Cómo atraer talento tech: Canadá

Cómo atraer talento tech: Canadá

Mientras Silicon Valley, cima de la innovación tecnológica mundial y cuna de las grandes compañías tecnológicas, languidece día a día, producto de una política marcada por la explotación, los excesos y el desapego elitista, Canadá comienza a posicionarse como una alternativa más que viable para alojar el epicentro del conocimiento tecnológico.

Entre 2012 y 2017, Toronto creó 82.100 empleos tecnológicos -más que cualquier otra localidad estadounidense-, y son muchos los empresarios e inversores de todo el mundo que consideran esta ciudad uno de los lugares más propicios para ubicar las empresas más innovadoras. 

Las políticas migratorias promovidas por el gobierno de Justin Trudeau son el principal factor que ha contribuido a este exponencial crecimiento.

Canadá concede permisos de trabajo de hasta tres años a los estudiantes extranjeros después de que se gradúen, y desde mediados de 2017 cuenta con el programa Global Skills Strategy que facilita a las empresas la contratación de trabajadores extranjeros cualificados. También está experimentando con regulaciones más laxas, exención tributaria y reposicionamiento de marcas. 

Entrevistado por Shahrzad Rafati, vicepresidenta de Invest in Canada, durante la reciente celebración de Collision Conference 2019, el primer ministro del país, Justin Trudeau, explicó con detalle las iniciativas que está llevando a cabo su gabinete para atraer talento extrajero.

SHAHRZAD RAFATI: Canadá alcanzó en noviembre el nivel de desempleo más bajo de su historia, una buena noticia que, sin embargo, dificulta el acceso al talento. ¿Qué medidas está llevando a cabo el gobierno para hacer accesible el talento a los entornos empresariales?

JUSTIN TRUDEAU: Canadá es un país rico en recursos naturales y así continuará en el futuro, pero desde el gobierno estamos procurando añadir a estos recursos innovación y talento. Una de las principales ventajas de nuestro país es que cuenta con ciudadanos extraordinariamente bien educados, con gran capacidad de trabajo, un pensamiento avanzado y creativo y una importante dosis de ambición.

En nuestro caso, el acceso al talento se materializa a través de dos caminos: la formación y la inmigración. La inmigración resulta crítica para el desarrollo de un país, y nuestro objetivo es permanecer abiertos y atraer el mejor talento del mundo. Estamos convencidos de que dando entrada al talento global creamos oportunidades para los canadienses, porque esto nos permitirá crecer en el ámbito de la innovación.

Para conseguirlo, hace dos años pusimos en marcha el programa Global Skills Strategy que otorga una visa de trabajo temporal a profesionales cualificados en un periodo máximo de dos semanas.

Evidentemente, abrirnos a la inmigración conlleva dar un trato justo al talento local, y por eso estamos invirtiendo con decisión en educación, investigación e innovación. El objetivo es que los canadienses vean un futuro claro para ellos y sus hijos en un entorno de disrupción tecnológica como el actual, que está provocando importantes dosis de ansiedad en la sociedad y generando la aparición de populismos, nacionalismos e independentismos.

S.R.: El Global Skills Strategy está siendo un gran éxito, pero se concentra en áreas de alta demanda. ¿Existe algún plan para incentivar la inmigración en otros sectores?

J.T.: Efectivamente, el Global Skills Strategy está dirigido a las áreas de ámbito tecnológico, pero tenemos otros programas para atraer talento.

Canadá acepta a más inmigrantes per cápita que ningún otro país occidental. Cada año recibimos 350.000 personas procedentes de diferentes partes del mundo que se instalan aquí para construir comunidad, una vida mejor y generar oportunidades para ellos y para sus hijos.

El gobierno está constantemente buscando fórmulas que faciliten el impulso de nuestra fuerza laboral, pero hemos de asegurarnos de que la población canadiense continúa teniendo una visión positiva de lo que la inmigración significa para el país.

En los últimos años hemos visto cómo en determinadas partes del mundo crece la ansiedad y se multiplican los extremismos a causa de la inmigración, pero debemos ser conscientes de que la diversidad impulsa la innovación y la creatividad.

El hecho de que Canadá mantenga una actitud positiva en un entorno tan crispado a nivel global demuestra que nuestra forma de percibir e implementar la inmigración está siendo constructiva.

También hemos visto florecer la economía canadiense y crecer la confianza de nuestros ciudadanos en su futuro. Hemos registrado el nivel de desempleo más bajo de los últimos 40 años y hemos creado un millón de empleos. Por tanto, el mensaje es claro: hay sitio para todos y posibilidades para que cualquier ciudadano alcance el éxito.

El objetivo del gobierno es evitar las divisiones que se han generado en otros países, donde determinados grupos de población han sido excluidos de ese crecimiento.

S.R.: Gran parte del talento en el ámbito de la tecnología está compuesto por personas muy jóvenes que quieren vivir en ciudades verdes, limpias, y económicamente asumibles. En 2020 el 50% de la población canadiense será millennial. ¿Qué está haciendo el gobierno para estimular las condiciones que requieren estos ciudadanos a nivel urbano?

J.T.: En una ocasión fui a visitar una incubadora de start-ups para conocer de primera mano qué podía hacer por ellos el gobierno federal. Esperaba que me pidieran programas relacionados con la inversión, la investigación o la inmigración, pero las peticiones se centraron en las infraestructuras. Consideraban necesario contar con trenes de alta velocidad que conectaran las ciudades lo más rápidamente posible, puentes, accesos y facilidades de transporte para que sus empresas pudieran florecer dentro de ecosistemas. 

Hace cuatro años iniciamos el plan de inversión en infraestructuras más valiente y ambicioso de toda nuestra historia. Destinaremos 180 billones de dólares en la próxima década a incrementar la velocidad y la frecuencia por tren, a la creación de proyectos que reconstruyan y fortalezcan las ciudades y a la mejora de las conexiones en el país.

También hemos creado incentivos para facilitar a los jóvenes la compra de su primera vivienda, porque la falta de recursos les estaba obligando a retrasar el proceso de adquisición. Así, hemos establecido hipotecas sin coste financiero y con facilidades impositivas que permitan a los millennials tener economías consistentes y reales para hacer frente a los pagos mensuales.

Asimismo, incentivamos la innovación impulsando la formación, invertimos en innovación social, beneficios para la infancia, mejoras laborales y calidad de vida de las personas mayores. Todas estas iniciativas contribuyen a crear ciudades más amables y hacen que nuestros ciudadanos sientan que tienen sitio en una sociedad cada vez más tecnológica.

La capacidad para equilibrar el crecimiento tecnológico y de la sociedad es fundamentar para crear un futuro en el que todos se vean reflejados.

S.R.: En 2018 había 3,7 billones de dólares en venture capital distribuidos en empresas canadienses de gran capitalización. Las más pequeñas necesitan generar un ecosistema sano y robusto para crecer, pero conseguir financiación les resulta mucho más difícil. ¿Cómo pueden equilibrarse los beneficios que reciben los sectores clásicos para que otros, más innovadores y que generan más riqueza, crezcan más deprisa?

J.T.: Somos el gobierno que más ha invertido en nuevas tecnologías, porque consideramos que es el camino fundamental a nuestro futuro. Hemos destinado millones de dólares a crear estructuras de venture capital, a investigación, al desarrollo de la Inteligencia Artificial, a la formación de clusters de alta concentración tecnológica, a la modernización de la universidad…

Invertir en estos entornos genera un importante retorno, y nos encantaría poder crear una alternativa capaz de competir con Silicon Valley. En los dos últimos años, hemos registrado un retorno de inversores y empresas canadienses que se habían trasladado a la bahía de San Francisco, porque se han dado cuenta de que el país ofrece estabilidad, calidad de vida y acceso al talento global.

Este conjunto de acciones, junto con el capital que está regresando, son un reflejo de las oportunidades que hoy ofrece Canadá para invertir.

Somos uno de los pocos países que abraza la diversidad, consciente de que es algo que incrementa nuestra fuerza, y no una fuente de debilidad.

S.R.: Resulta difícil competir con industrias tradicionales y de gran volumen económico como, por ejemplo, la energética, que cuenta con importantes subvenciones. ¿Podrá tener pronto el sector tecnológico unas subvenciones parecidas?

J.T.: Cada sector es diferente y necesita recursos y soluciones adaptados a sus necesidades. Estamos reduciendo las ayudas al sector del gas y el petróleo, porque somos conscientes de que tenemos que avanzar hacia un entorno de energía limpia. Poco a poco la industria energética tradicional irá desapareciendo y también las ayudas que se le prestan.

El sector tecnológico necesita, principalmente, capital y talento, y son estas las áreas en las que estamos trabajando con más intensidad. El gobierno debe garantizar que la industria dispone de la infraestructura que necesita para tener éxito.

S.R.: La escalabilidad en los proyectos tecnológicos depende de la capacidad de financiación, y el venture capital es esencial para hacer que los proyectos crezcan. ¿Qué facilidades ofrecen a los inversores para incentivar su interés en el país?

J.T.: Uno de los grandes retos de Canadá es incrementar el tamaño de sus empresas. Hoy en día la tendencia de muchos empresarios es hacer crecer las compañías hasta un cierto tamaño y, después, venderlas a otras más grandes para obtener beneficios.

Nuestro objetivo es estimular la confianza de los canadienses en sus capacidades y habilidades para que puedan prolongar su éxito a través de un ecosistema que les apoye y no vendan sus proyectos, sino hacerlos crecer a otra escala.

Este es el camino estratégico en el que estamos trabajando. Los factores que influyen en la estimulación del crecimiento empresarial dependen de la generación de un entorno donde las empresas puedan tener éxito, conseguir capital fácilmente y acceder al comercio exterior.

Canadá es el único país del G7 que cuenta con acuerdos de libre comercio con todos los miembros del grupo. Tenemos acceso preferencial a dos tercios del PIB global. Hemos renovado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte recientemente, tenemos acuerdos con Europa y también acceso a Asia.

Queremos asegurar a las empresas canadienses que tienen un acceso privilegiado y preferente a los mercados mundiales. Nuestra economía está creciendo por encima de la media a nivel mundial, y tenemos uno de los mejores ratios de deuda pública respecto al PIB. Si a esto unimos un sistema económico estable, un entorno legal consolidado y un sistema bancario occidental, nos permiten crecer y mirar al futuro con seguridad, pese a movernos en un mundo de incertidumbre.

S.R.: Casi dos millones de canadienses trabajan actualmente para empresas extranjeras y en la última década el país ha registrado 824 billones de dólares de inversión. El crecimiento experimentado entre 2017 y 2018 ha sido de un 60%, una cifra muy superior a la global que se coloca en un 20%. Es evidente que Canadá se ha convertido en un entorno atractivo para los inversores internacionales. ¿Qué cualidades empresariales destacaría para incentivar la inversión?

J.T.: Principalmente tres: facilidad de acceso a mercados internacionales, gracias al establecimiento de diversos acuerdos comerciales; acceso a un talento increíble, debido a la combinación de un sistema educativo muy eficiente y a una política de inmigración que promueve la atracción de talento extranjero y, por último, el establecimiento de comunidades solidarias, fuertes y resilientes que abrazan voluntariamente la diversidad de las otras naciones. Pero, sobre todo, la seguridad de que debemos defender los derechos de todos los ciudadanos creando una sociedad sólida y fuerte que se aleje de las políticas que dividen, y próxima a las iniciativas que favorecen la unión de todas las personas.

Canadá es un gran país para plantar raíces, para crear una empresa y para construir un futuro porque tiene buenas políticas fiscales, estabilidad y condiciones socioeconómicas muy favorables, además de dos lenguas oficiales que nos permiten abrirnos culturalmente al planeta.

S.R.: ¿Qué rol desempeñan organizaciones públicas como Invest in Canada para mejorar la inversión internacional?

J.T.: Ha habido momentos donde se han utilizado deducciones fiscales masivas para atraer a empresas. Hoy, sin embargo, las decisiones se toman teniendo en cuenta aspectos cualitativos y a largo plazo.

Canadá tienen una posición privilegiada en los índices de facilidad para hacer negocios, un sistema impositivo competitivo –de los mejores del G7-, y uno de los costes de capital más bajos del mundo para poner en marcha una empresa. Pero las personas necesitan un punto de contacto único que les ayude a navegar a través de todos los aspectos burocráticos.

Ese punto permite cubrir las potenciales contingencias que pueden surgir a la hora de crear una industria e implantarla localmente y en eso, precisamente, se centra Invest in Canada. Su función es asegurar que cada empresa y profesional que llega a nuestro país tiene un trato exquisito que facilita su inversión. Facilitarle la entrada para que tenga acceso al tremendo talento que tenemos aquí.

S.R.: Canadá es uno de los países con mayor diferencia salarial entre hombres y mujeres. El gobierno que lidera está dando mucha importancia a este problema, pero el avance está siendo muy lento. ¿Qué medidas podrían acelerar el proceso?

J.T.: Es un aspecto en el que hemos trabajado mucho en los últimos años pero, aun así, la diferencia salarial sigue siendo superior a la que registran otros países. Estamos avanzando de una forma proactiva con un sistema que creemos que va a generar grandes mejoras.

El principal reto es conseguir crear oportunidades para las mujeres a todos los niveles del escalafón empresarial, especialmente en los Consejos de Dirección. No es una cuestión moral, sino una actitud inteligente.

Afortunadamente, las empresas van percibiendo las ventajas de tener un alto porcentaje de mujeres en los Consejos de Administración, y desde el gobierno estamos creando fondos para incentivar la labor de las mujeres empresarias. Por ejemplo, parte de las inversiones que hacemos en venture capital están específicamente diseñadas para el colectivo femenino.

Sabemos que las inversiones que realicemos en este entorno van a impactar en los resultados de forma masiva, y es nuestra obligación empoderar al máximo a todas estas mujeres que se han ido quedando atrás, porque esto tendrá un resultado muy positivo en la economía canadiense.

S.R.: Acaba de llegar de París, donde ha asistido a una conferencia del G7 con los principales líderes tecnológicos. Antes de viajar dejó claro que las plataformas que no cumplan la regulación en cuanto a privacidad, protección de datos y comentarios de odio serán penalizadas. ¿Cuál es el papel del gobierno y de la comunidad tecnológica a la hora de trabajar conjuntamente para mantener seguros a los ciudadanos?

J.T.: Tenemos que trabajar todos de forma conjunta. Los gobiernos pueden sugerir acciones y dar consejos, incluso penalizar, pero preferiríamos poder trabajar con las compañías tecnológicas y las plataformas para garantizar la seguridad de los ciudadanos y de sus datos, contener la agresividad y el terrorismo en las redes, y evitar que la agresividad y el odio se den en espacios públicos virtuales.

Si no permitimos este tipo de acciones en el entorno real, no deberíamos consentirlos tampoco en los espacios digitales, donde cada vez se pasa más tiempo.

Evidentemente, necesitamos libertad de palabra, pero es vital conseguir un equilibrio en el que podamos proteger los derechos de las personas y mantenerlas seguras para que no puedan ser agredidas.

Los gobiernos tardan mucho en adecuarse a la realidad que se va generando, y por eso trabajar en colaboración con las empresas tecnológicas y los gobiernos de otros países es vital para resolver este tipo de problemas.

Los ciudadanos son conscientes de que hay mucha información sobre ellos en Internet, y de que esta información puede hacerles vulnerables. Saben que sus hijos están expuestos a peligros y quieren saber que tienen socios fuera, tanto en los gobiernos como en las plataformas tecnológicas, que pondrán los medios necesarios para que puedan interactuar en entornos seguros.

Tenemos que dejar espacio para la innovación que fomenta la aparición de disrupciones, pero también asegurarnos de que mantenemos a las personas seguras. Esto sólo se puede lograr teniendo conversaciones abiertas, francas y sinceras con las grandes plataformas y tecnológicas y con la población sobre cómo tenemos que avanzar en este nuevo mundo tecnológico.

Yo, particularmente, estoy deseando iniciar las conversaciones. Ya he tenido algunas charlas con importantes líderes del mundo tech y me consta que quieren participar en la construcción de un futuro mejor para todos. Estoy seguro de que Canadá va a tener un papel muy importante en este aspecto a nivel global.

Asimismo, me gustaría aprovechar la ocasión que me brinda este espacio para llamar la atención de los líderes tecnológicos e invitarles a pensar: ¿qué tipo de mundo queréis contribuir a construir? Cuando uno lidera una compañía puede generar grandes éxitos, y es importante que piense a nivel global en la sociedad.

Si no somos capaces de tener éxito juntos, todos fracasaremos de forma separada. 


Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, en Collision Conference 2019.

Texto publicado en Executive Excellence nº158, junio 19.