Innovación frugal aplicada al COVID-19

Innovación frugal aplicada al COVID-19

El estratega Navi Radjou ha pasado años estudiando "jugaad" (palabra hindi que significa solución improvisada o “arreglo” innovador), también conocida como “innovación frugal”. El análisis de los emprendedores en mercados emergentes que descubrieron cómo obtener un valor espectacular a partir de recursos limitados ha sido objeto de estudio de este académico indio-francés-estadounidense, que ha recopilado todo este trabajo en el libro Frugal Innovation.

Ganador del premio Thinkers50 Innovation, Radjou ha sido uno de los participantes de “Outthinker 2020 Virtual Summit”, un encuentro organizado, entre otros, por las plataformas Outthinker Thinkers50, con el objetivo de ofrecer soluciones para liderar en tiempos de una incertidumbre sin precedentes, como la que estamos viviendo. Además, lo recaudado por la venta de los tickets de este evento de pago será donado a organizaciones sin ánimo de lucro que ayudan a las comunidades y poblaciones más vulnerables para enfrentar el virus; desde niños que ya no tienen acceso a comida caliente, trabajadores sin ingresos, y ancianos con mayor riesgo.

Durante el encuentro, Radjou compartió varios principios para innovar más rápido, mejor y más barato, propios de una innovación frugal y más aplicables que nunca para combatir la pandemia que nos asola.

La escasez agudiza el ingenio

Me gustaría debatir sobre cómo podemos innovar de una forma más rápida y más económica, especialmente ante esta situación de crisis global a la que nos enfrentamos, empezando por mi propia experiencia gestionando la adversidad.

Crecí en una antigua colonia francesa al sur de la India, un lugar con un clima muy seco. Mis hermanos y yo teníamos que levantarnos cada día a las 5 de la mañana para conseguir un cubo de agua, la cual nos debía servir para cocinar y lavarnos; así que, desde muy joven, aprendí la importancia de hacer las cosas mejor con menos.

Mi barrio era pobre, pero eso me hizo darme cuenta de que alguien que tiene menos no es por ello menos persona, de hecho, menos puede ser más. Incluso cuando algunos sólo tienen una sonrisa.

Muchas veces encontramos casos de gente muy pobre con un ingenio tremendo. Recuerdo cómo los chicos de mi barrio se las arreglaban para hacer sus propios protectores para jugar al cricket, el deporte oficial indio, utilizando su imaginación y lo poco que tenían a mano. Esta forma de actuar se convirtió en una obsesión para mí, y desde entonces he tratado de entender cuál es la actitud y el proceso mental que permite a los emprendedores de los mercados emergentes hacer más con menos. La combinación de recursos limitados con increíbles necesidades lleva a una innovación disruptiva, algo especialmente relevante para la crisis que hoy enfrentamos. 

Un ejemplo es el del artesano indio Mansukhbhai Prajapati, ceramista de formación, que desarrolló una nevera de barro que no consume electricidad y que puede mantener frutas y vegetales frescos varios días. Prajapati no fue al MIT ni a una escuela de negocios, sino que aplicó sus propios recursos y los conocimientos de su oficio para generar valor para él mismo y para la sociedad que le rodeaba. Esto demuestra que en un entorno de escasez, se pueden presentar grandes oportunidades para innovar y generar valor. 

En el área de la energía solar, tenemos el ejemplo del indio Harish Hande, cuyos sistemas de energía solar se han distribuido en más de 200.000 viviendas de las zonas más remotas. La innovación aquí no está en la tecnología disponible, sino en el modelo de negocio, ya que esta gente no puede permitirse pagar una cuota mensual por la electricidad, pero sí un micropago diario de unos pocos centavos a través de su móvil, lo cual les da acceso a electricidad cuando la necesitan. Por lo tanto, necesitamos mucha innovación tanto en la mentalidad y los modelos de negocio, como en los productos y servicios, para cubrir las necesidades actuales de los mercados. 

En China, el envejecimiento de la población unido a la crisis del COVID ha añadido gran tensión al sistema sanitario. Dado que buena parte de sus ancianos tienen enfermedades crónicas y viven en zonas rurales donde no hay muchos hospitales ni atención médica, han desarrollado un sistema de telemedicina increíble que permite a los médicos pasar consulta de forma remota, y prescribir tratamientos que pueden ser implementados localmente. Por eso defiendo que hay maneras de desarrollar un mejor capital social en los pueblos.

China llevaba una década probando esta solución, y hoy les está dando un gran servicio, pues utilizan la telemedicina para gestionar el COVID, haciendo consultas a distancia y conectando con pacientes de ciudades distantes para conocer y compartir información sobre su congestión pulmonar, sus dificultades respiratorias, y otras cuestiones.

Este es un ejemplo de cómo utilizar tecnologías como la telemedicina de forma frugal y aportando valor a la comunidad.Esto también puede ser aplicable a los descubrimientos científicos. En septiembre de 2015, la NASA mandó una misión a Marte con un coste de 647 millones de dólares. Esa misma semana, la Agencia Espacial India envió a Marte su propia nave espacial con un coste de 77 millones de dólares, poco más de un 10% de la inversión de la NASA. ¿Cómo es posible? Hay que saber que la NASA gasta en un mes lo que Agencia Espacial India gasta en un año, así que, cuando tienes una limitación tan grande, te ves obligado a pensar fuera de la caja. Bajo esta premisa, consiguieron explorar Marte con un presupuesto mínimo. 

Desde una perspectiva mucho menos científica, sucede lo mismo con Hollywood, donde en películas de ciencia ficción, como Avatar, se invierten 260 millones de dólares. La conclusión es que mientras la industria cinematográfica americana explora el espacio en la ficción, India lo hace en la realidad mucho más barato. Esa es la moraleja de la historia.

Más, y mejor, valor económico, social y ecológico

En la última década, los coautores de mi libro y yo, Frugal Innovation, hemos analizado muchas soluciones ingeniosas en los mercados emergentes e intentado averiguar cuáles son los métodos utilizados por los emprendedores para lograr una solución técnica única que resuelva ciertos problemas. En vez de encontrar una técnica o herramienta, descubrimos un nuevo paradigma, una nueva forma de innovar diferente a la de los países desarrollados, particularmente de Silicon Valley. Es lo que denominamos “innovación frugal”, que se refiere, esencialmente, a esa increíble habilidad para hacer más y mejor con menos.

¿Qué quiero decir con mejor? Mejor es aportar más valor, desde luego económico, pero también social y ecológico. Este aspecto ecológico es un máximo común denominador en este tipo de innovación donde al mismo tiempo, se busca minimizar la utilización de recursos escasos –como capital, energía y tiempo–, como hacer un uso inteligente de los recursos disponibles. El objetivo es optimizar la entrega de valor, maximizando el valor de los recursos que se tienen. 

Todo esto se vuelve muy interesante cuando se empieza a dimensionar: ¿Qué resultados podríamos obtener si conseguimos una solución que aporte 10 veces más valor, siendo 10 veces más barata y haciéndose 10 veces más rápido? Cuando esto se consigue, se obtiene una solución disruptiva; pero, ¿qué ocurriría si pudiéramos hacer las cosas 100 veces mejor con 100 veces menos? ¿Sería eso posible? ¡Lo es! 

Por ejemplo, millones de bebés que nacen de forma prematura en el mundo. En los países desarrollados, se les mantiene en una incubadora que cuesta 20.000 dólares y que requiere de electricidad para mantener una temperatura constante. Analizando este problema, Jane Chen y otros cinco licenciados de la universidad de Stanford inventaron una solución ingeniosa. Desarrollaron una especie de pequeño saco de dormir, en cuyo interior se encuentra una bolsa de un material parecido a la cera, que se derrite al calentarlo y que mantiene caliente al bebé, a una temperatura constante, durante seis horas. Esta ingeniosa solución cuesta 200 dólares, el 1% de lo que cuesta una incubadora. Este recurso sencillo y frugal ha salvado a más de 300.000 bebés en los últimos siete años. 

Principios de la innovación frugal para combatir el coronavirus

En nuestro libro Frugal Innovation, identificamos seis principios clave que se pueden utilizar para implementar la innovación frugal en las organizaciones. Muchos de ellos tienen hoy una gran relevancia para ayudar a combatir la crisis del COVID-19.

Me gustaría compartir tres de esos principios, para demostrar como uno, incluso mañana por la mañana, puede empezar a aplicarlos para crear más valor con pocos recursos.

1) Cómo flexibilizar los recursos disponibles para extraer más valor de ellos. Este es un principio muy simple pero con gran profundidad. Hoy tenemos una sensación de escasez; faltan respiradores, máscaras, trajes de protección individual (TPIs)…, pero olvidamos que es más importante focalizarse en lo que uno tiene mirando a su alrededor que enfocarnos en el vaso medio vacío.

Así que pensemos, ¿qué recursos están a nuestra disposición, muchas veces de forma abundante, y cómo los utilizamos de una forma inteligente para sobreponernos a la escasez de lo que no tenemos? Por ejemplo, en los próximos años va a haber una tremenda escasez de agua en el mundo, pero también encontramos muchísima humedad en el aire. La empresa WaterGEN ha creado unidades móviles que se pueden mandar a cualquier sitio donde haya humedad y escasez de agua, capaces de convertir esa humedad del aire en agua con calidad para ser consumida y con capacidad de generar casi un metro cúbico de agua diario con una sola unidad portátil. Por lo tanto, se puede hacer de lo abundante, como es la humedad, algo que supla lo escaso, como es el agua para beber.

De la misma forma, con cinco billones de aparatos conectados a Internet, debemos pensar en cómo vamos a alimentarlos. Podemos utilizar baterías, que son perjudiciales para el medio ambiente, o aprovechar la muchísima luz ambiental que tenemos para convertirla en electricidad.

Eso es lo que ha hecho la start-up francesa Dracula Technologies, que imprime unas pequeñas células solares, las cuales incorpora a todo tipo de objetos (como la mochila de los estudiantes) que se transforman en cargadores. Gracias a esto, uno no tiene que preocuparse de llevar su cargador del móvil encima, porque la mochila, o el objeto que sea, lo está cargando mientras te mueves, funcionando incluso en sitios con muy poca luz. 

Como decía, este principio también aplica en la gestión de la crisis del coronavirus. Tenemos escasez de respiradores para mantener vivos a los pacientes de COVID en las UCIs. Podemos caer en el pánico o podemos buscar soluciones como la de James Dyson, pensando en qué tecnologías tenemos que puedan ser adaptadas para construir un respirador de forma rápida. El inventor de las aspiradoras Dyson ha cogido los motores digitales de sus aspiradoras y en solo 10 días, y utilizando sus propios recursos, los ha convertido y adaptado a respiradores. Actualmente ya se están distribuyendo 15.000 por todo el mundo. A veces no es necesario inventar un producto nuevo, sino apalancarse en lo que ya se tiene de una forma inteligente para crear más valor.

Ante la falta de mascarillas, a un grupo de doctores italianos se le ocurrió utilizar las máscaras de esnórquel que producía Decathlon, y las han reconvertido en respiradores. Desde entonces, la compañía se volcado con la producción este tipo de máscaras, dándoles una reutilización y todas las facilidades posibles. De hecho, está utilizando su departamento Investigación y Diseño para ayudar a que sus equipos adapten estas máscaras, para que sean utilizadas como máscaras de respiradores. 

No siempre hay que preguntarse por qué, sino por qué no. En este caso, Decathlon se preguntó ¿por qué no permitir que mis clientes utilicen mis productos para objetivos diferentes para los que fueron diseñados? No sólo respondió afirmativamente, sino que esta colaborando en todo lo que puede. De hecho, en España ha solicitado a la policía que requise todas estas máscaras para adaptarlas a ventiladores.

2) El segundo principio es muy estimulante, y va a ser una tendencia muy utilizada en los próximos años: cómo cocrear soluciones regenerativas.

¿Qué significa eso? La regeneración es la próxima gran idea que va a reemplazar al concepto de la sostenibilidad. Si analizamos los términos, sostenibilidad significa mantener el statu quo, y nosotros no queremos mantenerlo, sino construir mejores sistemas. Para ello, debemos regenerar los negocios. Se ha publicado un increíble informe que demuestra que el 80% de los clientes en EE.UU. prefieren el término regeneración al término de sostenibilidad. Esto quiere decir que, cuando hablamos de regeneración, vamos mucho más allá de la reducción de la huella de carbono y nos enfocamos hacia cómo podemos incrementar el impacto positivo en el planeta.

Existen algunos ejemplos interesantes. La compañía Interface, que hace moquetas, ha construido una factoría que no sólo contamina menos sino que, al mismo tiempo, ofrece servicios a su entorno social próximo, como agua potable o energía limpia que ellos regeneran y distribuyen en todas las comunidades locales. Este es el tipo de soluciones regeneradoras que tenemos que plantear si queremos realmente provocar un cambio climático en la próxima década.

3) El tercer principio es una invitación para asociarse a través de ese proceso que denominamos innovación abierta, y que se basa en ser capaz de contactar con aquellos que nos rodean y pedirles ayuda, de manera que entre todos podamos cocrear soluciones.

Muchas veces estos nuevos socios pueden ser personas o empresas con las que no hemos trabajado previamente. En Dinamarca, por ejemplo, 12 compañías que están muy próximas se han unido para compartir residuos, energía y otros recursos en un proceso que hemos denominado simbiosis industrial. Esencialmente es una forma de aplicar el concepto de shared economy (economía compartida) en el sector B2B.

Esta colaboración es especialmente significativa en entornos tan traumáticos como el actual, donde encontramos prácticas fascinantes como la que está llevando a cabo Ford. La compañía de automoción se ha asociado con GE Healthcare, que lleva tiempo desarrollando aparatos sencillos y frugales para entornos como la India, y se apalanca en esta experiencia para crear ventiladores mecánicos capaces de salvar a los enfermos de COVID19. Lo mismo está haciendo GM (General Motors), quien ha formado equipo con la compañía californiana VENTEC para fabricar respiradores mecánicos.

Es admirable cómo estas compañías, que cuentan con más de un siglo de experiencia en el mercado, tienen la humildad de asociarse con otras más especializadas y aprender de ellas, porque es lo que la sociedad necesita en estos momentos.

Consejos para enfrentar la carestía  

Hoy sufrimos un gran estrés, que yo defino como la percepción del desequilibrio entre las demandas externas frente a los recursos internos. Lo frecuente es que en los momentos de crisis comencemos a quejarnos de no tener recursos como dinero o tiempo, pero debemos mirar dentro de nosotros y localizar los recursos que existen en nuestro interior. Veremos que los tenemos, y muchos de ellos en abundancia, sólo hay que utilizarlos de una forma inteligente para enfrentarnos a la escasez. Es esencial que en momentos como este pensemos más allá de nuestros propios intereses, viendo cómo utilizar los principios de los que hemos hablado para tener un mayor impacto en la vida de los demás.

La principal característica de estas nociones de innovación frugal es que pueden ponerse en práctica en momentos de crisis, porque podemos actuar de una forma más económica, rápida y mejor… pero yo aspiro a que se conviertan en formas habituales de actuar cuando se piense en la innovación, después de esta crisis. 

Desde que publiqué mi último libro, los millennials han llegado al mercado como consumidores y empleados, y ahora lo está haciendo también la Generación Z. Esto significa que vamos a tener dos nuevas generaciones con lo que yo denomino una conciencia frugal. Su principal objetivo es hacer más con menos, y esto tiene una gran importancia, porque si aún no están haciéndolo, en un futuro cercano no les va a quedar más remedio.

La población joven del mundo va a demandar que se le ofrezcan estos servicios y productos frugales. Por eso es importante utilizar la crisis del COVID para aprender y practicar. Esta nueva forma de actuar será de gran utilidad no sólo para enfrentar la pandemia, sino también para encarar la crisis que vendrá justo después, la económica, y dentro de un tiempo, también la climática. 

El concepto frugal, en mi opinión, es esencial para salir adelante. Hoy tenemos un pensamiento secuencial, pero tenemos que cambiarlo por una perspectiva más sistémica y nos ayudará a platearnos cómo crear soluciones ahora que además puedan ser aplicadas en los tiempos difíciles que, sin duda, van a surgir en el futuro.

PUESTA EN PRÁCTICA 

Tras su intervención, Navy Radjou conversó con Brad Stevens, CEO de Outsource Access y especialista en Agility en Outthinker. 

BRAD STEVENS: En esta crisis del COVID-19, ¿dónde se encuentran esas áreas que todavía no hemos aprovechado y cómo podemos encontrar recursos para combatir esta situación?  

NAVY RADJOU: Nos encontramos inmersos en una crisis sanitaria, y en las últimas semanas nadie habla de otros asuntos, como el cambio climático, por ejemplo, porque nuestras vidas están en peligro. 

La vida es algo precioso, y relacionado con el wellness y el wellbeing. Es importante ahora es que todas las compañías piensen en el bienestar de quienes les rodean, de sus empleados, de sus clientes… 

En EE.UU. están ocurriendo cosas muy llamativas en el campo de la innovación sanitaria, porque los costes no hacen más que incrementarse y en dos años la salud va a representar el 20% del PIB del país. Las personas tienen multitud de dolencias, se están registrando muchas enfermedades crónicas y la población está envejeciendo, pero todas estas circunstancias son anteriores al COVID.

Creo que, a partir de ahora, todos nos vamos a concienciar de que lo realmente importante es el bienestar humano y, para ello, también es fundamental que cuidemos al planeta. A corto y medio plazo necesitamos encontrar formas frugales para que las personas vivan de un modo más saludable. Están empezando a aparecer soluciones increíbles, como la telemedicina, que nos demuestra que se pueden hacer cosas de forma remota.

Tenemos que “desinventar”, creando un nuevo paradigma de salud enfocado en el ámbito predictivo, donde las personas incorporen a su día a día wearables capaces de monitorizar a distancia su salud de una forma mucho más proactiva.

Tenemos que aprender a gestionar el wellbeing y, apoyándonos en la Inteligencia Artificial, buscar patrones que permitan descubrir anticipadamente las posibilidades que cada persona tiene de desarrollar enfermedades o acontecimientos negativos, y así poder intervenir de forma puntual.

Creo que en el sector de la salud, y de una manera más amplia en el del bienestar, es donde las innovaciones frugales van a tener mayor notoriedad.

B.S.: Se están produciendo cambios masivos en conductas, perspectivas y opiniones. Estoy convencido de que todo ello va a generar grandes innovaciones, pero ¿cómo podemos gestionarlas en plena crisis?

N.R.: Tenemos que transmitir confianza, porque me da la impresión de que la emoción dominante ahora mismo es el miedo y la ansiedad. Hay una sensación generalizada de pánico en el mundo. Sé que las cosas van a mejorar, pero no de forma inmediata. Estamos todavía subiendo la montaña, y es importante asegurarnos de que vamos a superar la situación dando los consejos adecuados para que todo el mundo se mantenga sano. 

Las investigaciones neurocientíficas demuestran que, en tiempos de crisis, las personas son más propensas a ver las cosas de forma diferente. En situaciones normales es más difícil, porque todos estamos centrados en nuestras perspectivas individuales, pero la crisis está destruyendo los sistemas de creencias y nociones preconcebidas en las que se encontraba atrincherada nuestra mente. Por eso, creo que es el momento perfecto para enfrentarnos a innovaciones valientes. Descubrir un ventilador mejor es necesario, pero no pongamos todas nuestras energías en hacerlo. 

Esto fue precisamente lo que hizo IBM en el año 2002. En plena crisis de las .com, la compañía fichó como CEO a Sam Palmisano, y su primera decisión fue utilizar ese tiempo de incertidumbre para repensar la estrategia, valores y propósito de la empresa. Así, la organización llegó a la conclusión de que no sólo debía innovar para sus clientes, sino que tenía que hacerlo para toda la sociedad.

Parece una estrategia poco práctica, pero es importante utilizar estos momentos para repensar nuestra misión y propósito como empresa, apoyándonos en nuestros colaboradores, empleados y socios. Es una oportunidad de oro, porque cuando pase la crisis todos volveremos a recuperar nuestra tradicional forma de enfrentarnos a los problemas, y las perspectivas se volverán más rígidas.

B.S.: ¿Es factible copiar ideas de los países en vías de desarrollo y aplicarlos a nuestro entorno?

N.R.: Esto es lo que yo denomino etnocentrismo, que no es otra cosa que una forma suave de racismo, en la cual los países desarrollados pensamos que no tenemos nada que aprender del tercer mundo. Vivo en EE.UU. y veo cómo la sociedad está luchando y pasando dificultades para gestionar esta crisis, mientras que otros lugares mucho más pobres lo están haciendo de forma más efectiva.

Los países desarrollados tenemos que ser más humildes, y ahora es un buen momento para desarrollar esta capacidad, porque la mente de las personas está más abierta a adoptar soluciones efectivas vengan de donde vengan.

En India, por ejemplo, se ha creado un test que se puede realizar utilizando una tira de papel que cuesta seis dólares. Las oportunidades de importar productos y servicios se multiplican y, de hecho, hay compañías que lo están haciendo como GE Healthcare, que ha desarrollado en India aparatos médicos de bajo coste que se están vendiendo en EE.UU., o Siemens, que ha empezado a comercializar en Norteamérica un escáner desarrollado en China. 

Un caso llamativo es el de la solución desarrollada por la Fundación Johnson & Johnson. EE.UU. tiene el vergonzoso honor de registrar la tasa de mortalidad infantil más elevada de los países desarrollados. Para ayudar a paliar esta situación, la fundación importó una práctica que se llevaba a cabo en África y México, y que consistía en mandar mensajes de texto a las embarazadas para transmitir ideas sobre su salud. Esta sencilla intervención ha tenido gran impacto y está siendo utilizada por más de un millón de mujeres. Esto es muy revelador, ya que EE.UU. siempre piensa en complejas y grandes soluciones, pero intervenciones simples copiadas de países en vías de desarrollo han demostrado ser muy útiles.

Es importante que seamos capaces de importar productos y servicios frugales, pero lo más importante de todo es cultivar esta mentalidad frugal, para que sea la conciencia de la sociedad. Para ello tenemos que cambiar de cultura y crear un sistema donde la información esté democratizada y no centralizada en los grandes departamentos de I+D. Hemos optimizado la innovación hasta el punto de basarla en la eficiencia y la escalabilidad, y este modelo termina por no funcionar. 

La crisis del coronavirus está demostrando que debemos parar de escalar y empezar a optimizar las actividades de innovación para que sean ágiles y puedan responder a las demandas del mercado. Es algo que debemos aprender de los mercados emergentes como China, donde compañías como Haier, que es el primer fabricante de electrodomésticos, pueden producir un nuevo aparato en cuatro semanas. 

B.S.: ¿Cómo se puede ser frugal en situaciones de comercialización y distribución normales y qué ejemplos específicos nos puede dar para superar esta crisis?

N.R.: Best Buy es un ejemplo de compañía que está aprovechando la crisis para repensar y redefinir sus objetivos junto a sus empleados. La compañía especializada en la venta de productos electrónicos está intentando apalancarse en sus recursos actuales para ayudar a la sociedad y aportar valor.

A día de hoy llevar comida a los domicilios de las personas más vulnerables es una necesidad que, además de mantener a los empleados motivados, permite a la empresa probar nuevos conceptos y testar si pueden funcionar cuando la situación se normalice.

B.S.: En estos momentos de crisis, ¿cómo se puede tener tranquilidad, visión y espacio para reflexionar sobre lo que está ocurriendo?

N.R.: No se puede cambiar una cultura sin la implicación del liderazgo. En este sentido, me gustaría relatar dos ejemplos que son muy inspiradores.

El primero es el caso de Renault Nissan, una compañía global que a finales de los 90 se encontraba en una situación difícil, ya que la gente buscaba coches económicos y ellos no sabían cómo fabricarlos. Entonces apareció su CEO, Carlos Ghosn, con una ida radical: redactó las especificaciones de un coche que podía ser desarrollado por tan sólo 5.000 dólares. Los ingenieros franceses de la compañía, acostumbrados a desarrollar automóviles de 20.000 dólares, no tenían ni idea de cómo proceder y por eso decidieron ponerlos a trabajar con ingenieros rumanos que, al vivir en un régimen comunista, estaban acostumbrados a hacer más con menos.

En el año 2005 lanzaron el Dacia Logan por 5.000 dólares, y a partir de entonces adquirieron la confianza necesaria como para desarrollar una nueva línea de productos. La idea es buscar soluciones para una determinada cosa, identificarla, fijar un objetivo ambicioso y una vez que eso se ha puesto en marcha, pensar bajo esa misma filosofía en una línea de productos similares. La marca Dacia, de Nissan, hoy representa el 40% de los ingresos de la compañía y el año pasado lanzaron en China vehículos eléctricos por 9.000 dólares. Y todo esto se hizo posible porque hubo un líder que se planteó cómo repensar la forma de fabricar coches. 

Otra manera de aproximarse a la situación es la de Paul Polman, ex CEO de Unilever. En el año 2009 Polman afirmó que en el 2020 duplicarían los ingresos al tiempo que reducirían en un 50% la huella de carbono. Diez años después, consiguió ese objetivo, y hoy es uno de los apóstoles de la lucha contra el cambio climático.

Es fundamental fijarse un objetivo valiente, un hecho que parezca misión imposible para los equipos, porque sólo así se crea esa sensación de imposibilidad, de falta de recursos y de presión que da lugar a los mejores resultados. Cuanto más restricciones se tienen, más se cataliza la creatividad y la innovación. No hay que ser modesto con los objetivos; el cielo es el límite, y si se consiguen plantear objetivos valientes en un único proyecto o producto que reúnan los principios de innovación frugal y la confianza necesaria, los equipos aprenderán que se pueden desarrollar esas soluciones en el futuro de forma sistemática.


Navy Radjou, estratega de Innovación y experto en Innovación frugal, en el Outthinker 2020 Virtual Summit, organizado por Thinkers50.