Michael Shellenberger, contra el alarmismo medioambiental

Michael Shellenberger, contra el alarmismo medioambiental

Michael Shellenberger reivindica un activismo medioambiental que se aleja “de la idea romántica de productos naturales para salvar la naturaleza”. Al contrario, defiende la energía nuclear, la agricultura industrializada, la acuicultura… o echa por tierra el mito del reciclaje de los plásticos.

Como líder de Environmental Progress, organización de investigación independiente que lucha por la energía limpia y la justicia energética, se muestra orgulloso de “tener la gran suerte de ser independiente como investigador y como periodista, y poder decir cosas que quizás sean sorprendentes, poco ortodoxas, pero que están sustentadas por una investigación seria”. Muchas de ellas las comparte en su último libro No hay apocalipsis. Por qué el alarmismo medioambiental nos perjudica a todos.

Con motivo de su publicación, impartió una conferencia online en la Fundación Rafael del Pino, en la que arrojó esperanza en un momento donde “la desmaterialización aparece en todas las partes de la economía” y en el que la humanidad está alcanzando algunos máximos históricos –tras llegar al pico de uso de la madera como fuente de energía, al pico de utilización de la tierra para agricultura, e incluso al pico de emisiones de dióxido de carbono– que pueden marcar un cambio de rumbo.

Leal a sus dos principios vitales, “ayudar a las personas a superar la pobreza y proteger el medio ambiente”, durante su ponencia transmitió un mensaje de prosperidad, contrario al ambientalismo apocalíptico que algunos predican “desde su deseo de estatus y poder”.

VERDADES INCOMPLETAS

El mundo se calienta un grado más desde tiempos preindustriales, y básicamente esto se debe a la influencia humana, a los gases de efecto invernadero, a los incendios forestales de California, Australia, la Amazonía… Los casquetes polares se derriten y el nivel del mar sigue subiendo.

El número de especies animales se ha reducido a la mitad desde el año 1970, fundamentalmente en las zonas tropicales de Latinoamérica y sudeste asiático. Este declive de la fauna conlleva la pérdida del hábitat y el consumo directo de animales salvajes.

Los humanos utilizamos aproximadamente la mitad de la superficie útil del planeta; y la mitad de esta, es decir, una cuarta parte del terreno total, se emplea para la ganadería.

Un tercio de las pesquerías están sobreexplotadas. Estamos duplicando la cantidad de pescado que ingerimos, así que imaginemos qué va a ocurrir cuando China y el resto de Asia tengan más dinero y también se alimenten de más pescado.


Solamente el 15% de la superficie de la Tierra y el 8% de los océanos están protegidos


Solamente el 15% de la superficie de la Tierra y el 8% de los océanos están protegidos. Los desechos plásticos están causando un fuerte impacto en la fauna marina, llegando a dañar a especies en peligro de extinción.

La mitad de la población mundial piensa que el cambio climático va a acabar con la raza humana. En Gran Bretaña, uno de cada cinco niños tiene pesadillas con esto.

Sin duda, la pandemia ha sido un evento impactante. Si finalmente resulta que el virus no es producto de un trabajo de laboratorio, y se confirma que apareció en el murciélago, pasó al pangolín y que, posiblemente, la transmisión a los humanos se produjo en una granja o en un mercado de animales vivos en China, el límite es peligroso. Necesitamos estar más separados de la naturaleza.

Acabamos de conmemorar el décimo aniversario del accidente nuclear de Fukushima en Japón, y la mayoría de personas piensan que la energía nuclear es prescindible y que podemos aprovechar las fuentes renovables. Sabemos que la eficiencia energética es clave, que va a reducir nuestro consumo de energía y que puede contribuir a la lucha contra el cambio climático.

LAS BUENAS NOTICIAS

Todo lo anterior es cierto, pero no es la historia completa. Hemos conseguido grandes avances, y debemos contarlos.

Cambio climático

Hace 15 años, EE.UU. era considerado como el villano del clima, pero la realidad es que ha reducido sus emisiones más que ningún otro país del mundo y está haciendo las cosas incluso mejor de lo que se suponía que las haría según los acuerdos de Copenhague y París.

Estamos en –o cerca de– el pico de emisiones de dióxido de carbono, y esto no lo había previsto nadie. En mi opinión, las emisiones van a seguir creciendo durante la próxima década, pero habremos alcanzado el pico para mediados de siglo, lo cual hace poco probable que la temperatura global aumente tres grados más.

Globalmente, los incendios forestales se han reducido un 25% desde 2003. Los fuegos de California y Australia se producen porque hay un exceso de madera para quemar en los bosques. Sin embargo, cuando surge un incendio de alta intensidad y llega a un bosque bien gestionado, el fuego baja desde las copas hasta la parte inferior y se puede controlar.

Solo el 20% de la Amazonía ha sido deforestada y el 50% ya está protegida. Europa es muy crítica con la Amazonía, pero el continente acabó con sus bosques porque quería crecer y ser moderno. Su masa forestal se redujo hasta una superficie equivalente a la de Portugal, y a partir de 1900 volvió a crecer.

Ahora mismo, más del 40% de Europa tiene bosques. No hace falta tanta tierra para fines agrícolas ni utilizamos la madera como combustible; permitimos que los árboles sean árboles. Esto es lo que sucede cuando hay prosperidad. Entre 1900 y 2010, la intensificación de la agricultura en España y Francia permitió reforestar. Reverdecieron gracias a la repoblación, a la conversión de antiguos pastizales en bosques, igual que en Portugal e Italia. Si bien este reverdecimiento se ha producido en las zonas templadas del mundo, aún no en el Trópico, pero quizás pronto lo veamos.


Solamente el 15% de la superficie de la Tierra y el 8% de los océanos están protegidos


Con respecto a la subida del nivel del mar, va muy lenta, estimándose un incremento de poco más de dos metros, ante lo que afortunadamente tenemos ejemplos de adaptación exitosa. A pesar de tener un tercio de su masa terrestre por debajo del nivel del mar, los Países Bajos se convirtieron en una nación rica. Esto coincide con los propios expertos del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), quienes afirman que no hay indicios de que no podamos adaptarnos, y sí mucha evidencia de que podemos hacerlo.

También es una buena noticia la caída de la mortalidad causada por desastres naturales: un 90%. Hoy, los mayores riesgos se concentran en la guerra, las enfermedades, los volcanes, los tsunamis y los asteroides, no en el cambio climático. Creo que todos hemos comprendido con el coronavirus que la enfermedad sigue siendo una de las mayores amenazas, una amenaza a la vida y a la civilización.

Desechos plásticos

Todo el mundo quiere prohibir las pajas de plástico, pero solo representan el 0,03% de los desechos plásticos en los océanos. Si, tradicionalmente, el gran problema eran los residuos de Asia, ahora gran parte lo causan los países ricos al enviarles sus desechos plásticos para reciclar. ¡Lo malo es que en estos países solo se puede reciclar una pequeña parte de lo que reciben!

Actualmente se recicla menos del 10% del plástico producido. Es más, yo defiendo que no deberíamos ni intentarlo, porque no está diseñado para ser reciclado; debería incinerarse o depositarse en vertederos con revestimientos que impiden que los contaminantes se filtren al suelo o a las aguas subterráneas. Por el contrario, sí debemos recuperar el cristal, el aluminio…

Si bien el plástico representa una amenaza para la vida silvestre, también ha desempeñado un papel importante en la protección de los animales en peligro de extinción, al sustituir los productos que originalmente se obtenían de ellos. Por ejemplo, el plástico ayudó a salvar a las tortugas carey y a los elefantes de su casi extinción, pues ambos materiales (carey y marfil) eran muy utilizados en joyas y otros artículos de lujo. Los humanos hemos sabido suplantarlos por plástico, salvando la vida silvestre en el proceso.

Ganadería, agricultura y pesca

Sabemos que muchas de las soluciones verdes no funcionan. Convertirnos en vegetarianos reduciría las emisiones solo un 2%-3%, porque lo ahorrado en carne lo invertiríamos en otras opciones generadoras de emisiones y la realidad es que la mayoría de la población difícilmente será vegetariana.


El uso de la tierra es el asunto medioambiental más importante de todos, siempre lo ha sido


El uso de la tierra es el asunto medioambiental más importante de todos, siempre lo ha sido. La superficie de uso ganadero alcanzó su máximo en el 2000. La superficie para pastoreo y ganadería extensiva es hoy menor y hay más espacio para la fauna a costa de ella.

La ganadería además ha conseguido reducir sus emisiones con efecto invernadero aun habiendo aumentado su producción un 50% (EE.UU. y EU); de hecho, la ganadería industrial altamente intensiva produce muchas menos emisiones de carbono que la agricultura ecológica extensiva, ocupando menos superficie…, y por tanto más superficie para la vida silvestre.

Ganamos eficiencia y experiencia, lo que nos permite disminuir significativamente el impacto ambiental de la producción cárnica y mantener el consumo.

La agricultura intensiva también reduce emisiones y ahorra terreno. Se ha conseguido triplicar la producción de alimentos… utilizando un 8% menos de superficie.

Hay zonas como las subsaharianas que pueden incrementar sus cosechas un 50% solo con agua, abonos y maquinaria. Así de simple. Con estos tres elementos, crecería la producción en todo el mundo y bajaría la presión sobre los bosques.

El uso eficiente de fertilizantes permite a países como Holanda duplicar sus cosechas con la misma cantidad de abono, mientras que los países pobres trabajan, sin métodos modernos de agricultura, una tierra degradada por falta de abono.


La ganadería industrial altamente intensiva produce muchas menos emisiones de carbono que la agricultura ecológica extensiva


Desde 1980 la pobreza ha caído del 44% al 10% y la mortalidad infantil del 43% al 4%; muchas personas pobres pasan hambre, no por escasez de alimentos, sino por desperdicio.

El IPCC califica a la actual sobreexplotación pesquera como uno de los factores no climáticos más importantes para la sostenibilidad de la pesquería. La acuicultura, a la cual le queda mucho desarrollo por delante, permite reducir la presión sobre los ejemplares salvajes.

Hay quien no comería salmón modificado genéticamente, pero es una técnica positiva de reproducción. La acuicultura nos permitirá estar más sanos y, a pesar de que muchos ecologistas la rechacen, es una buena idea para la naturaleza.

Extinción de especies

No estamos ante “la gran extinción”. Efectivamente han desaparecido algunas especies, pero tres cuartas partes no están amenazadas y solamente un 6% corren gran peligro.

El deshielo no es la verdadera amenaza para los osos polares; es la caza y si queremos salvarlos, solo hay que dejar de cazarlos.

También hay aciertos que han llevado a salvar las ballenas jorobadas o las tortugas marinas. Si mucho queda, mucho también es lo conseguido, y sería un error no darse cuenta. Evidentemente hay especies en riesgo, como el pingüino de Nueva Zelanda, que necesita un hábitat más grande. Por eso, gracias a la actividad agrícola intensiva conseguimos que estos animales no desaparezcan.


No estamos ante “la gran extinción”. Han desaparecido algunas especies, pero tres cuartas partes no están amenazadas y solo un 6% corren gran peligro


Actualmente existen 25 veces más áreas protegidas en el mundo que en 1962. Un 15% de la Tierra protegida, aunque no lo parezca, es un gran progreso.

Energía

Es cierto que podríamos ser más eficientes, pero la relación que existe entre consumo de energía y PIB es constante.

Antes las ballenas se cazaban para usar su aceite para iluminación, margarina o jabones. El petróleo descubierto en Pensilvania en 1861 “salvó” a las ballenas al usarse como nueva fuente para iluminación. Estos pozos producían al día el equivalente a cuatro años de pesca ballenera. Conclusión: para salvar la naturaleza, necesitamos fuentes energéticas abundantes.

Para no usar madera, Europa necesitó carbón. Para no usar carbón, y reducir emisiones, Europa necesitó gas; sustituciones similares.

Convenimos que para prosperar hay que usar energía. Pero ahora además queremos que sea limpia. ¿Y de dónde la sacamos? Pues de las centrales nucleares: la fuente que produce más potencia energética, con menor impacto ambiental. Es la forma más rápida de descarbonizar. Hoy no existe ninguna fuente energética capaz de generar más energía, ocupando menos espacio, que el uranio.

Sin embargo, le preocupa a todo el mundo. ¿Por qué pensamos que lo natural es mejor? ¿Por qué un panel solar va a ser más natural que una central nuclear? Lo que hay que plantear es intensidad y concentración. No se puede salvaguardar las especies, dejando que instalaciones solares y eólicas invadan su hábitat. Si la agricultura intensiva y concentrada es buena, no es ese el caso de los paneles solares. Ocupan 400 veces más y sus desechos son 300 veces más peligrosos que los nucleares, al contener plomo y metales pesados. La energía solar emite 40 veces más radiactividad por unidad de energía que la nuclear, debido a la minería de tierras raras.

El uranio, más del 90% del desecho nuclear, provoca inquietud, pero todos los residuos generados por EE.UU. en los últimos 60 años podrían caber en un solo campo de fútbol en recipientes de 15 metros de altura. Bien almacenados, los residuos nucleares tienen menor impacto que el resto acumulado por las otras energías existentes, y además no afectarían al medio ambiente. La energía nuclear podría sustituir tanto a los combustibles fósiles como a las fuentes renovables, mitigando así los actuales daños medioambientales de la expansión energética y los futuros derivados del calentamiento global.

Suecia, Francia o Suiza básicamente utilizan energía nuclear e hidroeléctrica, como Illinois o Bélgica. Hemos invertido casi dos billones en generación nuclear y 2,3 billones para generar solar y eólica. La misma cantidad de dinero, pero mucho menos eficaz.


Los paneles solares ocupan 400 veces más y sus desechos son 300 veces más peligrosos que los nucleares, al contener plomo y metales pesados


Francia y Alemania, dos países similares, tienen modelos diferentes. El primero apuesta por la energía nuclear y el segundo por las renovables. El precio de la electricidad alemana duplica a la francesa y produce 10 veces más carbono por vatio. En California, la energía cuesta siete veces más que en el resto de EE.UU. por la eólica y solar.

Si Alemania hubiera invertido en nuclear los 580 billones de dólares destinados a renovables, ya habría descarbonizado completamente tanto la electricidad como el transporte.

Si de verdad nos importara el cambio climático, plantearíamos la energía nuclear como la mejor fórmula para conseguir electricidad, pero sin embargo todos los años mueren siete millones de personas por la contaminación atmosférica. La energía nuclear ha salvado casi dos millones de vidas hasta la fecha, evitando la quema de combustibles fósiles.


Hoy no existe ninguna fuente energética capaz de generar más energía, ocupando menos espacio, que el uranio


La actual crítica al crecimiento económico por parte de los más ricos del mundo comenzó en los años 70. Que los poderosos digan a los pobres que estos no pueden aspirar a la prosperidad nos lleva directamente a Malthus. La curva de crecimiento de la población mundial decrece desde 1960, y aunque probablemente lleguemos a 10 mil millones de habitantes, no podemos permitir que el temor abunde y se apodere de nosotros, porque el pánico solo lleva a un comportamiento insensato, y eso es muy peligroso.

El desastre de Fukushima provocó un gran impacto a todos los niveles, pero no hubo muertes por radiación y sí unas 2.000 personas fallecidas a causa de la evacuación o al estrés provocado por la misma, y aproximadamente 20.000 en el tsunami.

Creo que el único camino para salvar la naturaleza es el de la energía nuclear y con la colaboración de los unos con los otros. Tenemos que distanciarnos de las ideas románticas de productos naturales y pensar de forma sensata.


Michael Shellenberger, activista medioambiental, fundador y presidente de Environmental Progress, en la Fundación Rafael del Pino.

Foto del oso polar: © Annie Spratt en Unsplash / Foto interior de Michael Shellenberger: © 2019, Foro Nuclear.

Artículo publicado en Executive Excellence n174, abril - mayo 2021.