Los derechos de decisión en primera línea

Desde sus respectivas posiciones, Kaihan Krippendorff y Enrique Galván abordan un desafío estratégico para las organizaciones de hoy: cómo rediseñar la toma de decisiones en un entorno marcado por la IA artificial, la presión competitiva y la creciente complejidad regulatoria.
Estratega y CEO coinciden en que el verdadero cambio no es solo tecnológico, sino organizativo, y que pasa por situar los derechos de decisión en la primera línea, allí donde se genera el valor y se produce la interacción con el cliente. Ambos convergen en esta idea, si bien no se trata simplemente de delegar, sino de construir un verdadero modelo de liderazgo distribuido, para lo cual ofrecen varias claves.
Krippendorff pone el acento en el papel de la IA como catalizador del cambio, gracias a la capacidad de esta tecnología para procesar información y generar alternativas con una escala y velocidad sin precedentes. Sin embargo, subraya que su impacto depende de cómo se integre en los procesos de decisión, ya que no sustituye el juicio humano. El CEO de Qaracter refuerza la misma idea desde una perspectiva más organizativa, destacando que las decisiones críticas siguen requiriendo tres elementos exclusivamente humanos: la definición del propósito, el criterio contextual basado en la experiencia y el diseño claro de los derechos de decisión dentro de la organización.
La tensión entre innovación y regulación constituye otro punto de reflexión. Krippendorff cuestiona la creencia extendida de que la normativa es un freno estructural a la innovación, argumentando que, en muchos casos, las propias organizaciones se imponen más restricciones de las necesarias. Una visión que comparte y complementa Galván al señalar que la diferencia competitiva radica en cómo se gestiona esa regulación, y expone el caso de Qaracter.
En el ámbito de la innovación interna, las perspectivas vuelven a estar armonizadas. El autor del bestseller “Driving Innovation from Within” reivindica el enorme potencial del intraemprendimiento, muchas veces bloqueado dentro de las empresas. Por su parte, el directivo ahonda en el principal obstáculo: los silos organizativos y las estructuras jerárquicas que dificultan la colaboración transversal. Ambos proponen diversas soluciones. Y, ante el reto de empoderar a la primera línea y repensar cómo se toman las decisiones, los dos resaltan –como punto de partida– la urgencia de crear un entorno organizativo donde cuestionar lo establecido sea seguro y esté incentivado.
Con Kaihan Krippendorff y Enrique Galván_
En esta conversación, el experto en estrategia e innovación Kaihan Krippendorff y Enrique Galván, CEO de Qaracter, abordan cómo redefinir la toma de decisiones en la era de la IA, hasta qué punto decidir cerca del cliente marca la diferencia, por qué las organizaciones suelen limitarse más de lo que exige la regulación o cómo liberar el potencial de innovación interna.
Ambos confrontan y complementan sus reflexiones, aportando una visión dual: la de uno de los pensadores empresariales más influyentes –cuya actividad como asesor estratégico le ha llevado a trabajar con altos directivos de empresas de todo el mundo– y la del CEO de una firma internacional de consultoría con más de 20 años de trayectoria.
EXECUTIVE EXCELLENCE: Kaihan, ¿cómo varía el trabajo de un estratega cuando la IA permite analizar escenarios y generar propuestas a gran escala, casi sin fricción?
KAIHAN KRIPPENDORFF: Sin duda, la IA está cambiando la forma en que las empresas elaboran sus estrategias y, por lo tanto, el trabajo de los estrategas dentro de las organizaciones. La capacidad de generar hipótesis y analizarlas a gran escala se está convirtiendo en algo habitual. En mi opinión, lo que adquiere mayor relevancia es la capacidad de hacer tres cosas:
1ª. Establecer la visión y los objetivos. Esta es la parte del proceso estratégico que no consiste en responder a una pregunta o resolver un problema, sino en crear algo. Una declaración de misión no es correcta porque se pueda calcular que lo es. Es correcta porque un grupo de seres humanos se une y la reivindica como tal. Ese acto de creación colectiva de significado es irreduciblemente humano.
2ª. El juicio humano: aquel que se nutre de la experiencia vivida, el contexto organizativo y el conocimiento tácito al que la IA, al menos por ahora, simplemente no tiene acceso y no puede replicar.
3ª. El diseño de la toma de decisiones: cómo se estructura el proceso mediante el cual se toman las decisiones. En última instancia, queremos que alguien rinda cuentas; alguien que pueda mirarte a los ojos y decir: “Puedes contar conmigo. Creo que este es el camino correcto y lo respaldo”. Eso requiere preguntarse quién tiene la autoridad para validar una decisión y cómo se consigue que las personas adecuadas estén en las salas adecuadas en el momento oportuno para alcanzar el nivel de consenso necesario.
El juicio humano se nutre de la experiencia vivida, el contexto organizativo y el conocimiento tácito al que la IA, al menos por ahora, simplemente no tiene acceso y no puede replicar
E.E.: Enrique, en relación con esa autoridad para validar, ¿qué “derechos de decisión” conviene empujar a primera línea en banca y seguros, dos sectores en los que estáis especializados, para ganar agilidad real (no teórica)?
ENRIQUE GALVÁN: Si queremos agilidad real, los derechos de decisión deben acercarse a donde está el cliente. Es decir, aproximarlos al momento de la verdad. En banca y seguros, esto se traduce en algunas capacidades clave que deben estar integradas. Por un lado, la posibilidad de adaptar la propuesta en tiempo real –ajustando pricing dentro de bandas, condiciones comerciales o resolviendo incidencias sin necesidad de escalar constantemente–. Por otro, la toma de decisiones operativas sobre procesos críticos, como el riesgo acotado, las autorizaciones o las excepciones, siempre bajo reglas claras y apoyadas en datos. Y, finalmente, la capacidad de priorizar el trabajo con criterio: decidir qué atender primero, cómo redistribuir recursos y cómo cerrar de forma efectiva el ciclo con el cliente.
Para lograr todo esto con éxito, es fundamental promover un liderazgo distribuido, que no significa únicamente delegación ni ausencia de control, sino un rediseño del modelo que, en primera instancia, pasa por estructurar bien el marco de trabajo. Es necesario definir con claridad cuáles son los límites concretos, la información accesible y la responsabilidad de cada uno.
Es cierto que la IA representa una gran ayuda y permite automatizar el análisis y ampliar el rango de opciones, pero no sustituye al criterio. Alguien en primera línea ha de tener la autoridad –y la confianza– para decidir y responder. La IA ayuda a tomar decisiones más informadas, pero la capacidad de los equipos para gobernarla es lo que marca la diferencia.
Interpretar los matices sigue siendo una capacidad profundamente humana. La interacción entre personas es vital para “leer el contexto”, para captar esas sutilezas que no siempre reflejan las métricas o los datos
Por eso creo que los derechos de decisión que deben llevarse a la primera línea son aquellos en los que confluyen: la cercanía al cliente, la necesidad de actuar con rapidez y un contexto que pesa tanto como el propio dato. Porque interpretar esos matices sigue siendo una capacidad profundamente humana. La interacción entre personas en cualquier entorno, especialmente en el laboral, es vital para “leer el contexto”, para captar esas sutilezas que no siempre reflejan las métricas o los datos, y que son especialmente apreciadas en momentos delicados, tal y como revela nuestro primer Barómetro de Tendencias y Digitalización en Banca y Seguros. De ahí que en Qaracter siempre hablemos y defendamos un "futuro digital con alma humana".
E.E.: En sectores como estos, ¿de qué modo se consigue equilibrar la “velocidad estratégica” con el control, sin frenar la innovación?
K.K.: Según mi experiencia trabajando con sectores altamente regulados, la conclusión más común es que las organizaciones no entienden realmente lo que permiten las regulaciones. Cuando un equipo dice “las regulaciones no lo permiten”, lo que a menudo quiere decir es: “esto es diferente de cómo lo hemos hecho siempre, y sabemos que la forma en que lo hemos hecho siempre cumplía con la normativa”. Esa es una afirmación muy distinta. Lo que después suele ocurrir es que aparece una startup y hace precisamente lo que la empresa establecida creía que no cumplía con la normativa, y resulta ser perfectamente aceptable. Esto se debe en parte a cómo operan en realidad los reguladores: no prescriben de antemano lo que hay que hacer. Observan lo que se ha hecho y luego determinan si cumplía con la normativa. Eso crea más margen para la experimentación de lo que la mayoría de las organizaciones consolidadas creen. Las grandes empresas ya establecidas –que asumen un mayor riesgo reputacional y de cumplimiento– tienden a atarse las manos mucho más de lo que realmente exigen las regulacionesLa ironía es que las grandes empresas ya establecidas –que asumen un mayor riesgo reputacional y de cumplimiento– tienden a atarse las manos mucho más de lo que realmente exigen las regulaciones. En mi opinión, el camino a seguir es invertir en comprender en profundidad la regulación, no limitarse a recurrir a las prácticas del pasado como un proxy del cumplimiento. Cuando las organizaciones hacen ese trabajo de forma rigurosa, siempre encuentran más margen de maniobra, y a mayor velocidad, de lo que habían supuesto.
E.E.: ¿Cómo trabajan en Qaracter para detectar esos márgenes de maniobra, sin hacer peligrar el activo reputacional ni incumplir el compliance?
E.G.: Coincido en que muchas veces el freno no está en la regulación, sino en cómo la interpretamos. Gracias a nuestra experiencia, hemos podido comprobar que en sectores como banca o seguros, en ocasiones las organizaciones tienden a operar con una lógica de “mínimo riesgo” que acaba derivando en modelos rígidos que dificultan la capacidad de adaptación, cuando –efectivamente– la normativa podría ser más abierta de lo que se percibe a priori.
La innovación no es incompatible con el compliance; lo que sí es incompatible es abordarlos de forma separada. En Qaracter trabajamos sobre una idea clave: el compliance no puede a ser una función de control posterior, sino que debe integrarse desde el diseño
En mi opinión, el reto está en evolucionar de una cultura de evitación del riesgo a una de gestión inteligente del riesgo. Porque la innovación no es incompatible con el compliance; lo que sí es incompatible es abordarlos de forma separada. Por eso, en Qaracter trabajamos sobre una idea clave: el compliance no puede a ser una función de control posterior, sino que debe integrarse desde el diseño.
Tampoco consideramos las regulaciones como un listado de restricciones, sino como una palanca para generar ventajas competitivas. Si conseguimos integrar de manera anticipada cualquier regulación o reforma, estaremos en disposición de ofrecer servicios más digitales, seguros y confiables.
E.E.: Kaihan, en su libro Driving Innovation from Within sostiene que los empleados son los principales impulsores de la innovación, y propone un marco para potenciar el intraemprendimiento en las grandes organizaciones. ¿Cuáles son las condiciones más importantes para impulsarlo?
K.K.: En las últimas décadas, aproximadamente el 70% de las innovaciones más transformadoras que han moldeado la sociedad fueron concebidas por empleados dentro de empresas consolidadas, y no por startups emprendedoras, tal y como ha revelado mi investigación. La ventaja en materia de innovación reside en el interior, más de lo que la mayoría de los líderes reconocen.
Existen varios obstáculos críticos que tienden a interponer en el camino de los posibles innovadores internos. Si tuviera que identificar el más crítico, sería la capacidad –o agilidad– para colaborar más allá de los silos y formar equipos multifuncionales en torno a las nuevas ideas. Estas casi siempre requieren la participación de personas de múltiples funciones y roles. Es necesario que se unan los departamentos jurídico, de operaciones, de marketing, de finanzas y otros. Pero en la mayoría de las grandes organizaciones, estas personas están encerradas en sus silos, y las barreras estructurales y culturales para la colaboración multifuncional son notables.
Las empresas que permitan a las personas agruparse en torno a una idea, en lugar de obligar a que las ideas sigan el camino marcado por el organigrama, descubrirán la enorme cantidad de innovación que está esperando salir a la luz
Las empresas que consigan disolver esas barreras, permitiendo que las personas se agrupen en torno a una idea en lugar de obligar a que las ideas sigan el camino marcado por el organigrama, descubrirán la enorme cantidad de innovación que hay latente, bajo la superficie de su organización, esperando salir a la luz.
E.E.: Enrique, estudios recientes hablan de la posición aventajada de algunos sectores en España –banca y servicios financieros, junto con energía y utilities– tanto en adopción tecnológica como en transformación cultural, desarrollo de talento y nuevos modelos de trabajo. ¿Existen elementos comunes que ayudan a comprender la madurez de esos negocios? ¿Dónde percibe potenciales “ventanas de diferenciación” en banca/seguros?
E.G.: Hay elementos comunes bastante claros. En sectores como banca, seguros o energía, la presión regulatoria, la escala y la complejidad han obligado históricamente a desarrollar capacidades que hoy son diferenciales. En su caso, puedo afirmar que la madurez viene de haber tenido que abordar antes lo complejo.
Aunque, a pesar de haber sido pioneros en la integración de tecnología, destacaría sobre todo su evolución cultural. Considero que la diferenciación futura dependerá de su capacidad para movilizar el talento interno, romper inercias y silos organizativos, y hacer que aflore esa innovación interna de la que hablaba Kaihan.
Precisamente por operar en entornos complejos, hemos tenido que desarrollar el equilibrio entre rigor y agilidad. Integramos riesgo y negocio desde el inicio
Ahí es donde veo más recorrido en banca y seguros. No es cuestión únicamente de consolidar organizaciones capaces de conectar negocio, tecnología y riesgo de forma efectiva, sino de crear entornos donde se pueda experimentar con seguridad. En nuestro caso, en Qaracter, estos elementos no son solo algo que observamos en los clientes, sino que forman parte de cómo trabajamos y de nuestra cultura abierta a la innovación. Precisamente por operar en entornos complejos, hemos tenido que desarrollar ese mismo equilibrio entre rigor y agilidad. Integramos riesgo y negocio desde el inicio, trabajamos de forma transversal y con tolerancia al fracaso –el cual entendemos como aprendizaje–, y ejecutamos con disciplina.
Imaginar lo que falta
E.E.: Kaihan, ¿qué pregunta le gustaría que se plantearan más directores generales, y que casi ninguno se plantea?
K.K.: “¿Cuál es nuestra cuarta opción?”. Dedicamos tanto tiempo a debatir entre las opciones existentes que dejamos de buscar otras nuevas.
Según mi experiencia, una vez que un equipo directivo tiene tres opciones sobre la mesa, se produce una sensación psicológica colectiva de plenitud: “tenemos suficientes opciones, ahora debemos decidir”. Pero ese es precisamente el momento en el que un CEO debería hacer una pausa y preguntarse: “¿cuál es la cuarta opción? ¿Cuál es la opción que aún no hemos visto?”. El número en sí mismo no es lo importante. Lo fundamental es el hábito de negarse a considerar cualquier conjunto de opciones como definitivo.
Una vez que un equipo directivo tiene tres opciones sobre la mesa, se produce una sensación psicológica colectiva de plenitud
Las decisiones estratégicas más trascendentales que he observado a menudo no se resolvían eligiendo entre las opciones que ya estaban sobre la mesa, sino porque alguien tenía la disciplina –y el valor– de preguntarse si había algo mejor que aún no se había imaginado.
E.E.: ¿Cuál es su valoración, Enrique? ¿Está de acuerdo?
E.G.: Estoy bastante de acuerdo con la idea de Kaihan. Cuando existen varias opciones razonables, la tentación es entrar en modo decisión y dejar de explorar.
Sin embargo, añadiría que no se trata solo de buscar una “cuarta opción”, sino de preguntarnos si estamos creando las condiciones para que alguien en la organización pueda proponerla. En muchas ocasiones la mejor idea no está en el comité de dirección, sino en el talento interno que todavía no hemos activado.
No se trata solo de buscar una “cuarta opción”, sino de preguntarnos si estamos creando las condiciones para que alguien en la organización pueda proponerla
Por eso, más que una pregunta concreta, considero que los CEO deberían plantearse de forma recurrente tres cuestiones clave: “¿estamos cuestionando de verdad nuestros supuestos?, ¿estamos incorporando suficientes miradas distintas? y ¿tenemos la valentía de explorar caminos que, de entrada, no encajan con cómo hemos hecho las cosas hasta ahora?”. Ahí es donde suelen aparecer las verdaderas “cuartas opciones”.
Recientemente, he tenido la oportunidad de prologar la edición en español del libro de Jonathan Brill y Stephen Wunker, La IA y la Organización Pulpo, y he podido constatar el potencial de la IA en entornos psicológicamente seguros, donde cuestionar lo establecido y construir esas alternativas es lo normal. Recomiendo su lectura, pero sobre todo animo a todos los líderes a reflexionar sobre este asunto.
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1. Reubicar los derechos de decisión es una prioridad estratégica. No basta con optimizar procesos, hay que rediseñar quién decide. Llevar la toma de decisiones a la primera línea mejora velocidad, calidad de respuesta y cercanía al cliente.
2. La IA amplifica decisiones, pero no las sustituye. La IA debe integrarse como sistema de apoyo. El valor diferencial sigue estando en el criterio humano, el propósito y el diseño organizativo.
3. Liderazgo distribuido, no simple delegación. Empoderar equipos no significa perder control. Implica definir marcos claros, límites de actuación y accountability, manteniendo coherencia en toda la organización.
4. La regulación es una palanca, no un freno. Las organizaciones líderes no “sufren” la normativa, la integran desde el diseño. La ventaja competitiva está en interpretar el marco regulatorio con inteligencia.
5. El mayor potencial innovador ya está dentro y es transversal. Antes de buscar fuera, los directivos deben activar el intraemprendimiento interno, eliminando barreras como silos y jerarquías rígidas. Es clave promover equipos multifuncionales orientados a retos, no a estructuras.
Kaihan Krippendorff, experto mundial en estrategia e innovación y fundador de Outthinker, y Enrique Galván, CEO de Qaracter.
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Publicado en abril de 2026.
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