente hace dos o tres mil años. Esto fue considerado como una respuesta extraordinaria ya que la mayoría de los arqueólogos suelen responder que esperan descubrir cosas o fenómenos específicos. Lo que este hombre decía era que desconocía lo que iba a encontrar. No tenía nociones preconcebidas. “Solo voy a mirar y lo que vea lo registraré e  interpretaré”. Mi reacción sobre los frutos que puedan nacer de estos estudios es similar.

Creo que la guerra no ha sido en absoluto estudiada como fenómeno general. La gente crea institutos sobre la paz, y éstos realizan estudios, no dirigidos a estudiar la guerra como un fenómeno general, sino hacia conflagraciones específicas del estilo Chechenia vs. Rusia, EEUU vs. Irak, etc., observando las características locales de esos conflictos (como el conflicto Árabe-Israelí). Pienso que debe haber cosas comunes a todos los conflictos (o a muchos de ellos) y debemos averiguar cuáles son para poder saber cómo reaccionar ante ellos en general.

Anticipándome a la pregunta sobre cuáles son estos elementos comunes y cómo podemos reaccionar ante ellos, le respondo que no lo sé. Soy como el arqueólogo que dice que exploremos y veamos. Dicho esto, sí tengo algunas ideas. Un tema importante es no pecar de ansiedad y ser paciente. Las personas que tienen demasiada ansiedad por poner fin a un conflicto, nunca llegan a solucionarlo. La razón es un poco complicada. Anteriormente decía que la interacción continua conduce a la cooperación. Desde mi punto de vista, es obvio. La probabilidad de volver a hacer negocios con alguien a quien no conoces y a quien verás hoy pero no mañana, es menor que la de hacerlos con alguien con quien tienes una relación recurrente.

En el caso de la Paz, aunque menos obvio, está el hecho de que la “implicación personal” es demasiado elevada. En otras palabras, para unos, el presente vale mucho más que el futuro. Si actúas con ansiedad para conseguir la paz de forma rápida, obtendrás el efecto contrario. En cambio, si dices: “aunque queramos la paz y queramos solventar este conflicto, no tenemos por qué hacerlo. Si hay que continuar luchando, continuaremos”, se crea una actitud más conductiva hacia la paz. Envías un mensaje claro a la parte contraria en el que se ve el conflicto como un problema a largo plazo; y un conflicto a largo plazo conduce hacia la cooperación. Querer terminar un conflicto a cualquier precio hace que la parte contraria endurezca su posición, hasta un punto en el cual no se pueden aceptar sus demandas.

Desde una perspectiva histórica, la teoría de los juegos nos dice: uno ha de estar preparado para ir a la guerra y entrar en conflicto (lo cual es una paradoja) para evitarlo. Un ejemplo fue la actitud de Chamberlain, quien volvió de Múnich creyendo haber conseguido la paz pero, en un año y medio todo explotó ya que Adolf Hitler recibió señales erróneas: Chamberlain quería “la paz a cualquier precio”, lo cual le permitía presionar aún más. Con posterioridad, se conoció el error de apreciación de Hitler (estaba furioso ya que no esperaba que los ingleses y franceses fueran a la guerra el uno de septiembre del 39), debido a la actitud de Chamberlain.

Otro caso emblemático le ocurrió en Corea a Harry Truman (uno de los mejores presidentes de Estados Unidos). Truman no fue capaz de transmitir su posición sobre la paz de forma suficientemente clara, induciendo a los Norcoreanos a creer que podrían actuar con impunidad. Se puede gritar: ¡PAZ!, pero si se desea en exceso y con ansiedad se está más cerca de la guerra.

F. F-S.: Otro aspecto llamativo de su vida es que Vd. es un hombre religioso. Además, es también un sabio y reputado científico. Como combina esas dos facetas de su vida y que opinión tiene de las tendencias hacia una sociedad laica que experimentan ciertos países. ¿Se están perdiendo los principios?

R. A.: Desde mi punto de vista, la religión en el mundo no está en declive. A nivel global creo que hay, si no un retorno, al menos sí un mantenimiento de la religión. Es cierto que no estoy muy al día de la situación en Europa, pero en Estados Unidos, Rusia o en los países musulmanes (o los judíos aunque no cuenten demasiado) se puede observar que la religión no está perdiendo terreno. La pérdida de la religiosidad de las personas no es algo nuevo y se viene hablando de ello desde hace siglo y medio.

F. F-S.: En la actualidad temas como el matrimonio entre personas del mismo sexo es un tema candente y quizás sus afirmaciones puedan relacionarse con este tema.

R. A.: Si los hombres desean casarse entre ellos, no lo veo como un gran problema. No es algo que estimularía, pero no creo que sea nada malo. Hace poco, se celebró el desfile del orgullo gay en Jerusalén. Personas religiosas e incluso personas no religiosas estaban molestas por el acto. Decían que era una provocación. En mi opinión, todo el mundo debe poder manifestarse. Crecí en Estados Unidos y allí la libertad de expresión es muy importante. Personalmente pienso que si no haces daño a otras personas (o a la sociedad) no hay nada malo; o dicho de otra manera, si estas relaciones son entre adultos que consienten, están bien.

Creo que hay un resurgimiento de la religión en el mundo debido al vacío interior que sienten las personas por un mundo dominado por el materialismo. Quieren dar significado a sus vidas. Los valores éticos y morales son muy importantes y cuidarlos es más fácil cuando profesas una religión. Evidentemente, si sólo es una vaga herencia moral y ética que no sabes para qué sirve, la religión es poco efectiva, pero si es una religión que sirve de estructura y da sentido, es algo importante y que las personas buscan.

Por otro lado, la religión no es solamente eso, sino muchas cosas. Por ejemplo, una buena parte del arte es de contenido religioso. Hasta hace un par de siglos, la música era fundamentalmente religiosa: desde las grandes obras de Bach hasta la primera música de la cual tenemos partituras (los cantos gregorianos). En cuanto a las artes visuales, sucede lo mismo. Esta tarde mi mujer y yo fuimos al museo Thyssen y pasamos la mayor parte del tiempo en la segunda planta donde una buena parte de los cuadros eran religiosos. La religión es algo que te ayuda a no ser devorado por el materialismo. La Biblia dice: “No solo de pan vive el hombre”.

F. F-S.: En el mundo de las finanzas, es frecuente ver a matemáticos intentando capturar la esencia de los mercados y predecir su modelo de evolución. Al mismo tiempo, las finanzas que estudian los aspectos de conducta intentan explicar la conducta irracional de los inversores. ¿Qué puede explicarnos en esta dualidad de ciencia y lógica frente a la irracionalidad y el comportamiento de las personas?

R. A.: Desde el momento en que identificas una irracionalidad, puedes aprovecharte de ella. Irracionalidad significa que la gente hace algo que puede predecirse y que es equivocado. Sí es así, entonces se puede ponerte en el otro lado del mercado y obtener dinero de esa irracionalidad. No se puede ser muy “irracional” en el mercado. Solo puedes ser irracional mientras se desconoce la irracionalidad. Hay algunas irracionalidades sistemáticas que han sido identificadas, pero en la medida que haya personas aprovechándose de ellas, quedan eliminadas.



Entrevista publicada en Executive Excellence nº48 mar08
 


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