Caminos divergentes

Caminos divergentes

Vengo observando, con cierta perplejidad, la separación de los derroteros que el mundo del trabajo y la legislación que trata de regularlo están transitando. Sorprende ver cómo algunos aspectos de uno y otro se desarrollan de una manera divergente, e incluso antagónica.

Llama la atención la superficialidad con la que se plantean medidas y argumentos, que no sólo no son axiomas o dogmas, sino que además están caducos y alejados de la realidad, y mucho más del futuro inmediato del mundo del trabajo.

En un país como España, donde el único mercado laboral que ha crecido de manera sostenida ha sido el sector servicios y donde la industria y el sector primario han visto reducido su número de empleos –bien por la tecnologización o por la reducción del sector en cuestión–, es fundamental entender el nuevo paradigma de la concepción del trabajo, así como las necesidades de los ciudadanos con empleo y las de aquellos que desean buscar uno. Por lo tanto, profundizar en la comprensión del trabajo presente y futuro se muestra como punto de partida obligatorio.

El análisis de numerosos estudios vinculados con el empleo revelan que las empresas y organizaciones están teniendo que hacer frente a ciertos retos –además de a las tendencias que empiezan a asomar a nuestro mercado laboral–, con normas laborales que se dan de bruces con los nuevos tiempos, debiendo cumplir regulaciones que suponen un obstáculo o bien caminan en una dirección equivocada o sentido contrario.

Frenos a la innovación del mercado de trabajo

- Cada uno de los nuevos conceptos que afectan al entendimiento del trabajo (felicidad, actitud, entusiasmo, flujo, propósito, satisfacción) impacta directamente en su sentido último. Son varios los expertos que abordan esta nueva concepción. Uno de ellos fue la gran autora y filósofa Hannah Arendt, quien ya planteaba la diferencia entre el trabajo y la labor. Es curioso que, en prácticamente todos los idiomas del mundo occidental, convivan ambos vocablos: trabajo y labor. Esta denominación tiene sus raíces en la polis griega, que diferenciaba entre la actividad propia del ser humano como animal con sus objetivos vinculados a la supervivencia de la especie, y la aportación que cada individuo realizaba a la polis, es decir, la política. En el mundo actual, se entremezclan estas dos motivaciones en nuestra actividad laboral, de tal manera que no somos capaces de discernir el verdadero porqué de nuestro trabajo.

Byung-Chul Han, filósofo coreano formado en Alemania, establece en su libro La sociedad del cansancio que nos enfrentamos a una realidad diferente, ya que antes vivíamos en una “sociedad disciplinaria” y ahora hemos comenzado una era de la denominada “sociedad del rendimiento”, donde es la persona individualmente la que decide auto-explotarse, y hasta esclavizarse, fruto del propio narcisismo que lleva al ser humano a la extenuación y la insatisfacción permanente. También Dave Ulrich, en su libro El sentido de trabajar, nos plantea algunas opciones para encontrar esa razón última y poder gozar de una mayor felicidad vinculada a nuestra actividad laboral.

Sin embargo, las normas de nuestro sistema laboral van destinadas a regular como si el mundo del trabajo fuera de carácter disciplinario o bien un modelo taylorista/fordiano, donde la máquina y el tiempo de presencia es lo realmente importante. Son regulaciones anacrónicas y que no concilian con las verdaderas inquietudes de los trabajadores ni las empresas.

- Los nuevos modelos de trabajo, surgidos de esta transformación y agudizados con la digitalización, suponen la destrucción de los modelos clásicos de relación laboral, sometidos a toda la prolija y farragosa regulación de control disciplinario. Los knowmads, slashers, commuters, multitemps… son formas modernas de trabajar para las que la vigente legislación no tiene un mínimo de cabida.

Asimismo, las últimas normas laborales promulgadas sobre horarios de presencia, obligatoriedad de control, falsos autónomos y otras están en absoluta contradicción con las necesidades reales e intereses de los trabajadores y sus empresas; una contradicción que incluso produce sonrojo, pues impacta directamente contra las medidas de conciliación y flexibilidad en el trabajo, el teletrabajo, la meritocracia y la igualdad de oportunidades, y por ende suponen un freno a la posibilidad de que cada persona, independientemente de cualquier circunstancia, pueda diseñar el modelo laboral que mejor le encaje. La racionalización de los horarios es un objetivo, pero racionarlos en contra de la voluntad de las partes se opone a la optimización del tiempo y a tener una sociedad más estable y feliz, capaz de hacer que las personas consigan los propósitos que se planteen.

- Vivimos un momento en el que las empresas son cada vez más virtuales y menos “reales” en el sentido clásico. Ni siquiera las ubicaciones (oficinas, edificios, naves industriales, etc.) forman parte del paisaje urbano, como sucedía hace algunas décadas, y proliferan los espacios colaborativos, de co-working, y “las mesas calientes” en las oficinas; es decir, las organizaciones son cada vez más líquidas y se sirven de metodologías como la “agile”, que hacen que la involucración en los proyectos sea planteada desde otra perspectiva y bajo parámetros distintos a los tradicionales. Las estructuras serán –y de hecho son–  cada vez más dinámicas, libres y adaptables. Ahora se espera que cada persona dé lo mejor de su talento (tanto conocimiento, capacidades como actitud) a favor del proyecto, y durante un tiempo determinado.

En estas nuevas organizaciones, las jerarquías del pasado no son relevantes, sino que cada uno es corresponsable del éxito o fracaso. Las empresas ya no tienen la responsabilidad exclusiva de proveer los recursos materiales, económicos ni formativos a las personas que, en ese momento, forman parte de dicha entidad para la realización de un determinado proyecto.

Ante este panorama, resulta prioritario adelantarse a las nuevas realidades y retos. El trabajo, tal y como lo concebimos hoy en día, será cada vez más escaso. Si no acompasamos nuestra regulación socio-laboral a estos tiempos en los que ni el talento ni las organizaciones tienen fronteras, perderemos la oportunidad única de posicionarnos como un país avanzado y puntero. 


Jorge Cagigas, socio fundador de Epicteles, experto en Acompañamiento Estratégico en la Dirección de Personas.

Texto publicado en Executive Excellence nº156-abril 2019.


Correo electrónico