La mayor amenaza para el futuro del trabajo no son los robots, sino la política, según el MIT

La mayor amenaza para el futuro del trabajo no son los robots, sino la política, según el MIT

De forma regular podemos leer artículos que nos plantean un futuro apocalíptico donde los robots nos habrán “quitado” el puesto de trabajo. Un reciente informe del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) informa de que la tecnología está creando tantos puestos de trabajo como los que destruye y que el mayor riesgo para los trabajadores, incluso superior al de la automatización, son las malas políticas laborales. 

En el año 2013 Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne, de Oxford University, publicaron un trabajo titulado: El futuro del empleo: ¿cómo de susceptibles son nuestros trabajos frente a la informatización? 

Desde la realización de este singular estudio se ha estimado que un 47% de los trabajos en los Estados Unidos se encuentran en riesgo de ser automatizados. 

La preocupación sobre cómo será nuestro futuro y qué forma dará a este la tecnología sigue siendo una de las mayores preocupaciones. El año pasado otro importante estudio preveía que se perderían 20 millones de puestos de trabajo por la robotización hasta el año 2030. 

Después de tres años de investigaciones realizadas por un grupo de trabajo del MIT dedicado al futuro del trabajo, se ha llegado a la interesante conclusión de que nos enfrentamos a una evolución tecnológica gradual y no a una revolución robótica. El informe no tiene desperdicio. Llama a particularmente la atención la preocupación expresada ante la necesidad de realizar una profunda reforma y transformación de los sistemas económicos y políticos que hemos construido alrededor de la tecnología. Si no somos capaces de transformar y renovar estos sistemas la fuerza se verá intensamente afectada. 

“En el siglo XXI veremos el nacimiento de una nueva marea de tecnologías, algunas de las cuales ya están emergiendo, y que sin duda nos van a sorprender a todos”, explican en el informe. Si estas tecnologías se desplegaran en un entorno laboral diseñado el pasado siglo, los resultados que podremos observar nos resultarán familiares: la reducción de oportunidades para la mayoría de la fuerza laboral mientras que una afortunada minoría se beneficia.  

Este informe nos recuerda que un 63% de los trabajos de 2018 no existían en 1940, demostrando que aunque la tecnología transforme en obsoletos algunos puestos, otros muchos nuevos se crean… aunque la realidad es que el porcentaje de personas que cobran la prestación por desempleo no ha hecho más que crecer desde el último siglo. 

El World Economic Fórum profundiza en el tema planteando la posibilidad de una disrupción de hasta 85 millones de trabajos a nivel global en el 2025, aunque afortunadamente también explica que se crearán 97 millones de nuevos puestos de trabajo. 

Lo que también reconoce el MIT es que los miedos ante una apocalipsis laboral se han exagerado y la forma en la cual hemos desplegado la tecnología ha polarizado la economía haciendo que crezcan los extremos: crecen los trabajadores con poca retribución y los más retribuidos, mientras que las ocupaciones de nivel medio/bajo, como recepcionistas, empleados de oficina o montadores de líneas de producción, se reducen. Esto no es una consecuencia inevitable de los cambios tecnológicos, explican los autores de este estudio. El problema radica en que el botín “se ha repartido de forma injusta y desigual”. El informe destaca que la productividad de los Estados Unidos desde 1978 ha crecido un 66% mientras que las retribuciones de los trabajadores de producción o de puestos de trabajo sin responsabilidad o capacidad de supervisión solo ha crecido un 10%. 


Si no somos capaces de transformar y renovar los sistemas económicos y políticos, la fuerza de trabajo se verá intensamente afectada


“La gente entiende que la automatización puede hacer que un país sea más rico al tiempo que les hace a ellos más pobres, porque no se están compartiendo esos beneficios”, explica David Autor Ford profesor de Economía en el MIT. “Necesitamos restaurar la sinergia entre la productividad que crece y las mejoras en el mercado laboral”. 

La raíz del problema está en la falta de protección para los trabajadores, explican los autores. No solo aspectos como salario mínimo, baja por enfermedad, periodos de preaviso, o capacidad de negociación colectiva. 

También destaca la atrofia presentada tanto por el sector público como por el privado a la hora de facilitar formación y entrenamiento para aquellos trabajadores que se han visto afectados por la tecnología y necesitan adaptarse. 

En este entorno, el informe propone tres caminos: 

1-. Hay que realizar una inversión importante en todos los procesos de formación, especialmente en compañías y centros de formación. 

2-. Nuestra segunda prioridad debería ser mejorar la posición de nuestros trabajadores, reforzando las leyes laborales, dando un nuevo impulso al seguro de desempleo y planteando unos salarios mínimos que lleguen al menos a un 40% de la media salarial nacional y que además estén indexados contra la inflación. 

3-. Necesitamos redirigir la innovación orientándola de manera que se produzcan resultados socialmente beneficiosos y se aumente el número de trabajadores en vez de reducirlos. 

Para poder llevar esto a cabo, explican los autores, se debe aumentar el gasto en investigación dirigida a las áreas que sufren desatención y abandono por parte del sector privado, así como conseguir que se comparta todo de una forma mucho más equitativa. Los actuales códigos fiscales que favorecen las inversiones de capital deberían ser reequilibrados de manera que se beneficie la inversión en los trabajadores y su formación. Traducir estos consejos en acción no va a ser nada fácil en un entorno político como el que tenemos, pero el informe sugiere que ya es hora de que dejemos de culpar a la tecnología de nuestros problemas. El futuro de nuestro trabajo está en nuestras manos.


Edd Gent, especialista en ciencia y tecnología

Fuente: Singularity Hub