Crecer desde el trauma y las dificultades

Crecer desde el trauma y las dificultades

Tal Ben-Shahar se ha convertido en una autoridad mundial en la ciencia de la felicidad. Tras haberse granjeado una reputación intachable durante sus años como profesor en Harvard, hace tres fundó su propia Academia para “poder hacer la felicidad accesible, que cobre vida. Los estudiantes que pasan por Happiness Studies Academy logran dos cosas: primero, aprenden a incrementar su propia felicidad y, en segundo lugar, ayudan a los demás a hacer lo mismo”. “Mi pasión –afirma Tal– es tomar ideas basadas en evidencia, coger esa investigación y hacerla comprensible”.

Ese fue el propósito de su intervención en Prestigio Leadership Forum, un evento online “construido como un catalizador de conversaciones, para retar paradigmas y para encender corazones”. Concebido como un movimiento transformador y con Eduardo P. Braun como maestro de ceremonias, durante tres días expertos internacionales compartieron sus pensamientos e ideas para “desentrañar el mejor camino hacia una versión superadora del management y una evolución consciente del liderazgo”.

Moisés Naím, Steve Cadigan, Mónica Flores Barragán, Whitney Johnson y muchos otros ponentes, conformaron una intensa agenda en la que abordaron temas de actualidad como: las sociedades cambiantes, la neurociencia aplicada a la innovación, la búsqueda de un capitalismo consciente, la revolución del empleo, el rol de la mujer en la revolución digital, la seguridad psicológica o el liderazgo adaptativo. Por su parte, Tal Ben-Shahar abordó la felicidad desde la psicología positiva en un momento especialmente adverso, como es el escenario post-COVID. Estos fueron algunos de sus mensajes.

¿BUENOS TIEMPOS PARA LA FELICIDAD?

No es fácil hablar de la felicidad hoy en día, cuando el mundo se encuentra atravesando un trauma colectivo. De hecho, uno de mis amigos me planteó que quizá deberíamos hacer una cuarentena de la felicidad y dejar espacio a ciertos niveles de ansiedad y depresión. Mi respuesta fue “rotundamente no”. Creo que, en este momento, los signos de felicidad son más importantes que nunca para nuestras organizaciones, nuestros hogares, a nivel personal y profesional. ¿Por qué?

Para entenderlo, me gustaría hacer referencia al concepto “antifrágil” del profesor Nassim Nicholas Taleb, de la Universidad de Nueva York. Para él, la antifragilidad es crecer, es lo opuesto a romperse.

Muchos de nosotros hablamos de resiliencia, que es la capacidad de un material específico para volver a su forma original después de haberle ejercido una presión. Por ejemplo, si presionamos un pedazo de caucho y es resiliente, vuelve a su forma original; o si soltamos una bola y es resiliente, rebota y vuelve. La antifragilidad toma esta idea de resiliencia y la eleva al siguiente nivel; sería como la resiliencia 2.0. De modo que, si imprimes presión a algo que es antifrágil, no solamente vuelve a su forma original sino que de hecho crece, se hace más fuerte y mejor. Así, una bola antifrágil, además de rebotar y volver al soltarla, llegaría más arriba, es decir, rebotaría más alto.


La antifragilidad toma la idea de resiliencia y la eleva al siguiente nivel; de modo que, si imprimimos presión a algo que es antifrágil, no solamente vuelve a su forma original sino que de hecho crece, se hace más fuerte y mejor


Pues bien, hay sistemas antifrágiles alrededor y dentro de nosotros. Una muestra de sistema antifrágil fisiológico son nuestros músculos. Cuando vamos al gimnasio y entrenamos un día tras otro aplicándoles estrés con las pesas, no solo acaban regenerándose, sino que crecen y se hacen más fuertes, más saludables y mejores. Nuestros músculos son un sistema antifrágil.

Un ejemplo psicológico lo representan muchos de mis alumnos universitarios. La mayoría de ellos estudian psicología. Suelo pedirles que levante la mano quien sepa qué significa PTSD (desorden por estrés postraumático, por su siglas en inglés). Todos la levantan, pues es algo que estudiaron en algún momento y lo conocen. Mi segunda petición es: “Ahora levanten la mano si saben qué es PTG”, y casi nadie lo hace. PTG significa crecimiento postraumático. El desorden por estrés postraumático es ser frágiles, es romperse del estrés, mientras que el crecimiento postraumático es crecer, es antifragilidad. Además, y aquí está la clave, es dos veces tan probable como el PTSD. Primero, porque si conoces la posibilidad, el solo hecho de saber que algo es posible hace que sea más probable que suceda. En segundo lugar, porque para hacer que el crecimiento sea más probable, hay que conocer e implementar las condiciones para que se produzca. Por lo tanto, es posible aumentar la probabilidad de crecimiento postraumático, de antifragilidad. La mayoría de nosotros no sabemos cuáles son esas condiciones y, en consecuencia, fallamos al aprovechar el potencial que tenemos.


Introducir momentos de presencia puede ayudar al desarrollo del sistema de antifragilidad


Ahora bien, no me malinterpreten. No estoy diciendo que los traumas sean algo bueno, porque no lo son por definición; sin embargo, existen. Actualmente, estamos pasando por un trauma colectivo (personas con problemas financieros o de salud, organizaciones atravesando experiencias difíciles…). La pregunta no es si se trata de algo bueno o malo, sino qué hacemos con esta realidad. Muchas veces –no siempre– tenemos una opción, y aquí radica la función de la ciencia de la felicidad.

CINCO CONDICIONES PARA AUMENTAR LA ANTIFRAGILIDAD

Ya sea individualmente, como familia u organización, hay cinco condiciones que podemos aplicar para incrementar la probabilidad de ser antifrágiles, de crecer después del trauma.

1) Presencia. Existe abundante investigación acerca de la presencia, del mindfulness. Obviamente, podemos experimentar la atención plena cuando meditamos, cuando hacemos yoga, Chi Kung… También cuando escuchamos nuestra música favorita, cuando oramos o incluso cuando estamos interactuando con nuestros colegas.

Un estudio de los años 70 acerca del liderazgo de lo extraordionario demostró que el abordaje más importante para situaciones extraordinarias, como la que vivimos en este momento, es mediante el liderazgo de servicio. Un líder servidor se sitúa en la parte inferior del organigrama para ayudar a los empleados. Su principal característica es escuchar, estar presente para los demás. Los empleados que se sienten escuchados son más creativos, más productivos, van a permanecer más tiempo en la compañía y se muestran satisfechos con su trabajo. También los niños que son escuchados por sus padres y profesores crecen con más confianza y son más exitosos y felices en su vida adulta. Escuchar beneficia a la otra persona y también a quien hace la escucha. Se trata de estar presentes en el aquí y en el ahora. Podemos hacer esto cuando meditamos, pero introducir momentos de presencia puede resultar muy beneficioso y ayuda a desarrollar este sistema de antifragilidad, de crecer desde el trauma y las dificultades.

2) Ejercicio. El ejercicio regular (caminar, jugar al fútbol, nadar, bailar… lo que sea) es un antídoto para la ansiedad, la depresión…, para la fragilidad. Tiene el mismo efecto en nuestro bienestar psicológico que el medicamento psiquiátrico más poderoso que exista. De hecho, funciona igual. Libera serotonina, endorfina, dopamina y oxitocina, los neurotransmisores de la sensación positiva. El ejercicio ayuda a nuestro cerebro a ser más flexible y a iniciar un proceso llamado neurogénesis, es decir, el nacimiento de nuevas neuronas; y todo esto contribuye a un bienestar, a una mejor habilidad para pensar y funcionar, además de ser un motivador poderoso de la antifragilidad.

3) Curiosidad y aprendizaje. La investigación reciente revela que las personas que son curiosas, que se hacen preguntas, que les gusta aprender, no solamente son más felices, creativas y exitosas, sino que también viven más tiempo. Cuando hablamos de curiosidad y aprendizaje, sucede que durante los momentos de adversidad perdemos la paciencia para explorar. Por lo tanto, debemos asegurarnos de que salimos de la zona de confort, que seguimos aprendiendo y haciendo preguntas, porque esto nos va a energizar y ayudar en el largo plazo a superar las dificultades y los retos. No importa cuáles, siempre y cuando el cerebro esté funcionando, estemos comprometidos y expuestos a nuevo contenido. Cuando hacemos esto, nos volvemos más resilientes, más antifrágiles, además de más sanos y exitosos.


Durante los momentos adversos, perdemos la paciencia para explorar. Debemos asegurarnos de que salimos de la zona de confort, que seguimos aprendiendo y haciendo preguntas


4) Dar. Una de las mejores formas de incrementar nuestro bienestar es ser caritativos, ser generosos. Cuando damos es importante que nosotros no nos quedemos fuera de la ecuación. Lo que dicen Adam Grant y otros investigadores es que cuando solamente damos a los otros y nos olvidamos de nosotros mismos, nos quemamos, nos rompemos, caemos. Esto es algo muy relevante para los directivos que sirven a sus empleados, para los padres que sirven a sus hijos... para todos, pues todos estamos sirviendo a los demás, estamos dando. Lo positivo es combinarlo con nosotros mismos, es decir, ayudamos a los demás y nos ayudamos a nosotros mismos.

5) Abrazar las emociones. La tristeza, la ira, la envidia, la frustración, la ansiedad… Todas son emociones humanas naturales, todos las tenemos. La investigación demuestra que, cuando rechazamos las emociones dolorosas, estas se intensifican y se hacen más fuertes. Sin embargo, cuando las acogemos –ya sea hablando de ellas con personas en quien confío, escribiendo sobre ellas en mi diario, llorando o expresándolas abiertamente…–, no van a quedarse más tiempo del necesario. Si rechazamos las emociones dolorosas y no nos damos permiso para ser humanos, estas crecen y se fortalecen. Así que, en primer lugar, debemos abrazarlas, y después generar emociones placenteras.


Cuando rechazamos las emociones dolorosas, estas se intensifican y se hacen más fuertes. Si las acogemos, no se quedarán más tiempo del necesario


Uno de los desencadenantes más poderosos de antifragilidad, y uno de los mayores generadores de felicidad, es la gratitud. ¡Cultivémosla! El aprecio de los demás es una gran inversión para el individuo y para la organización también.

LAS 3 RS DEL CAMBIO

Existen “opciones retóricas” en nuestra vida, que son como esas preguntas retóricas donde la respuesta es obvia. Si preguntase a cualquier individuo si quiere valorar a los demás y las cosas buenas de su vida, o no valorarlas, supongo que diría que sí; y sin embargo, la mayoría de las personas dejan de valorar estas cosas buena parte del tiempo. Es obvio cuál es la mejor opción, pero por qué no la escogemos siempre, qué podemos hacer.

Tenemos que crear recordatorios a nuestro alrededor, ya sea en el fondo de pantalla del móvil, en la pared o incluso en una pulsera, que nos recuerden esas decisiones correctas (ser agradecidos, estar presentes, ser curiosos…).

Cuando se trata de generar cambios, resulta que los filósofos se habían equivocado y los teólogos, la religión, habían acertado. Filósofos como Sócrates dijeron que saber el bien es hacer el bien, pero desafortunadamente no es así. Saber el bien no es hacer el bien; pero la religión sí entendió que necesitábamos lo que yo he dado en llamar las 3 Rs del cambio. La primera es la ya mencionada: Recordatorios; la segunda, Repetición y la tercera, Ritual. Tratemos de integrar esta idea en las organizaciones. Por ejemplo, comenzando cada reunión con una valoración del progreso realizado esa semana, lo cual promueve la productividad y la creatividad; o tal vez con un recordatorio de “estar presente” que, a través de la repetición, porque lo hacemos de manera frecuente, acabe creando un ritual. Así es como lograremos que, finalmente, ese comportamiento esté imbuido, integrado en nuestros caminos neuronales.


La gratitud es uno de los mayores generadores de felicidad


Muchas personas me dicen: “Usted ha escrito libros y difundido sus ideas por todo el mundo, ¿por qué además ofrece un certificado en estudios de la felicidad?”. Mi respuesta es porque solo con leer un libro no es suficiente, necesitamos un proceso. ¿Esto quiere decir que únicamente con este programa de un año vamos a poder generar cambio? Por supuesto que no, simplemente lo facilita o lo hace más accesible, pero si introducimos las 3 Rs en nuestra vida y en nuestras organizaciones, podremos disfrutar de un cambio duradero; es la única manera.

Además de ser positiva de modo inherente, la felicidad es una buena inversión para las empresas, los colegios, las familias e incluso para los gobiernos, porque invertir en el bienestar de las personas, ya sea a través de la educación o de otras iniciativas, beneficia la salud física, el desempeño, la bondad… Cuando traemos más felicidad al mundo no solo contribuimos a una salud mejorada y a un entorno más feliz, sino a una sociedad más moral y mejor. Estoy hablando de un mensaje, de una evidencia basada en datos muy poderosos, sustentada por la investigación.


Si el CHO incrementa los niveles de conciencia sobre el bienestar, integrando y dirigiendo programas en la organización y generando recordatorios, repetición y ritos para ese fin, será algo positivo


En varias organizaciones empieza a existir la figura del CHO (Chief Happiness Officer). Creo que es excelente contar con ella, pero lo realmente importante es lo que hace. Si el CHO incrementa los niveles de conciencia sobre el bienestar, integrando y dirigiendo programas en la organización y generando recordatorios, repetición y ritos para ese fin, será algo positivo. Obviamente, el cargo por sí solo no es suficiente, puede servir para alardear, pero debe haber un compromiso real detrás; y no solo por parte del CHO, sino también de los CXO y del resto de empleados. Todos hemos de intentar ser un agente de cambio de la felicidad.


Tal Ben-Shahar, especialista en Psicología Positiva y fundador de Happiness Studies Academy.

Artículo publicado en Executive Excellence n177, noviembre 2021.

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