El liderazgo neurótico en el mundo actual y en la historia

En su obra La organización neurótica, Kets de Vries y Miller describen espléndidamente cinco tipologías* de Liderazgo Neurótico que hemos analizado en anteriores ocasiones: 

 

  • Paranoide/Obsesivo
  • Autoritario/Rígido/Compulsivo
  • Dramático/Histriónico
  • Depresivo/Dubitativo
  • Esquizoide/Distanciado

Aunque parezca una tautología, el Liderazgo Neurótico es el practicado por una persona neurótica. El neurótico es un humano de comportamiento aparentemente normal, pero con unas necesidades dramáticamente insaciables de cariño, aceptación, reconocimiento, poder, perfección, independencia y orden. Todas estas necesidades, relativamente moderadas en los que nos consideramos normales, se exacerban y desbordan en el neurótico, según cada caso.

Otras características describen también al neurótico:

  • Es una persona con un nivel de ansiedad superior al normal. Sus necesidades compulsivas le generan una permanente zozobra.  Conductas sencillas en una persona normal se complican y dificultan en el neurótico.
  • Incapacidad para ayudar a los demás. Bastante tiene con sus propios problemas como para pensar en los ajenos. Para resolverlos y sobrevivir, “necesita la sangre” y la energía de los demás. Practica con ellos el vampirismo y exporta “toxicidad”.
  • Las personas son para él un instrumento. Nadie es para él un fin en sí mismo, sino un medio para el logro de sus fines compulsivos.
  • El Liderazgo Neurótico contamina, pues, a la organización en mayor o menor grado: en unos casos, hundiéndola y, en los más, reaccionando esta, por pura supervivencia, librándose del líder neurótico.

Describimos brevemente estas tipologías:

  • Paranoide/Obsesivo: el ejemplo más claro fue Macbeth, el protagonista de la tragedia de Shakespeare. Sus características: recelo y desconfianza hacia los demás, suspicacia, hipervigilancia, respuesta fulminante a amenazas percibidas. Frialdad racional y emocional. “No puedo fiarme de nadie. Hay una fuerza superior amenazante. Más me vale estar  siempre en guardia”. La corona descansa inestable sobre una cabeza atormentada, con sentimiento de culpa por los crímenes cometidos y con sospecha y desconfianza hacia cualquiera que intente desplazarle.
  • Autoritario/Rígido/Compulsivo: representado por Coriolano, el famoso general romano en tiempos de la democratización de la República, o por cualquier liderazgo obsesionado por el orden y control. Se caracteriza por el perfeccionismo, la preocupación por los detalles, la insistencia en que los demás se sometan a su manera de hacer las cosas, las relaciones vistas en términos de dominio y sumisión, el dogmatismo, la obstinación y la neurosis de orden. “Tengo que dominar y controlar todas las cosas que me afectan”. “Si los plebeyos quieren hablar conmigo, que se limpien antes los dientes”. 
  • Dramático/Histriónico: personificado por Nerón y, en parte, por Calígula. Marcado por la auto-dramatización, la exagerada expresión de emociones, la incesante demanda de atención, la preocupación narcisista, el anhelo de actividad y emociones, la idealización/devaluación de los demás, la incapacidad para concentrarse en la tarea. Superficial, influenciable, ególatra. “Quiero conseguir la atención e impresionar a la gente”. “¡Qué gran poeta pierde el mundo!”. 
  • Depresivo/Dubitativo: identificado en Hamlet  y en Claudio (antecesor de Nerón), con estos rasgos: sentimiento de culpa, de falta de valor, auto-reproches, insuficiencia, sensación de desamparo y desesperanza, de estar a merced de los acontecimientos y disminución de la capacidad de pensar con claridad. Inhibición de acción, indecisión. “Es inútil intentar cambiar el curso de mi vida”. “Ser o no ser, esa es la cuestión”.
  • Esquizoide/Distanciado: encarnado por Enrique IV de Trastamara, hermanastro de Isabel la Católica, que fue obligado por los nobles a abdicar varias veces. Se caracteriza por la separación, no implicación, la reserva, la sensación de distanciamiento.  La ausencia de liderazgo y vacío de poder generan “pseudoliderazgos” a niveles inferiores. “Mis interacciones con los demás siempre fracasan”. “El mundo real no me ofrece ninguna satisfacción; es más seguro permanecer distante”.

En resumen, como decía un psiquiatra, para diferenciar entre un neurótico, un psicótico y un ser normal, basta con preguntar a cada uno cuántas son dos y dos. El humano normal responderá que cuatro. El psicótico dirá que depende de que sean dos caballos o dos cocodrilos que te esperan al salir de casa. Finalmente, el neurótico dirá: dos y dos son cuatro, ¡y es algo que me saca de quicio!


 

*Las tipologías puras de Kets son: Paranoide, Compulsivo, Dramático, Depresivo y Esquizoide. Las complementarias que hemos añadido es para mejor comprensión de la tipología en el ámbito tanto organizativo como de la vida en general.


 

LIDERAZGO

José Medina, presidente de Odgers Berndtson Iberia

Artículo publicado en Executive Excellence nº107 nov13


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