Encontrar el propósito a través del arrepentimiento

Encontrar el propósito a través del arrepentimiento

Daniel Pink reconoce llevar mucho tiempo intentando descifrar el código del propósito y haber encontrado en el arrepentimiento –en particular en aquel que sentimos por no ser lo suficientemente audaces, por no dejar un legado– una vía para encontrarlo.

Su último libro, The Power of Regret: How Looking Backward Moves us Forward está llamado a convertirse en un bestseller, como ya lo fueron sus anteriores títulos: When y A Whole New Mind, así como los números uno del New York Times, Drive y To Sell is Human.

Si ya calificaba la pandemia como un gran desenmascaramiento, como algo que había puesto al descubierto realidades ocultadas, ahora el autor constata cómo esta situación ha hecho reflexionar sobre la actitud ante el trabajo. Actualmente las personas se preguntan si están haciendo una contribución con su labor, si están marcando la diferencia. Según Pink, muchas se dan cuenta de que no es así, que no están creciendo de la manera que podrían ni van por el camino adecuado. Quieren tener un cambio, y eso se convierte en un sentido del propósito.

En The Power of Regret, Daniel Pink se basa en la investigación en psicología, neurociencia, economía y biología para desafiar las suposiciones generalizadas en torno a las emociones y el comportamiento, y plantea un proceso para transformar los arrepentimientos en una fuerza positiva para trabajar de manera más inteligente y vivir mejor. Mirar hacia atrás para avanzar en el ámbito profesional y personal, para cuestionar y definir el propósito.

Durante la pasada Thinkers50 Awards Gala 2021, Pink desveló algunos hallazgos de su investigación acerca del poder del arrepentimiento.

UNA EMOCIÓN ÚTIL

Me interesé por este tema porque me di cuenta de que yo mismo tenía muchos remordimientos. Probablemente, no es algo que hubiera explorado a los 30 años, pero en cierto modo me pareció inevitable hacerlo a los 50. Creo que el arrepentimiento es nuestra emoción más incomprendida, a pesar de haber muchas pruebas que constatan que es una de las más frecuentes. De hecho, es nuestra emoción negativa más prevalente, y tenemos un problema con esto, particularmente en EE.UU. Estamos sobre-indexados (over-indexed), por usar un término de escuela de negocios, a la positividad. Creemos que es importante pensar siempre en positivo y ser optimista, y la forma de abordar esta cuestión –pasando de la estrategia a las finanzas, de nuevo en términos de escuela de negocios– es pensar en nuestras emociones como una cartera que, como cualquier tipo de cartera, queremos que esté diversificada. Así, en nuestra cartera emocional, deberíamos tener muchas emociones positivas que hacen que nuestra vida sea mejor, como la gratitud, el asombro, la esperanza; pero también algunas negativas, porque son funcionales, útiles, son una adaptación evolutiva. Cuando los investigadores han analizado este tipo de emociones, el arrepentimiento ha destacado como la más poderosa y prevalente. Por eso decidí analizarla mediante tres formas: el estudio de los 40 años de trabajo académico de este tema y con la realización de dos investigaciones propias.


El arrepentimiento es nuestra emoción negativa más incomprendida, a pesar de ser la más prevalente


Una de ellas es “American Regret Project”, el mayor muestreo de opinión pública sobre el arrepentimiento jamás realizado en este país; por lo tanto, un buen estudio cuantitativo. La otra es World Regret Survey,  una encuesta donde hasta ahora hemos recogido el arrepentimiento de casi 17.000 personas de 105 países. Es una colección extraordinaria y me gustaría compartir un par de descubrimientos.

NUEVOS HALLAZGOS

El primero es que todo el mundo se arrepiente. La filosofía de no arrepentirse, tan arraigada en EE.UU., es una completa tontería. Realmente, las únicas personas que no lo hacen son los niños de cinco años, los individuos con daño cerebral y los sociópatas. El resto nos arrepentimos, y lo más importante es que, si lo gestionamos de manera correcta, el arrepentimiento nos hace mejores.

Hay pruebas que confirman que si tratamos nuestros remordimientos adecuadamente, podemos tomar decisiones más inteligentes, mejorar nuestro rendimiento en el trabajo o en la escuela, y profundizar en nuestro sentido del propósito. Hay datos sobre cómo los negociadores arrepentidos son mejores negociadores, cómo los CEOs que reconocen sus arrepentimientos, en lugar de evitarlos, son mejores estrategas.


Si tratamos nuestros remordimientos adecuadamente, podemos tomar decisiones más inteligentes, mejorar nuestro rendimiento en el trabajo y profundizar en nuestro sentido del propósito


El segundo descubrimiento, y aquí creo que hay lecciones a nivel individual y organizativo, es que el modo en que los estudiosos han examinado típicamente el arrepentimiento ha sido analizándolo en diferentes planos de nuestra vida. Por ejemplo, los arrepentimientos relacionados con la educación, o con la carrera profesional, o con la salud… Y lo que he averiguado es que debajo de esas esferas había una estructura profunda de arrepentimiento, que en todo el mundo la gente tenía los mismos cuatro arrepentimientos, sin importar el ámbito de la vida en el que se expresasen.

CUATRO CATEGORÍAS UNIVERSALES 

Existen los “arrepentimientos de fundamentos” (foundation regrets), toda la gama del tipo: “Ojalá hubiera ahorrado más dinero, ojalá me hubiera cuidado más…”. En esencia, lo que significa es que, en una determinada situación, podemos elegir. Como en la fábula de Esopo, podemos decidir ser la hormiga o el saltamontes. Podemos hacer cosas que son difíciles a corto plazo para que den sus frutos a largo, o podemos dejar pasar los días y sacrificar el largo plazo. La gente siempre se arrepiente de esta última elección. Un gran número de personas se arrepiente de haber fumado, de no haber hecho ejercicio, de no haber ahorrado dinero, de no haber estudiado más...

Los siguientes son los arrepentimientos de audacia (boldness regrets), aquellos producidos por no haber sido lo suficientemente osados y cuya expresión típica sería: “Si hubiera aprovechado la oportunidad”. Tanto mi investigación como la académica muestran claramente que la gente se arrepiente de las inacciones mucho más que de las acciones. Lamentamos lo que no hemos hecho, mucho más que lo que hemos hecho. En diversos ámbitos, se manifiesta arrepentimiento por no haber aprovechado una oportunidad: por no haber invitado a salir a una determinada persona hace años, por no haber arriesgado en la carrera, por haber ido a lo seguro en el trabajo, por no haber emprendido un negocio…

Otra categoría muy interesante, la tercera, es la de los arrepentimientos morales (moral regrets). Se trata de personas que tuvieron una coyuntura en su vida y pudieron hacer lo correcto o lo incorrecto, e hicieron esto último y todavía les pesa. Es realmente sorprendente y alentador. Tengo cientos de arrepentimientos de personas de todo el mundo que sienten remordimiento por haber hecho bullying en la escuela. Incluso a sus 60 y 70 años, se lamentan de estos daños morales. Ahora bien, este tipo de arrepentimientos son interesantes porque no tenemos una noción compartida de lo que es ser moral, por lo que existe cierta divergencia.


Al examinar los cuatro tipos de arrepentimiento, nos damos cuenta de que funcionan como un negativo fotográfico de la buena vida


Por último, pero no menos importante, están los arrepentimientos de conexión (connection regrets), que se refieren esencialmente a nuestras relaciones vitales, con independencia de cuál sea el vínculo. Hay padres que se arrepienten de haberse alejado de sus hijos, o viceversa. Una de las cosas que más me llamó la atención fue la increíble importancia que tiene la amistad en la vida de las personas. Las relaciones con los amigos son una forma de amor que, en realidad, creo que no nos tomamos lo suficientemente en serio.

Los arrepentimientos de conexión se producen cuando una relación se rompe y lo que suele ocurrir es lo siguiente: alguien quiere tender la mano, pero no lo hace porque piensa que va a ser incómodo o embarazoso y cree que a la otra parte no le va a interesar; e, inevitablemente, si lo hace, no es incómodo y a la otra parte siempre le importa. Los arrepentimientos de relación suenan así: "Si solo hubiera tendido la mano, si solo hubiera contactado…”.

DE LA VIDA A LA EMPRESA 

Cuando examinamos estos cuatro tipos de arrepentimientos, nos percatamos de que funcionan como un negativo fotográfico de la buena vida. Es decir, si entendemos lo que la gente más lamenta, entenderemos lo que más valora. De modo que una emoción negativa como el arrepentimiento acaba señalando un camino positivo hacia una vida mejor. Es más, en términos organizativos, considero que estos cuatro arrepentimientos principales nos dan una idea de lo que hace fuerte a una empresa.

¿Qué quieren las organizaciones de las personas? ¿Y qué quieren las personas de su organización? Quieren tener una buena base, tener cierta seguridad. ¿Qué nivel de estabilidad necesitan las personas para rendir al máximo nivel? Son cuestiones a las que responder.

En cuanto a la audacia, la gente quiere ser capaz de asumir riesgos sensatos en el trabajo. Quiere poder hacer algo grande, audaz y significativo. Las personas desean un grado de solidez psicológica. Con respecto a la moralidad, creo que las organizaciones han de considerar el hecho de que casi todo el mundo quiere hacer lo correcto, y cuando no lo hace, les incomoda. Por último, los individuos buscan tener un sentido de conexión con sus colegas, con los clientes, con el mundo en general.

Me resulta curioso, porque yo mismo asumí esta emoción del arrepentimiento como negativa, pero me voy volviendo optimista al comprobar que ofrece pistas sobre cómo se cohesionan y fortalecen las organizaciones.

CÓMO SALIR DEL ARREPENTIMIENTO 

Superar el arrepentimiento depende de cómo manejemos nuestras emociones. Digamos que hay una explicación general y algunos pasos específicos.

El icónico psicólogo estadounidense William James decía –simplificando su teoría– que pensar es hacer. ¿Para qué pensamos? Pensamos para actuar y actuamos para sobrevivir, de modo que surge una pregunta abierta sobre para qué sirven los sentimientos. Especialmente en el mundo de los negocios, da cierto reparo enfrentarse a ellos, así que lo hacemos de diferentes modos.

Podemos decir que los sentimientos son para ignorarlos. No son legítimos. Los ignoramos. Si me siento mal, me sobrepongo; eso es todo. También podemos hacer algo, que desde mi punto de vista es tanto o más peligroso, como es decir que es para sentirlos, que son la única verdad y que la manera en que me siento es la mejor representación del estado del mundo. Creo que eso también es peligroso. Sentir para ignorar lleva al engaño, pero sentir para sentir lleva a la desesperación.

Entonces, ¿para qué sentimos? Mi opinión es que lo hacemos para pensar, que cuando sentimos la “atmósfera” envolvente de una emoción negativa nos está diciendo algo; y, en vez de ignorarla o regodearnos en ella, nos deberíamos preguntar: “¿qué me está diciendo?”. Por lo tanto, sentimos para pensar porque pensamos para hacer, para actuar. Ese es el sentido más amplio.

El otro nivel más específico es que existe abundante conocimiento científico que nos da pistas de qué pasos seguir para superar el remordimiento. Una forma es hacerlo público. La investigación sobre la auto-revelación es extraordinaria. Pensamos que si desvelamos cosas sobre nosotros mismos, particularmente las negativas, gustaremos menos a la gente, pero les gustamos más. Creo que esa es una de las razones por las que hablamos tanto sobre el liderazgo, la autenticidad y la vulnerabilidad. Así que: revela tu arrepentimiento. Si te sientes incómodo divulgándolo públicamente, hay investigaciones que demuestran que simplemente escribirlo en privado es una manera de aliviar la carga que supone.


Si seguimos un proceso de tres pasos: auto-revelación, autocompasión y auto-distanciamiento, podremos extraer una lección del arrepentimiento y aplicarla en el futuro


El segundo paso es la autocompasión, cuya investigación es de las más convincentes que he visto en la ciencia psicológica durante los 20 años que he trabajado en este tema. Esencialmente, la autocompasión triangula entre la autoestima y la autocrítica. Hay algunas virtudes en la autoestima, aunque está muy sobrevalorada, especialmente si está desvinculada de los logros reales. La autoestima puede disminuir la empatía y llevar al narcisismo. La auto-crítica, que es mi movimiento favorito, comenzó a buscar pruebas de su eficacia. No hay muchas, pero puede parecer algo valiente o virtuoso, como si fueras un gran tipo criticándote a ti mismo; aunque no conduce a mucho. La autocompasión es básicamente tratarse a uno mismo con la misma benevolencia con la que tratarías a un amigo, y luego reconocer que los defectos propios son comunes a los del resto de la humanidad. Así que, si pensamos en la charla que nos damos a nosotros mismos tras cometer un error, hemos de admitir que nunca le diríamos eso a un amigo.

Por último, el auto-distanciamiento, que consiste fundamentalmente en alejarnos y ser mucho más analíticos sobre el arrepentimiento. Si seguimos este proceso de tres pasos (auto-revelación, autocompasión y auto-distanciamiento), podremos extraer una lección de ese arrepentimiento y aplicarla en el futuro.

Me gustaría compartir una última idea, muy concreta y que creo que encaja como punto de partida. Se trata de la propuesta de Tina Seelig de Stanford de escribir un currículum de fracasos. Todo el mundo debería elaborar uno, incluyendo los errores y las meteduras de pata que haya cometido a lo largo de su vida. De alguna manera, este currículum de fracasos nos permite hacer estos tres pasos. Lo revelas, sientes compasión por ti mismo, y luego tratas de extraer lecciones de esas cosas. Animaría a todos a redactar su currículum; el mío tiene seis páginas.


Daniel Pink, autor de The Power of Regret, en Thinkers50 Awards Gala.

Artículo publicado en Executive Excellence n178, enero 2022.

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