Xavier Sala i Martin: un economista más allá de la controversia

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Economista catalán por la UAB, obtuvo el doctorado por la Universidad de Harvard en 1990. Desde 1996 es catedrático de Economía en la Universidad de Columbia y ha sido profesor visitante de la Pompeu Fabra de Barcelona, Yale y Harvard. Reconocido como una de las máximas autoridades mundiales en cuestiones de desarrollo y crecimiento económico, Xavier Sala i Martin es también consultor del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y de los gobiernos de varios países en desarrollo, así como asociado del Foro económico mundial de Davos. 

Recientemente nombrado tesorero de la junta directiva del FC Barcelona, lleva vinculado al club desde 2004. Sus llamativas americanas, discurso mordaz y declaraciones provocadoras, no dejan a nadie indiferente. Aunque despierta filias y fobias a su paso, su prestigio internacional como economista es indiscutible. Tuvimos ocasión de escucharle en su ponencia en el VI Congreso de CEDE en Pamplona y charlamos con él en II Congreso Internacional de Excelencia, organizado por Madrid Excelente, dedicado a la innovación como clave de la competitividad.

ALDARA BARRIENTOS: En uno de sus artículos publicado en el diario La Vanguardia el pasado mes de enero, declaraba que “la  hecatombe económica puede y debe ser evitada. Sólo es cuestión de que el Gobierno abandone el comportamiento errático y haga las cosas bien”. Han pasado once meses desde entonces, ¿qué diría que ha hecho bien nuestro Gobierno? 

XAVIER SALA i MARTIN: En materia económica, no ha hecho absolutamente nada bien y, lo que es peor, ha motivado la pérdida creciente de confianza. 

Cuando tú tienes una enfermedad complicada, es básico que tu médico sea creíble y te demuestre que entiende lo que hace. Si el Gobierno te dice que es un dolor de cabeza y te receta una aspirina, luego cambia el diagnóstico y al final descubre que es un cáncer, la pérdida de confianza está más que justificada. España necesitaba que, desde un primer momento, le hubiesen detectado el cáncer y le hubieran dado la solución, en vez de implementar medidas dentro de un programa de improvisación general.

A.B.: ¿Cuáles son los sectores de futuro en los que España debería estar invirtiendo? 

X.S.M: Es un error pensar que algún sabio de la burocracia española o algún ministro es capaz de predecir por dónde debe ir España. El Gobierno tiene que crear las bases para que los ciudadanos apuesten y seguir a los que tengan éxito, pues ellos definirán los sectores de futuro. Para esto, tiene que contribuir al nacimiento ideas creativas y facilitar su implementación.

Quizá la fortaleza de los españoles esté en el sector agropecuario, y no sería ninguna vergüenza. Tenemos la equivocada impresión de que si algo no es moderno, no vale; y nos decantamos por sectores equivocados. ¿Por qué apostar por el automóvil, cuando los chinos pronto lo “robarán” todo?, ¿o por IT, si los israelíes, indios y singapurenses harán lo propio? En Estados Unidos, el sector agrícola es el principal sector de exportación, y no el software, la biomedicina ni las tecnologías verdes, como muchos piensan. La principal industria de California, el estado de Silicon Valley y de Hollywood, es el tomate, el ketchup. 

A.B.: Si la innovación es la clave de la competitividad, ¿qué políticas debería estar promoviendo el Gobierno y qué esfuerzo económico supondrían?

X.S.M: Las políticas de innovación requieren, en primer lugar, cambios profundos en diversos ámbitos: en el sistema educativo, donde hay que fomentar el espíritu crítico y la capacidad emprendedora; en la universidad, donde es fundamental introducir competencia en todos los agentes y conseguir mejores profesores, alumnos y programas; y cambios de actitud en los propios empresarios. 

Todo esto es inversión. Hay que hacer reformas a todos los niveles. No se trata necesariamente de gastar más dinero, sino de gastarlo de diferente modo. Hay que invertir en cambiar la regulación, en implantar la meritocracia o en mejorar la calidad institucional.

En España no se está facilitando la creación ni la implementación de ideas, y se están promoviendo políticas para aumentar la demanda, cuando la verdadera solución está en la oferta. 

A.B.: Recientemente, en el congreso CEDE, declaraba que tenemos un sistema financiero excesivamente dominado por cajas y bancos, que no pueden soportar las estrategias de riesgo para un mundo de innovación.  ¿Qué deberíamos cambiar en este entorno? 

X.S.M: El mercado financiero tiene que dividirse el trabajo y conseguir sistemas de capital riesgo mucho más sofisticados que los que hay ahora. Por un lado, debe existir un sector financiero tradicional, de poco riesgo, que en última instancia sería rescatado por el Banco de España, y que no debería financiar proyectos “peligrosos”, como podría ser Youtube, pero sí diversificar con cabeza. Si bien la regulación española impidió a los bancos nacionales la compra de “bonos tóxicos” en Estados Unidos, el resultado ha sido peor, pues todas las inversiones se fueron a la Costa del Sol.

Ahora bien, frente a este sistema, debe haber otro sector de alto riesgo y poco regulado, que sea innovador para, a su vez, encontrar maneras de financiar la innovación de otros. 

En el fondo, esto tiene que ver con la idea original del sistema de bancos comerciales y de bancos de inversiones. Estos últimos desregulados no tienen por qué ser bancos necesariamente, sino fondos de alto riesgo, por ejemplo.

A.B.: En ese mismo congreso, aludía a la falta de internacionalización de la economía española. ¿Estamos tan desprovistos de espíritu emprendedor en nuestro país? 

X.S.M.: Hay pocos sectores que arriesgan e innovan: Repsol, BBVA o Telefónica son un buen ejemplo, pero insuficientes para mejorar la situación de 40 millones de personas.

Aparte de la falta de políticas de innovación, en España existe una cuestión de mentalidad peculiar, también muy sudamericana, con respecto al concepto de innovación. En EE.UU., está claro que para ganar cuota de mercado necesitas ser el mejor y, si la competencia lo hace mejor, te desbancará. En España, no. Aquí se produce lo que yo siempre llamo “el negocio del virrey”. 

Si, tradicionalmente, el que ganaba dinero era el que tenía la concesión, el virrey (que se encargaba de representar, en uno de los territorios de la corona, la persona del rey ejerciendo plenamente las prerrogativas regias), ahora ocurre lo mismo. En España, la solución rápida consiste en pedir ayuda al Gobierno quien, además, te deja ganar dinero. Por ejemplo, tú puedes tener dinero e invertir en una farmacia y nadie puede competir contigo en no sé cuántos metros, es decir, el Gobierno te deja ganar dinero. 

En el sistema americano, tienes que hacer las cosas mejor que tu competencia; en el modelo español y sudamericano, hay que arrimarse al poder. ¿Por qué sino todos los consejos de administración de las grandes empresas tienen políticos o ex políticos? ¿No será que están traficando con el poder? Necesitan quedar bien con la Administración, aunque se trate de empresas privadas, porque facilitan contactos y tratos de favor. Esto da a entender que, todavía hoy, para ganar dinero hay que arrimarse al poder y a la sombra de quien decide la regulación. 

A.B.: La Confederación de Rectores de las Universidades Españolas asume que no se está produciendo una correcta transferencia de los resultados de las investigaciones al mundo de la empresa, lo que supone un freno a la innovación. A su juicio, ¿por dónde pasaría la solución a esta situación? 

X.S.M.: No creo que se dé tal falta de transferencia de conocimiento. El problema está en la confusión que siempre se da entre I+D e innovación. Solemos imaginar que existen unos sabios investigando, que crean cosas útiles que finalmente no se implementan, porque no hay un empresario que se interese; pero es justo al contrario. Cuando un médico se inventa un nuevo fármaco es porque, normalmente, hay un empresario detrás que tiene una idea que no sabe implementar, y no al revés. A partir de ahí, se establece la colaboración entre ambos.

No digo que no haya que hacer y apoyar la investigación, pero no es la solución. Lo que sí hay que facilitar es que el investigador que tenga ideas: una nueva proteína, una pastilla para la malaria, etc. encuentre capital y un sistema regulatorio sin barreras para montar su empresa.

Es importante tener en cuenta que el 71% de las transformaciones las hacen los trabajadores; por eso, lo más útil es escucharles. Ellos son los que conocen de verdad la demanda. Hay que diseñar maneras para inducirles a generar ideas, ofrecer incentivos que recompensen las buenas propuestas y desarrollar mecanismos de escucha y filtros para discernir los buenos consejos de los malos.


 Entrevista publicada por Executive Excellence nº64 nov09

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